¿Qué hace que una vivienda sea resiliente? Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes en todo el mundo. Desde cortes de energía, huracanes y terremotos hasta incendios forestales, inundaciones y sequías, el planeta experimenta un proceso de transformación y adaptación que exige la colaboración de diversas disciplinas. El papel de la arquitectura en el entorno construido representa una oportunidad para replantear el comportamiento de las viviendas ante condiciones ambientales cambiantes, y no solo mediante la anticipación de lo inesperado. Diseñar para la resiliencia significa pensar de manera holística, considerando la selección de materiales, los sistemas energéticos, el paisajismo y los detalles constructivos que prevean las alteraciones y ayuden a que los hogares se recuperen rápidamente. Implica crear una arquitectura que evolucione junto con el medio ambiente, que valga la pena preservar y que perdure a lo largo de los años y las generaciones.
Existe un gesto ancestral en dar forma a la tierra. Mucho antes de que la arquitectura se constituyera como disciplina, el barro ya era moldeado por las manos y transformado por el fuego, convirtiendo la materia en bruto en utensilio doméstico y objeto cultural. En la historia de este oficio, las fábricas de cerámicamarcan la transición del saber manual a la producción en serie, ampliando su escala sin romper por completo con su origen material. Dispersas por diferentes territorios, estas estructuras registran la relación entre técnica, paisaje y tiempo. Con el paso de las décadas, sin embargo, muchas de ellas terminaron por perder su función original, siendo reemplazadas por procesos más tecnológicos o fagocitadas por el desarrollo urbano a su alrededor, pasando a ocupar un estado intermedio entre la permanencia y la obsolescencia.
Contexto de ciudad europea. Imagen cortesía de ReGreeneration
El proyecto ReGreeneration, una iniciativa de Horizonte Europa liderada por Inetum y respaldada por C40 Cities, ARUP, Placemaking Europe y varias otras organizaciones, funciona como una colaboración activa con gobiernos locales, empresas privadas, el sector académico y organizaciones de la sociedad civil en la intersección de la regeneración urbana, los espacios públicos verdes y el diseño a escala barrial. Su premisa aborda la forma en que se construyen y mantienen las ciudades europeas y cómo experimentan un clima cambiante, bajo el argumento de que las urbes deben transformarse de manera fundamental para seguir siendo habitables ante las crecientes presiones climáticas.
Cuando las cubiertas se articulan, los muros se deslizan y estructuras enteras responden a sus ocupantes, ocurre algo extraordinario: los espacios arquitectónicos se convierten en un componente activo de los rituales cotidianos. Estos momentos de apertura, cierre, desplazamiento y transformación espacial arraigan a los edificios en el momento presente y exigen un compromiso activo de los/as usuarios/as. Así, la arquitectura deja de ser un objeto o un monumento para convertirse en una coreografía de participación.
En el sur de China, existe a veces un mito urbano —especialmente en Hong Kong, Shenzhen y Guangzhou— sobre la conveniencia de elegir una vivienda que evite la luz del oeste. Durante décadas, el sol orientado al oeste ha demostrado ser una condición particularmente difícil de sobrellevar: su ángulo bajo por la tarde, su agresiva ganancia térmica (especialmente en verano) y la forma en que penetra profundamente en los interiores. Con el calentamiento global y las estaciones cada vez más largas y calurosas, ese tan romantizado "resplandor del atardecer" se experimenta cada vez menos como algo idílico y más como deslumbramiento, calor y fatiga. Si bien esta creencia circula como una regla empírica comunitaria, entraña una innegable claridad arquitectónica sobre la orientación de los edificios: evitar la luz del oeste no se trata solo del confort térmico, sino también de evitar la forma más aguda e intrusiva de iluminación directa; una luz que incide en el ángulo más implacable, barriendo las superficies, aplanando la profundidad y convirtiendo las habitaciones en campos de malestar de alto contraste.
Honduras es el segundo país más grande de Centroamérica, tanto en territorio como en población. En la actualidad, su tejido urbano sigue estando fuertemente influenciado por los principios modernistas de la década de 1970, que priorizaron los corredores viales de alta velocidad y una movilidad "punto a punto" dependiente del automóvil. Asimismo, el país enfrentó numerosos desafíos en materia de seguridad pública durante la década de 2010, lo que contribuyó a la creación de un espacio urbano caracterizado por fachadas ciegas, altos muros perimetrales y recintos cerrados diseñados para aislar el interior del ámbito público.
Tuvimos la oportunidad de conversar con Alejandra Ferrera, arquitecta hondureña criada en Danlí, una ciudad en el oriente de Honduras. Con más de 15 años de práctica profesional en Brasil, los Países Bajos y Australia, sostiene que, si bien el diseño orientado a la seguridad fue una necesidad funcional de su época, ha dado lugar a una experiencia urbana fragmentada donde la calle sirve únicamente como un vacío de tránsito en lugar de un espacio para el encuentro social. Sugiere que, aunque este aislamiento fue una medida de seguridad justificada, generó un distanciamiento entre los habitantes y la ciudad. Asimismo, sostiene que la situación general de seguridad pública contribuyó a forjar una identidad nacional lastimada que a menudo busca la calidad en el exterior, desestimando el potencial de su propio contexto.
Buildner también ha anunciado los resultados del Buildner's Unbuilt Award 2025, el segundo certamen de una serie que celebra el diseño arquitectónico que aún no se ha materializado. Con un generoso fondo de premios de 100.000 EUR, esta iniciativa ofrece una plataforma global para que arquitectos/as y diseñadores/as muestren sus proyectos no construidos más atractivos, ya sean conceptuales, publicados, inéditos o completamente desarrollados.
El Shou Sugi Ban es una técnica tradicional japonesa de preservación de la madera que consiste en carbonizar su superficie para crear una capa protectora. Si bien sus orígenes están arraigados en la durabilidad práctica, el método se ha adaptado ampliamente al entorno construido contemporáneo, configurando una estética única y distintiva. Se trata de un material contradictorio: resulta audaz en su lenguaje visual debido a sus tonos oscuros y, al mismo tiempo, se nutre de su entorno natural y lo complementa, lo que permite que las viviendas se implanten con discreción en sus respectivos terrenos.
El acabado carbonizado de las 22 residencias presentadas aquí, distribuidas en Canadá y Estados Unidos, sirve como hilo conductor para hacer frente a climas extremos. Desde frentes lacustres húmedos hasta bosques densos, esta piel carbonizada actúa como un escudo resistente ante diversas condiciones climáticas. Más allá de la mera protección, estas casas demuestran cómo la textura del material cambia con la exposición a la luz, transformándose de un tono mate opaco en la sombra a una superficie brillante con destellos plateados bajo el sol directo. Estos proyectos también ponen de manifiesto la capacidad de esta técnica para definir volúmenes arquitectónicos, utilizando el revestimiento oscuro para crear siluetas nítidas y monolíticas, o para resaltar los vacíos en la masa del edificio, como accesos rehundidos y terrazas protegidas.
Con sede en la Ciudad de México, Estudio Ome, fundado por Susana Rojas Saviñón y Hortense Blanchard, es una práctica de arquitectura y paisaje que trabaja en bosques, terrenos volcánicos, fragmentos urbanos y antiguos sitios industriales. Ganador de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, el estudio desarrolla proyectos a través de la observación constante de las condiciones ecológicas y territoriales, donde las decisiones de diseño surgen directamente del comportamiento del suelo, el agua, la vegetación y la tierra.
Cada proyecto comienza con encuentros repetidos. El primer acercamiento al terreno se realiza a través del caminar y la observación prolongada, permitiendo que los patrones de drenaje, la erosión y los cambios estacionales se vuelvan legibles antes de que ocurra cualquier medición formal. Estas visitas constituyen la base para interpretar tanto las capas visibles como las subterráneas: la hidrología y las transformaciones históricas que continúan ejerciendo fuerza sobre la superficie.
La apertura de la nueva Fondation Cartier pour l'Art Contemporain en París el pasado mes de octubre reavivó los cuestionamientos en torno al papel, la forma y el futuro de los museos. En un momento en que las instituciones culturales continúan proliferando en todo el mundo en esta era digital, el museo mismo parece necesitar cada vez más una redefinición. En lugar de ofrecer un modelo o solución única, Architecture for Culture: Rethinking Museums, escrito por la historiadora de la arquitectura y curadora Béatrice Grenier, aboga por una comprensión más contextual y plural de lo que puede ser un museo: una institución moldeada por su entorno, su público y los interrogantes culturales específicos que busca abordar.
ArchDaily tuvo la oportunidad de conversar sobre estas ideas con la autora en el marco de la recientemente inaugurada sede de la Fondation Cartier en la Rue de Rivoli. Ubicado en un edificio haussmanniano restaurado que alguna vez albergó los Grands Magasins du Louvre, el espacio ha sido radicalmente reimaginado por Jean Nouvel como una arquitectura dinámica y transformable.
Anan Alsama diseñado por Fatimah Alabid, Masud Alzunaifer y Maha Alesawi. Imagen cortesía de Mujassam Watan
En la ciudad, la estética no se mide por la altura de las torres ni por el ancho de las vías, sino por su capacidad para evocar significados dentro del espacio. Desde este enfoque, la iniciativa Mujassam Watan surge como algo más que un mero esfuerzo artístico. Representa un intento deliberado de redefinir la relación entre las personas y el lugar, entre la memoria material y la identidad imaginada. En la ciudad de Khobar, en el Reino de Arabia Saudita —donde la modernidad urbana se cruza con una rápida transformación social—, esta iniciativa plantea la siguiente pregunta: ¿cómo puede una escultura convertirse en un texto abierto, que no solo se lea visualmente sino que se experimente a nivel sensible?
El territorio de Ecuador abarca una notable diversidad de paisajes, que van desde la Costa del Pacífico hasta las cumbres de los Andes, la vasta extensión de la selva amazónica y las volcánicas islas Galápagos. Cada región del país presenta características distintivas que se reflejan en sus diversos contextos ambientales, culturales y sociales. Si bien la arquitectura latinoamericana tiene sus raíces en ricas tradiciones ancestrales, técnicas constructivas nativas y materiales locales, la arquitectura ecuatoriana contemporánea expresa una identidad en evolución que fusiona estos elementos con las exigencias actuales. La tradición y la innovación, los recursos locales y las técnicas modernas, junto con la responsabilidad social y la estética, interactúan con el entorno natural, las condiciones urbanas y los contextos sociales.
Culinary Health Fund . Imagen cortesía de Longboard
Antes de comprender racionalmente un espacio, lo percibimos de manera sensorial. La luz, la proporción, la textura, el color y la materialidad influyen en cómo el cuerpo interpreta un entorno, determinando si se siente acogedor, frío, íntimo o impersonal. Los elementos visuales y cromáticos pueden afectar directamente la percepción de la profundidad, la atmósfera y la escala dentro de los interiores, particularmente en edificios contemporáneos caracterizados por grandes luces y superficies continuas. Entre los elementos arquitectónicos que dan forma a esta experiencia, el cielo raso suele ser uno de los más subestimados, a pesar de su profunda influencia en cómo se percibe y se habita el espacio.
Refugio de autobuses / Pearce Brinkley Cease + Lee . Imagen cortesía de JWest Productions
El futuro de los nodos de transporte en los Estados Unidos no estará definido por icónicas terminales de aeropuertos metropolitanos ni por monumentales estaciones centrales de tren. Las comunidades rurales albergan la mayor parte de la red de carreteras del país, concentran casi la mitad de las millas recorridas por camiones de carga y generan dos tercios del transporte ferroviario de mercancías. Esta realidad posiciona a los nodos de transporte rural como puntos de acceso regional y centros de distribución vitales que moldean la movilidad nacional al margen de los modelos de expansión urbana.
Durante la mayor parte de la historia humana, la noche llegaba como una certeza planetaria. La oscuridad se extendía sobre los paisajes y el cielo revelaba miles de estrellas. Hoy en día, ese cielo está desapareciendo. La luz artificial se proyecta hacia arriba desde las ciudades, dispersándose por la atmósfera y transformando la noche en una bruma permanente. Investigaciones que mapean el brillo global del cielo muestran que más del 80 por ciento de la humanidad vive hoy bajo cielos con contaminación lumínica, y la Vía Láctea ha desaparecido de la vista de más de un tercio de la población mundial. La pérdida de los cielos oscuros suele debatirse en el ámbito de la astronomía; sin embargo, las causas de este cambio están profundamente arraigadas en el entorno construido. Los edificios emiten luz, la reflejan a través de fachadas de vidrio y extienden la iluminación mucho más allá de sus muros. En la tecnosfera —el vasto sistema de infraestructuras y materiales que la humanidad ha construido—, la arquitectura moldea actualmente tanto el espacio físico como las condiciones sensoriales que lo rodean.
Las escuelas de arquitectura suelen dejar una huella duradera en sus estudiantes, moldeando su estilo y su sentido de indagación crítica mucho después de haber concluido su formación académica. Por ejemplo, SCI-Arc, fundada en 1972 y con sede en el centro de Los Ángeles, es una institución reconocida por su cultura de experimentación, investigación crítica e independencia creativa, con una reputación cimentada en la idea de que la arquitectura debe entenderse como un campo abierto al diálogo con el arte, la tecnología, el diseño y la cultura contemporánea. La diversidad de trayectorias de sus egresados y egresadas demuestra cómo este entorno puede generar enfoques profesionales distintos, pero unidos por la misma voluntad de explorar nuevas posibilidades.
Una mesa larga puede ubicarse casi en cualquier lugar y seguir cumpliendo la misma función. Puede extenderse bajo el toldo de un mercado, recorrer el comedor de una escuela u ocupar el centro de una sala de estar compartida, y de inmediato cambia la temperatura de la habitación.
Por ello, la mesa larga es menos un objeto que un instrumento espacial. No garantiza una conexión y rara vez parece "inclusiva" por defecto. En cambio, establece condiciones: un borde compartido, un ritmo común de llegada, un campo de visibilidad mutua o una regla que convierte el comer en una escena con otras personas. Los estudios sobre la alimentación describen esta práctica como comensalidad —el acto de comer en conjunto y el orden social que esto puede crear, reforzar o cuestionar—. No obstante, lo que importa aquí no es una dimensión específica ni la función de la mesa, sino la forma en que una superficie larga alberga la diferencia, la conversación y el silencio; la intimidad y la distancia; la decisión de unirse y el derecho a vacilar.
La arquitectura residencial sigue siendo uno de los campos más activos para la exploración de proyectos no construidos, ofreciendo una perspectiva a través de la cual los/las arquitectos/as repiensan cómo el espacio doméstico puede responder al paisaje, al clima y a las dinámicas de vida contemporáneas. En esta edición de Obra No Construida, enviada por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una variedad de proyectos residenciales que abordan casas, villas y refugios como escenarios de retiro, mediación y habitabilidad cotidiana. En lugar de tratar el hogar como un objeto fijo o aislado, estos proyectos lo conciben como un marco espacial que negocia la exposición, la privacidad y el vínculo con el lugar.
"Sabemos que no nacemos para morir", solía decir el arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha. "Nacemos para continuar". En la arquitectura, esta idea de continuidad yace en el núcleo del patrimonio, no como una herencia estática, sino como algo que perdura, se transforma y se reinterpreta constantemente. No obstante, aquello que continúa y lo que se permite que desaparezca nunca es neutral. Las decisiones sobre la preservación están moldeadas por el poder, la memoria y el valor, lo que plantea una pregunta fundamental para la práctica contemporánea: ¿quién define qué vale la pena preservar y para quién?
El año pasado marcó un momento decisivo en la evolución de ArchDaily: un periodo de recalibración, intención y un renovado propósito editorial.
En un panorama mediático cada vez más acelerado y saturado, aprovechamos la oportunidad para plantearnos preguntas fundamentales: ¿Qué deben ser los medios de arquitectura hoy en día? ¿Qué responsabilidades asumimos como plataforma global? ¿Y de qué manera podemos contribuir significativamente a una profesión que atraviesa transformaciones sociales, ambientales y culturales?
Al comprometernos profundamente con estas reflexiones, asumimos plenamente nuestro papel, definiendo con mayor claridad qué es ArchDaily y cómo opera.
En 2026, Apple celebró cincuenta años desde su fundación. A lo largo de las últimas dos décadas, la empresa ha desarrollado un lenguaje arquitectónico coherente que extiende su marca hacia el entorno construido, transformando tiendas, lugares de trabajo y espacios públicos en componentes activos de su identidad. Estos entornos guían el movimiento, enmarcan la interacción y condicionan las formas en que los/las usuarios/as se relacionan tanto con los productos como con la propia compañía.
Desde el dispositivo portátil hasta el interior urbano, Apple ha buscado mantener un alto grado de control sobre la forma, el material y la experiencia. La arquitectura pasa a formar parte de este sistema en el momento en que la compañía empieza a definir cómo se percibe y cómo se interactúa con ella en el espacio físico. Las investigaciones sobre entornos comerciales han demostrado que la distribución espacial, la visibilidad y los patrones de circulación pueden moldear el comportamiento y la interacción, convirtiendo a la arquitectura en una interfaz entre la marca y el/la usuario/a.
El modernismo en la arquitectura fue, quizás, la primera filosofía de diseño de edificios verdaderamente global. Surgido a principios del siglo XX, sus primeros defensores fueron grandes figuras europeas como Le Corbusier, Walter Gropius y Mies van der Rohe. En 1923, Le Corbusier publicó su obra escrita fundamental, habitualmente traducida al español como Hacia una arquitectura. La novedad y el rechazo de la historia constituyeron uno de los principios centrales del modernismo, lo cual se manifestó en el uso de nuevos materiales como el acero y el concreto, que dieron lugar a una libertad de expresión formal sin precedentes.
Hacia mediados del siglo XX, el modernismo fue adoptado en todo el mundo por países que se recuperaban de la Segunda Guerra Mundial y superaban las secuelas del colonialismo. Se convirtió en el lenguaje de la reconstrucción y de la construcción nacional, reforzado por su rechazo al pasado. Su énfasis en la tecnología se adaptaba a este nuevo mundo de industria, desarrollo a gran escala y nuevas tipologías edilicias. Un siglo después de su nacimiento, el modernismo mismo se ha convertido en el legado. A medida que los edificios se vuelven progresivamente obsoletos o llegan al final de su vida útil, surge una revalorización de su carácter patrimonial, tanto como objetos de diseño como por ser símbolos del espíritu de la época en la que fueron construidos. A continuación, analizamos cinco edificios modernistas de cinco regiones que son objeto de propuestas de reutilización adaptativa. Allí donde alguna vez la forma siguió a la función, hoy la función debe seguir a la forma.
Tras explorar la adaptabilidad a escala urbana, ahora nos enfocamos en el edificio en sí y, fundamentalmente, en la práctica profesional. ¿Cómo pueden los/las arquitectos/as, desarrolladores/as y consultores/as incorporar la adaptabilidad como un resultado medible y generalizado? Esta pregunta formará parte de la agenda de la Adaptable Building Conference (ABC) el 22 de enero en el Nieuwe Instituut de Róterdam, donde arquitectos/as, ingenieros/as, responsables de políticas y líderes de la industria explorarán el potencial de los edificios adaptables y cómo implementarlos a gran escala.