
Los proyectos de infraestructura a gran escala suelen tener como objetivo conectar ubicaciones distantes dentro de las áreas urbanas, facilitando un transporte, una logística y actividades comerciales más rápidos a lo largo de sus rutas. Sin embargo, aunque estos proyectos vinculan destinos lejanos, su imponente presencia física puede afectar significativamente a las comunidades locales. Esto puede provocar la desconexión y fragmentación de barrios que antes estaban integrados, la alteración de los espacios públicos y, en general, experiencias negativas al aire libre debido al ruido, la contaminación y la falta de atención y mantenimiento de estas infraestructuras.
No obstante, diversos proyectos exitosos del entorno construido han logrado reintegrar infraestructuras conflictivas a la comunidad mediante un diseño reflexivo de los espacios al aire libre; la Coulée verte René-Dumont de París es uno de los primeros ejemplos y el High Line de Nueva York, uno de los más destacados. El High Line demuestra cómo los proyectos al aire libre bien concebidos pueden mitigar la alienación causada por las grandes infraestructuras, fomentar la reconexión comunitaria, funcionar como centros culturales y económicos e incluso impulsar la revitalización económica, como ocurrió en Hudson Yards.





























