
Este artículo fue publicado originalmente por Metropolis Magazine como "Arquitectos, armados con datos, ven el espacio de trabajo como nunca antes".
Un espacio de trabajo que mejore la productividad y la eficiencia del personal ha sido la eterna obsesión de los directivos corporativos durante décadas. Sin embargo, incluso antes de que naciera la oficina tal como la conocemos hoy, diseñadores e innovadores ya estudiaban los lugares de trabajo, como las fábricas, para idear estrategias que aumentaran el rendimiento del personal. Hacia la década de 1960, Robert Propst —el inventor detrás de la línea de mobiliario de oficina Action Office de Herman Miller— y otros investigadores ya realizaban estudios sobre el espacio de trabajo que, a la postre, conducirían a la creación del cubículo moderno.
Estos desarrollos se basaban en gran medida en la observación y la intuición para organizar al personal de oficina de maneras supuestamente eficaces. En la actualidad, los avances tecnológicos permiten a los equipos de diseño adoptar un enfoque mucho más sofisticado, utilizando sensores, mobiliario y accesorios conectados a internet, y análisis de datos para estudiar las oficinas en tiempo real. “Se puede tener en cuenta a cada miembro del personal, y las personas son muy diferentes”, afirma el arquitecto londinense Uli Blum. “Se trata de resolver el problema fundamental de brindar a la gente el entorno que necesita. Y la forma más fácil es preguntarles”, agrega. No obstante, averiguar las necesidades de cientos, a veces miles, de trabajadores y trabajadoras puede convertirse rápidamente en una tarea estéril.






























