
Centro de la ciudad de Raisio / LUO Architects
Raisio, Finlandia

Raisio, Finlandia

Producido a escala industrial desde el siglo XIX, el acero ha transformado profundamente la manera en que construimos. El hierro, refinado mediante procesos metalúrgicos controlados, ha dado origen a un material capaz de combinar resistencia mecánica, ligereza relativa y precisión constructiva, haciendo posibles algunos de los mayores hitos de la ingeniería y la arquitectura modernas. Desde rascacielos y puentes hasta fachadas, cubiertas y sistemas industrializados, pocos materiales han tenido un impacto tan significativo en la configuración del entorno construido.
No obstante, la calidad de un material no puede medirse únicamente por su rendimiento estructural inicial o su aspecto al momento de la entrega. Si bien los edificios suelen evaluarse al finalizar la obra, su verdadero desempeño solo se revela con el paso del tiempo. Las fotografías registran fachadas impecables, superficies recién instaladas y espacios listos para su uso. Las décadas posteriores, en cambio, exponen estas construcciones a la radiación solar, la lluvia, la humedad, la salinidad, la contaminación atmosférica y las variaciones térmicas. Es en este contacto continuo con el medio ambiente donde las decisiones materiales se ponen verdaderamente a prueba.

En un contexto de creciente reconocimiento sobre la responsabilidad de la arquitectura hacia las ecologías ambientales y planetarias, la práctica contemporánea se orienta cada vez más a trabajar con lo existente: sus condiciones materiales, espaciales e históricas. En el marco de esta transición, la estética de la arquitectura y el diseño se centra cada vez más en remodelar los entornos heredados. Este enfoque sustenta el trabajo de SSdH, un estudio de arquitectura con sede en Melbourne fundado en 2020 por Todd de Hoog, Harrison Smart y Jean-Marie Spencer. A través de proyectos que abarcan diversas escalas de renovación, ampliación e inserción adaptativa, el estudio interactúa de manera constante con las edificaciones existentes como agentes activos. Ganadora de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, la firma australiana prioriza la responsabilidad ambiental, la economía material y los procesos colaborativos fundamentados en las condiciones específicas de cada sitio.

Interpretar el hábitat contemporáneo es una prioridad para los y las profesionales de la arquitectura y el diseño en todo el mundo. En medio de tendencias cambiantes, fusiones estilísticas y el resurgimiento de diversas técnicas, el diseño de interiores contemporáneo reúne materiales, texturas y colores para transformar la experiencia de las personas usuarias. En el ámbito doméstico se despliega una serie de realidades, tensiones y actividades, donde el diseño sirve como una base sólida y un sistema de soporte para satisfacer las necesidades de sus habitantes. En el marco de la Semana del Diseño de Milán 2026, el ICEX y Elle Decor Italia presentaron la cuarta edición de Appartamento Spagnolo—un marco espacial concebido para exhibir el diseño de interiores español contemporáneo dentro de un contexto histórico.

Sentados en bancos bajos, conversando de manera informal, vestidos con ropa cómoda y rodeados de libros, objetos de diseño y obras de arte, Charles y Ray Eames aparecen en una de las imágenes más emblemáticas de la domesticidad moderna de posguerra en los Estados Unidos. La casa no se presenta como un manifiesto arquitectónico explícito, sino más bien como un espacio habitado, apropiado y cotidiano. Con todo, casi todo en esa escena funciona como la condensación de un ideal cuidadosamente construido: la informalidad moderna, la integración entre la arquitectura y la vida cotidiana con la coexistencia de la producción industrial. Más que representar una residencia, la fotografía proyecta un modo de vida. Y tal vez esa haya sido, desde un principio, la ambición central detrás de las Case Study Houses.

A diferencia de muchos programas industriales tradicionalmente ocultos detrás de fachadas neutras y espacios herméticos, las destilerías contemporáneas a menudo exponen sus procesos productivos como parte esencial de la experiencia arquitectónica. El calor de los alambiques, los vapores de la destilación o los recorridos de la materia prima dejan de ser meras operaciones técnicas para asumir un protagonismo espacial.
Aunque producen bebidas distintas, los proyectos seleccionados a continuación comparten desafíos arquitectónicos similares. Todos deben organizar flujos industriales, controlar condiciones específicas de temperatura, ventilación y almacenamiento, además de compatibilizar las áreas técnicas con los recorridos de las visitas públicas. Al mismo tiempo, cada destilería establece respuestas particulares al territorio en el que se inserta, revelando diferentes maneras de relacionar producción y paisaje.

La mayoría de las personas rara vez recuerdan un pasillo. Recuerdan el aula, el departamento, la galería o la plaza al final del trayecto. Por lo general, los pasillos se diseñan para fundirse con el fondo, guiando el movimiento de un destino a otro. Sin embargo, algunas de las experiencias más memorables de la arquitectura ocurren al transitar por un lugar, más que al llegar a él.
A menudo, la circulación se aborda como uno de los elementos más pragmáticos de la arquitectura. Los pasillos conectan habitaciones, las galerías facilitan el acceso y las pasarelas organizan el movimiento a través de un edificio. Su propósito parece sencillo: ayudar a las personas a ir de un punto a otro. Debido a esto, los espacios de circulación se han considerado tradicionalmente secundarios en relación con los programas a los que sirven. La atención suele centrarse en los destinos, mientras que los espacios intermedios pasan desapercibidos en gran medida.

La ergonomía laboral se ha definido durante mucho tiempo por la estabilidad: posturas fijas, soporte lumbar, ángulos calculados meticulosamente y la búsqueda implacable de la forma "correcta" de sentarse. El confort se asociaba, en gran medida, con mantener una postura asistida en sillas diseñadas para reducir el movimiento, alinear la columna y sostener el cuerpo durante largos períodos. Hoy, a medida que los espacios de trabajo contemporáneos se vuelven cada vez más flexibles e híbridos, surgen interrogantes sobre si el confort está realmente ligado a la permanencia estática o, más bien, a la posibilidad de movimiento en sí misma.
Aunque las sillas ergonómicas han evolucionado significativamente, muchas siguen operando bajo una lógica "correctiva", gestionando el malestar a través de mecanismos y ajustes sin replantear a fondo la relación entre el cuerpo y el movimiento. Investigaciones recientes sobre el comportamiento sedentario y la ergonomía activa han desafiado la idea de la quietud como la condición ideal para el confort. En su lugar, las transiciones sutiles de postura y los micro-movimientos continuos se entienden ahora como factores clave para la circulación, la salud musculoesquelética y el bienestar general. En este contexto, la ergonomía contemporánea comienza a alejarse paulatinamente de los modelos basados en la contención para adoptar enfoques centrados en la adaptabilidad, el equilibrio y el movimiento fluido.

Qbiss Notch, una nueva edición de diseño desarrollada por Pininfarina para el sistema de fachadas Qbiss de Trimo, ha recibido el premio Red Dot Design Award. Basado en la tecnología de fachadas Qbiss de Trimo, el proyecto introduce paneles modulares Qbiss de instalación vertical, un alfabeto de Glyphs grabados y elementos Notch con iluminación integrada. En conjunto, estos componentes permiten a los/las diseñadores/as crear composiciones de fachadas singulares. A pesar de su flexibilidad visual, el sistema está proyectado en torno a la eficiencia y la precisión de la construcción prefabricada.

¿Cómo pueden los elementos más estructurados de la arquitectura dar lugar a formas imprevistas de la vida cotidiana? El "orden espontáneo" describe cómo los sistemas estructurados pueden generar patrones de comportamiento no planificados pero coherentes. En el discurso urbano, este concepto suele emplearse para describir las ciudades: entramados de calles, parcelas y edificios que han sido diseñados, mientras que la vida cotidiana no lo es. El movimiento, los encuentros, las rutinas y los usos informales surgen de reglas espaciales sencillas y no de una programación explícita. En las ciudades, esto se hace evidente en el funcionamiento de las aceras, las estaciones y los umbrales. La estructura es fija, pero el orden social es fluido, estableciendo las condiciones para el comportamiento en lugar de definirlo.
Una lógica similar puede observarse en microinfraestructuras arquitectónicas como los sistemas de casilleros. Al igual que las ciudades, los casilleros dependen de estructuras organizadas que no prescriben cómo se desarrolla la vida en su interior. Un sistema de casilleros está sumamente controlado en términos arquitectónicos: módulos repetitivos, retículas estrictas, dimensiones estandarizadas y acceso controlado. Sin embargo, una vez en uso, genera comportamientos espontáneos. Las personas se detienen en los pasillos, regresan a horas irregulares, permanecen cerca de las zonas de casilleros o interactúan brevemente con otros que hacen lo mismo. Lo que parece ser un sistema de almacenamiento estrictamente infraestructural comienza a generar dinámicas sociales y espaciales de carácter informal.

In las décadas posteriores a la independencia, algunos de los experimentos arquitectónicos más ambiciosos del mundo no surgieron a través de museos, monumentos o palacios de gobierno. Surgieron a través de las universidades. A lo largo del sur de Asia y de África, las naciones recién formadas convirtieron los campus en campos de prueba para formas completamente nuevas de imaginar la vida colectiva. Estos campus funcionaron como algo más que instituciones educativas. Se convirtieron en territorios donde los Estados pusieron a prueba cómo organizar la modernidad, para el encuentro de la ciudadanía, el funcionamiento de las instituciones, la influencia del clima en la arquitectura y la transformación de las realidades locales a partir de ideas importadas.

Los Steel Architectural Awards ASEAN 2026 son un programa regional de premios de arquitectura presentado por NS BlueScope para reconocer proyectos construidos que demuestren excelencia arquitectónica mediante el uso de soluciones de acero revestido. Bajo el lema Shaping Resilient Futures: Timeless Design with Coated Steel, el programa destaca proyectos en Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam, avanzando desde los Premios Nacionales (Country Awards) hasta el reconocimiento a nivel de la ASEAN. Este artículo explica cómo funciona el proceso de dos etapas, qué categorías se incluyen y cómo se evalúan los proyectos a través de la Excelencia en el Diseño, la Innovación y la Sostenibilidad.

Las ciudades modernas funcionan bajo la lógica de los indicadores de rendimiento. Mueven a millones de personas cada día, concentran capital, segregan el uso del suelo y sostienen complejos sistemas de logística y consumo. En ese sentido, la ciudad opera como un sistema que debe ajustarse y optimizarse de manera continua.
Las métricas que hoy dominan son familiares y de sobra conocidas: vehículos por hora, tiempos promedio de traslado, coeficientes de edificabilidad, rotación de estacionamientos, inicios de construcción de viviendas e ingresos fiscales por lote de terreno. Estas cifras describen una ciudad legible a través de la eficiencia. Son heredadas de una lógica industrial, donde el espacio urbano se trata más como un mecanismo de producción que como un entorno habitado. Bajo esta perspectiva, las ciudades comienzan a mimetizar las necesidades y métricas de una máquina.

El patrimonio arquitectónico suele describirse como aquello que sobrevive al paso del tiempo. Sin embargo, la supervivencia no explica por qué ciertos edificios se conservan mientras otros desaparecen. Muchas obras que hoy están protegidas como patrimonio cultural fueron en su momento criticadas, cuestionadas o abiertamente rechazadas; se les acusó de estar socialmente desencaminadas, de tener fallas materiales o de ser simbólicamente desmesuradas. Con el tiempo, no obstante, estas mismas deficiencias se han vuelto fundamentales para su significado, a medida que el patrimonio se revela como un proceso de interpretación lento e inestable.
La arquitectura contemporánea opera bajo un escrutinio intenso, presionada por la responsabilidad ambiental, la equidad social, la volatilidad económica y el acelerado cambio tecnológico. Se espera que los edificios funcionen de manera ética, eficiente y simbólica, a menudo simultáneamente. Como consecuencia, el fracaso arquitectónico ya no es una excepción, sino una condición cada vez más común. Los proyectos envejecen más rápido, los materiales revelan sus limitaciones antes y las estrategias urbanas quedan desfasadas rápidamente respecto a las cambiantes realidades políticas, sociales y ambientales.

En la traducción de la realidad tridimensional a un plano bidimensional, la axonometría se posiciona como uno de los sistemas gráficos de representación que fundamentan el lenguaje de los y las profesionales de la arquitectura y el diseño. Junto con las plantas, secciones y elevaciones, sus despieces o vistas explotadas suelen destacar por su capacidad para estudiar las múltiples capas que componen un proyecto. Si bien la axonometría también se emplea en otras disciplinas como la ingeniería y el urbanismo, demuestra constantemente su capacidad para funcionar como algo más que una mera herramienta de representación: no solo fortalece la comprensión de los procesos constructivos, materiales y sistemas estructurales de un proyecto, sino que también amplía la comunicación de las ideas y los procesos de diseño que le dan forma.

Los ruidos fuertes, el zumbido continuo de los equipos, los cambios abruptos de luz o los reflejos intensos suelen pasar desapercibidos para la mayoría. Para las personas neurodivergentes, sin embargo, estos estímulos pueden provocar un malestar significativo o incluso reacciones físicas y cognitivas intensas. El término "neurodivergente" se refiere a personas cuyo funcionamiento neurológico difiere de lo que se considera típico, lo que abarca condiciones como el autismo, el TDAH y la dislexia, ya que su cerebro procesa la información de manera distinta, particularmente en relación con el estímulo sensorial, la atención y la regulación emocional.
Sin embargo, la luz no es únicamente visual: también es neurológica. La forma en que ingresa a un espacio, se desplaza por las superficies y cambia a lo largo del tiempo puede afectar profundamente el confort cognitivo. Los contrastes extremos, el deslumbramiento, la penetración de haces de luz directos y las variaciones rápidas de brillo exigen una adaptación constante de los sistemas visuales; para las personas con mayor sensibilidad sensorial, este esfuerzo puede traducirse en fatiga, distracción o malestar.

Si las redes elevadas revelan una ciudad que camina cada vez más por encima de la calle, el podio-torre es la tipología que a menudo hace que esa condición parezca inevitable. En todo el sudeste asiático, los proyectos de podio-torre se han convertido en uno de los lenguajes dominantes del crecimiento metropolitano: un sistema que concentra vivienda, empleo, comercio y conexiones de transporte en parcelas altamente legibles y gestionadas. Desde la perspectiva de la planificación urbana, el modelo puede ser notablemente eficaz al absorber la congestión, formalizar la circulación y aportar densidad con rapidez. Sin embargo, a medida que se propaga, esta tipología también plantea una pregunta más silenciosa: ¿para qué optimiza y qué es lo que erosiona, especialmente a nivel de calle, donde se supone que la vida urbana debe negociarse en lugar de curarse?
En su forma más simple, el podio-torre es una estructura híbrida que consta de un podio de baja altura y gran ocupación de suelo que sostiene una o más torres verticales esbeltas. Por lo general, el podio soporta el peso logístico y comercial del desarrollo —comercio, estacionamiento, áreas de carga, zonas de ascenso y descenso de pasajeros, servicios internos y, a menudo, terrazas de amenidades—, mientras que la torre apila programas privados en la parte superior, ya sean residenciales, de oficinas, de hoteles o de uso mixto. La promesa es doble: maximizar la densidad urbana manteniendo al mismo tiempo un frente de calle a "escala humana", y separar la compleja logística de la vida urbana del dominio más tranquilo de la vivienda y el trabajo.

La casa *dogtrot* surgió en el sur de los Estados Unidos a finales del siglo XIX como una respuesta directa a los climas húmedos, la disponibilidad de materiales y los patrones de habitabilidad rural. Presente en los montes Apalaches, las costas de las Carolinas y las tierras bajas de Luisiana, esta tipología de vivienda apareció en numerosas variantes regionales; sin embargo, su lógica espacial fundamental se mantuvo notablemente constante. Dos volúmenes habitacionales cerrados quedan separados por un pasaje central abierto y unificados bajo una cubierta continua, lo que genera una vivienda que resulta a la vez económica y sensible a los veranos largos y calurosos. Aunque los historiadores de la arquitectura siguen debatiendo sobre los orígenes geográficos precisos de la casa *dogtrot*, la tipología representa una inteligencia vernácula más amplia que surgió de la convergencia entre las necesidades ambientales, las prácticas constructivas locales y la vida rural.

A pesar de toda la experimentación espacial del espacio de trabajo contemporáneo, una condición ha permanecido prácticamente inalterada: la gente sigue sentada. Diversos estudios sugieren que quienes trabajan en oficinas pasan hasta un 89% de su jornada laboral sentados —cerca de 36 horas a la semana— a pesar de décadas de concientización sobre la ergonomía. A medida que los entornos laborales se vuelven más flexibles, sociales y orientados al diseño, esta contradicción resulta cada vez más difícil de ignorar.
La oficina ya no se organiza en torno a un único modo de operación, ni bajo una lógica espacial fija. El trabajo se ha vuelto multifuncional, alternando entre la colaboración y la concentración, el intercambio colectivo y el enfoque individual. En respuesta a esto, la arquitectura y el diseño de interiores se alejan de las distribuciones uniformes y repetitivas para dar paso a entornos que reflejan la variabilidad del comportamiento humano.

El patio suele recordarse como una figura del pasado, un espacio introspectivo de nostalgia, cultura y ritual doméstico. Sin embargo, este enfoque pasa por alto su función primordial. Antes de ser un elemento simbólico, el patio era operativo: organizaba el aire, moderaba la luz y absorbía el calor. No decoraba la arquitectura; la hacía habitable. En la vivienda contemporánea, estas funciones suelen delegarse en sistemas mecánicos que se aplican una vez definida la forma. En las casas con patio, estas cuestiones se resuelven espacialmente, mucho antes de levantar el primer muro.
Lo que a primera vista parece una tipología recurrente en distintas regiones es, en realidad, un conjunto de respuestas sumamente específicas al clima. El patio en Egipto no se comporta como el patio en Marruecos, ni como el de la India. Cada uno está calibrado para resolver un problema ambiental distinto utilizando el mismo dispositivo espacial. Interpretarlos como una tipología única equivale a restarles inteligencia; compararlos permite entender cómo el clima puede integrarse de manera directa en la forma arquitectónica.

Con los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 en marcha, vale la pena analizar cómo la Villa Olímpica ha evolucionado de ser una solución puramente funcional a convertirse en un proyecto urbano estratégico. De complejos habitacionales improvisados a piezas clave de regeneración urbana, las villas olímpicas han funcionado reiteradamente como experimentos a gran escala sobre cómo pueden construirse sectores de la ciudad en periodos muy cortos.
Diseñados bajo una intensa presión temporal y para una población sumamente específica, estos entornos revelan ideas cambiantes sobre la vivienda, la vida colectiva y el legado urbano de los megaeventos. A través de sus distintas ediciones, la Villa Olímpica refleja cómo se entrelazan los eventos, la vivienda y las ciudades bajo condiciones de urgencia.

Lu Wenyu —cofundadora de Amateur Architecture Studio junto al ganador del Premio Pritzker Wang Shu— ha dado forma a muchas de las obras más emblemáticas de la oficina en toda China, incluyendo el Museo de Historia de Ningbo y el Campus Xiangshan de la Academia de Arte de China en Hangzhou. Aunque a menudo trabaja fuera del foco de atención, su liderazgo es inconfundible en la disciplina de ejecución y en los roles que ha asumido: en 2003, junto con Wang Shu, fundó el Departamento de Arquitectura de la Academia de Arte de China, donde también se desempeña como directora del Centro de Construcción Sostenible. Su práctica profesional y su labor docente forman un ciclo recíproco: la investigación realizada en los talleres de la Academia de Arte de China se integra continuamente en las estrategias de construcción en obra, mientras que las lecciones aprendidas en el terreno regresan al aula en forma de inteligencia material, más que como teoría abstracta.

El desarrollo costero en las grandes ciudades ha sido desde hace mucho tiempo un terreno de oportunidades y disputas, moldeado a la vez por la búsqueda de capital (vistas privilegiadas, escasez de suelo y la promesa de la recuperación de tierras), por las demandas ciudadanas de acceso público y vida colectiva en el borde costero, y por las aspiraciones contemporáneas de sostenibilidad y de una identidad urbana que defina el lugar. Debido precisamente a que estas agendas rara vez coinciden, aprovechar al máximo el potencial de los terrenos en el borde costero nunca es una tarea sencilla.
Sin embargo, en Nueva York y Hong Kong, es posible rastrear las ambiciones de cada ciudad —a pesar de sus distintas estrategias, prioridades y lógicas políticas— a través de una serie de proyectos clave que consolidan sus líneas costeras. Vistos en conjunto, estos proyectos revelan no solo lo que cada metrópoli decide valorar, sino también aquello a lo que está dispuesta a renunciar para poder construir en el límite.

En una calurosa tarde de mayo, cuando el aire sobre el oeste de la India se vuelve metálico por el calor, nadie recuerda la composición de la fachada. Se recuerda dónde cae la sombra. Se recuerda qué corredor respiraba. Se recuerda la casa que era más fresca que la calle. Lo que permanece en la memoria es el confort que trasciende la forma. La preferencia térmica repetida se estabiliza en una configuración espacial y, con el tiempo, esas configuraciones se convierten en tipologías arquitectónicas.
El patrimonio suele catalogarse por lo que se puede dibujar, no por lo que cambió de temperatura. Ante el calor, los edificios se experimentan primero a través de la piel y solo después a través de la vista. Las generaciones aprenden, a través de sus cuerpos, qué es lo que funciona. La sombra reduce el deslumbramiento y el calor radiante. El movimiento del aire modifica la percepción térmica en varios grados. Los muros gruesos ralentizan las oscilaciones de temperatura. Con el tiempo, estas experiencias se acumulan en una preferencia espacial. Lo que resulta confortable se repite. Lo que se repite se estabiliza en una tipología.