
En muchas ciudades de alta densidad en Asia, la escalera suele considerarse un mal necesario. Ya sea en edificios de departamentos, viviendas particulares o locales comerciales, con frecuencia se oculta, se arrincona o se relega a los márgenes: un elemento que debe minimizarse para otorgar mayor superficie al espacio "útil". Sin embargo, a medida que la densidad se intensifica y los metros cuadrados escasean cada vez más, los/las arquitectos/as y diseñadores/as se ven obligados/as a replantearse este rompecabezas vertical.
La pregunta ya no es cómo ocultar la escalera, sino cómo hacer que rinda más: ¿puede convertirse en una adición productiva para el interior, un dispositivo arquitectónico que haga algo más que conectar niveles y que cumpla funciones dobles (o múltiples) en lugar de simplemente consumir superficie útil?




































