Times Litfest Delhi 2017, celebrado en el India Habitat Centre, en Nueva Delhi, el 26 de noviembre de 2017 por DiplomatTesterMan. Imagen cortesía de Wikimedia (dominio público)
Toda democracia se enfrenta tarde o temprano a la misma pregunta: ¿dónde puede expresarse la ciudadanía?
Las plazas públicas, las marchas y las manifestaciones han funcionado como las expresiones más visibles e impactantes de la opinión colectiva. Persiste en la ciudadanía un deseo creciente de hacerse ver y escuchar en el espacio público. Las manifestaciones, por su propia naturaleza, constituyen momentos de urgencia que surgen cuando el diálogo ha llegado a un punto muerto. Si bien son fundamentales para la democracia, no pueden ser su único lenguaje.
A medida que el co-living se asocia cada vez más con estudiantes, profesionales jóvenes y otras personas residentes con un estilo de vida móvil, surge una pregunta arquitectónica más amplia: si el hogar ya no está vinculado a la residencia a largo plazo, ¿qué debería esperar la arquitectura que provea la vivienda privada?
La gente se muda por estudios, por un trabajo temporal o por una trayectoria profesional que la lleva constantemente a nuevos destinos. Hoy en día, muchas personas contemplan pasar un período definido en un lugar antes de marcharse. La vivienda construida para ellas debe ir más allá de ofrecer refugio: tiene que dar soporte a las rutinas mediante las cuales alguien se adapta a un entorno desconocido en el breve tiempo que sabe que pasará allí. Un año en una ciudad le exige a un departamento algo muy diferente a lo que le exigiría una vida entera, aunque en los planos los metros cuadrados parezcan los mismos.
"Mapear el nuevo mundo" es el lema del Proyecto PLATEAU, liderado por el Ministerio de Territorio, Infraestructura, Transporte y Turismo de Japón (MLIT), para desarrollar y ampliar el acceso a modelos 3D que representan la diversidad de las ciudades de todo el país. Japón cuenta con un total de 744 ciudades, entre ellas 14 con poblaciones que superan el millón de habitantes, 190 con entre 100,000 y un millón de habitantes, y 540 con poblaciones de entre 10,000 y 100,000 personas. Hasta la fecha, los modelos 3D de más de 250 ciudades se han puesto a disposición como datos abiertos a través del Centro de Información G-Espacial público del país, y también se puede acceder a ellos mediante un visor de navegador en línea. Según las autoridades públicas, el proyecto tiene como objetivo fortalecer la resiliencia urbana al proporcionar a la sociedad nuevas herramientas para abordar los desafíos locales. Esto implica no solo el modelado del espacio urbano, sino también la colaboración con gobiernos locales, empresas privadas y comunidades tecnológicas. El proyecto también incluye una reconstrucción digital del sitio de la Exposición Universal de Osaka, recientemente clausurada.
En muchas ciudades latinoamericanas, los barrios periféricos han tenido históricamente un menor acceso a los recursos que hacen que la vida urbana sea algo más que la mera habitabilidad. La vivienda, el transporte y los servicios públicos suelen ser los indicadores habituales de esa brecha. Sin embargo, existe otra disparidad más difícil de cuantificar: la ausencia de espacios donde las personas puedan reunirse, aprender, descansar y participar en la vida colectiva. Ante la inexistencia de dichos espacios, la ciudad no solo falla en la prestación de un servicio, sino que también omite el reconocimiento de una presencia.
En las últimas décadas, un número creciente de proyectos ha intentado abordar directamente esa carencia. En lugar de centrarse únicamente en la infraestructura física, estas iniciativas apuestan por espacios diseñados para fomentar la educación, la cultura, la recreación y la vida comunitaria, integrando a menudo varias de estas funciones en un solo edificio dentro de vecindarios donde, de otro modo, este tipo de espacios serían limitados.
Entendiendo al juego como transformador social y factor de influencia en la definición del espacio público, la vida urbana se ve atravesada por múltiples sujetos de diferentes edades, culturas, ideologías, aficiones, clases y grupos sociales. Pensar en cómo el juego habita las ciudades es pensar en todas las generaciones, y en la necesidad de construir espacios públicos con equipamientos urbanos pensados para durar y mantenerse a lo largo del tiempo.
El desempeño de las estructuras de juego invita a revisar las diferentes etapas de su ciclo de vida junto a su impacto en la configuración del entorno urbano. Analizar el ciclo de vida de los juegos urbanos implica conocer desde los materiales, durabilidad y mantenimiento, hasta el papel de las certificaciones y las tecnologías aplicadas en su proceso de producción y entornos más conscientes de su impacto en el ambiente.
A menudo, la arquitectura se evalúa a través de lo construido. Sin embargo, en muchos casos, lo que realmente importa ocurre después: cómo se usan, adaptan e incorporan los espacios a la vida cotidiana. Para Región Austral, oficina ganadora de los Next Practices Awards 2025 de ArchDaily, es precisamente ahí donde comienza el diseño. Con un trabajo desarrollado en diversos contextos, la práctica aborda el espacio público no como un objeto aislado, sino como un elemento que debe ser activado, negociado y sostenido a lo largo del tiempo. Sus proyectos se centran menos en definir la forma y más en generar las condiciones para su uso, entendiendo el diseño como un punto de partida.
Este enfoque se manifiesta en distintos contextos, desde la Plaza de la Villa Olímpica hasta la red de espacios públicos del Playón de Chacarita. Si bien cada proyecto responde a una situación particular, ambos exploran el modo en que el espacio público puede sostener la vida colectiva en sectores caracterizados por la fragmentación y la desigualdad. En lugar de aplicar un método predefinido, su trabajo se adapta a las diversas condiciones urbanas, valiéndose de la participación y de estrategias incrementales para moldear el funcionamiento de los espacios a lo largo del tiempo.
Durante siglos, la infraestructura a gran escala operó en un segundo plano. Los puertos, las centrales eléctricas y las instalaciones de energía se ubicaban en las periferias urbanas, diseñados principalmente en función de la eficiencia y rara vez considerados parte de la vida cívica. Aunque su función era indispensable, su presencia arquitectónica seguía siendo secundaria. Estas estructuras daban soporte al crecimiento urbano y al intercambio global, al tiempo que mantenían una distancia espacial respecto a la experiencia urbana cotidiana.
Hoy en día, esta condición se está transformando paulatinamente. A medida que el comercio global se intensifica y los sistemas energéticos ganan en complejidad, los edificios que coordinan y albergan estas redes cobran una mayor visibilidad dentro del paisaje urbano. En lugar de permanecer como contenedores neutros de operaciones técnicas, comienzan a reivindicar una identidad espacial. La infraestructura ya no es meramente operativa; adquiere, cada vez más, un carácter institucional, simbólico y urbano. Así, la arquitectura que sustenta estos sistemas ahora participa activamente en la forma en que las ciudades se proyectan a sí mismas.
A medida que la inteligencia artificial continúa disrumpiendo sectores de la economía y reconfigurando industrias enteras, tanto las instituciones como los individuos se preparan —y se adaptan rápidamente— a los cambios que las máquinas parecen imponer sobre nuestras cabezas. Sin embargo, la presión más precisa no proviene simplemente de la IA alterando la forma en que las personas trabajan y viven, sino de los modelos de negocios y las lógicas de inversión de las empresas que desarrollan estos sistemas: la concentración del capital, los nuevos requerimientos de procesamiento de datos, la carrera por el talento especializado y la huella de infraestructura necesaria para sostenerlo. En la Gran Bahía (GBA) —articulada por Cantón, Shenzhen y Hong Kong— esta dinámica es especialmente pronunciada. Las iniciativas gubernamentales están acelerando activamente el crecimiento del sector, mediante políticas y mecanismos de planificación que comienzan a traducir un campo ostensiblemente intangible en formas físicas: actualizaciones de zonificación, asignación de terrenos y el surgimiento de tipologías edilicias orientadas a la IA, desde laboratorios de investigación hasta centros de datos a gran escala.
Durante sus primeros días de vida, la abeja permanece dentro del nido, limpiando celdas y recibiendo alimento de otras obreras. Con el tiempo, comienza a organizar las reservas de polen, a regular la temperatura de la colmena y a custodiar la entrada. Solo en las últimas semanas de su vida abandona el refugio para volar. Es precisamente en el momento del vuelo cuando su trayectoria comienza a cruzarse con la arquitectura y la ciudad. En busca de néctar, se desplaza por un territorio configurado no solo por su memoria espacial y la disponibilidad de flores, sino también por la manera en que construimos el entorno habitado. Así, cada movimiento se convierte en una negociación con el espacio urbano: superficies impermeables que alteran los ciclos naturales, corrientes de aire que se intensifican entre los edificios, vacíos sin vegetación, fragmentos verdes dispersos entre lotes y azoteas técnicas.
Concéntrico es un laboratorio de innovación urbana que invita a reflexionar sobre la ciudad a través de la arquitectura y el diseño. Desde 2015, ha realizado más de 180 intervenciones en Logroño, España. La nueva temporada 2025/2026 del festival expande este espíritu experimental con tres convocatorias internacionales que ponen en acción las ideas del libro Concéntrico: Laboratorio de Innovación Urbana (Park Books, 2025). A través de estas convocatorias, la organización busca profundizar en tres líneas de investigación —lo efímero, lo ecológico y lo simbólico— para imaginar diferentes formas de habitar la ciudad. Los proyectos ganadores de las convocatorias de esta edición se desarrollarán, construirán como instalaciones urbanas y se presentarán en la exposición durante el festival, que se llevará a cabo en Logroño del 18 al 23 de junio de 2026.
Los espacios de ocio suelen ser el punto de encuentro donde se cruzan distintas generaciones. Sin programas formales ni roles asignados, permiten a las personas desplazarse, detenerse y permanecer juntas, habitando el espacio cada una a su manera. En un entorno construido cada vez más marcado por la especialización y la segregación, estos ámbitos espaciales compartidos son cada vez menos comunes, lo que otorga a la arquitectura orientada al ocio una relevancia renovada.
Los debates en torno al espacio público han señalado reiteradamente el valor de la apertura y la flexibilidad para sostener la vida colectiva. Al reflexionar sobre cómo las personas leen, habitan y adaptan el espacio, el arquitecto Herman Hertzberger habla de la arquitectura no como un conjunto de instrucciones, sino como un marco de posibilidades: una estructura que invita a la interpretación en lugar de prescribir el comportamiento. Según sus propias palabras, "lo que deberíamos producir en arquitectura es algo parecido a la competencia, a la posibilidad; algo que la gente pueda manejar libremente a su manera". En lugar de intentar forzar la interacción, la arquitectura configura las condiciones que hacen posible el encuentro.
Al reflexionar sobre la ciudad moderna, Walter Benjamin describió al flâneur, una figura que camina sin un destino definido, atenta a los detalles, a los encuentros fortuitos y a las narrativas que emergen del espacio urbano. Esta forma de estar en la ciudad, moldeada por la observación y la apertura a lo inesperado, ha estado durante mucho tiempo en tensión con los ideales racionalistas y funcionalistas que guiaron la planificación urbana a lo largo del siglo XX. Las calles diseñadas principalmente para la eficiencia y el flujo de tránsito rara vez dejan espacio para desvíos, pausas o la coexistencia de diferentes ritmos de vida.
Jane Jacobs también fue una de las voces que cuestionó esta lógica predominantemente racionalista, al argumentar que las calles verdaderamente vibrantes son aquellas capaces de sostener la diversidad de la vida cotidiana, sus intercambios informales y las formas de cuidado y vigilancia natural que surgen de ellas. Lo que estas visiones comparten es una premisa fundamental: las calles no son meras infraestructuras de circulación, sino ecosistemas sociales, moldeados por las relaciones, los usos y los encuentros que albergan.
Ubicado en el distrito de El Raval en Barcelona, el Edificio de Oficinas Futurista de SNOB Architects introduce un programa de oficinacontemporánea dentro de un entorno urbano consolidado y con capas históricas. Diseñado por la práctica con sede en Lisboa y programado para completarse alrededor de 2026, el proyecto comprende aproximadamente 12,000 metros cuadrados de área construida bruta. La altura, la masa y las proporciones del edificio están calibradas en respuesta al tejido circundante, reflejando la escala de las estructuras adyacentes mientras establecen un lenguaje arquitectónico contemporáneo. En lugar de presentarse como un objeto aislado, el proyecto se concibe como parte de la ciudad existente, contribuyendo a la transformación gradual de El Raval a través de un enfoque arquitectónico controlado y consciente del contexto.
Cuando pensamos en las ciudades y la vida urbana, solemos enfocarnos en la infraestructura, la cultura, el comercio, la vida nocturna y la densidad. En las metrópolis donde parece existir una oferta infinita de actividades —sobre todo para adultos—, el juego rara vez entra en la conversación. Sin embargo, jugar debería considerarse una parte vital de la vida urbana. El juego influye directamente en cómo imaginamos y construimos las ciudades del futuro, comenzando por la manera en que los niños interactúan con su entorno. La experiencia de jugar —y, más específicamente, el diseño y la existencia de áreas de juego— deja huellas profundas en la forma en que las personas crecen en contextos urbanos. Estos espacios constituyen el primer vínculo físico de un niño con el paisaje urbano. Por eso, el juego merece mucha más atención en las discusiones sobre bienestar urbano, habitabilidad y diseño del espacio público.
En 1982, en una conferencia sobre construcción de tierra en Tucson, Arizona, una presentación inusual desafió todo lo que los arquitectos/as pensaban saber sobre los recursos rurales. En lugar de centrarse en técnicas de construcción, el presentador, el arquitecto Pliny Fisk III, desplegó una serie de mapas dibujados a mano que revelaron algo extraordinario: Texas rural no era escaso en recursos, como sugiere la sabiduría convencional, sino rico en materiales más allá de la imaginación. Los mapas mostraban ceniza volcánica perfecta para concreto ligero, depósitos de caliche que se extendían a través de vastos territorios y bosques de mezquite que podrían suministrar tanto pisos de madera dura como aislamiento. La revelación redefinió las nociones predominantes de valor en la arquitectura.
Immersive Resilience Garden / Changyeob Lee + Studio ReBuild. Imagen Cortesía de Studio ReBuild
El cañón de hormigón de la calle Degraves en Melbourne fue una vez un austero corredor de servicio en la obscuridad funcional. Hoy, el estrecho pasaje palpita con vida más allá de su famoso café. Las gramíneas nativas caen en cascada de jardineras cuidadosamente ubicadas, mientras que pequeños arbustos crean microclimas frescos. Desafiando los modelos tradicionales de diseño ecológico, enfoques comunitarios sobre la biodiversidad invitan a repensar cómo arquitectos, planificadores y comunidades colaboran para desarrollar futuros urbanos biodiversos.