La arquitectura residencial sigue siendo uno de los campos más activos para la exploración de proyectos no construidos, ofreciendo una perspectiva a través de la cual los/las arquitectos/as repiensan cómo el espacio doméstico puede responder al paisaje, al clima y a las dinámicas de vida contemporáneas. En esta edición de Obra No Construida, enviada por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una variedad de proyectos residenciales que abordan casas, villas y refugios como escenarios de retiro, mediación y habitabilidad cotidiana. En lugar de tratar el hogar como un objeto fijo o aislado, estos proyectos lo conciben como un marco espacial que negocia la exposición, la privacidad y el vínculo con el lugar.
Cómo el proyecto "Espacios de Paz" está transformando los espacios comunitarios en Venezuela Pinto Salinas -- Oficina Lúdica + PKMN. Imagen Cortesía de PICO Estudio
En América Latina, los encuentros no nacen necesariamente de grandes gestos arquitectónicos o de planes urbanos monumentales. Emergen del entre, del espacio intermedio: el patio, la galería, la acera, el corredor compartido. Estos espacios, muchas veces considerados residuales o informales por la disciplina tradicional, son precisamente aquellos donde lo cotidiano construye vínculos.
De esta cultura latinoamericana surge una lógica espacial en la que la vida cotidiana se organiza de manera relacional y extensiva. Prácticas como sentarse a la puerta de casa, ocupar la acera o jugar en la calle producen una ciudad vivida más allá de los límites formales del proyecto.
A diferencia de la mayoría de los deportes populares, el origen del básquetbol tiene un año y un creador precisos: fue inventado en 1891 en los Estados Unidos por el instructor canadiense de educación física James Naismith como un deporte bajo techo para los/las atletas del Springfield College durante el invierno, tras el fin de la temporada de fútbol americano. Esta disciplina se expandió rápidamente más allá de las fronteras estadounidenses; fue incluida en los Juegos Olímpicos en 1936 y alcanzó popularidad internacional tras la Segunda Guerra Mundial. A medida que el básquetbol se masificaba, también abandonó el entorno controlado de los gimnasios para comenzar a ocupar una amplia variedad de espacios: patios de recreo, plazas públicas, patios escolares, accesos vehiculares y patios traseros se convirtieron en canchas informales para el juego y la vida comunitaria, reforzando el papel de la actividad física como catalizador de la interacción social y la regeneración de los barrios.
Panorama al atardecer de una gran comunidad residencial cerrada (Aparna's Elixir) vista desde las colinas de Khajaguda, India. Foto de iMahesh. Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International
Uno aprende cómo comportarse mucho antes de llegar a casa. En el acceso, se disminuye la velocidad y se espera. Una mirada nos observa y luego nos da paso. Se verifica una credencial, se levanta una barrera, una cámara parpadea. No ocurre nada dramático, y ese es precisamente el punto. El trabajo más trascendental de las comunidades cerradas no lo realizan sus muros, sino la coreografía de ingreso que enseña silenciosamente a sus habitantes qué esperar, en quién confiar y a dónde pertenecen.
Lu Wenyu —cofundadora de Amateur Architecture Studio junto al ganador del Premio Pritzker Wang Shu— ha dado forma a muchas de las obras más emblemáticas de la oficina en toda China, incluyendo el Museo de Historia de Ningbo y el Campus Xiangshan de la Academia de Arte de China en Hangzhou. Aunque a menudo trabaja fuera del foco de atención, su liderazgo es inconfundible en la disciplina de ejecución y en los roles que ha asumido: en 2003, junto con Wang Shu, fundó el Departamento de Arquitectura de la Academia de Arte de China, donde también se desempeña como directora del Centro de Construcción Sostenible. Su práctica profesional y su labor docente forman un ciclo recíproco: la investigación realizada en los talleres de la Academia de Arte de China se integra continuamente en las estrategias de construcción en obra, mientras que las lecciones aprendidas en el terreno regresan al aula en forma de inteligencia material, más que como teoría abstracta.
Fundada por Oliver Thomas, la ATN Summit es la primera conferencia insignia de Archi-Tech Network, que marca cinco años desde que la plataforma comenzó como una iniciativa comunitaria para compartir conocimientos prácticos sobre arquitectura. El encuentro, que se llevará a cabo los días 18 y 19 de marzo de 2026 en Londres, la ATN Summit reúne a profesionales de la arquitectura, la tecnología y la innovación del sector para explorar cómo las tecnologías emergentes están transformando la práctica profesional. Diseñada como un evento de alta producción impulsado por ideas, la cumbre refleja la evolución de ATN desde una conversación informal en línea hacia una plataforma global comprometida activamente con el futuro del entorno construido.
Nicolás Valencia conversa con la arquitecta hondureña Ángela Stassano, autora del Museo de la Escultura de Copán y una de las principales arquitectas de Centroamérica. Grabado en la ciudad hondureña de San Pedro Sula, Stassano presenta sus publicaciones de arquitectura bioclimática, anécdotas en motoneta y la historia de Honduras.
https://www.archdaily.cl/es/1037648/angela-stassano-creci-en-una-casa-que-ya-tenia-respuestas-climaticas-sin-llamarse-arquitectura-bioclimaticaArchDaily Team
La magia de la arquitectura india reside en un orden invisible en medio del caos visceral. Cuando un futuro incierto llama a la puerta de quienes ejercen la profesión a nivel local, se podría empezar a mirar dentro de las cuatro paredes que ocupan para descubrir una oportunidad de reinterpretación.
Mumbai, Delhi, Bengaluru y otras grandes metrópolis se describen a menudo como entornos que necesitan soluciones habitacionales masivas para millones de personas. La respuesta instintiva es predecible: planes maestros, torres densas y unidades estandarizadas dispersas sobre urbanizaciones desordenadas. Sin embargo, esta terminología ignora una verdad más profunda sobre cómo la población ya vive, trabaja y construye en la India. Las simplificaciones utilizadas en la política y la planificación —asentamiento informal, colonia no autorizada, tugurio— implican un estado temporal que debe corregirse. Por el contrario, la mirada del diseño contempla estos lugares como historias urbanas superpuestas, formadas por la necesidad.
Lo que alguna vez fue un asentamiento najdi definido por muros de adobe y casas con patio, hoy Riad ha experimentado una de las transformaciones urbanas más radicales de los siglos XX y XXI. El descubrimiento de reservas de petróleo, la consolidación del poder político y la rápida expansión de la infraestructura remodelaron la ciudad, que pasó de ser una capital regional a convertirse en una metrópoli en constante crecimiento en casi una sola generación. Como resultado, el tejido urbano de Riad está marcado por discontinuidades, donde los fragmentos de arquitectura vernácula coexisten con el modernismo institucional de mediados de siglo y un perfil contemporáneo en rápida evolución.
En las últimas décadas, esta condición de estratificación se ha intensificado aún más debido a estrategias de desarrollo a gran escala y programas de inversión cultural que posicionan a la arquitectura como una herramienta para redefinir la identidad nacional. Firmas internacionales han desempeñado un papel decisivo en la configuración de instituciones, infraestructuras y puntos de referencia clave, mientras que las oficinas locales aportan cada vez más proyectos que reinterpretan el clima, la materialidad y el espacio social bajo un enfoque contemporáneo.
La renovación de los centros históricos se ha convertido en una estrategia recurrente en las ciudades centroamericanas que buscan reafirmar la relevancia simbólica, económica y funcional de sus núcleos tradicionales. Estos procesos suelen combinar la rehabilitación física, la inversión institucional y un control más estricto del espacio público. San Salvador ofrece un caso reciente e instructivo que permite comprender cómo las intervenciones en espacios cívicos heredados equilibran la mejora de la infraestructura con la conservación del patrimonio y la regulación social. Asimismo, permite evaluar cómo repercuten estas decisiones en los debates más amplios sobre la transformación urbana de la región.
Al desplazar la rotación fuera de las bisagras tradicionales y distribuir el peso verticalmente, las puertas pivotantes se desarrollaron para abordar un desafío arquitectónico específico: cómo mover paneles de puertas grandes y pesados con precisión, durabilidad y una mínima interferencia visual. Estos sistemas permiten que las puertas aumenten significativamente en escala, peso y ambición material, desdibujando a menudo la línea entre puerta, muro y superficie arquitectónica. Con el tiempo, esta innovación técnica ha expandido el papel de las puertas en la arquitectura, permitiéndoles funcionar no solo como puntos de acceso, sino también como umbrales espaciales, dispositivos compositivos y elementos expresivos dentro de la envolvente del edificio.
Destacando esta evolución, FritsJurgens creó el concurso Best Pivot Door Contest para exhibir proyectos donde convergen la precisión de la ingeniería y la intención arquitectónica. Fundada en los Países Bajos, la empresa es reconocida internacionalmente por sus sistemas de pivote ocultos, capaces de soportar puertas excepcionalmente grandes y pesadas. Estos sistemas otorgan a los/las arquitectos/as una mayor libertad en cuanto a escala y materialidad, al tiempo que mantienen la precisión, la confiabilidad y la claridad arquitectónica.
En la traducción de la realidad tridimensional a un plano bidimensional, la axonometría se posiciona como uno de los sistemas gráficos de representación que fundamentan el lenguaje de los y las profesionales de la arquitectura y el diseño. Junto con las plantas, secciones y elevaciones, sus despieces o vistas explotadas suelen destacar por su capacidad para estudiar las múltiples capas que componen un proyecto. Si bien la axonometría también se emplea en otras disciplinas como la ingeniería y el urbanismo, demuestra constantemente su capacidad para funcionar como algo más que una mera herramienta de representación: no solo fortalece la comprensión de los procesos constructivos, materiales y sistemas estructurales de un proyecto, sino que también amplía la comunicación de las ideas y los procesos de diseño que le dan forma.
Como um material concebido para puentes, fábricas y grandes estructuras llegó al banco de la sala de estar, a la estantería del departamento, a la mesa de café? El metal atravesó siglos asociado al esfuerzo, a la máquina y a la monumentalidad —desde las estructuras expuestas de las Exposiciones Universales del siglo XIX hasta la lógica productiva de la industria moderna. Su presencia en el interior doméstico no es un hecho obvio, sino una conquista cultural: la transformación de un material fabril en un elemento de uso cotidiano, íntimo y cercano al cuerpo.
En los últimos años, la comida ha asumido un papel renovado dentro de la arquitectura, no solo como un programa o tipología, sino como una práctica espacial compartida. Más allá de los restaurantes o del diseño de comedores, los espacios de alimentación colectiva se entienden cada vez más como entornos donde coinciden la presencia, el ritual y el tiempo, permitiendo que las personas se reúnan, permanezcan y coexistan. En estos escenarios, el comer no ocurre simplemente dentro del espacio, sino que lo configura de manera activa, transformando temporalmente entornos comunes, prestados o improvisados en lugares de intercambio.
Este cambio es visible en una amplia gama de proyectos construidos, instalaciones y espacios comunitarios que utilizan las comidas compartidas como un medio para reunir a las personas. Iniciativas como Fondo Supper Club plantean el acto de cenar como una plataforma social, utilizando la comida para conectar a artistas, diseñadores/as y comunidades locales a través de la conversación y la colaboración. Asimismo, sit.feast, presentado durante la Semana del Diseño de Milán 2024, abordó la mesa como una instalación espacial donde sentarse y comer en conjunto se convirtió en el medio principal para producir espacio de forma colectiva.
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Ecophon Solo™ Square. Image Cortesía de Volcan
Más allá de su estética, materialidad o metodología de instalación, el papel de los cielorrasos en la arquitectura contemporánea ya no solo se remite a ocultar estructuras o instalaciones internas en los edificios. Aportando cualidades funcionales como absorción acústica, aislamiento térmico, eficiencia energética, protección contra el fuego, iluminación integrada o facilidad de mantenimiento, las diferentes disposiciones de cielorrasos son capaces de combinar flexibilidad y versatilidad acorde a las diferentes necesidades y usos de sus ocupantes. Interiores de oficinas, restaurantes, consultorios, locales comerciales y demás espacios ganan protagonismo a través de la aplicación de cielorrasos con intenciones y mensajes claros que contar.
En las ciudades de todo el mundo, la arquitectura se despliega continuamente a la escala de las personas y las comunidades, y no solo a través de nuevos edificios, renovaciones u obras monumentales. Los "terceros espacios" son especialmente reveladores. Pensemos en el ámbito culinario a nivel de calle: la manera en que el sentarse, el servicio y la permanencia ocupan el borde de la vía pública suele revelar los códigos culturales y los hábitos espaciales de una ciudad. ¿Qué formas de comensalidad y habitabilidad han surgido en respuesta al clima local, la regulación y las costumbres sociales, y cómo han evolucionado a lo largo del tiempo?
En algunas regiones de Europa, por ejemplo, comer al fresco en Italia o en terrasse en Francia designan formas culturalmente específicas de consumir alimentos en público, trasladando la comida al espacio urbano, en sintonía con el clima, el aire libre y la sociabilidad pasiva de contemplar el paso de la gente. De manera similar, desde la pandemia de COVID-19, la ciudad de Nueva York ha expandido la oferta de comedores al aire libre, lo que refleja un deseo impulsado por la comunidad de interactuar con el paisaje urbano mientras se come: un "tercer lugar" cotidiano a nivel de calle en medio de una metrópoli densa.
Bajo la superficie visible de las ciudades yace una arquitectura invisible. Metros, túneles, sistemas de agua, cables de datos y búnkeres forman una red densa que sostiene la vida urbana permaneciendo, en gran medida, oculta. El suelo bajo nuestros pies no es un vacío, sino un territorio complejo que alberga las infraestructuras, memorias y ansiedades de nuestra época. En los últimos años, a medida que el suelo escasea y las presiones climáticas se intensifican, los/las arquitectos/as y urbanistas han dirigido su mirada hacia abajo, redescubriendo lo subterráneo como una frontera tanto física como conceptual. Diseñar bajo tierra implica interactuar con los mecanismos invisibles que dan forma al mundo de la superficie.
Lo subterráneo ha sido durante mucho tiempo un espacio donde la arquitectura se cruza con la política, la tecnología y las creencias. Desde las catacumbas de Roma hasta los metros industriales de la modernidad, el descenso ha simbolizado tanto la protección como la exposición. El urbanismo del siglo XX transformó este gesto en un sistema: los metros, refugios y servicios públicos redefinieron la sección urbana como un instrumento de gobernanza. Bajo la promesa de eficiencia y progreso, el espacio subterráneo absorbió las ansiedades de una era de guerra, vigilancia y colapso. Su evolución revela no solo cómo construyen las sociedades, sino también a qué le temen.
Hoy en día, el suelo se ha convertido en la nueva frontera de la expansión urbana y la adaptación ecológica. A medida que las infraestructuras digitales, los sistemas de energía y los amortiguadores climáticos migran bajo el nivel del suelo, la arquitectura se enfrenta a un espacio tanto técnico como metafísico: esencial pero marginal, invisible pero decisivo. Pensar en secciones y no en planta es reconocer que las ciudades contemporáneas ya no existen únicamente en sus perfiles urbanos, sino también en sus profundidades. El desafío para la arquitectura no consiste solo en ocupar ese espacio, sino en volverlo legible, transformar lo invisible en conocimiento y lo oculto en un nuevo territorio de diseño.
Al reflexionar sobre la ciudad moderna, Walter Benjamin describió la figura del flâneur, un personaje que camina sin un destino definido, atento a los detalles, a los encuentros fortuitos y a las narrativas que surgen del espacio urbano. Esta manera de habitar la ciudad, configurada por la observación y la apertura a lo inesperado, ha estado en constante tensión con los ideales racionalistas y funcionalistas que guiaron el urbanismo a lo largo del siglo XX. Las calles diseñadas principalmente en función de la eficiencia y el flujo de tránsito rara vez dejan margen para el desvío, la pausa o la coexistencia de diferentes ritmos de vida.
Jane Jacobs también fue una de las voces que cuestionaron esta lógica predominantemente racionalista, al sostener que las calles verdaderamente vibrantes son aquellas capaces de albergar la diversidad de la vida cotidiana, sus intercambios informales y las formas de cuidado y vigilancia natural que de ellos emanan. La coincidencia fundamental entre ambos autores radica en que las calles no son meras infraestructuras para la circulación, sino ecosistemas sociales definidos por las relaciones, los usos y los encuentros que en ellas ocurren.
Los rincones de desayuno surgieron a principios del siglo XX en respuesta a la creciente densidad doméstica y a los cambios en la concepción de la vida cotidiana. Con raíces en el movimiento Arts and Crafts estadounidense y popularizados a través de las viviendas tipo bungalow de las décadas de 1910 y 1920, estos espacios evolucionaron desde el comedor de desayuno victoriano, más formal, hacia áreas compactas e integradas dentro de la cocina. A medida que las casas se volvieron más pequeñas y económicas, los/las arquitectos/as y las empresas de carpintería recurrieron a bancas y mesas fijas para ocupar esquinas, nichos y ventanas salientes que, de otro modo, habrían sido ineficientes. Estos rincones llenos de luz proporcionaron un medio accesible para concentrar las actividades diarias, al tiempo que preservaban el confort y la claridad espacial.
La búsqueda de materiales más resistentes, ligeros y duraderos ha guiado a la arquitectura mucho antes de que existieran los polímeros o las fibras de carbono. Uno de los primeros ejemplos a gran escala de materiales compuestos se encuentra en la Gran Muralla China, donde se mezclaron piedra, ladrillos de arcilla y fibras orgánicas —como juncos y ramas de sauce— para crear una estructura resistente y duradera. Estas primeras técnicas revelan una intuición atemporal: al combinar distintos materiales de manera reflexiva, se obtienen propiedades inalcanzables para cualquier elemento por separado. Hoy en día, a medida que el sector de la construcción se enfrenta a urgentes presiones ecológicas, esta intuición se reinterpreta bajo la perspectiva de la sostenibilidad; así, los equipos de arquitectura e ingeniería exploran composites de base biológica, reciclados e híbridos, diseñados no solo en función de su rendimiento, sino también de su circularidad y responsabilidad ambiental.
La historia de la arquitectura de las ciudades norteamericanas en el siglo XX suele caracterizarse por la búsqueda de la renovación urbana. En los Estados Unidos, Boston, Portland y San Francisco son solo algunos ejemplos de cómo los gobiernos municipales priorizaron la infraestructura vial de alta velocidad por encima del tejido urbano existente. En Canadá, Montreal habría seguido esta misma trayectoria de no haber sido por la intervención de diversas figuras a lo largo de su historia, entre las que destaca especialmente Blanche Lemco van Ginkel (1923–2022). Esta planificadora y arquitecta formada en Harvard, junto con su esposo Sandy Van Ginkel, abogó por la preservación del patrimonio urbano al mismo tiempo que aplicaba los principios de la infraestructura modernista.
Tras explorar la adaptabilidad a escala urbana, ahora nos enfocamos en el edificio en sí y, fundamentalmente, en la práctica profesional. ¿Cómo pueden los/las arquitectos/as, desarrolladores/as y consultores/as incorporar la adaptabilidad como un resultado medible y generalizado? Esta pregunta formará parte de la agenda de la Adaptable Building Conference (ABC) el 22 de enero en el Nieuwe Instituut de Róterdam, donde arquitectos/as, ingenieros/as, responsables de políticas y líderes de la industria explorarán el potencial de los edificios adaptables y cómo implementarlos a gran escala.