
Las saunas, con un origen que se remonta a más de 2.000 años en el norte de Europa, se desarrollaron inicialmente como un método de purificación corporal. En Finlandia, estos espacios eran venerados por su higiene y, a menudo, servían como lugares para dar a luz. Con profundas raíces en las tradiciones nórdicas, las saunas se han expandido globalmente, llevando consigo elementos de diseño distintivos como el uso abundante de madera, líneas depuradas, ornamentación mínima y una estética sobria. Tradicionalmente, ofrecían un entorno sereno con asientos limitados a bancos rectos y sencillos, permitiendo que los/las usuarios/as se sentaran o se acostaran. Este modelo tradicional logró una amplia aceptación; sus beneficios para la salud fueron respaldados por profesionales de la medicina y su valor fue reconocido en diversas culturas.





































