
Asmara, la capital de Eritrea, se sitúa a más de 2.300 metros sobre el nivel del mar, en una meseta al borde del escarpe del Gran Valle del Rift. A pesar de encontrarse en un país que no destaca por recibir un gran volumen de visitantes, la ciudad ha ganado notoriedad gracias a su singular arquitectura. En julio de 2017, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO bajo la denominación de "Asmara: una ciudad modernista de África", convirtiéndose en el primer sitio urbano modernista del mundo en ser catalogado en su totalidad, así como en el primer sitio de patrimonio mundial explícitamente modernista de África. Su valor patrimonial surge a raíz de una compleja convergencia entre dos vertientes de la historia de Eritrea: por un lado, un intenso período de construcción colonial derivado de las ambiciones imperiales de Italia en África; por el otro, un prolongado aislamiento relativo que protegió a la ciudad de proyectos de reurbanización.

























