La Trienal de Arquitectura de Oslo 2026 se llevará a cabo del 17 de septiembre al 1 de octubre en la Iglesia de Sofienberg en Oslo, reuniendo más de 30 proyectos internacionales de arquitectura en torno a la pregunta "¿Qué pasaría si la naturaleza fuera lo primero?" En su novena edición, la Trienal adoptará el formato de un festival de dos semanas, combinando una exposición con conferencias, seminarios, talleres, proyecciones de cine y caminatas guiadas. Bajo la curaduría de Line Ramstad, el programa examinará cómo el hecho de situar a la naturaleza como punto de partida en la toma de decisiones arquitectónicas podría influir en lo que se construye, se conserva, se transforma o se deja intacto.
Con sede en la Ciudad de México, Estudio Ome, fundado por Susana Rojas Saviñón y Hortense Blanchard, es una práctica de arquitectura y paisaje que trabaja en bosques, terrenos volcánicos, fragmentos urbanos y antiguos sitios industriales. Ganador de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, el estudio desarrolla proyectos a través de la observación constante de las condiciones ecológicas y territoriales, donde las decisiones de diseño surgen directamente del comportamiento del suelo, el agua, la vegetación y la tierra.
Cada proyecto comienza con encuentros repetidos. El primer acercamiento al terreno se realiza a través del caminar y la observación prolongada, permitiendo que los patrones de drenaje, la erosión y los cambios estacionales se vuelvan legibles antes de que ocurra cualquier medición formal. Estas visitas constituyen la base para interpretar tanto las capas visibles como las subterráneas: la hidrología y las transformaciones históricas que continúan ejerciendo fuerza sobre la superficie.
Barcelona es la primera ciudad en la historia del Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA en albergar el evento en dos ocasiones. La edición de 1996, Presente y futuros: arquitectura en las ciudades, llegó en un momento de gran efervescencia, cuando la urbe posolímpica consolidaba un modelo urbano que se convertiría en uno de los más estudiados y cuestionados del urbanismo contemporáneo, y cuando la arquitectura aprendía a pensarse a través de la gran metrópoli como su principal espacio de indagación. Treinta años después, la misma ciudad vuelve a plantear la pregunta bajo una condición muy distinta: una en la que el entorno construido ya no puede entenderse como un objeto autónomo, sino únicamente a través de los sistemas ecológicos, materiales y políticos más amplios que lo sostienen. El tema del Congreso de 2026 —Becoming. Arquitecturas para un planeta en transición— no abandona las preocupaciones urbanas de 1996, sino que las replantea desde una escala planetaria.
El equipo curatorial detrás de esta edición, integrado por Pau Bajet, Maria Giramé, Mariona Benedito, Tomeu Ramis, Pau Sarquella y Carmen Torres, aborda la arquitectura como una herramienta crítica y transformadora arraigada en el territorio, con una labor que abarca la práctica profesional, la investigación y la docencia. Su programa estructura el Congreso en torno a seis líneas temáticas interconectadas (Devenir más que humano, Devenir circular, Devenir encarnado, Devenir interdependiente, Devenir hiperconsciente y Devenir sintonizado) y lo distribuye en tres sedes de carácter muy diverso —Les Tres Xemeneies del Besòs, el Disseny Hub en Glòries y el CCIB—, cada una elegida tanto por su carga simbólica como por su capacidad de aforo.
Biosphere at Treehotel / BIG. Image Courtesy of BIG
La mayoría de la población mundial hoy vive en ciudades grandes, vibrantes, enérgicas y a veces un poco caóticas. Por eso, cuando pensamos en tomarnos un descanso de nuestras responsabilidades habituales y rutinas diarias, nos imaginamos tumbados en playas vírgenes, descansando en un bosque lejano o sumergidos en una jungla tropical.
Torre de observación Siete Colores. Imagen cortesía de Fundación Cosmos
¿Cómo puede el diseño arquitectónico convertirse en una herramienta activa para la conservación? Al considerar la naturaleza como una fuente inagotable de inspiración, una conexión armoniosa con ella enmarca las innumerables interrelaciones entre los seres humanos, los organismos vivos y los ciclos naturales. Diseñar con el paisaje significa aprender a coexistir con sus dinámicas temporales sin pretender controlar sus procesos. Las tradiciones, la ecología y el pasado y presente de un lugar contribuyen a crear espacios que interpretan a sus comunidades. La arquitectura del paisaje puede inspirarse en las aves, las plantas y otros elementos naturales para dar forma a la red compleja y dinámica de ecosistemas y actividades humanas que constituyen el medio ambiente.
Durante sus primeros días de vida, la abeja permanece dentro del nido, limpiando celdas y recibiendo alimento de otras obreras. Con el tiempo, comienza a organizar las reservas de polen, a regular la temperatura de la colmena y a custodiar la entrada. Solo en las últimas semanas de su vida abandona el refugio para volar. Es precisamente en el momento del vuelo cuando su trayectoria comienza a cruzarse con la arquitectura y la ciudad. En busca de néctar, se desplaza por un territorio configurado no solo por su memoria espacial y la disponibilidad de flores, sino también por la manera en que construimos el entorno habitado. Así, cada movimiento se convierte en una negociación con el espacio urbano: superficies impermeables que alteran los ciclos naturales, corrientes de aire que se intensifican entre los edificios, vacíos sin vegetación, fragmentos verdes dispersos entre lotes y azoteas técnicas.
Cada vez se le pide a la arquitectura que haga menos, no más. En entornos marcados por el movimiento constante, el ruido y las expectativas, los espacios que permiten a las personas quedarse, hacer una pausa y estar presentes se han vuelto tan escasos como necesarios. Muchos lugares públicos y semipúblicos están diseñados para mantener a las personas en movimiento, consumiendo o reaccionando, lo que deja poco margen para la permanencia, la observación o el simple hecho de estar sin un motivo aparente.
Frente a este escenario, un número creciente de obras está desviando la atención de la activación para centrarla en la presencia. En lugar de exigir que las personas interactúen o participen, estos espacios crean condiciones que favorecen la permanencia. El confort, la continuidad y la apertura permiten a las personas quedarse sin presiones ni obligaciones, convirtiendo la presencia en una cualidad espacial más que en una actividad.
Grupo Hache se presenta como una organización independiente de amigos y amigas, futuros y jóvenes Arquitectos y Arquitectas, involucrados y comprometidos con la actividad arquitectónica de nuestra ciudad, en esferas que interpelan a la docencia, lo proyectual, la investigación y la difusión, entre otras.
A medida que la incertidumbre climática y los cambios en los ecosistemas redefinen las prioridades del diseño, la arquitectura asume un papel cada vez más activo en estos debates, en lugar de limitarse a observar. Desde esta perspectiva, la idea de hacer un "re" fomenta un paso atrás consciente para repensar, reconectar y realinear la relación entre los edificios y su entorno. Este enfoque, fundamental para la arquitectura regenerativa, se extiende más allá de tecnologías o escalas específicas, abarcando desde planes maestros que buscan renaturalizar las ciudades hasta pabellones nacionales que combinan arte y ciencia.
¿Cuál es el camino a seguir? Por un lado, muchos debates actuales hacen hincapié en la tecnología; por otro, hay enfoques que, más que oponerse, se complementan entre sí y amplían el abanico de posibilidades, basándose en la tradición, los conocimientos ancestrales y un profundo conocimiento del entorno. Entre estas perspectivas, la obra de Rudolf Steiner y el movimiento antroposófico, desarrollado a principios del siglo XX, ofrece una visión e ideas que conectan la arquitectura con los ritmos ecológicos, los materiales y la vida comunitaria.
Buscando crear un diálogo fluido entre la arquitectura y su paisaje circundante, el estudio de la topografía encarna el reconocimiento y la investigación sobre la aplicación de materiales, estrategias autosuficientes, resoluciones de bajo mantenimiento y diseños paisajísticos que se integren al entorno natural y minimicen el impacto ambiental de los proyectos. Más allá de registrar las diferencias de niveles, orientaciones solares, vientos predominantes o pendientes de escurrimiento de los terrenos, varios profesionales de la arquitectura en Argentina demuestran un interés por desarrollar soluciones arquitectónicas capaces de adaptarse a las geografías naturales y restaurar el vínculo entre la naturaleza y el ser humano.
Entre costas, ríos, lagos y cordones montañosos, el entorno natural de España reconoce una gran variedad de climas, topografías y especies de vegetación. Buscando impulsar el reconocimiento global del impacto de la construcción sobre el medio ambiente y la importancia de atender al cambio climático desde nuevas maneras de crear arquitectura, varias prácticas arquitectónicas y equipos de investigación se plantean diseñar cabañas o prototipos de alojamiento en pequeñas dimensiones. Mientras son capaces de integrarse armoniosamente con su contexto natural circundante, demuestran al mismo tiempo estrategias de autosuficiencia, aprovechamiento de recursos y maximización de los espacios como así también amplias aplicaciones de tecnologías de innovación y resoluciones materiales acordes a cada región.
En las ciudades contemporáneas marcadas por alta densidad y verticalización, las terrazas — muchas veces pasadas por alto como simples cubiertas técnicas — han ganado protagonismo como espacios estratégicos de reconexión con la naturaleza, ampliación del uso residencial y respiro colectivo. En especial en las residencias unifamiliares insertadas en contextos urbanos densos, estos espacios se revelan como oportunidades valiosas de ampliar la superficie habitable sin ocupar más suelo. Al elevar la vida cotidiana por encima del nivel de la calle, las terrazas posibilitan nuevos modos de habitar el espacio urbano, promoviendo usos que van desde el ocio hasta la producción alimentaria, de la contemplación a la socialización. En contextos de escasez de áreas verdes y presión por infraestructura, también representan el potencial de crear lo que la arquitecta paisajista Catherine Mosbach llama "capas adicionales de urbanidad". Ya sea como jardines suspendidos, espacios de encuentro, huertos o áreas de bienestar, las terrazas desafían la idea de que la ciudad termina en el último piso — y nos invitan a pensar el techo como suelo.
Alrededor del mundo, diferentes culturas desarrollan maneras singulares de concebir y vivir la sanación. Lejos de ser solo un proceso físico, curarse involucra dimensiones emocionales, espirituales, sociales y también arquitectónicas. Los espacios de sanación — sean físicos, simbólicos o naturales — reflejan los valores, creencias y modos de vida de cada pueblo. Entender estos enfoques culturales no solo enriquece la comprensión sobre la salud, sino que también invita a repensar cómo diseñar ambientes que acogen el cuidado y el bienestar.
Detalle de la Red de Quioscos Garífuna. Imagen Cortesía de 24 Grados Arquitectura
¿Cómo puede la arquitectura restaurar la relevancia de los lugares olvidados? ¿Qué diálogos pueden surgir cuando los edificios y paisajes no son tratados como lienzos en blanco, sino como capas de memoria, identidad y potencial? Para la firma de arquitectura hondureña 24 Grados, estas preguntas dan forma a un enfoque basado en la adaptación, reutilización y diseño contextual. Sus proyectos van desde la restauración de antiguas plazas españolas y centros culturales hasta intervenciones en parques naturales y pueblos costeros en Honduras. Cada uno se fundamenta en la creencia de que el diseño puede retejer las relaciones entre las personas, el lugar y el patrimonio.
Integrar elementos naturales en el diseño arquitectónico ha sido durante mucho tiempo una búsqueda fundamental para crear entornos cómodos y sostenibles que mejoran tanto el bienestar individual como la relación entre los edificios y su contexto circundante. En áreas con paisajes vastos, incorporar elementos naturales es esencial para conectar la arquitectura con su sitio. Por el contrario, en entornos urbanos densos dominados por estructuras construidas, introducir áreas verdes se vuelve cada vez más vital, reintroduciendo la naturaleza en la llamada "jungla de concreto."
Sin embargo, más allá de las características paisajísticas convencionales—como fuentes de agua, muros verdes, jardines o patios—los arquitectos y arquitectas están redefiniendo lo que significa construir con la naturaleza. El enfoque se ha desplazado hacia una integración profunda de la arquitectura con su entorno natural, creando experiencias espaciales inmersivas que difuminan los límites entre lo construido y lo orgánico - de alguna manera, "domando" la naturaleza. Cuando se ejecutan con éxito, estos diseños van más allá de fomentar el bienestar o promover un estilo de vida saludable; evocan una profunda sensación de tranquilidad, poder y armonía, transformando la manera en que percibimos y habitamos el espacio.
Al proyectar espacios para mirar, la arquitectura entra en diálogo con el territorio en la búsqueda de entender el paisaje y el disfrute de la realidad ya sea natural o construida. Tras una invitación a contemplar el entorno que nos rodea, varios profesionales de la arquitectura en Latinoamérica se embarcan en el desafío de construir estructuras que interactúen con la naturaleza, reinterpreten ciertas tipologías edilicias o formen parte del aprendizaje y la enseñanza en arquitectura de las futuras generaciones. La amplia variedad de paisajes y culturas disponibles dentro del entorno latinoamericano da cuenta de las infinitas oportunidades donde la arquitectura se vislumbra con potencial para fomentar el diálogo entre el observador y el objeto observado, y aprovechar la conexión entre flora, fauna y demás especies locales que la región propone.
"Divers" por David Martin en el complejo de cascadas de Ereván. Imagen de Besides the Obvious via Shutterstock.
Escondida entre las majestuosas cumbres del Cáucaso y los encantadores paisajes de Oriente Próximo, Armenia es una nación pequeña pero profundamente orgullosa, moldeada por escarpadas montañas y antiguos volcanes. Siendo uno de los países más antiguos del mundo, sus raíces se remontan al siglo VI a. C., en la encrucijada de imperios: el persa, el romano, el bizantino y el otomano. Sin embargo, a lo largo de siglos de agitación, Armenia ha conservado su identidad distintiva, grabada en su lengua, arquitectura y ricas tradiciones culturales, lo que le ha valido el evocador título de «la tierra de las piedras».