
En el contexto de la Primera Guerra Mundial y para hacer frente a la enorme escasez de vivienda derivada del conflicto, la estructura modular Dom-Ino —una de las contribuciones más significativas del funcionalismo, diseñada por los diseñadores suizos Le Corbusier y Max Dubois— estableció premisas concretas para una nueva visión de un modelo estructural ligero que optimiza el proceso de construcción. Gracias al uso de un sistema de losas y columnas de concreto reforzado, la estructura Dom-Ino permitió la libre disposición de los elementos en la planta y liberó a la fachada de las limitaciones impuestas por los muros de carga.
Esta condición impulsó la creación de diseños arquitectónicos que integraron las ventanas no solo como elementos funcionales, sino también compositivos. Gracias a las innovaciones tecnológicas, se lograron ventanas con marcos más esbeltos y aberturas más amplias, como lo ejemplifican obras de la talla de la Villa Savoye y la Casa Farnsworth. Si bien estas propuestas redefinieron la estética de la arquitectura, las limitaciones tecnológicas de la época plantearon ciertos desafíos. Hoy en día, el desarrollo continuo de ventanas con mejores características técnicas ha dado lugar al concepto de ventana minimalista, del cual se desprenden tres principios fundamentales concebidos por Vitrocsa. Estos principios —transparencia, variaciones funcionales y mecanismos avanzados— incorporan innovaciones tecnológicas al mismo tiempo que desdibujan los límites espaciales. Cada uno de ellos desempeña un papel clave en el diseño de los espacios y, en conjunto, redefinen significativamente la estética de los edificios y los interiores.
















