La madera masiva ha pasado de ser un nicho experimental a convertirse en un componente central del debate contemporáneo sobre la construcción sostenible. La combinación de un menor carbono incorporado, sistemas prefabricados y plazos de obra más cortos ha contribuido a posicionar soluciones como el CLT (madera contralaminada) y el DLT (madera laminada con pasadores) como alternativas viables al concreto y al acero en edificios residenciales, oficinas, escuelas y equipamientos públicos en todo el mundo. A esto se suman la previsibilidad de los procesos constructivos y las cualidades ambientales asociadas a la madera, vinculadas con frecuencia al confort de las personas usuarias y a la experiencia espacial.
La historia de la arquitectura suele avanzar mediante gestos icónicos o avances tecnológicos; sin embargo, algunas obras siguen siendo influyentes precisamente porque se resisten al espectáculo. Construida entre 1972 y 1974 en Sint-Martens-Latem, Bélgica, la Residencia Van Wassenhove se erige como uno de esos proyectos silenciosos pero decisivos. Concebida como un volumen de concreto único y continuo, emplazado en un paisaje boscoso, la casa desafía las ideas convencionales de confort doméstico, privacidad y jerarquía espacial. Su presencia es directa y sin concesiones, pero evita la monumentalidad, posicionándose en cambio como una estructura habitada, moldeada por los rituales cotidianos y la permanencia en el tiempo.
La casa fue diseñada por Juliaan Lampens, una figura que operó en gran medida al margen de las narrativas arquitectónicas dominantes de su época. Trabajando principalmente en Flandes y a menudo a través de encargos privados, Lampens desarrolló una obra centrada en la reducción espacial radical, la honestidad material y un enfoque casi ético de la construcción. La Residencia Van Wassenhove suele describirse como su obra más completa, no porque introduzca ideas nuevas, sino porque consolida muchos de los principios que recorren de manera constante su trayectoria.
Blur Building, lago de Neuchâtel, Yverdon-les-Bains, Suiza, 2002. Imagen cortesía de Diller Scofidio + Renfro
La historia de la arquitectura se ha narrado tradicionalmente a través de la persistencia de lo sólido. Definimos la disciplina por el peso del dintel, la masa del pilar y la resistencia del muro. Incluso cuando se invoca la ligereza, se suele entender como un acto sustractivo: el adelgazamiento de una sección o la reducción precaria de una carga. No obstante, existe una historia paralela, menos visible y más difícil de aislar, en la que el material principal de construcción no es lo que ocupa el espacio, sino lo que se desplaza a través de él.
Tratar el aire como un medio implica trascender el binarismo de la envolvente. La frontera entre el interior y el mundo exterior deja de ser una línea de separación absoluta para convertirse, en cambio, en un lugar de filtración y presión. Comenzamos a concebir el edificio como una válvula térmica, una serie de gradientes donde la humedad, la velocidad y el calor no son meras "condiciones" de fondo que deben mitigarse mediante sistemas mecánicos, sino las sustancias mismas que se modelan.
El trabajo ya no ocurre en un único lugar. Se desplaza, se fragmenta y se adapta. Puede comenzar en una oficina, seguir en una cabina acústica, pasar por un espacio compartido y terminar en casa. En este recorrido, la laptop se convierte en un elemento constante. A medida que el trabajo se vuelve más móvil, las configuraciones espaciales también empiezan a acompañar esta condición.
¿Qué importa más: mirar al pasado o al futuro? ¿Reconocer trayectorias consolidadas o impulsar caminos aún en construcción? Quizás esta no sea una pregunta con una respuesta única. Tradicionalmente, los premios de arquitectura han funcionado como dispositivos de consagración: han reconocido obras terminadas, trayectorias consolidadas y soluciones ya probadas, la mayoría de las veces bajo una mirada retrospectiva. ¿Qué pasaría, sin embargo, si el reconocimiento dejara de ser un fin en sí mismo y comenzara a operar como un agente catalizador, invirtiendo menos en lo que ya se ha hecho y más en lo que está por venir?
Al desplazar la rotación fuera de las bisagras tradicionales y distribuir el peso verticalmente, las puertas pivotantes se desarrollaron para abordar un desafío arquitectónico específico: cómo mover paneles de puertas grandes y pesados con precisión, durabilidad y una mínima interferencia visual. Estos sistemas permiten que las puertas aumenten significativamente en escala, peso y ambición material, desdibujando a menudo la línea entre puerta, muro y superficie arquitectónica. Con el tiempo, esta innovación técnica ha expandido el papel de las puertas en la arquitectura, permitiéndoles funcionar no solo como puntos de acceso, sino también como umbrales espaciales, dispositivos compositivos y elementos expresivos dentro de la envolvente del edificio.
Destacando esta evolución, FritsJurgens creó el concurso Best Pivot Door Contest para exhibir proyectos donde convergen la precisión de la ingeniería y la intención arquitectónica. Fundada en los Países Bajos, la empresa es reconocida internacionalmente por sus sistemas de pivote ocultos, capaces de soportar puertas excepcionalmente grandes y pesadas. Estos sistemas otorgan a los/las arquitectos/as una mayor libertad en cuanto a escala y materialidad, al tiempo que mantienen la precisión, la confiabilidad y la claridad arquitectónica.
Más allá de ser una fuente de vida, el poder del sol en la arquitectura ha estado vinculado desde hace mucho tiempo a la necesidad de la humanidad de aprovecharlo y controlarlo como un recurso vital. Desde la antigüedad, la energía solar se ha utilizado para medir el tiempo, apoyar la siembra y la cosecha, y ofrecer protección contra el frío y el calor. Hoy en día, la radiación solar desempeña un papel fundamental en el consumo energético global. Las soluciones arquitectónicas basadas en materiales, tecnologías y análisis ambientales se desarrollan a partir de la comprensión de la capacidad de la energía solar para transformar el ambiente interior de los edificios. Sin embargo, ¿cómo pueden transformarse los edificios en fuentes de energía limpia?
Cortesía de SolarLab, Foto de doublespacephoto.com. Imagen RRC Polytech Manitou a bi Bii daziigae / Diamond Schmitt Architects & Number TEN Architectural Group
A medida que la responsabilidad ambiental se consolida en la cultura del diseño, la envolvente del edificio deja de ser una mera piel protectora para convertirse en una superficie activa generadora de energía. Tratar la tecnología solar como un material y no como un aditamento transforma la manera en que se concibe y se detalla la arquitectura. El color, la textura, el ritmo y el montaje se vuelven inseparables del rendimiento. Los sistemas fotovoltaicos integrados en edificios (BIPV) operan dentro de esta definición ampliada de la materialidad. Al integrar la tecnología solar en fachadas y fachadas ventiladas desde las primeras fases del proyecto, los/las arquitectos/as pueden eliminar redundancias, alinear las metas energéticas con la intención de diseño y replantear la composición de las envolventes. No obstante, traducir esta ambición en sistemas constructivos viables requiere precisión técnica e inteligencia constructiva.
En Hong Kong, donde la arquitectura suele estar impulsada por la lógica inmobiliaria, la infraestructura y un desarrollo acelerado, el espacio para la experimentación cívica a escala humana puede ser sorprendentemente estrecho. Es aquí donde Design Trust ha logrado distinguirse. Como plataforma de financiamiento y facilitación de proyectos, apoya intervenciones espaciales que se sitúan entre la arquitectura, la investigación y la programación pública; un trabajo que a menudo resulta demasiado modesto, colectivo o incierto para encajar dentro de los canales convencionales de la relación cliente-arquitecto/a.
En el centro de esta labor se encuentra Marisa Yiu, cuyo liderazgo posiciona a Design Trust tanto como agente facilitador como actor cultural. A través de iniciativas como Micro-Parks Hong Kong, junto con exposiciones y programas públicos, la organización aborda el discurso y la creación de prototipos como formas de agencia espacial, vinculando a diseñadores/as, comunidades, instituciones y debates sobre políticas públicas, al tiempo que prioriza cuestiones de gestión, mantenimiento y la "vida posterior" del espacio público.
Tres proyectos brasileños fueron elegidos ganadores del Premio Obra del Año 2026 por el público de ArchDaily Brasil. Tras tres semanas de votación pública, más de 700 proyectos se redujeron a 15 finalistas, concluyendo el proceso con tres grandes ganadores que representan lo mejor de la arquitectura lusófona.
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"¿Café o té?" es una de esas frases que nos acompañan en los contextos más diversos: se escucha en aviones, después de una comida, en salones de hoteles y en salas de reuniones. Parece una pregunta menor —una mera preferencia, un desvío rápido en el guion de servicio—. Sin embargo, también encierra una silenciosa herencia cultural. El té llega con la larga historia del ritual y el ritmo doméstico, vinculado a antiguas geografías comerciales y a la etiqueta cotidiana. El café, en cambio, llega con un linaje diferente de circulación, que más tarde se industrializó en la cafetería moderna y sus rituales de cara al público. En cualquiera de los dos casos, la bebida nunca es solo una bebida; es una relación ensayada con el tiempo y el espacio.
En el este de Asia contemporáneo, no obstante, la pregunta entre "café o té" se lee cada vez más de otra manera: de forma imperceptible o subconsciente, se está convirtiendo en una elección sobre dónde se quiere estar. Cada bebida conlleva ahora una expectativa espacial. El café implica un espacio que se puede ocupar, a menudo un lugar para hacer una pausa, trabajar, reunirse o refrescarse. El té, a pesar de estar culturalmente omnipresente, aparece de forma más difusa por la ciudad: a veces como un destino específico, a veces como un quiosco de alta frecuencia y, muy a menudo, como un elemento predeterminado e integrado dentro de las tipologías gastronómicas. Como resultado, una pregunta planteada en términos de gusto ha comenzado a funcionar como un sutil indicador de preferencia espacial: si se busca permanencia o velocidad, resguardo o flujo, un tercer lugar o un nodo rápido en la calle.
Al escribir estas líneas, un artículo de Martyn Evans se preguntaba '¿Está la arquitectura en crisis?'. Ese mismo año, Reinier de Graaf publicó el libro 'Architecture Against Architecture', donde planteaba catorce problemas de la profesión y la disciplina. La cuestión sobre la crisis en la arquitectura es un tema recurrente. Al referirse a ella como profesión, esta interrogante asoma sobre todo cuando se prevén o se sufren crisis económicas. Al mismo tiempo, persisten las dudas sobre la eficacia de la arquitectura para hacer frente a los problemas más urgentes del planeta y de la sociedad: vivienda, cambio climático y desarrollo humano. Una de las iniciativas que intenta responder a estas interrogantes es MASS, fundada en Ruanda poco después de la crisis financiera de 2008. La clave está en su nombre, cuyas siglas en inglés significan Modelo de Arquitectura al Servicio de la Sociedad (Model of Architecture Serving Society). MASS nació como una forma diferente de ejercer la arquitectura.
Trabajo de documentación en Deir ez-Zor. Imagen cortesía de Deir ez-Zor Heritage Library
La histórica ciudad de Deir ez-Zor, al este de Siria, ha sufrido innumerables calamidades tras el estallido de la guerra en 2011. Luego de la destrucción provocada por los encarnizados combates entre grupos armados y el gobierno central, así como por la ocupación de ISIS, el terremoto de febrero de 2023 trajo consigo aún más devastación. Sin embargo, detrás de las noticias se esconde una ciudad antigua cuyos orígenes se remontan a los albores de la civilización a orillas del río Éufrates, con una arquitectura viva de los períodos otomano y del Mandato francés. Ganadora de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, la Deir ez-Zor Heritage Library busca revitalizar la ciudad y apoyar una reconstrucción consciente mediante la documentación y promoción de su patrimonio edificado.
A lo largo de las últimas dos semanas, la comunidad de ArchDaily Brasil nominó más de 14 mil proyectos, lo que dio como resultado 15 finalistas que representan algunas de las obras arquitectónicas más emblemáticas publicadas en el último año. En su 10.ª edición, el Premio Obra del Año busca reconocer lo mejor de la arquitectura en los países de lengua portuguesa, a partir de la elección de los propios lectores. Los finalistas componen un retrato del estado actual de la arquitectura, ya sea en proyectos residenciales, urbanos, culturales u otros programas.
Representando a Brasil y Portugal, los 15 proyectos reflejan las necesidades de sus contextos específicos a través de soluciones creativas propuestas por los/las arquitectos/as locales. Desde reformas de interiores hasta intervenciones urbanas de gran escala, pasando por residencias unifamiliares y proyectos comunitarios, la selección es heterogénea, pero está unida por un rasgo común: el reconocimiento del público, que busca ver representadas sus propias aspiraciones.
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Con veinte metros de altura y cuatro mil años de antigüedad, la Deffufa Occidental se eleva sobre los huertos de palmeras datileras contiguos y los restos de la antigua ciudad en el desierto. Se trata de un antiguo edificio religioso y administrativo situado cerca de la actual ciudad sudanesa de Kerma. Su importancia no radica únicamente en su antigüedad y tamaño, sino también en el hecho de ser uno de los edificios de adobe más antiguos del mundo. Y como también lo atestiguan las cercanas casas de adobe, la tierra es un material de uso continuo desde la antigüedad hasta nuestros días. Sin embargo, los debates en torno a los sistemas constructivos contemporáneos han ignorado en gran medida este material fundamental. No obstante, algunos/as arquitectos/as del continente africano están cambiando esta situación.
El anuncio del Premio Obra del Año 2026 está cerca, con solo dos días restantes para el cierre de la etapa final de selección. Los tres proyectos ganadores se darán a conocer el 16 de abril, tras tres semanas de votación pública. Los 15 finalistas componen un retrato del estado actual de la arquitectura según la opinión del público, que ha estado votando por sus obras favoritas.
Conoce los 15 finalistas y forma parte de un jurado imparcial responsable de elegir los proyectos más relevantes del último año construidos en países de lengua portuguesa. En esta etapa final, cada persona puede votar por un proyecto al día hasta el 15 de abril a las 19:00 (hora de Brasilia).
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San Diego, California. Foto de Samuel Ramos en Unsplash
Muy cerca de la frontera con México, en el extremo suroeste de los Estados Unidos, se encuentra la ciudad de San Diego. Su historia urbana comenzó en 1769 con la llegada de una expedición militar española al mando de Gaspar de Portolá, lo que marcó el primer asentamiento permanente en el territorio que entonces se conocía como Alta California. Sin embargo, a diferencia de las capitales administrativas y poblaciones formalmente urbanizadas de México y Centroamérica, San Diego se concibió como un puesto de avanzada fronterizo. En la actualidad, se ha convertido en la segunda ciudad más grande de California, solo por detrás de Los Ángeles, y su traza urbana narra una historia de herencia hispana que se entrelaza con el entorno cultural contemporáneo de los Estados Unidos.
El patrimonio, en el diseño de interiores, rara vez se limita a una cuestión de mera preservación. Con mayor frecuencia se presenta como una fricción: el encuentro entre lo que un edificio ya es —la lógica de su planta, sus cicatrices, sus inconsistencias estructurales— y lo que la vida contemporánea le exige.
Algunos de los proyectos más convincentes de hoy en día no son aquellos que «restauran» un interior para devolverlo a un momento único, ni los que borran el pasado bajo una nueva piel homogénea. Son aquellos que orquestan una relación entre lo antiguo y lo nuevo, permitiendo que el contraste haga más que simplemente contar una historia, y transformando ese choque en una herramienta pragmática para la construcción, el presupuesto y los tiempos de ejecución.
"No hay espacio sin acontecimiento, ni arquitectura sin acción". Cuando Bernard Tschumi escribió estas palabras, estaba articulando un principio fundamental de la práctica de la arquitectura. La arquitectura se trata del comportamiento. Cada trazo sobre un plano es una propuesta de cómo se moverán los/las ocupantes o qué acciones serán posibles.
Dibujar es proyectar arquitectónicamente una realidad. Sin embargo, aun con este poder, la arquitectura no impone órdenes. No dicta instrucciones ni exige obediencia, sino que opera a través de un control sutil: un modo de influencia que moldea el comportamiento al estructurar la percepción y guiar la atención.
Los árboles suelen ser lo primero en desaparecer cuando comienza la construcción. Despejar el terreno ha sido durante mucho tiempo uno de los actos más inmediatos de la arquitectura: eliminar lo existente para dar cabida a algo nuevo. Cuando se preserva la vegetación, por lo general se la trata como una capa secundaria, reincorporada como paisaje en lugar de estructurar el proyecto en sí mismo.
Sin embargo, algunos proyectos parten de un punto de partida distinto. En lugar de comenzar desde un terreno en blanco, trabajan con lo que ya está allí. Los árboles permanecen en su lugar, no como elementos para encuadrar, sino como condicionantes que influyen en la organización del espacio, el ingreso de la luz y la manera en que la arquitectura toma forma.
Lograr el confort térmico requería en el pasado una inteligencia arquitectónica mucho más deliberada y calibrada: una interacción entre orientación, volumetría, comportamiento material, potencial de ventilación, sombreado y la manera en que la luz natural y las superficies absorben y liberan calor. Esto no era una simple cuestión de gusto, sino de necesidad. Cuando se construyeron muchos de los edificios modernistas de posguerra de Hong Kong a finales de las décadas de 1960 y 1970 —los cuales constituyen una parte sustancial de la vivienda pública y del parque residencial general de la ciudad—, el aire acondicionado aún no era un servicio omnipresente ni predeterminado. El enfriamiento, allí donde existía, era limitado y se distribuía de manera desigual; el confort debía negociarse mediante recursos pasivos, a través de la sección, la profundidad de la fachada, las aberturas operables y el detalle climático. No fue sino hasta más tarde, particularmente durante las décadas de 1970 y 1980, a medida que el aire acondicionado se estandarizó en toda la región, cuando la refrigeración mecánica comenzó a desplazar esta matriz previa de toma de decisiones arquitectónicas.
¿Afectó negativamente el aire acondicionado al espacio arquitectónico, particularmente en Hong Kong y la región circundante? La afirmación más precisa es que la dependencia generalizada del aire acondicionado ha reconfigurado profundamente la estructura de incentivos del diseño de edificaciones.
En un panorama social y ambiental en constante cambio, ¿cómo puede el diseño arquitectónico responder a la transformación y, al mismo tiempo, dialogar de manera significativa con lo que perdura? 1110 Office for Architecture, con sede en Osaka (Japón), aborda esta pregunta a través de una obra definida por cuidadosas renovaciones residenciales y precisas intervenciones espaciales.
Reconocido como uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, el estudio representa una voz emergente en la redefinición del papel de la arquitectura frente a las condiciones de cambio.
En un momento en que se exige a la arquitectura responder de manera más directa a las presiones ambientales y sociales, el pabellón de España para la Capital Mundial del Diseño Frankfurt Rhein-Main 2026 se posiciona como algo más que una instalación temporal. Si bien la materialidad ocupa el centro de su diseño, el proyecto explora cómo una infraestructura cultural reversible puede activar el espacio público sin necesidad de una edificación permanente. Los debates en torno al uso de materiales, la economía circular y la reutilización en la arquitectura están estrechamente vinculados a los contextos culturales, las condiciones ambientales y las influencias históricas que revelan cómo el tiempo moldea el entorno construido. Más allá de su construcción, el pabellón de España expresa su identidad al reinterpretar el método arquitectónico de Antoni Gaudí, creador de la Sagrada Familia y el Park Güell. Asimismo, demuestra cómo los sectores creativo e industrial de España abordan los desafíos actuales mediante soluciones constructivas innovadoras.