Para conocer a fondo el patrimonio arquitectónico de una ciudad, es necesario mirar más allá de sus sitios declarados y monumentos icónicos. Para muchas personas, comprender la trama urbana de una ciudad y lo que la hace vibrar implica también descubrir los edificios protegidos a menor escala, valorados por la comunidad local, así como los espacios de encuentro popular. Esto resulta especialmente evidente al observar las bulliciosas ciudades vietnamitas y sus peculiares características arquitectónicas, que solo pueden apreciarse cuando se profundiza en sus múltiples influencias y capas históricas, las cuales combinan motivos tradicionales vietnamitas, modernismo, materialidad local y soluciones de diseño climático, pero sobre todo, al comprender las limitaciones del terreno que se resuelven mediante la implementación de las estrechas casas tubo y edificaciones de baja altura.
Estos estilos y movimientos arquitectónicos clave a menudo se preservan e incluso se ponen de relieve, a medida que los/las arquitectos/as dan una segunda vida a edificaciones deterioradas o abandonadas, transformándolas en concurridas cafeterías. Así, revitalizan sitios patrimoniales de menor escala al promover su restauración y uso cotidiano por parte de la comunidad, invitando al público visitante a reconocer la relevancia histórica del espacio mientras disfruta de él.
¿El diseño guía el uso o el uso guía al diseño? Los y las estudiantes luchan por mantener la concentración, el personal de trabajo se encoge bajo una iluminación estridente y quienes habitan un edificio se retraen de los espacios rígidos, a menudo como respuesta a condiciones ambientales que solo se hacen visibles una vez que el espacio es ocupado. La luz que atraviesa una habitación, la resonancia del sonido, la textura de las superficies o el ritmo de la circulación pueden favorecer la concentración, aportar calma o inspirar la creatividad; sin embargo, cada uno de estos factores también puede aumentar de forma involuntaria el estrés y la distracción. Profesionales de la arquitectura y el diseño se cuestionan y exploran: ¿cómo se fundamentan las decisiones de diseño y de quién es el conocimiento que se considera esencial para configurar el espacio?
Desde sistemas de revestimiento acústico y térmico hasta unidades de mampostería y textiles fabricados a partir de residuos agrícolas, la experimentación con materiales de origen biológico sigue impulsando soluciones sostenibles para la industria de la construcción. Ante la urgente necesidad de replantear cómo concebimos e interactuamos con los materiales que dan forma al entorno construido, profesionales, investigadores/as y docentes abordan diferentes escalas de diseño y fases de proyecto, reconociendo la importancia de reducir las emisiones de carbono y el impacto ambiental de la industria. En colaboración con el Proyecto Bagaceira, el prototipo de panel acústico y térmico Sugarcrete®, desarrollado por la Universidad de East London (UEL), demuestra cómo el diseño bajo en carbono puede transformar los residuos agrícolas en materiales de construcción de alto rendimiento.
Con cuarenta y ocho camas psicogeriátricas y sesenta y ocho departamentos accesibles para sillas de ruedas, alojamiento para cuidadores/as informales y espacio para atención médica a domicilio, el edificio De Keyzer se inauguró en Ámsterdam en 2011. Su programa se había concebido íntegramente para personas mayores que requerían asistencia; sin embargo, poco después de su terminación, el inmueble se vendió a un fondo de inversión y los departamentos comenzaron a alquilarse a familias jóvenes con niños/as.
Para los/las arquitectos/as del proyecto, Tom Frantzen y Karel van Eijken, el episodio podría haberse interpretado como un fracaso de previsión. Lejos de ello, se convirtió en una confirmación. "Demostró, con total claridad, que los edificios pueden terminar utilizándose de formas completamente distintas a las previstas originalmente", recuerda Frantzen. La transformación solo fue posible gracias a la amplitud de los departamentos y a que la estructura permitía usos más diversos que los previstos en el programa original. Si el edificio se hubiera diseñado únicamente para su función inicial, el cambio de uso probablemente habría requerido una remodelación destructiva o, en un caso extremo, la demolición.
Sunlight House / HEIN-TROY Architects. Imagen cortesía de VELUX
¿Puede la arquitectura moldear el confort antes de que intervengan los sistemas mecánicos? Dado que los edificios representan casi el 40% del consumo energético mundial y las personas pasan cerca del 90% de su tiempo en interiores, el desempeño térmico se ha convertido en una de las preocupaciones más urgentes de la arquitectura. Sin embargo, a pesar de que suele asociarse con los valores de aislamiento, las calificaciones energéticas o los sistemas mecánicos, el desempeño térmico comienza con decisiones espaciales que se toman mucho antes de incorporar el equipamiento técnico. La orientación, el flujo de aire, la luz natural y la ubicación de las aberturas influyen en cómo un edificio absorbe, conserva y libera calor a lo largo del día.
El desempeño térmico no solo consiste en reducir la demanda de energía, sino también en mantener condiciones interiores confortables en respuesta al clima. Estrechamente vinculado al confort térmico —la manera en que las personas que habitan los espacios experimentan la temperatura, el flujo de aire, la humedad y el calor radiante—, influye tanto en la salud, el bienestar y la productividad como en la eficiencia operativa. Diversas investigaciones sugieren que los ambientes interiores saludables pueden mejorar la capacidad de aprendizaje y la productividad hasta en un 15%, lo que refuerza la creciente relación entre el desempeño ambiental, la resiliencia y la calidad espacial.
Pico House, parte del Distrito Histórico de Los Ángeles Plaza. Imagen de Daniel L. Lu - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0
Hoy en día, la forma urbana de Los Ángeles se caracteriza por la dispersión urbana del siglo XX y una extensa infraestructura automotriz. Sin embargo, la realidad física del núcleo original de la ciudad revela una historia más compleja profundamente arraigada en el legado hispano. De hecho, Los Ángeles no se originó a partir del sistema de parcelamiento estadounidense estandarizado que define la mayor parte del territorio de los Estados Unidos. Por el contrario, es producto de la tradición urbana española en América, que siguió una estructura repetida en las principales ciudades del continente. La intersección de estos sistemas creó una geometría e historia urbana superpuesta que sigue siendo visible en el trazado vial contemporáneo de la ciudad.
Cuando Los Ángeles fue fundado en 1781 como pueblo por Felipe de Neve, era un asentamiento fronterizo del Virreinato de la Nueva España. Los virreinatos eran las divisiones políticas de los territorios españoles en América y, a finales del siglo XVIII, la Nueva España era un territorio vasto. Se extendía desde el sur de Costa Rica hasta el norte en la Alta California, limitando al este con el río Misisipi y los recientemente independizados Estados Unidos de América. En aquella época, la Ciudad de México funcionaba como el principal centro administrativo y económico, lo que obligaba a las regiones fronterizas como la Alta California a depender de una tríada específica de asentamientos: misiones (religiosas), presidios (militares) y pueblos (civiles).
La arquitectura se ha sentido atraída desde hace mucho tiempo por la idea de la ligereza. Desde los primeros experimentos modernistas que buscaban preservar el paisaje, elevar los edificios se ha entendido como una forma de proteger el suelo a la vez que se mantiene la continuidad del terreno. Los volúmenes se elevan sobre columnas, las infraestructuras separan la circulación de la superficie y programas enteros quedan suspendidos sobre el nivel del suelo.
Esta premisa se formalizó a principios del siglo XX a través del concepto de los pilotis de Le Corbusier, que proponía liberar la planta baja de los cerramientos. Al elevar los edificios sobre columnas, los/las arquitectos/as buscaban mantener la continuidad con el terreno, permitiendo que la circulación, la vegetación y el uso colectivo se desarrollaran bajo los volúmenes construidos. El edificio ocuparía el aire, mientras que el suelo permanecería abierto, accesible y compartido.
La arquitectura suele presentarse como la expresión visible de su época: sus deseos, su fe en el progreso, su idea del orden. Sin embargo, esta lectura tiende a simplificar las condiciones en las que se producen los edificios, sugiriendo que la arquitectura va a la zaga de la historia cuando, en muchos casos, participa activamente en ella. Pocos períodos lo hacen más evidente que el siglo XX, época en la que la arquitectura se entrelajó profundamente con programas políticos, sistemas económicos y visiones contrapuestas sobre cómo debía organizarse la vida colectiva.
Lo que comúnmente se agrupa bajo la etiqueta del modernismo suele describirse como un proyecto coherente, definido por la claridad formal, el optimismo tecnológico y la ruptura con los estilos históricos. No obstante, esta aparente coherencia se disuelve cuando miramos más allá de sus centros canónicos. Los mismos principios espaciales (la estandarización, la zonificación funcional y la producción industrial) se adoptaron en contextos políticos y económicos que diferían significativamente en sus estructuras y objetivos. Así, un movimiento aparentemente estático se desplegó como un sistema flexible que se reorientaba continuamente según las prioridades de cada régimen. Lo que parecía un lenguaje compartido era, en la práctica, un conjunto de herramientas aplicadas a agendas distintas.
La visualización arquitectónica ha desempeñado desde hace tiempo un papel clave en la comunicación y definición de las ideas de diseño. Hoy en día, esa función se está expandiendo. Con el auge de la inteligencia artificial, la visualización se está integrando de manera más profunda en todo el flujo de trabajo de diseño, lo que permite una iteración más rápida y una toma de decisiones mejor informada.
La imagen es familiar: una fachada revestida de parasoles, la luz suavizada en una sombra con patrones, e interiores que se mantienen frescos sin maquinaria. Se presenta como inteligencia hecha visible: una arquitectura que comprende el sol. Sin embargo, esta imagen rara vez se examina de cerca. Los mismos dispositivos que mitigan el calor también organizan el acceso, distribuyen el confort y dependen de formas específicas de mano de obra. Lo que parece una respuesta climática es, en realidad, una decisión sobre quién recibe alivio frente al calor y de qué manera. El modernismo tropical, a menudo reducido a un lenguaje visual de sombra y porosidad, emerge en cambio como un conjunto de prácticas situadas donde el clima, el trabajo y el poder se negocian de forma distinta según el contexto.
A escala del elemento, el modernismo tropical comienza como un problema técnico. En climas cálidos, la radiación solar no es incidental sino constante, lo que exige que los edificios medien la luz, el calor y el aire antes de que alcancen el interior. Profesionales de la arquitectura como Maxwell Fry y Jane Drew abordaron esto con un nivel de precisión que impide interpretar estos elementos como meramente decorativos. Los dispositivos de sombreado se calibran en función de los ángulos solares, la orientación y la variación estacional. Los parasoles se dimensionan para bloquear el sol de ángulo alto mientras permiten el paso de la luz difusa; los voladizos se extienden lo justo para evitar la ganancia térmica directa en las horas pico; las aberturas se alinean para favorecer la ventilación cruzada. Las investigaciones de mediados de siglo pusieron a prueba estas estrategias, midiendo las reducciones de temperatura y las mejoras en el flujo de aire. En este sentido, el lenguaje del modernismo tropical no es simbólico, sino performativo: cada proyección, vacío y celosía forma parte de un sistema ambiental.
Símbolos del desarrollo tecnológico y de la densidad urbana, los edificios en altura, tal como los conocemos hoy, surgieron a finales del siglo XIX, principalmente en los Estados Unidos, como respuesta al crecimiento acelerado del comercio urbano y a la necesidad de expandir las ciudades sin ocupar más territorio. El término rascacielos, por ejemplo, fue acuñado en la década de 1880 y originalmente se refería a edificios de entre 10 y 20 pisos —una altura impresionante para la época.
Sin embargo, la idea de construir verticalmente es mucho más antigua de lo que sugieren los rascacielos de acero y vidrio. Mucho antes de la revolución industrial, algunas sociedades ya experimentaban con formas de urbanización vertical como solución a las limitaciones de espacio, la defensa territorial o la adaptación ambiental.
Durante mucho tiempo, la tradición filosófica occidental ha situado a la cultura en oposición a la naturaleza. Este pensamiento dual ha moldeado el canon de las ciencias y las humanidades, y la arquitectura no ha sido la excepción. Bajo esa lógica, todo lo que no es humano existe para ser explotado por el ser humano y recibe el nombre de "recurso natural". Esta mentalidad extractivista ha moldeado el desarrollo de muchas partes del mundo en los últimos siglos, dejando huellas profundas —a veces irreparables— en el planeta. Sin embargo, siempre han existido otras formas de habitar. Desde las prácticas religiosas de África occidental basadas en el animismo hasta las ciencias herbolarias de quienes custodian la Jurema Sagrada en Brasil; desde las comunidades indígenas en la India cuyo ritmo de vida refleja los monzones, hasta los inuit del Ártico que pueden ver decenas de tonalidades de blanco: entre los seres humanos y la naturaleza no hay distinción, lo que existe es la vida.
Pensadores y pensadoras contemporáneos llevan este debate a los ámbitos de la filosofía y, más específicamente, de la arquitectura. Donna Haraway, Antônio Bispo dos Santos, Achille Mbembe y Beatriz Colomina son solo algunas de las figuras cuyo trabajo ha ayudado a expandir la estrecha perspectiva occidental, arrojando luz sobre formas alternativas de convivencia —con otros seres humanos y más que humanos— en este planeta.
El contexto de la guerra actual define el lugar de Ucrania en la conciencia internacional. No obstante, la arquitectura suele trascender la duración de una vida humana, por lo que puede convertirse en una herramienta para imaginar el futuro. La práctica del diseño arquitectónico —ya sea especulativa, conceptual o práctica— funciona como un medio para materializar formas de vida y de interacción que van más allá de nuestras realidades actuales. En esta selección de proyectos conceptuales enviados por los/las lectores/as de ArchDaily, se aprecian estrategias materiales, espaciales y simbólicas que buscan dar respuesta a las coyunturas contemporáneas en los sectores residencial, educativo y comercial.
Dado que la línea de conflicto se ha mantenido relativamente estática desde finales de 2023, las ciudades ucranianas siguen siendo escenario de nuevos proyectos de desarrollo urbano y arquitectónico. En este artículo, reunimos una selección de proyectos no construidos en las ciudades de Vinnytsia, Lviv y Kyiv. La selección abarca propuestas residenciales, comerciales y de usos mixtos, además de un complejo educativo. Asimismo, se diseñaron dos proyectos residenciales como prototipos sin una ubicación específica, concebidos como una respuesta potencial ante la pérdida de infraestructura y la inestabilidad en la región.
En 2025, el mercado global de salud animal movilizó alrededor de 70.000 millones de dólares, y se proyecta que esta cifra se duplique para 2033. Detrás de este número, sin embargo, ocurre también una transformación silenciosa en el espacio construido, siendo el hospital veterinario un claro ejemplo de ello. Este programa, que durante décadas ocupó la parte trasera de clínicas improvisadas y anexos de tiendas de mascotas, ha ido adquiriendo un lenguaje y una identidad propios. Es la consolidación arquitectónica de un vínculo que ya supera los 15.000 años.
¿Quién tiene derecho a la ciudad? Los escritos de Henri Lefebvre cuestionan las estructuras que controlan el espacio urbano y, en su lugar, sitúan a la ciudadanía en el centro de la toma de decisiones. Sus ideas han influido en la práctica de la arquitectura y el diseño urbano, impulsando la participación comunitaria y el codiseño. Estos han sido algunos de los temas más destacados en Utopian Hours 2026, el festival de hacer ciudad, cuya primera parte se celebró en la ciudad neerlandesa de Rotterdam para conmemorar su décima edición.
La cocina ha evolucionado de ser un espacio netamente funcional a convertirse en un entorno compartido y el corazón de muchos hogares. Al servir como escenario para los rituales cotidianos de innumerables familias —e incluso para prácticas colectivas en la vida urbana—, la comida une a las personas, lo que hace que el diseño de espacios capaces de responder a estas necesidades sea fundamental para la vida diaria. Más allá de las diversas distribuciones, estéticas y configuraciones de las cocinas, la integración de electrodomésticos y equipamiento juega un papel clave al dar soporte al almacenamiento, la conservación y el uso diario que exige la cocina. Desde tecnologías innovadoras hasta materiales avanzados, estos elementos dan forma a espacios de cocina contemporáneos que reúnen costumbres y culturas de diversos orígenes.
Un monumento suele ser la edificación más conservadora que un Estado pueda encargar. Se espera de él que estabilice la memoria, haga legible la historia y otorgue una forma pública a una narrativa compartida. El siglo XX en Europa del Este produjo un corpus de obras completo, desde el Báltico hasta los Balcanes, que se resistió precisamente a esas expectativas, desafiando la relación convencional entre monumento, memoria y representación. Agrupados comúnmente bajo el nombre de spomeniks, estos ejercicios arquitectónicos son tal vez los ejemplos más conocidos de un panorama mucho más amplio de arquitectura conmemorativa que surgió en toda la región. Se trataba de sociedades que salían de periodos de ocupación, conflictos civiles o revoluciones, y ninguna de ellas poseía un lenguaje simbólico único capaz de albergar la complejidad de sus historias. En lugar de buscar nuevos héroes o nuevos íconos, muchos/as arquitectos/as y artistas recurrieron al propio espacio como el medio a través del cual construir la memoria.
Estos monumentos ocupan una posición inusual entre la escultura y la arquitectura. En una escala, se interpretan como composiciones abstractas deliberadas, dispuestas con la claridad de un dibujo de Kandinsky. En otra, parecen menos resueltos, como si estuvieran poniendo a prueba los límites de un lenguaje espacial aún en formación. Sus formas a menudo parecen suspendidas entre la certeza y la experimentación: un mismo monumento puede leerse tanto como un objeto geométrico controlado como una búsqueda abierta sobre cómo la memoria colectiva podría habitar el espacio. Sin embargo, estas lecturas coexisten, otorgando a muchas de estas obras su duradera ambigüedad.
En el campo da arquitectura, sin embargo, esta pregunta sigue siendo relativamente marginal. Muchas veces sabemos quién diseñó un edificio, conocemos sus acabados, el fabricante de sus carpinterías, la marca de sus revestimientos e incluso su rendimiento energético, pero casi nunca nos preguntamos de dónde provienen las toneladas de materia que hicieron posible su existencia.
Debido a la gran demanda, reabrimos brevemente la convocatoria para el Programa de Embajadores/as Estudiantiles de ArchDaily 2026/2027.
ArchDaily nació en el entorno universitario, de la mano de dos estudiantes de arquitectura que creían que el conocimiento de nuestra disciplina debía llegar más lejos. Dieciocho años después, esa convicción se mantiene intacta, aunque las perspectivas, las herramientas y las oportunidades se han multiplicado. Con esto en mente, lanzamos el Programa de Embajadores/as Estudiantiles para brindar a la próxima generación de arquitectos/as un papel activo al conectar sus universidades con la conversación arquitectónica global.
Seleccionado como uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, NAAW representa a una nueva generación de estudios de arquitectura que están reconfigurando la práctica contemporánea en Asia Central. Fundado en 2019 por Elvira Bakubayeva y Aisulu Uali, el estudio opera en la intersección de la investigación, la colaboración interdisciplinaria y la experimentación espacial, posicionando a la arquitectura como una herramienta de reflexión y un agente activo en la configuración de la identidad contemporánea de Kazajistán.
Restauración de Bir Ettin / Bled El Abar Collective. Imagen cortesía de Bled El Abar Collective
En algunos idiomas, la palabra misma para edificio alude a su carácter inamovible. La disciplina de la ingeniería vinculada a la edificación se conoce como estática. Por lo tanto, la arquitectura se asocia estrechamente con lo fijo y lo inmóvil. Sin embargo, para millones de personas nómadas en todo el mundo, los refugios deben poseer una estructura ligera y claramente móvil, mientras que el hogar es el vasto paisaje en el que habitan. Estos estilos de vida, herederos de siglos de tradición, se encuentran bajo la constante amenaza de los factores de atracción de la vida sedentaria en pueblos y ciudades. En Túnez, un proyecto reconoce el riesgo de perder este patrimonio e intenta mejorar las condiciones de vida de quienes se dedican al pastoreo nómada.
Ganador del Primer Premio: A Thread Through Time. Imagen cortesía de Buildner
Buildner ha anunciado los resultados del Dubai Urban Elements Challenge, un destacado concurso internacional de diseño organizado en colaboración estratégica con la Autoridad de Carreteras y Transportes de Dubái (RTA). Con una bolsa total de premios de 2,000,000 AED (aproximadamente €500,000), la iniciativa representa uno de los concursos globales de diseño con financiamiento público más importantes centrados en la transformación urbana.
El concurso fue concebido como una plataforma de innovación y contratación con visión de futuro para uno de los entornos metropolitanos de más rápida evolución en el mundo. Se invitó a los y las participantes a proponer elementos urbanos modulares y sensibles al clima —sistemas de asientos, dispositivos de sombreado, infraestructura de iluminación, componentes de orientación, áreas de descanso y estructuras de microcomercio— diseñados para mejorar la vida peatonal y fortalecer la identidad del espacio público de Dubái.