En gran parte de China, el hormigón sigue siendo el material de construcción predominante. A pesar de la creciente preocupación por su impacto ambiental, este material continúa respondiendo a las prioridades de muchos desarrolladores y clientes: es rápido, rentable y altamente duradero. Por consiguiente, la mayoría de las tipologías de edificios en China todavía dependen en gran medida del hormigón. Esta dependencia se ve reforzada por la posición de China como el mayor productor mundial de cemento Portland. Una cadena de suministro profundamente arraigada, cimentada en la fabricación de materias primas y en la infraestructura económica, garantiza que el hormigón siga siendo la opción por defecto en la industria de la construcción.
Sin embargo, históricamente, la arquitectura china se erigió sobre una rica tradición de construcción con madera. La Ciudad Prohibida es un claro ejemplo de ello: no solo es emblemática del patrimonio arquitectónico del país, sino que también sigue siendo una de las colecciones de estructuras de madera antiguas más grandes y mejor conservadas del mundo. Este legado plantea una pregunta crucial: ¿tiene la construcción con madera un futuro significativo en la industria contemporánea de la edificación en China?
Una casa ancestral en el pueblo rural de Willendorf in der Wachau custodia un huerto de árboles frutales. Estos árboles han permanecido en pie durante generaciones y, hasta el día de hoy, proveen la fruta que sirve de base para el negocio familiar. Delimitados por un lado por el río Danubio y por el otro por el borde del valle, tanto la casa como el huerto han sido testigos de incontables estaciones juntos. Con cada transición entre la oscuridad y la luz, del invierno al verano, se hace evidente la inevitabilidad del cambio.
Al momento de escribir estas líneas, mientras Siria emerge de más de una década de conflicto, surge la oportunidad de redescubrir sus joyas arquitectónicas. Justo al norte de Latakia, la principal ciudad portuaria del país, se encuentra una creación modernista: el Centro de Investigación Marina. Su estructura piramidal se sitúa en un promontorio prominente rodeado por el mar en tres de sus costados. Hacia el este se extiende una bahía de hoteles y playas, mientras que hacia el norte y el oeste se abre el mar Mediterráneo, con Turquía y Chipre en el horizonte. A pesar de su importancia, tanto como institución de investigación como por su valor arquitectónico, hoy en día se encuentra abandonado y aislado.
Para los monumentos dignos de una admiración constante, las prácticas de conservación se han movilizado de manera selectiva con el fin de reforzar su prestigio y asegurar su lugar en el centro de las narrativas del patrimonio. En cambio, aquellas estructuras cuya arquitectura vernácula debería ser heredada pasan desapercibidas ante la mirada selectiva de los/las expertos/as. Las casas en hilera, los locales comerciales y las estructuras barriales que conforman el tejido de nuestras ciudades a menudo se dejan deteriorar hasta quedar irreparables. Pero, más allá de la estética, las pérdidas son mucho mayores.
El reciclaje de aluminio desempeña un papel fundamental en la reducción de emisiones y la conservación de recursos en el entorno construido. Con la introducción de Loop 80, una aleación certificada compuesta por un 80% de contenido reciclado, Alumil continúa con sus esfuerzos para reducir el impacto ambiental de los materiales arquitectónicos.
Tras el lanzamiento en 2023 de Loop 60, el primer aluminio con un 60% de contenido reciclado certificado para sistemas arquitectónicos, Loop 80 representa un paso adelante en la eficiencia de los materiales. Certificado por TÜV AUSTRIA, este incremento en el contenido reciclado refleja tanto el avance técnico como una mayor alineación con los principios de la economía circular en el desarrollo de productos.
A medida que la arquitectura trasciende el diseño centrado en el ser humano, nuevas prácticas replantean la coexistencia como un marco ético y ecológico. Desde infraestructuras políticas hasta hábitats, estas aproximaciones nos invitan a imaginar la arquitectura como un sistema vivo compartido.
Durante mucho tiempo, la arquitectura moderna se ha estructurado bajo una mirada antropocéntrica, que coloca al ser humano en el centro e invisibiliza a las demás especies. Sin embargo, este paradigma continúa transformándose a medida que los/las arquitectos/as e investigadores/as redefinen el papel del diseño en mundos más que humanos. Estudios como Office for Political Innovation, Studio Ossidiana y Husos Architects cuestionan las narrativas antropocéntricas y reformulan el diseño como una práctica compartida entre especies. En este contexto, la arquitectura deja de ser una herramienta de control para convertirse en un medio de coexistencia; una disciplina que media entre especies, entornos y culturas.
El certamen invitó a diseñadores y diseñadoras a reflexionar sobre uno de los elementos más antiguos y simbólicos de la arquitectura: la escalera. Más allá de su rol funcional como nexo entre niveles, la escalera se posicionó en esta propuesta como un medio de narrativa arquitectónica, una invitación a explorar nociones de procesión, secuencia, espacio y forma.
Para esta primera edición, se solicitó a quienes participaron conceptualizar una escalera no como una solución técnica, sino como un artefacto expresivo: una materialización de su sensibilidad proyectual y sus valores arquitectónicos. No hubo restricciones de sitio, escala, material o programa. En su lugar, el desafío consistió en reimaginar la escalera como un constructo escultórico, poético e incluso filosófico, capaz de provocar, cuestionar o elevar nuestra comprensión del espacio vertical.
Spectrum Architecture, en colaboración con SOG y F&M, presenta el plan maestro para Gonio Yachts and Marina, un importante desarrollo frente al mar en la costa del Mar Negro diseñado para proporcionar infraestructura residencial y hotelera de alta gama para más de 30,000 personas.
El proyecto forma parte de la importante inversión de EMAAR en el sector inmobiliario georgiano bajo la marca Eagle Hills, la cual planea desarrollar dos megaproyectos en Tbilisi y Batumi. La inversión total supera los 6,500 millones de dólares y tiene como objetivo atraer 10,000 millones de dólares en inversión extranjera directa, generar 30,000 empleos en múltiples sectores y recibir a 350,000 visitantes al año.
El espacio público ha sido crucial para el pensamiento arquitectónico durante mucho tiempo, a menudo estructurado en torno a la planificación, la infraestructura y la regulación. Desde el París de Haussmann hasta los planes maestros contemporáneos, los/las arquitectos/as han trabajado para definir y formalizar la vida colectiva a través de herramientas espaciales. Sin embargo, fuera de estos marcos, los/las artistas han ofrecido continuamente formas alternativas de entender e habitar el espacio público; formas que no dependen de la construcción o la permanencia, sino de la presencia, la percepción y la participación. A través de acciones, objetos o atmósferas, los/las artistas abordan la ciudad como un escenario de fricción e imaginación. Estos gestos desafían las convenciones arquitectónicas e invitan a los/las artistas a reconsiderar el espacio público no como una forma resuelta, sino como un proceso contingente y abierto.
A medida que la población mundial sigue aumentando, las ciudades se convierten en ecosistemas cada vez más complejos, entornos densos y bulliciosos que albergan a millones de personas. Actualmente, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y se espera que esta cifra aumente drásticamente en las próximas décadas. Esta rápida urbanización plantea un complejo conjunto de desafíos para profesionales de la arquitectura y la planificación con la tarea de crear espacios capaces de albergar la vida de sus habitantes.
Cuando Archigram publicó su visión radical de ciudades neumáticas y megaestructuras andantes en la década de 1960, parecía que diseñaban edificios. Por debajo de la superficie, los/las vanguardistas impulsaban la cultura a través de alternativas radicales a los estilos de vida y a las formas de organización en la ciudad. Los laboratorios se encontraban entre líneas en los textos de revistas como Domus o Casabella, con propuestas que funcionaban a la vez como planos para las civilizaciones del futuro. Desde la Bauhaus de Gropius en 1919 hasta los experimentos en el desierto de Arcosanti en la década de 1970, la arquitectura funcionó como una forma de profecía cultural. La forma construida era el argumento. El dibujo, la visión. Hoy en día, vivimos en un mundo que se asemeja notablemente a lo que los/las arquitectos/as estrella del siglo pasado imaginaron: construcción modular, ciudades digitales interconectadas y sistemas automatizados. Sin embargo, la arquitectura contemporánea rara vez propone la cultura con esa misma confianza totalizadora.
Crear una atmósfera que potencie las exposiciones y enriquezca la experiencia de quienes visitan y utilizan el espacio requiere un cuidadoso equilibrio entre preservar el carácter único de un lugar y adaptarlo para satisfacer las necesidades de la producción artística y cultural. El desafío radica en mantener la atmósfera industrial de un edificio y, al mismo tiempo, dar cabida a los requisitos específicos del diseño de exposiciones o a los diversos usos que requerirá la nueva edificación. Esta delicada tarea implica considerar detenidamente la distribución espacial, la selección de materiales y las soluciones de iluminación; aspectos que, en su conjunto, desempeñan un papel fundamental en la configuración del nuevo entorno.
El Carnaval es una de las mayores expresiones culturales de Brasil. Imagen vía Shutterstock
Río de Janeiro, a menudo llamada la "Ciudad Maravillosa", es un vibrante tapiz tejido con diversos hilos culturales, históricos y sociales. Su historia comienza con los pueblos indígenas tupí, purí, botocudo y maxakalí, quienes habitaban originalmente la región. El nombre de la ciudad, que se traduce como "Río de Enero", proviene de los exploradores portugueses que llegaron a la bahía de Guanabara el 1 de enero de 1502, creyendo erróneamente que se trataba de la desembocadura de un río.
Cuando hablamos de la inteligencia futura de la arquitectura, gran parte del esfuerzo histórico se ha centrado en desafiar los límites: cuestionar normas, explorar alternativas y proyectar visiones audaces de lo que la arquitectura podría llegar a ser. El advenimiento del modernismo ejemplificó este enfoque: materiales y métodos constructivos radicalmente nuevos dieron paso a un futuro arquitectónico profundamente reimaginado. Este impulso continúa hoy en día, con instituciones de investigación y oficinas líderes que exploran constantemente técnicas innovadoras, materiales y sistemas de fabricación.
Sin embargo, a menudo se pasa por alto un método para imaginar los futuros de la arquitectura: el acto de revisar críticamente el pasado. Aprender de las prácticas espaciales y comunitarias menos conocidas, así como descubrirlas y documentarlas, resulta igual de esencial. Estas formas más silenciosas de conocimiento —cómo se han usado, adaptado y habitado los espacios— pueden revelar ideas perdurables que den forma a futuros más fundamentados y con mayor resonancia cultural. En lugar de perseguir la novedad por la novedad misma, quizás un camino igualmente significativo consista en construir un archivo arquitectónico cohesivo que tienda un puente entre el pasado y el futuro.
El sector de la Arquitectura, Ingeniería, Construcción y Operación (AECO) viene atravesando, en las últimas décadas, un proceso de transformación digital sin precedentes. Desde la época en que los proyectos se representaban exclusivamente en papel —una realidad que perduró hasta principios de la década de 1980—, el área ya ha superado hitos importantes con la adopción del CAD (Diseño Asistido por Computadora) y, más recientemente, del BIM (Modelado de Información de Construcción). Ahora, se impone una nueva transición que promete ser aún más profunda. La Inteligencia Artificial (IA), que hasta hace poco parecía restringida a laboratorios o conceptos futuristas, comienza a ocupar un lugar práctico y estratégico en la manera en que diseñamos, construimos y gestionamos nuestros edificios y ciudades.
Durante los últimos ocho años, he entrevistado en varias ocasiones al arquitecto y educador pequinés Zhu Pei. Me intriga su búsqueda constante por combinar los principios tradicionales de planificación y construcción con una sensibilidad formal y espacial innovadora. Sus proyectos más recientes, que incluyen el Campamento de Conferencias Internacionales Zijing (2022) y el Museo del Horno Imperial de Jingdezhen (2020), han sido ampliamente publicados y representan sus obras de mayor madurez. Sin embargo, está convencido de que su mejor edificio se encuentra en proceso de creación. "¡Esto va a ser increíble! ¡Estoy muy emocionado!", me comentó el arquitecto en alusión al Museo y Observatorio de las Ruinas de Majiayao, actualmente en construcción en la provincia de Gansu, al noroeste de China. "Detesto las soluciones de vigas y columnas. Para los edificios públicos, busco espacios sin columnas", continuó. Nuestra conversación se llevó a cabo a principios de este año mediante una videollamada que incluyó decenas de ilustraciones de sus proyectos.
La diversa trayectoria de Hana Abdel tiende puentes entre la arquitectura de interiores, el arte y un profundo aprecio por el patrimonio cultural, lo que define su enfoque distintivo al realizar la curaduría de contenidos de arquitectura en ArchDaily. Originaria de Líbano y actualmente radicada en Canadá, Hana ha dedicado más de una década a explorar la arquitectura de interiores a la par de prácticas artísticas como la escultura, la cerámica y el dibujo. Aunque ya no ejerce activamente la arquitectura de interiores, estas experiencias siguen enriqueciendo su comprensión de las narrativas espaciales y de la relación entre materialidad y lugar.
Como directora del equipo de curaduría de proyectos, Hana se enfoca en identificar obras de arquitectura que cuenten historias cautivadoras más allá de la estética. Su visión editorial pone el énfasis en proyectos que dialogan de manera reflexiva con el contexto cultural, las técnicas tradicionales y las voces emergentes, garantizando una representación diversa e inclusiva. Su compromiso radica en visibilizar a las comunidades subrepresentadas y las prácticas innovadoras que desafían los límites de la arquitectura.
A medida que las ciudades de todo el mundo enfrentan prioridades sociales, ambientales y culturales en constante evolución, los recientes anuncios de proyectos demuestran cómo la arquitectura se concibe cada vez más tanto como infraestructura cívica como un catalizador de la identidad colectiva. Desde el nuevo diseño de estadio de Populous en Salónica, que desdibuja los límites entre el deporte y la vida urbana, hasta el escenario cultural transparente de HENN en Augsburgo, que invita a la participación comunitaria, estos proyectos ilustran el papel en expansión de la arquitectura más allá de su función inmediata. En Luxemburgo, el trabajo de Schmidt Hammer Lassen para el Banco Europeo de Inversiones reimagina los espacios institucionales a través de la sostenibilidad y el patrimonio, mientras que la nueva comunidad isleña de SLA y GHD en Toronto impulsa un urbanismo adaptado al clima y basado en la naturaleza. Esta edición de Architecture Now reúne esfuerzos diversos pero interconectados para definir cómo la arquitectura puede fomentar un impacto ecológico, cultural y cívico a largo plazo.
La relación sinérgica entre el diseño arquitectónico y el descubrimiento científico suele abordarse con poca frecuencia, aunque resulta una propuesta de gran valor. El entorno construido posee un enorme potencial para respaldar los avances científicos, la innovación y a la propia comunidad científica. Esta influencia trasciende los espacios físicos para abarcar tanto las dinámicas internas como la vinculación externa, mediante intervenciones de diseño estratégico que conectan diversas esferas de impacto, desde el personal de investigación individual hasta la comunidad en general.
La fascinación de la humanidad por lo desconocido es un impulso atemporal, arraigado en la curiosidad y en el deseo de desafiar límites, revelar misterios y abrir puertas hacia nuevas fronteras. Lo que antes se manifestaba en viajes de exploración y en el descubrimiento de nuevas islas y continentes, hoy se busca en la inmensidad del universo. A medida que buscamos respuestas, formulamos nuevas preguntas y abrimos camino a un sinfín de posibilidades, este motor sigue siendo fuente de inspiración. Ha dado forma a innumerables obras literarias y cinematográficas, transformando la exploración interestelar de un concepto de ciencia ficción en una visión cada vez más cercana a la realidad.
Entre estas iniciativas visionarias destaca el Proyecto Hyperion, liderado por la Initiative for Interstellar Studies (i4is), que desafía a la humanidad a desarrollar soluciones prácticas para el viaje interestelar mediante un concurso de diseño. Al plantear naves generacionales —hábitats inmensos y autosuficientes capaces de albergar a sociedades multigeneracionales en viajes que durarían siglos—, el proyecto no solo supera los límites tecnológicos, sino que también fomenta la innovación social, ampliando las fronteras de nuestra imaginación colectiva. Aún queda tiempo para presentar propuestas de diseño hasta el 9 de marzo; la Fase 2 comenzará el 4 de mayo.
La infraestructura ha definido desde hace mucho tiempo la columna vertebral de las ciudades, al conectar personas, paisajes y economías a través de sistemas que a menudo pasan desapercibidos hasta que fallan. Hoy en día, a medida que los desafíos globales exigen respuestas más adaptables y centradas en las personas, los/las arquitectos/as están replanteando lo que puede ser la infraestructura: no solo un marco para el movimiento y los servicios, sino un catalizador para la restauración ecológica, la continuidad cultural y la imaginación cívica. Los siguientes proyectos no construidos, enviados por la comunidad de ArchDaily, exploran este papel ampliado de la infraestructura, donde aeropuertos, puentes, parques industriales y redes peatonales se convierten en expresiones arquitectónicas de conexión y cuidado.
El Pabellón de Canadá en la 19ª Exposición Internacional de Arquitectura – La Biennale di Venezia, albergó Picoplanktonics. Una investigación que surge como un replanteamiento radical sobre cómo la arquitectura puede convertirse en una plataforma que fusiona biología, computación y fabricación para proponer un futuro alternativo; uno en el que los edificios no solo minimicen el daño, sino que participen activamente en la reparación planetaria. En su núcleo se encuentra un organismo humilde: la cianobacteria marina, capaz tanto de capturar carbono como de contribuir al crecimiento material de la estructura que habita. El proyecto ha sido desarrollado durante cinco años por un equipo de investigación de la ETH Zúrich, liderado por Andrea Shin Ling y un grupo de colaboradores y colaboradoras de diversas disciplinas. En conjunto, formaron el Living Room Collective, fundado hace un año para dar continuidad a este trabajo y exhibirlo en la Bienal de Venecia. Entre los miembros principales del equipo se encuentran Nicholas Hoban, Vincent Hui y Clayton Lee. Esta conversación con el equipo detrás del proyecto aborda la filosofía, los desafíos técnicos y los horizontes especulativos que impulsaron su trabajo, desde la impresión de estructuras reticulares de arena viva hasta el mantenimiento de la vida microbiana en una exposición pública. Su objetivo es inspirar a las personas a reconsiderar la arquitectura no como un objeto estático, sino como un proceso vivo y en constante evolución; uno que exige cuidado, paciencia y un cambio radical de mentalidad.
En la ciudad holandesa de Hilversum, un edificio municipal terminado en 1931 redefinió por completo la idea de lo que podía ser un ayuntamiento. Más que una simple sede de la administración local, el Ayuntamiento de Hilversum se convirtió en la expresión arquitectónica de una comunidad en transformación. Con su torre elevándose sobre estanques reflectantes, sus masas de ladrillo articuladas alrededor de patios y sus interiores minuciosamente detallados, el edificio afirmó que la arquitectura cívica podía unir la función con el simbolismo, y la eficiencia con la ceremonia.
El arquitecto detrás de esta visión, Willem Marinus Dudok, no solo fue responsable de edificios individuales, sino de la configuración integral de la propia Hilversum. En su rol de arquitecto y urbanista municipal, diseñó escuelas, distritos residenciales y parques, desarrollando un lenguaje que fusionaba el oficio artesanal holandés con la claridad del Movimiento Moderno. El ayuntamiento representó la culminación de esta trayectoria: una pieza central cívica donde la ambición urbana, el refinamiento material y la escala humana convergían en una forma única y coherente.
El debate en torno a la inteligencia artificial (IA) en la arquitectura ha pasado de las meras expectativas a la aplicación práctica. Los y las profesionales de la arquitectura y el diseño ahora buscan comprender cómo el uso inteligente de herramientas impulsadas por IA puede fomentar la innovación y generar una ventaja competitiva. Sin embargo, a medida que crecen la curiosidad y el optimismo, las firmas también se enfrentan a inquietudes sobre los dilemas éticos y legales que rodean la adopción de la IA.