
La arquitectura suele hablar del diseño ecológico como si fuera un descubrimiento reciente. Los corredores de biodiversidad, los paisajes regenerativos, las ciudades esponja y el urbanismo más que humano se presentan como respuestas emergentes a las crisis ambientales contemporáneas. Sin embargo, a lo largo de la India y la región SWANA, los paisajes moldeados por la práctica religiosa han organizado desde hace mucho tiempo las relaciones entre las personas, el agua, la vegetación y los animales. Mucho antes de que el rendimiento ecológico se convirtiera en una métrica de diseño, los estanques de los templos almacenaban el agua de los monzones, los bosques sagrados protegían la biodiversidad y los asentamientos de oasis sostenían la vida en algunos de los entornos más áridos del mundo. Pocos de estos lugares surgieron de agendas ambientales explícitas; más bien, nacieron de prácticas culturales y espirituales. No obstante, su lógica ambiental sigue siendo sumamente relevante en la actualidad. Muchas de las condiciones que hoy se debaten bajo el concepto de diseño más que humano han existido durante siglos en paisajes que los/las arquitectos/as rara vez estudian como infraestructura ecológica.








































