
En la última encuesta global realizada por las Naciones Unidas en 2005, se estimaba que había 100 millones de personas sin hogar en todo el mundo y 1.600 millones que vivían sin una vivienda adecuada. Esta cifra ha aumentado en los últimos años; el acceso limitado a una vivienda asequible se ha convertido en una norma global, lo que dificulta cada vez más que las personas desfavorecidas encuentren un refugio permanente, o incluso temporal.
A medida que la vivienda se convierte en un medio para acumular riqueza en lugar de cumplir con su función fundamental de refugio, profesionales de la arquitectura con buenas intenciones han intentado resolver la crisis de las personas sin hogar mediante ideas creativas y un diseño innovador. Sin embargo, ¿es realmente la arquitectura la solución?
Las causas de la falta de vivienda son complejas y responden a una serie de factores estructurales y circunstancias individuales. En las grandes ciudades de los países del primer mundo, a menudo se observa cierta animosidad hacia las personas sin hogar, una mentalidad de que “eligieron este estilo de vida” o ideas erróneas de que esta situación es resultado de la pereza o la falta de responsabilidad. No obstante, es una realidad ineludible que, dada la riqueza de los países del primer mundo, la falta de vivienda no debería ser el problema global que es hoy en día. En Melbourne, Australia, 82.724 propiedades permanecían desocupadas en 2015; una cifra perversa si consideramos los cientos de personas que duermen a la intemperie en las calles y las decenas de miles en refugios temporales. La escasez de vivienda social, mientras que departamentos de lujo vacíos se utilizan como propiedades de inversión, presenta una imagen despiadada de un mercado económico que prioriza las ganancias sobre la habitabilidad, y de gobiernos que barren el problema bajo la alfombra.
