
Este artículo fue publicado originalmente por Common Edge como «Why the Best Response to the Grenfell Tower Fire Isn’t a Memorial» [Por qué la mejor respuesta al incendio de la Torre Grenfell no es un memorial].
Los memoriales desempeñan un papel fundamental al conmemorar personas, momentos o acontecimientos significativos. En los últimos años, se han convertido en glorificaciones de la tragedia al intentar expresar horrores inimaginables de forma poética y bella. El problema con las diversas formas que adoptan los memoriales es que buscan aplacar la reacción inmediata y el dolor de un suceso; una respuesta social comprensible, pero que a menudo resulta mecánica y vacía.
Sin embargo, ¿qué pasaría si los memoriales buscaran preservar el recuerdo de los afectados ofreciendo una solución que abordara el origen de la tragedia? La respuesta internacional ante las tragedias se ha limitado, por defecto, a instalar una estatua, levantar un muro, diseñar una fuente de agua para la sanación, erigir un objeto escultórico aspiracional o, simplemente, renombrar un parque. Ninguna de estas respuestas es intrínsecamente mala —por lo general son bienintencionadas y, en ocasiones, bastante conmovedoras—, pero existe otro enfoque posible: transformar la percepción pública de los memoriales analizándolos desde la perspectiva de las soluciones, alentando a las personas a concebirlos como un testimonio o una respuesta adecuada a la tragedia, y no solo como una placa que, con el tiempo, pasa desapercibida. Aunque este enfoque pueda resultar difícil en algunos casos, el incendio de la Torre Grenfell en Londres presenta una solución bastante evidente.

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