
En lo que respecta al revestimiento exterior de un edificio, la prioridad indiscutible es la durabilidad. Al tener que resistir literalmente los estragos de la lluvia, el viento, la luz solar, las fluctuaciones de temperatura y muchas otras condiciones climáticas, les exigimos un alto rendimiento. En el otro extremo de la balanza, las superficies interiores tienden a priorizar el acabado, destacando el color, el diseño y la textura característicos de materiales como pinturas, revestimientos cerámicos o paneles de madera.
Tradicionalmente, estos dos mundos (el exterior y el interior) nunca tuvieron la necesidad de encontrarse. Se solía pensar que a exigencias opuestas correspondían superficies opuestas. Sin embargo, a medida que los entornos externos e internos continúan fusionándose en una tipología única de espacio habitable, cada vez más proyectos —tanto grandes como pequeños, comerciales como privados— buscan inspiración en el mundo exterior para el diseño de sus superficies. De este modo, se trasladan al interior los materiales, las temáticas y la historia de las fachadas. A continuación, presentamos cuatro proyectos recientes del archivo de Architonic que ilustran precisamente esta tendencia.

























































