Una campaña liderada por la Red Lima Milenaria busca el reconocimiento de la UNESCO para sitios precoloniales en la capital peruana. Actualmente, quedan más de 600 sitios arqueológicos en Lima, una metrópoli de 11 millones de habitantes. La campaña ciudadana busca mejorar las condiciones de conservación y la sensibilización pública sobre los sitios que resistieron la colonización europea, promoviendo la postulación de una selección de estructuras para su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La campaña de difusión pública se lanzó recientemente para sumar el apoyo de la ciudadanía y establecer alianzas con organizaciones dedicadas al patrimonio y campos afines, con el fin de preparar el marco para una postulación formal que deba presentar el Estado peruano. La iniciativa coincide con movimientos de reconstrucción en el continente que responden a la desigualdad socioeconómica y a las injusticias históricas estructurales, lo que plantea interrogantes sobre la definición misma de patrimonio.
Casa Sobre el Arroyo, Amancio Williams. Imagen vía World Monuments Fund
¿Qué sucede con una casa cuando la vida para la que fue diseñada llega a su fin? En el caso de la Casa sobre el Arroyo, la respuesta se fue gestando de manera gradual a medida que la obra cambió de uso, de propiedad y de estado de conservación a lo largo de casi ocho décadas. Aun frente a estas transformaciones, la estructura, la circulación y la relación con el sitio mantuvieron un papel central en la manera de entender la vivienda y, finalmente, de restaurarla.
Diseñada a partir de 1943 por Amancio Williams y Delfina Gálvez Bunge de Williams para el padre de Amancio, Alberto Williams, la Casa sobre el Arroyo surgió directamente de las condiciones de su emplazamiento en Mar del Plata, Argentina. En lugar de tratar al arroyo Las Chacras como un obstáculo a esquivar, el proyecto lo utiliza para organizar la propia vivienda. Un arco de hormigón armado cruza el cauce y eleva los espacios habitables sobre este, transformando al arroyo en una pieza fundamental de la experiencia de recorrer y habitar la casa.
Filippo Brunelleschi y la cúpula de Santa Maria del Fiore, terminada en 1436 en la ciudad italiana de Florencia, representan un capítulo importante en la historia de la arquitectura, a menudo asociado con el distanciamiento progresivo entre el dibujo y la construcción. Esta separación, consolidada gradualmente con el paso del tiempo, encuentra un punto de inflexión decisivo en el Renacimiento. El dibujo se convierte en un instrumento para anticipar y afirmar la autoridad sobre la construcción. La obra de construcción, que alguna vez fue un espacio de invención y toma de decisiones, pasó a entenderse principalmente como un lugar de ejecución.
Durante los siglos siguientes, esta distancia se volvió cada vez más pronunciada, particularmente con la construcción moderna. La industrialización, la especialización técnica y la organización corporativa fragmentan el proceso constructivo en etapas cada vez más diferenciadas. Quienes diseñan rara vez construyen; quienes construyen no siempre participan en la toma de decisiones; y quienes financian, gestionan y habitan ocupan posiciones aún más distanciadas entre sí. Si bien la eficiencia de este modelo permitió construir a escala, también concentró el conocimiento y el poder de decisión en manos de unos pocos actores.
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un espacio para ensayos de base argumentativa sobre las preguntas críticas que definen nuestra disciplina.
Durante siglos, la mayor parte del mundo se ha mirado a sí misma a través de un instrumento de representación espacial del siglo XVI. El pasado 4 de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó para cambiar esto al aprobar una resolución que insta a gobiernos, escuelas, medios de comunicación y empresas tecnológicas a retirar la proyección de Mercator en todos los contextos donde el tamaño relativo de los países sea realmente relevante, en favor de alternativas de áreas equivalentes como la proyección Equal Earth de 2018. La votación se aprobó por 164 votos contra 1. Estados Unidos fue el único en votar en contra.
Quipu por González Moix Arquitectura. Presentado en la exposición central de la Bienal. Imagen cortesía de la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires
La Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires cumple este año 40 años de historia a lo largo de 20 ediciones. Como uno de los encuentros de arquitectura más importantes de América Latina, celebrará este aniversario con una edición que contará con alrededor de 100 estudios de arquitectura, 15 exposiciones, 50 conferencias, 40 invitados/as internacionales y representantes de más de 55 ciudades de todo el mundo, en un programa gratuito y abierto de cinco semanas de duración. Desde el 22 de septiembre y durante todo octubre, en el marco del Mes del Diseño y la Arquitectura de Buenos Aires, se realizarán conferencias, se inaugurarán exposiciones e instalaciones y se desarrollarán actividades en distintos puntos de la ciudad. Bajo la temática HABITAR, la Bienal albergará también un foro de seis días con la participación de Smiljan Radić, galardonado con el Premio Pritzker 2026, que culminará con la entrega de los premios de esta edición.
Por lo general, los/las profesionales especialistas son quienes tienen el poder de decisión, ya sean historiadores/as, museólogos/as, arquitectos/as o geógrafos/as. ¿Pero con base en qué se toman estas decisiones? ¿Cabe la complejidad de la historia en un checklist? ¿O, de manera aún más elemental, en qué versión de la historia se basan estas decisiones?
La arquitectura en América Latina refleja este mes una negociación constante entre los desafíos ambientales, el patrimonio cultural y los nuevos enfoques de la vida pública y profesional. Desde el sismo en Colombia y su impacto en la arquitectura histórica, hasta nuevos proyectos culturales en Argentina y propuestas de diseño con sensibilidad ambiental en Ecuador y Medellín, los acontecimientos recientes destacan cómo la arquitectura sigue respondiendo tanto a las condiciones regionales como a desafíos globales más amplios. Los debates en torno al patrimonio y la infraestructura también cobraron protagonismo, luego de que la UNESCO expresara su preocupación por el impacto del Tren Maya en el sitio de Calakmul, en México, declarado Patrimonio de la Humanidad. Al mismo tiempo, nuevas iniciativas en Chile y Costa Rica exploraron el diseño ecológico y la práctica sostenible. Las noticias de este mes perfilan un panorama arquitectónico regional marcado por la resiliencia, la adaptación y la relación entre los entornos construidos y sus contextos sociales y naturales.
En la década de 1970, Cuba enfrentó una grave escasez nacional de vivienda debido al crecimiento demográfico, la migración del campo a la ciudad y el deterioro del fondo habitacional existente. La respuesta del gobierno fue un sistema que retiraba a trabajadores y trabajadoras de sus empleos habituales para destinarlos a las obras de construcción. Este programa, conocido como las Microbrigadas, transformó distritos enteros de La Habana al combinar la autoconstrucción colectiva y el conocimiento técnico respaldado por el Estado, dejando una huella en la trama urbana de la capital que perdura hasta hoy.
La Pirámide de Tirana abrió sus puertas como museo dedicado a Enver Hoxha en octubre de 1988, tres años después de su muerte y tres años antes del colapso del régimen. En las décadas posteriores, funcionó como estación de radio, sede de conferencias, club nocturno y base de la OTAN durante la guerra de Kosovo. En 2023, MVRDV la reabrió como parque y escuela de tecnología, añadiendo escalones a las fachadas para permitir que la gente pudiera caminar sobre la estructura. La inauguración se programó para coincidir con la Cumbre de los Balcanes Occidentales el 16 de octubre, una fecha que, según señalaron algunos críticos, coincidía con el cumpleaños de Hoxha. Dos proyectos de autodefinición nacional, distanciados por treinta y cinco años y construidos sobre premisas políticas opuestas, han utilizado la misma estructura.
Los prototipos arquitectónicos se utilizan a menudo para poner a prueba decisiones antes de que comience la construcción. No obstante, en ciertas oficinas, la creación de prototipos empieza cuando esas decisiones aún están tomando forma. Llevar una idea del dibujo a la materia plantea interrogantes que dependen de la propia fabricación: cómo cortar o unir un material, cuánto pesa una pieza, cómo se articula un ensamblaje, si es posible reutilizar las partes o incluso qué forma debería adoptar el proyecto.
TAKK, salazarsequeromedina y Ensamble Studio integran la experimentación física en sus procesos de diseño, aunque le plantean preguntas distintas. Para TAKK, los prototipos ayudan a comprobar cómo se articulan los materiales y componentes dentro de un sistema constructivo. Para salazarsequeromedina, las maquetas y los sistemas construidos se mantienen abiertos al desmontaje, la recombinación y a futuros usos. Por su parte, Ensamble Studio utiliza los experimentos físicos para generar una geometría y un conocimiento constructivo capaces de trasladarse a la ingeniería y a la edificación a escala real. Lo que distingue a estos enfoques no es el simple hecho de prototipar, sino lo que cada oficina espera aprender a través del prototipo.
El vasto territorio de Argentina revela múltiples formas de construir, moldeadas por su diversidad geográfica, climática y cultural. Al diseñar viviendas unifamiliares en Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires, numerosos estudios jóvenes de arquitectura en Argentina responden a particularidades materiales, paisajísticas y culturales, trabajando con los recursos, sistemas constructivos y oficios de cada región. Así, la casa se convierte en un medio para interpretar su contexto, dialogar con las tradiciones locales e incorporar nuevos enfoques a la producción arquitectónica.
Como escenario de la vida cotidiana, la casa forma parte de una experiencia continua; actúa como un organismo complejo y sutil que responde tanto al modo de vida de sus habitantes como a los paisajes en los que se emplaza. Tras presentar diversas perspectivas y definiciones de figuras como Le Corbusier, Ernesto Rogers y Lewis Mumford, el arquitecto argentino Eduardo Sacriste destaca en su libro Qué es la casa su rol como reflejo del pasado, partícipe del presente e iluminador del futuro.
Fundado en Quito en 2017 por Martín Real y Florencia Sobrero, Taller General trabaja en proyectos de vivienda, rehabilitación, exhibiciones y proyectos comunitarios. Lo que une a estas iniciativas no es tanto una tipología de edificación, sino una forma de construir: arquitectos/as, constructores/as, artesanos/as, estudiantes, organizaciones y comunidades entran y salen del proceso, de manera que cada proyecto toma forma a partir de lo que ya está allí.
Este enfoque surgió de la experiencia directa en la obra. Antes de que Taller General se estableciera formalmente, Real y Sobrero se involucraron con Actuemos Ecuador, una de las iniciativas de la sociedad civil surgidas tras el terremoto que afectó a la costa de Ecuador en 2016. Trabajar bajo las condiciones reales de la obra vinculó las decisiones arquitectónicas con los materiales, los presupuestos, la mano de obra disponible y los saberes locales, estableciendo una relación con el proceso constructivo que sigue siendo fundamental en su práctica.
Museo Nacional del Ecuador (MuNA) por SANAA, Estudio A0, Caá Porá Arquitectura, Jerome Haferd Studio, Taller Capital Landscape. Imagen cortesía de Jerome Haferd Studio
La arquitectura en América Latina este mes refleja un énfasis creciente en la adaptación, ya sea respondiendo a riesgos ambientales, repensando las instituciones culturales o extendiendo la vida útil de los edificios existentes. Los desarrollos recientes revelan una conversación regional definida por la resiliencia, el patrimonio y el espacio público, donde la arquitectura se entiende cada vez más como parte de sistemas urbanos, sociales y ambientales más amplios. Desde las consecuencias de los grandes terremotos en Venezuela hasta el debate en torno al futuro Museo Nacional de Ecuador, las historias del mes destacan cómo el diseño se entrelaza con cuestiones de identidad, vida cívica y sostenibilidad a largo plazo.
Edificio Prefabricado Viña del Mar por ELEMENTAL. Imagen cortesía de ELEMENTAL
El desplazamiento suele entenderse a través del movimiento: el instante en que las personas se ven obligadas a trasladarse de un lugar a otro. Sin embargo, desde la perspectiva de la arquitectura, ese traslado es apenas el inicio de lo que viene después. Es posible que sea necesario reconstruir una vivienda, reubicar a una comunidad entera o restablecer la vida cotidiana en un lugar completamente nuevo. Lo que se pierde con el desplazamiento no siempre es algo que la arquitectura pueda restituir de forma sencilla.
Esta cuestión cobra especial relevancia en América Latina, donde el desplazamiento ha moldeado a las comunidades bajo diversas circunstancias y a diferentes escalas. Lo que ocurre después depende de los motivos del traslado forzoso, de la posibilidad de retornar y de lo que aún se conserva de los espacios habitados. Algunas comunidades logran reconstruir su entorno familiar, mientras que otras deben fundar su vida cotidiana en un sitio completamente nuevo. Estas variaciones determinan el rol que se le exige a la arquitectura.
Vista peatonal de la sede del BCIE en Tegucigalpa. Imagen cortesía del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)
Las naciones de Centroamérica ocupan un estrecho puente terrestre entre México y Colombia, pero no nacieron como países independientes. Surgieron de una sola entidad: la República Federal de Centroamérica en 1823. Aquella federación se disolvió; sin embargo, el ideal de una región unificada nunca murió del todo. En 1951, los gobiernos firmaron la Carta de San Salvador para crear la ODECA, la Organización de Estados Centroamericanos. Cuatro décadas más tarde, el Protocolo de Tegucigalpa de 1991 la reemplazó por el SICA, el Sistema de la Integración Centroamericana, el marco que rige la cooperación regional en la actualidad. En el marco de este proceso de integración, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua fundaron en 1960 el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), estableciendo su sede en Tegucigalpa. A primera vista, se trata de un complejo de oficinas convencional de finales del siglo XX; no obstante, al observar de cerca su fachada, el edificio se convierte en un manifiesto sobre la identidad. Uno escrito en piedra de cantera rosada proveniente de las mismísimas colinas que rodean la capital hondureña.
Pocas condiciones han moldeado el discurso arquitectónico contemporáneo con tanta profundidad como la incertidumbre. En bienales, exposiciones y foros internacionales, la arquitectura imagina cada vez más su relación con el mundo a través de la flexibilidad, la reversibilidad y la capacidad de respuesta; cualidades destinadas a hacer frente a las emergencias climáticas, la inestabilidad política y una movilidad humana sin precedentes. Los edificios se diseñan para transformarse, las infraestructuras para evolucionar y las ciudades para albergar condiciones que parecen cada vez más impredecibles. Este énfasis en la agilidad ha expandido la capacidad de la disciplina para abordar el cambio ambiental, ofreciendo estrategias valiosas para un mundo en constante transformación.
No obstante, esta evolución apunta a un cambio más profundo en la forma en que la arquitectura media la condición humana. Durante mucho tiempo, la arquitectura ha funcionado como un mecanismo de orientación existencial: una manera de que la conciencia humana talle una coordenada inteligible en medio de un cosmos indiferente, anclando la memoria y la identidad a un punto fijo. En gran parte del discurso arquitectónico contemporáneo, la incertidumbre aparece cada vez menos como una condición externa que debe mitigarse y más como el horizonte a partir del cual comienza el pensamiento arquitectónico. La experiencia espacial se ve cada vez más moldeada por entornos diseñados en torno a la persistencia del flujo, donde los puntos de referencia estáticos dan paso a condiciones de transformación continua.
Propuesta para el Museo Nacional del Ecuador (MuNA). Imagen cortesía de Studio Campo Baeza
El anuncio de la propuesta ganadora para el nuevo Museo Nacional de Ecuador (MuNA) desató uno de los debates arquitectónicos más significativos del país en los últimos años. Desde entonces, la respuesta del público ha reformulado el concurso mismo, al tiempo que plantea interrogantes más amplias sobre cómo un museo nacional otorga forma arquitectónica a la interpretación de una nación. Si bien la discusión comenzó con un único diseño, terminó por exponer un desafío que trasciende las fronteras de Ecuador.
A los museos nacionales no se les pide simplemente representar a una nación, sino darle forma arquitectónica. No obstante, la identidad no se puede construir de manera directa: antes de convertirse en arquitectura, debe ser interpretada y traducida mediante decisiones de diseño.