Daniela Andino

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Hacer visible la infraestructura: cuando los sistemas se convierten en arquitectura

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Durante siglos, la infraestructura a gran escala operó en un segundo plano. Los puertos, las centrales eléctricas y las instalaciones de energía se ubicaban en las periferias urbanas, diseñados principalmente en función de la eficiencia y rara vez considerados parte de la vida cívica. Aunque su función era indispensable, su presencia arquitectónica seguía siendo secundaria. Estas estructuras daban soporte al crecimiento urbano y al intercambio global, al tiempo que mantenían una distancia espacial respecto a la experiencia urbana cotidiana.

Hoy en día, esta condición se está transformando paulatinamente. A medida que el comercio global se intensifica y los sistemas energéticos ganan en complejidad, los edificios que coordinan y albergan estas redes cobran una mayor visibilidad dentro del paisaje urbano. En lugar de permanecer como contenedores neutros de operaciones técnicas, comienzan a reivindicar una identidad espacial. La infraestructura ya no es meramente operativa; adquiere, cada vez más, un carácter institucional, simbólico y urbano. Así, la arquitectura que sustenta estos sistemas ahora participa activamente en la forma en que las ciudades se proyectan a sí mismas.

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Legado en la materia: tradiciones materiales en la arquitectura sudamericana

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En toda Sudamérica, la arquitectura perdura a través de los materiales que emplea, aquellos que persisten a lo largo del tiempo. El bambú, el ladrillo, la madera y el hormigón aparecen en distintas regiones, conectando el clima, la mano de obra y la cultura de formas que aseguran su permanencia de generación en generación. Su continuidad no depende únicamente de la preservación o del patrimonio, sino del uso.

Bajo esta perspectiva, la memoria cultural no reside principalmente en monumentos o imágenes, sino en la práctica misma. Sobrevive en los gestos repetidos: colocar ladrillos, amarrar uniones de guadua, ensamblar entramados de madera o vaciar losas que anticipan un nuevo piso. Estas acciones se transmiten menos a través de manuales que mediante la participación directa. Con el tiempo, estructuran sistemas de conocimiento arraigados en el hábito y la necesidad. Los materiales perduran no porque simbolicen el pasado, sino porque siguen funcionando.

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Cuando el arte fue lo primero: Experimentos espaciales que dieron forma a la arquitectura en América Latina

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Muchas de las ideas espaciales que hoy asociamos con la arquitectura contemporánea, el uso colectivo y la experiencia corporal no se originaron únicamente en los edificios. En América Latina, estas ideas a menudo se exploraron primero a través del arte, en un momento en que los/las artistas cuestionaban activamente cómo se podía ocupar, compartir y experimentar el espacio más allá de las formas tradicionales.

A mediados del siglo XX, la región experimentó una rápida urbanización y profundos cambios sociales. De la arquitectura se esperaba cada vez más que respondiera a la vida pública, la colectividad y nuevas formas de habitar el espacio. Al mismo tiempo, el arte ofrecía un terreno más flexible para la experimentación, menos condicionado por la función, la normativa o la permanencia. De este modo, muchas interrogantes espaciales se pusieron a prueba a través de prácticas artísticas antes de integrarse al pensamiento arquitectónico.

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El confort ambiental como condición interior en la arquitectura sudamericana

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En toda Sudamérica, el confort ambiental se entiende no como una condición interior, sino como una cualidad que se modela a través del espacio. En regiones marcadas por el calor, la humedad, la intensa radiación solar y las variaciones estacionales, la arquitectura ha recurrido históricamente a decisiones espaciales para moderar el clima y dar soporte a la vida cotidiana. El confort surge de la manera en que los interiores se abren, se sombrean, se ventilan y se habitan a lo largo del tiempo.

En lugar de aislar los espacios interiores de su entorno, numerosos proyectos contemporáneos en toda la región cultivan el confort a través de la profundidad, la porosidad y las zonas intermedias. La luz se filtra en vez de maximizarse, el aire se canaliza mediante aberturas alineadas y vacíos, y los umbrales se transforman en espacios activos de uso y no en meros bordes residuales. Estas estrategias no buscan un control ambiental uniforme, sino que producen interiores que permanecen templados, adaptables y estrechamente sintonizados con las condiciones climáticas cambiantes. En este contexto, el confort ambiental se vuelve inseparable de la experiencia espacial.

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Diseñar para la presencia: cuando la arquitectura nos invita a quedarnos

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Cada vez se le pide a la arquitectura que haga menos, no más. En entornos marcados por el movimiento constante, el ruido y las expectativas, los espacios que permiten a las personas quedarse, hacer una pausa y estar presentes se han vuelto tan escasos como necesarios. Muchos lugares públicos y semipúblicos están diseñados para mantener a las personas en movimiento, consumiendo o reaccionando, lo que deja poco margen para la permanencia, la observación o el simple hecho de estar sin un motivo aparente.

Frente a este escenario, un número creciente de obras está desviando la atención de la activación para centrarla en la presencia. En lugar de exigir que las personas interactúen o participen, estos espacios crean condiciones que favorecen la permanencia. El confort, la continuidad y la apertura permiten a las personas quedarse sin presiones ni obligaciones, convirtiendo la presencia en una cualidad espacial más que en una actividad.

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Arquitectura para el ocio: 13 proyectos que dan forma a la convivencia intergeneracional

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Los espacios de ocio suelen ser el punto de encuentro donde se cruzan distintas generaciones. Sin programas formales ni roles asignados, permiten a las personas desplazarse, detenerse y permanecer juntas, habitando el espacio cada una a su manera. En un entorno construido cada vez más marcado por la especialización y la segregación, estos ámbitos espaciales compartidos son cada vez menos comunes, lo que otorga a la arquitectura orientada al ocio una relevancia renovada.

Los debates en torno al espacio público han señalado reiteradamente el valor de la apertura y la flexibilidad para sostener la vida colectiva. Al reflexionar sobre cómo las personas leen, habitan y adaptan el espacio, el arquitecto Herman Hertzberger habla de la arquitectura no como un conjunto de instrucciones, sino como un marco de posibilidades: una estructura que invita a la interpretación en lugar de prescribir el comportamiento. Según sus propias palabras, "lo que deberíamos producir en arquitectura es algo parecido a la competencia, a la posibilidad; algo que la gente pueda manejar libremente a su manera". En lugar de intentar forzar la interacción, la arquitectura configura las condiciones que hacen posible el encuentro.

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Cuando el comer se vuelve espacial: 14 proyectos construidos en torno a comidas compartidas

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En los últimos años, la comida ha asumido un papel renovado dentro de la arquitectura, no solo como un programa o tipología, sino como una práctica espacial compartida. Más allá de los restaurantes o del diseño de comedores, los espacios de alimentación colectiva se entienden cada vez más como entornos donde coinciden la presencia, el ritual y el tiempo, permitiendo que las personas se reúnan, permanezcan y coexistan. En estos escenarios, el comer no ocurre simplemente dentro del espacio, sino que lo configura de manera activa, transformando temporalmente entornos comunes, prestados o improvisados en lugares de intercambio.

Este cambio es visible en una amplia gama de proyectos construidos, instalaciones y espacios comunitarios que utilizan las comidas compartidas como un medio para reunir a las personas. Iniciativas como Fondo Supper Club plantean el acto de cenar como una plataforma social, utilizando la comida para conectar a artistas, diseñadores/as y comunidades locales a través de la conversación y la colaboración. Asimismo, sit.feast, presentado durante la Semana del Diseño de Milán 2024, abordó la mesa como una instalación espacial donde sentarse y comer en conjunto se convirtió en el medio principal para producir espacio de forma colectiva.

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