Para conocer a fondo el patrimonio arquitectónico de una ciudad, es necesario mirar más allá de sus sitios declarados y monumentos icónicos. Para muchas personas, comprender la trama urbana de una ciudad y lo que la hace vibrar implica también descubrir los edificios protegidos a menor escala, valorados por la comunidad local, así como los espacios de encuentro popular. Esto resulta especialmente evidente al observar las bulliciosas ciudades vietnamitas y sus peculiares características arquitectónicas, que solo pueden apreciarse cuando se profundiza en sus múltiples influencias y capas históricas, las cuales combinan motivos tradicionales vietnamitas, modernismo, materialidad local y soluciones de diseño climático, pero sobre todo, al comprender las limitaciones del terreno que se resuelven mediante la implementación de las estrechas casas tubo y edificaciones de baja altura.
Estos estilos y movimientos arquitectónicos clave a menudo se preservan e incluso se ponen de relieve, a medida que los/las arquitectos/as dan una segunda vida a edificaciones deterioradas o abandonadas, transformándolas en concurridas cafeterías. Así, revitalizan sitios patrimoniales de menor escala al promover su restauración y uso cotidiano por parte de la comunidad, invitando al público visitante a reconocer la relevancia histórica del espacio mientras disfruta de él.
Algunos tipos de trabajo solo se vuelven visibles cuando dejan de realizarse. Son discretos, repetitivos y rara vez celebrados; sin embargo, sostienen silenciosamente el funcionamiento de cualquier operación. En la arquitectura, esta dimensión casi nunca aparece en las imágenes que circulan. Al pensar en la disciplina, solemos evocar renders seductores, perspectivas cuidadosamente iluminadas, planos precisos y dibujos que prometen futuros posibles o incluso utópicos. No obstante, la capa que soporta estos gestos formales no se encuentra en la imagen, sino en la especificación, el detalle y la documentación.
Desde que la inteligencia artificial se posicionó en el centro del debate arquitectónico, la conversación ha sido impulsada en gran medida por su capacidad para generar formas y atmósferas en segundos. Las simulaciones estilísticas, las variaciones conceptuales y la experimentación visual se han convertido en símbolos del avance tecnológico en este campo. Hay algo comprensible en esta fascinación: la arquitectura siempre se ha vinculado con la representación como una forma de imaginar lo que aún no existe.
Una catedral gótica puede tardar siglos en completarse. El pabellón de una exposición mundial puede permanecer en pie seis meses. Una estructura ritual en Calcuta se erige y desaparece en cinco días. Aun así, cada una de ellas atrae peregrinajes, moldea la memoria colectiva y reorganiza la vida urbana. Si bien el patrimonio se ha definido durante mucho tiempo por aquello que perdura, la arquitectura demuestra repetidamente que la autoridad cultural también puede pertenecer a lo que convoca a las personas.
Durante gran parte del siglo XX, los marcos de conservación privilegiaron la permanencia.La Carta de Venecia, adoptada por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, se centró en salvaguardar los monumentos y su autenticidad material. El valor cultural estaba ligado a la materialidad física, como la piedra, el ladrillo y la madera. Proteger el patrimonio significaba preservar lo que seguía en pie. Esta lógica resultaba sólida, incluso evidente por sí misma.
Cuando se cuenta la historia de la arquitectura de Hong Kong, a menudo se reduce a un puñado de íconos. Para la mayoría, el primer nombre que viene a la mente es el de I.M. Pei—laureado con el Premio Pritzker y arquitecto de la Torre del Banco de China en Central (1990)—, así como obras globales como el Gran Louvre en París y el Museo Miho en Shiga. Al ampliar la mirada, surge también un extenso linaje de arquitectos/as británicos e internacionales cuyas huellas han dado forma al perfil institucional de la ciudad: desde las obras cívicas de Ron Phillips —sobre todo el antiguo Edificio Murray (1969), actual Hotel The Murray, y el Ayuntamiento de Hong Kong (1962)— hasta los monumentos corporativos y de infraestructura de Norman Foster, como la Torre de la Corporación Bancaria de Hongkong y Shanghai (HSBC) (1986) y el Aeropuerto Internacional de Hong Kong (1998), y, más recientemente, The Henderson (2024), de Zaha Hadid Architects.
No obstante, durante el mismo período de Pei y Foster, los/las arquitectos/as locales también producían edificios de trascendencia duradera; obras que cargaban con el legado de la Bauhaus, pero lo traducían a un lenguaje minuciosamente calibrado para el clima, la densidad y la vida cívica de Hong Kong. Puede que estos proyectos no siempre se perciban como íconos de gran relevancia comercial; sin embargo, suelen manifestar un sentido más agudo de responsabilidad social y agenda pública. Entre las figuras más importantes de esta genealogía se encuentra el fallecido arquitecto Tao Ho, cuya obra y rol público constituyeron una vertiente más silenciosa —pero no por ello menos fundacional— en el patrimonio arquitectónico moderno de Hong Kong.
Ganador del Primer Premio: A Thread Through Time. Imagen cortesía de Buildner
Buildner ha anunciado los resultados del Dubai Urban Elements Challenge, un destacado concurso internacional de diseño organizado en colaboración estratégica con la Autoridad de Carreteras y Transportes de Dubái (RTA). Con una bolsa total de premios de 2,000,000 AED (aproximadamente €500,000), la iniciativa representa uno de los concursos globales de diseño con financiamiento público más importantes centrados en la transformación urbana.
El concurso fue concebido como una plataforma de innovación y contratación con visión de futuro para uno de los entornos metropolitanos de más rápida evolución en el mundo. Se invitó a los y las participantes a proponer elementos urbanos modulares y sensibles al clima —sistemas de asientos, dispositivos de sombreado, infraestructura de iluminación, componentes de orientación, áreas de descanso y estructuras de microcomercio— diseñados para mejorar la vida peatonal y fortalecer la identidad del espacio público de Dubái.
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Villa Tai. Imagen cortesía de ARK Architects
La vivienda unifamiliar sigue siendo uno de los territorios más complejos de la arquitectura contemporánea. A la vez íntima y técnica, cotidiana y simbólica, concentra los debates en torno al confort, la sostenibilidad, el paisaje y los modos de habitar, al tiempo que funciona como un instrumento para proyectar la identidad de sus habitantes. Es en este campo donde opera ARK Architects. Con sede en Marbella y Sotogrande, el trabajo del estudio, bajo la dirección creativa de su cofundador Manuel Ruiz Moriche, se desarrolla a partir de una relación directa entre la arquitectura, la luz natural y el contexto ambiental.
Se establece, así, una jerarquía visual que guía la mirada, determinando qué debe verse, de qué manera y con qué intensidad emocional, lo cual define cómo quien habita el espacio interpreta el entorno. En este contexto, la estrategia proyectual va más allá del campo de la decisión estética para actuar como una manipulación de la experiencia fenomenológica del espacio. Al seleccionar un fragmento específico del horizonte mediante una abertura controlada, o al disolver los límites entre el interior y el exterior con amplios planos acristalados, la arquitectura pasa a operar como una lente. Esta puede enfatizar la pequeñez de la escala humana ante la vastedad del territorio o, por el contrario, domesticar la naturaleza, incorporándola como parte de la vida cotidiana.
Los sitios patrimoniales constituyen complejos archivos espaciales en los que convergen la arquitectura, la historia y la memoria colectiva. Abarcan un amplio espectro de contextos: desde restos arqueológicos, paisajes urbanos antiguos e históricos y paisajes declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hasta estructuras cívicas de principios de la era moderna e infraestructuras industriales. Sin embargo, estos entornos se enfrentan a diversos desafíos: el cambio climático, la transformación urbana, los desastres, las cambiantes necesidades sociales y la erosión gradual de su tejido material. Los proyectos de revitalización y restauración responden a estas condiciones al posicionar la práctica arquitectónica y espacial como un mediador activo entre la preservación y las topologías contemporáneas.
¿El diseño guía el uso o el uso guía al diseño? Los y las estudiantes luchan por mantener la concentración, el personal de trabajo se encoge bajo una iluminación estridente y quienes habitan un edificio se retraen de los espacios rígidos, a menudo como respuesta a condiciones ambientales que solo se hacen visibles una vez que el espacio es ocupado. La luz que atraviesa una habitación, la resonancia del sonido, la textura de las superficies o el ritmo de la circulación pueden favorecer la concentración, aportar calma o inspirar la creatividad; sin embargo, cada uno de estos factores también puede aumentar de forma involuntaria el estrés y la distracción. Profesionales de la arquitectura y el diseño se cuestionan y exploran: ¿cómo se fundamentan las decisiones de diseño y de quién es el conocimiento que se considera esencial para configurar el espacio?
El patrimonio arquitectónico no es solo lo que un edificio fue, sino lo quecontinúa siendo y transformándose: un largo proceso de construcción, reconstrucción y reocupación a lo largo del tiempo. Cuando las oportunidades lo permiten, esta continuidad produce una condición estratificada, en la que los/las visitantes pueden presenciar, experimentar y sentir el cambio gradual del tejido del edificio, su materialidad, su orden espacial y sus patrones de uso, e incluso, ocasionalmente, participar en esa transformación.
Sin embargo, muchos proyectos —en particular aquellos impulsados principalmente por imperativos comerciales— no optan por valorar, ni siquiera reconocer, esta labor más pausada de reutilización adaptativa y continuidad patrimonial. Los desarrollos regidos por una lógica puramente cuantitativa suelen elegir el camino más fácil de la demolición y la reconstrucción: maximizar el coeficiente de ocupación del suelo, el área construida y la superficie rentable con la eficiencia de una página en blanco. A pesar de esto, de vez en cuando surge una oportunidad que nos permite ver —y disfrutar— el proceso de "patrimonialización" arquitectónica de la ciudad en tiempo real.
Architects can shape detailed buildings in minutes with Forma Building Design to easily test how different options work on their site.
Para muchos/as arquitectos/as, el diseño esquemático se define por una tensión conocida. Se trata de la fase de exploración abierta, en la que se prueban, cuestionan y perfeccionan múltiples ideas para que los clientes definan el rumbo del proyecto. En esencia, es allí donde ocurre la magia del diseño. El desafío rara vez es la falta de ideas, sino el esfuerzo necesario para probarlas y evaluarlas adecuadamente bajo restricciones de tiempo, recursos y presupuesto. Este reto resulta especialmente complejo para los/las arquitectos/as, ya que el trabajo de diseño inicial debe equilibrar la creatividad con las necesidades del cliente y la viabilidad comercial.
Desde las grandes cubiertas industriales y galerías del siglo XIX hasta los atrios contemporáneos de museos y edificios públicos, el vidrio ha sido un material recurrente en la configuración de espacios interiores amplios y monumentales. Más que una solución tecnológica o de ingeniería, estos planos horizontales acristalados introducen una cualidad lumínica singular: la luz que proviene desde arriba. A diferencia de la luz natural lateral que ingresa a través de las fachadas, la luz cenital se distribuye de manera más uniforme, reduce las sombras duras y otorga a los espacios una sensación de continuidad y apertura difícil de lograr de otro modo.
Propuestas destacadas: Espacios comunes. Imagen cortesía de Buildner
Buildner, en colaboración con la Ciudad y el Condado de Denver y el AIA Colorado, ha anunciado los proyectos ganadores del Denver Affordable Housing Challenge, un concurso internacional de ideas que explora cómo la asequibilidad y la excelencia en el diseño pueden reforzarse mutuamente dentro del contexto urbano, social y ambiental específico de Denver.
En su decimonovena edición, este certamen perteneciente a la serie de desafíos de vivienda asequible de Buildner invitó a profesionales de la arquitectura y el diseño de todo el mundo a responder a la crisis habitacional de Denver a través de propuestas a escala arquitectónica, urbana y sistémica. Las bases del concurso no prescribían un sitio o tipología específicos, sino que promovían estrategias flexibles capaces de abordar la asequibilidad, la resiliencia climática y el impacto comunitario, aportando al mismo tiempo de manera positiva a la identidad urbana de Denver.
Tras dos semanas y más de 85.000 nominaciones, ya se conocen los finalistas de los Premios Building of the Year de este año. La selección refleja fielmente a la audiencia de ArchDaily que la eligió: diversa en su geografía, generosa en ideas y precisa en sus intenciones. Con proyectos de 46 países, abarcando una gran variedad de tipologías y escalas, el conjunto ofrece una excelente instantánea del momento arquitectónico actual.
Te invitamos a tomarte un momento, explorar y votar por tus favoritos definitivos. A continuación, encontrarás a los 75 finalistas en sus respectivas categorías. La votación estará abierta hasta el 18 de febrero a las 18:00 EST. Muchas gracias; tu participación es fundamental para hacer de este el premio de arquitectura impulsado por la comunidad más grande del mundo.
Emplazado sobre los acantilados de Crimea, el Sanatorio Termal Druzhba parece, más que un edificio, una nave espacial posada en la tierra. Sus formas circulares, cubiertas suspendidas y rampas en espiral evocan una escena de la película Solaris (1972) de Andrei Tarkovsky, donde la arquitectura y la psicología se fusionan en un solo paisaje. Construido entre 1978 and 1985 por Igor Vasilevsky, el complejo fue concebido como un centro termal para quienes trabajaban en la industria petrolera, como parte de la extensa red de sanatorios de la Unión Soviética dedicada a la salud y la recreación.
Más allá de su función como lugar de recuperación, Druzhba —cuyo nombre significa "amistad"— encarnaba una ambición política y estética más amplia. Buscaba fusionar la destreza tecnológica con los ideales restauradores de la modernidad socialista, traduciendo el bienestar colectivo en una forma concreta. Elevándose desde una empinada ladera costera con vista al mar Negro, su enorme estructura desafía la gravedad, sostenida por un núcleo central de concreto del que se extienden alas radiales como las palas de un engranaje gigante. Visto desde la distancia, se percibe simultáneamente mecánico y orgánico, un híbrido entre infraestructura y paisaje.
¿Puede la arquitectura construirse a partir de la comida? Entre el fuego que calienta, los aromas que se esparcen y los cuerpos que se reúnen en torno a la mesa, la aparente banalidad de los actos de cocinar y comer se revela como una danza coreografiada de apropiación y pertenencia espacial. Son gestos que organizan rutinas, generan vínculos y transforman el entorno construido en un lugar vivido. La cocina —doméstica, comunitaria o urbana— deja, así, de ser solo un espacio funcional para afirmarse como un territorio de encuentro.
¿Qué pasaría si los remanentes industriales no fueran residuos, sino el punto de partida del diseño arquitectónico? En la sede de Rieder en Maishofen, Austria, más de 1.300 metros cúbicos de madera, 180 elementos de techo y cientos de fragmentos de concreto reforzado con fibra de vidrio reciclados convergen en un edificio moldeado tanto por la reutilización como por la planificación. La nueva nave de producción, diseñada por Kessler² Architecture, trata los excedentes de materiales como un recurso de diseño. Desarrollado como parte de una inversión a largo plazo en fabricación sostenible, el edificio híbrido de madera y concreto introduce una técnica de fachada que invierte los flujos de trabajo arquitectónicos convencionales: en lugar de diseñar primero y fabricar los componentes después, la envolvente del edificio se genera a partir de los restos de material ya disponibles en el sitio, estableciendo un nuevo lenguaje para la arquitectura industrial.
Preservar edificios históricos exige responder simultáneamente a demandas técnicas, ambientales y normativas, manteniendo al mismo tiempo la continuidad material, cultural y simbólica de lo preexistente. A medida que se consolida la idea de que el edificio más sostenible es el que ya está en pie, y de que la preservación también involucra saberes constructivos, tradiciones materiales y los tejidos sociales de los que surgieron, estos mismos edificios se enfrentan a parámetros contemporáneos cada vez más rigurosos. La eficiencia energética, la seguridad, la reducción de emisiones de carbono y el cumplimiento normativo se han convertido en referencias ineludibles, situando a la arquitectura ante una tensión central: cómo actualizar lo construido sin romper la continuidad que sustenta su valor patrimonial.
La arquitectura educativa sigue siendo un campo fértil para la exploración de proyectos no construidos, ofreciendo una perspectiva sobre cómo los entornos de aprendizaje pueden evolucionar a la par de los cambiantes valores sociales, ecológicos y pedagógicos. En esta edición de proyectos no construidos, enviados por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una serie de proyectos que examinan escuelas, bibliotecas, guarderías y centros académicos como marcos espaciales para el cuidado, el conocimiento y el desarrollo colectivo. En lugar de entender la educación como un programa fijo albergado en edificios individuales, estas propuestas conciben los espacios de aprendizaje como entornos adaptables moldeados por el paisaje, el clima y la interacción humana.
A través de diversas geografías —desde las laderas del Mediterráneo y los patios de Europa Central hasta ciudades tropicales y modelos de campus distribuidos—, las propuestas exploran distintas respuestas arquitectónicas para la educación contemporánea. Estas abarcan desde jardines de infantes a escala infantil, organizados en torno a árboles y claustros, hasta bibliotecas concebidas como paisajes cívicos, edificios académicos centrados en la biodiversidad y escuelas imaginadas como sistemas urbanos peatonales.
Durante décadas, el patrimonio ha sido más fácil de reconocer desde la calle. Protegemos fachadas, siluetas urbanas y monumentos porque son visibles, estables y legibles como bienes culturales. Sin embargo, la mayor parte de lo que recordamos sobre el habitar tiene que ver con cómo compartimos la comida, nos retiramos, discutimos, cuidamos y descansamos; actividades que ocurren lejos de la vista de todos. Ocurren dentro de las habitaciones. A medida que las plantas libres ceden silenciosamente su lugar a umbrales, pasillos y cerramientos, surge una pregunta más profunda: ¿y si la memoria cultural sobrevive no en lo que la arquitectura muestra, sino en cómo se vive?
Ganador del Segundo Premio + Premio de Estudiantes Buildner: Silent Equilibrium
Buildner tiene el agrado de anunciar los resultados de la cuarta edición de su concurso Architect's Chair Competition Edition 4, una convocatoria internacional anual que invita a arquitectos/as y diseñadores/as de todo el mundo a presentar propuestas para una silla de autor. Siguiendo los pasos de figuras icónicas como Charles y Ray Eames, Ludwig Mies van der Rohe, Marcel Breuer y Arne Jacobsen, los/las participantes tienen la tarea de crear sillas personalizadas que reflejen sus propias filosofías y visiones de diseño.