El segundo episodio de la serie de podcasts Room For Dreams ofrece una profunda inmersión en cómo la arquitectura puede abrazar el futuro sin perder su alma. Grabado en vivo en la Semana del Diseño de Milán 2026 en colaboración con INDX|GLOBAL, este episodio cuenta con la participación de los arquitectos Arun Sharma y Jaskaran Singh para desentrañar el verdadero significado de lo vernáculo digital.
Kiaura Collection™ diseñada por Aaron DeJule para KI. Imagen cortesía de KI Furniture
Durante décadas, los/las profesionales han aceptado una realidad incómoda: las horas que se pasan frente a un escritorio suelen traducirse en rigidez de espalda, un reajuste postural constante y una fatiga mental progresiva. Si bien la sillería ergonómica convencional ha buscado mejorar el confort mediante mecanismos ajustables, ha seguido asumiendo, en gran medida, que sentarse de manera eficaz depende de mantener una postura estable. Sin embargo, la creciente comprensión de la relación entre el movimiento, el bienestar físico y el rendimiento cognitivo sugiere un enfoque diferente, uno en el que el movimiento se convierte en parte integral de la experiencia de sentarse, en lugar de ser algo que deba minimizarse.
Blur Building, lago de Neuchâtel, Yverdon-les-Bains, Suiza, 2002. Imagen cortesía de Diller Scofidio + Renfro
La historia de la arquitectura se ha narrado tradicionalmente a través de la persistencia de lo sólido. Definimos la disciplina por el peso del dintel, la masa del pilar y la resistencia del muro. Incluso cuando se invoca la ligereza, se suele entender como un acto sustractivo: el adelgazamiento de una sección o la reducción precaria de una carga. No obstante, existe una historia paralela, menos visible y más difícil de aislar, en la que el material principal de construcción no es lo que ocupa el espacio, sino lo que se desplaza a través de él.
Tratar el aire como un medio implica trascender el binarismo de la envolvente. La frontera entre el interior y el mundo exterior deja de ser una línea de separación absoluta para convertirse, en cambio, en un lugar de filtración y presión. Comenzamos a concebir el edificio como una válvula térmica, una serie de gradientes donde la humedad, la velocidad y el calor no son meras "condiciones" de fondo que deben mitigarse mediante sistemas mecánicos, sino las sustancias mismas que se modelan.
La historia de la arquitectura suele avanzar mediante gestos icónicos o avances tecnológicos; sin embargo, algunas obras siguen siendo influyentes precisamente porque se resisten al espectáculo. Construida entre 1972 y 1974 en Sint-Martens-Latem, Bélgica, la Residencia Van Wassenhove se erige como uno de esos proyectos silenciosos pero decisivos. Concebida como un volumen de concreto único y continuo, emplazado en un paisaje boscoso, la casa desafía las ideas convencionales de confort doméstico, privacidad y jerarquía espacial. Su presencia es directa y sin concesiones, pero evita la monumentalidad, posicionándose en cambio como una estructura habitada, moldeada por los rituales cotidianos y la permanencia en el tiempo.
La casa fue diseñada por Juliaan Lampens, una figura que operó en gran medida al margen de las narrativas arquitectónicas dominantes de su época. Trabajando principalmente en Flandes y a menudo a través de encargos privados, Lampens desarrolló una obra centrada en la reducción espacial radical, la honestidad material y un enfoque casi ético de la construcción. La Residencia Van Wassenhove suele describirse como su obra más completa, no porque introduzca ideas nuevas, sino porque consolida muchos de los principios que recorren de manera constante su trayectoria.
La madera masiva ha pasado de ser un nicho experimental a convertirse en un componente central del debate contemporáneo sobre la construcción sostenible. La combinación de un menor carbono incorporado, sistemas prefabricados y plazos de obra más cortos ha contribuido a posicionar soluciones como el CLT (madera contralaminada) y el DLT (madera laminada con pasadores) como alternativas viables al concreto y al acero en edificios residenciales, oficinas, escuelas y equipamientos públicos en todo el mundo. A esto se suman la previsibilidad de los procesos constructivos y las cualidades ambientales asociadas a la madera, vinculadas con frecuencia al confort de las personas usuarias y a la experiencia espacial.
A diferencia de muchas otras actividades que hoy en día se desarrollan por completo en entornos digitales, el resultado final del trabajo en la industria de la arquitectura, la ingeniería y la construcción no se queda en una pantalla. Los archivos se convierten en edificios, los modelos se transforman en estructuras y las decisiones tomadas durante el proceso de diseño terminan por dar forma a calles, barrios y ciudades enteras. Un edificio suele durar décadas, a veces siglos, y el impacto de las decisiones tomadas durante su desarrollo se extiende mucho más allá del momento de la entrega, influyendo en la vida cotidiana de miles de personas.
El trabajo ya no ocurre en un único lugar. Se desplaza, se fragmenta y se adapta. Puede comenzar en una oficina, seguir en una cabina acústica, pasar por un espacio compartido y terminar en casa. En este recorrido, la laptop se convierte en un elemento constante. A medida que el trabajo se vuelve más móvil, las configuraciones espaciales también empiezan a acompañar esta condición.
En Hong Kong, donde la arquitectura suele estar impulsada por la lógica inmobiliaria, la infraestructura y un desarrollo acelerado, el espacio para la experimentación cívica a escala humana puede ser sorprendentemente estrecho. Es aquí donde Design Trust ha logrado distinguirse. Como plataforma de financiamiento y facilitación de proyectos, apoya intervenciones espaciales que se sitúan entre la arquitectura, la investigación y la programación pública; un trabajo que a menudo resulta demasiado modesto, colectivo o incierto para encajar dentro de los canales convencionales de la relación cliente-arquitecto/a.
En el centro de esta labor se encuentra Marisa Yiu, cuyo liderazgo posiciona a Design Trust tanto como agente facilitador como actor cultural. A través de iniciativas como Micro-Parks Hong Kong, junto con exposiciones y programas públicos, la organización aborda el discurso y la creación de prototipos como formas de agencia espacial, vinculando a diseñadores/as, comunidades, instituciones y debates sobre políticas públicas, al tiempo que prioriza cuestiones de gestión, mantenimiento y la "vida posterior" del espacio público.
¿Qué importa más: mirar al pasado o al futuro? ¿Reconocer trayectorias consolidadas o impulsar caminos aún en construcción? Quizás esta no sea una pregunta con una respuesta única. Tradicionalmente, los premios de arquitectura han funcionado como dispositivos de consagración: han reconocido obras terminadas, trayectorias consolidadas y soluciones ya probadas, la mayoría de las veces bajo una mirada retrospectiva. ¿Qué pasaría, sin embargo, si el reconocimiento dejara de ser un fin en sí mismo y comenzara a operar como un agente catalizador, invirtiendo menos en lo que ya se ha hecho y más en lo que está por venir?
Más allá de ser una fuente de vida, el poder del sol en la arquitectura ha estado vinculado desde hace mucho tiempo a la necesidad de la humanidad de aprovecharlo y controlarlo como un recurso vital. Desde la antigüedad, la energía solar se ha utilizado para medir el tiempo, apoyar la siembra y la cosecha, y ofrecer protección contra el frío y el calor. Hoy en día, la radiación solar desempeña un papel fundamental en el consumo energético global. Las soluciones arquitectónicas basadas en materiales, tecnologías y análisis ambientales se desarrollan a partir de la comprensión de la capacidad de la energía solar para transformar el ambiente interior de los edificios. Sin embargo, ¿cómo pueden transformarse los edificios en fuentes de energía limpia?
Cortesía de SolarLab, Foto de doublespacephoto.com. Imagen RRC Polytech Manitou a bi Bii daziigae / Diamond Schmitt Architects & Number TEN Architectural Group
A medida que la responsabilidad ambiental se consolida en la cultura del diseño, la envolvente del edificio deja de ser una mera piel protectora para convertirse en una superficie activa generadora de energía. Tratar la tecnología solar como un material y no como un aditamento transforma la manera en que se concibe y se detalla la arquitectura. El color, la textura, el ritmo y el montaje se vuelven inseparables del rendimiento. Los sistemas fotovoltaicos integrados en edificios (BIPV) operan dentro de esta definición ampliada de la materialidad. Al integrar la tecnología solar en fachadas y fachadas ventiladas desde las primeras fases del proyecto, los/las arquitectos/as pueden eliminar redundancias, alinear las metas energéticas con la intención de diseño y replantear la composición de las envolventes. No obstante, traducir esta ambición en sistemas constructivos viables requiere precisión técnica e inteligencia constructiva.
Buildner ha anunciado los resultados de su concurso Concrete Pavilion. Como parte de la serie Material Studies de Buildner, la convocatoria invitó a arquitectos/as y diseñadores/as a explorar el potencial arquitectónico del concreto a través del diseño de un pabellón experimental. Se desafió a los y las participantes a reconsiderar este material más allá de su uso convencional, investigando sus posibilidades espaciales, estructurales y sensoriales.
Al desplazar la rotación fuera de las bisagras tradicionales y distribuir el peso verticalmente, las puertas pivotantes se desarrollaron para abordar un desafío arquitectónico específico: cómo mover paneles de puertas grandes y pesados con precisión, durabilidad y una mínima interferencia visual. Estos sistemas permiten que las puertas aumenten significativamente en escala, peso y ambición material, desdibujando a menudo la línea entre puerta, muro y superficie arquitectónica. Con el tiempo, esta innovación técnica ha expandido el papel de las puertas en la arquitectura, permitiéndoles funcionar no solo como puntos de acceso, sino también como umbrales espaciales, dispositivos compositivos y elementos expresivos dentro de la envolvente del edificio.
Destacando esta evolución, FritsJurgens creó el concurso Best Pivot Door Contest para exhibir proyectos donde convergen la precisión de la ingeniería y la intención arquitectónica. Fundada en los Países Bajos, la empresa es reconocida internacionalmente por sus sistemas de pivote ocultos, capaces de soportar puertas excepcionalmente grandes y pesadas. Estos sistemas otorgan a los/las arquitectos/as una mayor libertad en cuanto a escala y materialidad, al tiempo que mantienen la precisión, la confiabilidad y la claridad arquitectónica.
"¿Café o té?" es una de esas frases que nos acompañan en los contextos más diversos: se escucha en aviones, después de una comida, en salones de hoteles y en salas de reuniones. Parece una pregunta menor —una mera preferencia, un desvío rápido en el guion de servicio—. Sin embargo, también encierra una silenciosa herencia cultural. El té llega con la larga historia del ritual y el ritmo doméstico, vinculado a antiguas geografías comerciales y a la etiqueta cotidiana. El café, en cambio, llega con un linaje diferente de circulación, que más tarde se industrializó en la cafetería moderna y sus rituales de cara al público. En cualquiera de los dos casos, la bebida nunca es solo una bebida; es una relación ensayada con el tiempo y el espacio.
En el este de Asia contemporáneo, no obstante, la pregunta entre "café o té" se lee cada vez más de otra manera: de forma imperceptible o subconsciente, se está convirtiendo en una elección sobre dónde se quiere estar. Cada bebida conlleva ahora una expectativa espacial. El café implica un espacio que se puede ocupar, a menudo un lugar para hacer una pausa, trabajar, reunirse o refrescarse. El té, a pesar de estar culturalmente omnipresente, aparece de forma más difusa por la ciudad: a veces como un destino específico, a veces como un quiosco de alta frecuencia y, muy a menudo, como un elemento predeterminado e integrado dentro de las tipologías gastronómicas. Como resultado, una pregunta planteada en términos de gusto ha comenzado a funcionar como un sutil indicador de preferencia espacial: si se busca permanencia o velocidad, resguardo o flujo, un tercer lugar o un nodo rápido en la calle.
A lo largo de las últimas dos semanas, la comunidad de ArchDaily Brasil nominó más de 14 mil proyectos, lo que dio como resultado 15 finalistas que representan algunas de las obras arquitectónicas más emblemáticas publicadas en el último año. En su 10.ª edición, el Premio Obra del Año busca reconocer lo mejor de la arquitectura en los países de lengua portuguesa, a partir de la elección de los propios lectores. Los finalistas componen un retrato del estado actual de la arquitectura, ya sea en proyectos residenciales, urbanos, culturales u otros programas.
Representando a Brasil y Portugal, los 15 proyectos reflejan las necesidades de sus contextos específicos a través de soluciones creativas propuestas por los/las arquitectos/as locales. Desde reformas de interiores hasta intervenciones urbanas de gran escala, pasando por residencias unifamiliares y proyectos comunitarios, la selección es heterogénea, pero está unida por un rasgo común: el reconocimiento del público, que busca ver representadas sus propias aspiraciones.
https://www.archdaily.cl/es/1093226/los-15-finalistas-del-premio-obra-del-ano-2026-de-archdaily-brasilArchDaily Team
Con veinte metros de altura y cuatro mil años de antigüedad, la Deffufa Occidental se eleva sobre los huertos de palmeras datileras contiguos y los restos de la antigua ciudad en el desierto. Se trata de un antiguo edificio religioso y administrativo situado cerca de la actual ciudad sudanesa de Kerma. Su importancia no radica únicamente en su antigüedad y tamaño, sino también en el hecho de ser uno de los edificios de adobe más antiguos del mundo. Y como también lo atestiguan las cercanas casas de adobe, la tierra es un material de uso continuo desde la antigüedad hasta nuestros días. Sin embargo, los debates en torno a los sistemas constructivos contemporáneos han ignorado en gran medida este material fundamental. No obstante, algunos/as arquitectos/as del continente africano están cambiando esta situación.
San Diego, California. Foto de Samuel Ramos en Unsplash
Muy cerca de la frontera con México, en el extremo suroeste de los Estados Unidos, se encuentra la ciudad de San Diego. Su historia urbana comenzó en 1769 con la llegada de una expedición militar española al mando de Gaspar de Portolá, lo que marcó el primer asentamiento permanente en el territorio que entonces se conocía como Alta California. Sin embargo, a diferencia de las capitales administrativas y poblaciones formalmente urbanizadas de México y Centroamérica, San Diego se concibió como un puesto de avanzada fronterizo. En la actualidad, se ha convertido en la segunda ciudad más grande de California, solo por detrás de Los Ángeles, y su traza urbana narra una historia de herencia hispana que se entrelaza con el entorno cultural contemporáneo de los Estados Unidos.
Al escribir estas líneas, un artículo de Martyn Evans se preguntaba '¿Está la arquitectura en crisis?'. Ese mismo año, Reinier de Graaf publicó el libro 'Architecture Against Architecture', donde planteaba catorce problemas de la profesión y la disciplina. La cuestión sobre la crisis en la arquitectura es un tema recurrente. Al referirse a ella como profesión, esta interrogante asoma sobre todo cuando se prevén o se sufren crisis económicas. Al mismo tiempo, persisten las dudas sobre la eficacia de la arquitectura para hacer frente a los problemas más urgentes del planeta y de la sociedad: vivienda, cambio climático y desarrollo humano. Una de las iniciativas que intenta responder a estas interrogantes es MASS, fundada en Ruanda poco después de la crisis financiera de 2008. La clave está en su nombre, cuyas siglas en inglés significan Modelo de Arquitectura al Servicio de la Sociedad (Model of Architecture Serving Society). MASS nació como una forma diferente de ejercer la arquitectura.
A medida que los requisitos técnicos de las envolventes de los edificios han evolucionado, el comportamiento frente al fuego se ha convertido en un criterio clave en el diseño de fachadas ventiladas. Ante este escenario, los análisis ya no se centran únicamente en la reacción individual de los materiales, sino también en la respuesta conjunta de toda la envolvente ante posibles escenarios de propagación exterior del fuego.
Cuéntale al agua lo que la arcilla mantuvo en secreto. Imagen cortesía de Ola Hassanain
Ola Hassanain es una arquitecta y artista sudanesa que trabaja en los Países Bajos y que expondrá en la Bienal Panafricana de Arquitectura en Nairobi, Kenia, a finales de 2026. Estos tres lugares relatan la relación del entorno construido con el agua, ilustrando las continuas batallas entre las fuerzas amorfas de la naturaleza —los ríos y los mares— y los intentos humanos por moldearlas y controlarlas. En la mayoría de los casos, se trata de iniciativas de extracción. Las catástrofes ocurren como resultado de los excesos de estas acciones, de su mala gestión, o de una combinación de ambos factores.
En la imagen: Granito Ambiance Negro F128 PA, Azul Profundo U590 PM/TM, Gris Angora U705 PM/TM, Gris Habana U755 PM/TM, Castaño Brighton H1708 ST17. Imagen cortesía de EGGER
Diseñar un interior es, en muchos sentidos, un ejercicio de orquestación. Del mismo modo que un director de orquesta coordina instrumentos, timbres, ritmos e intensidades para componer una pieza coherente, el/la arquitecto/a reúne materiales, color, luz, textura y proporción para definir la calidad espacial y la atmósfera de un entorno. Ninguna de estas decisiones opera de manera aislada: la elección de una superficie influye en cómo se refleja la luz; un material determinado puede definir cómo envejece un espacio con el tiempo; a su vez, el color afecta directamente la percepción de la escala.
Los materiales derivados de la madera, como los tableros de partículas decorativos, los tableros de MDF o los laminados, pueden entenderse, por lo tanto, como algo más que simples acabados. De fabricación industrial, combinan la selección del diseño, la textura de la superficie y el soporte técnico, definiendo tanto su apariencia como la manera en que un espacio responde al uso, la luz y el paso del tiempo. Factores como la estabilidad dimensional, la facilidad de mantenimiento y la resistencia al desgaste se vuelven parte integral de las decisiones de diseño, especialmente en interiores expuestos a un uso intensivo.
La arquitectura educativa sigue siendo un campo fértil para la exploración de proyectos no construidos, ofreciendo una perspectiva sobre cómo los entornos de aprendizaje pueden evolucionar a la par de los cambiantes valores sociales, ecológicos y pedagógicos. En esta edición de proyectos no construidos, enviados por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una serie de proyectos que examinan escuelas, bibliotecas, guarderías y centros académicos como marcos espaciales para el cuidado, el conocimiento y el desarrollo colectivo. En lugar de entender la educación como un programa fijo albergado en edificios individuales, estas propuestas conciben los espacios de aprendizaje como entornos adaptables moldeados por el paisaje, el clima y la interacción humana.
A través de diversas geografías —desde las laderas del Mediterráneo y los patios de Europa Central hasta ciudades tropicales y modelos de campus distribuidos—, las propuestas exploran distintas respuestas arquitectónicas para la educación contemporánea. Estas abarcan desde jardines de infantes a escala infantil, organizados en torno a árboles y claustros, hasta bibliotecas concebidas como paisajes cívicos, edificios académicos centrados en la biodiversidad y escuelas imaginadas como sistemas urbanos peatonales.
Al funcionar con solo cinco notas, la escala pentatónica establece un sistema musical estable e intuitivo en el cual la claridad estructural permite la variación sin riesgo de una disonancia excesiva. A partir de esta estructura consolidada, que constituye la base de innumerables estilos musicales —sobre todo de la música popular—, el blues introdujo una inflexión decisiva al incorporar notas adicionales a la escala. Sin entrar en tecnicismos excesivos, se trata de sutiles desviaciones tonales, de pequeñas disonancias asociadas a menudo con un sonido más melancólico, conocidas como blue notes. Ejecutadas de manera fugaz en lugar de como acentos enfáticos, tensionan brevemente el sistema, aportando expresividad y profundidad al mismo tiempo que mantienen intacta la estructura subyacente.
Si en la música la escala de blues opera mediante una sutil desviación que «condimenta» la estructura de base, un principio similar puede identificarse en la arquitectura. Aunque las comparaciones entre diferentes lenguajes artísticos siempre resultan delicadas, es posible reconocer proyectos que encuentran su fuerza expresiva no en la ruptura, sino en inflexiones localizadas introducidas dentro de sistemas claros, ya sea de modulación, sustracción, materialidad o tipología. Los desplazamientos y asimetrías localizados funcionan como tensiones internas que no comprometen la coherencia del conjunto, revelando cómo la expresividad puede surgir de la desviación controlada más que de la excepción permanente.