Utilizar contenedores de carga como base estructural —práctica conocida también como "cargotectura"— parece un enfoque constructivo sencillo. Quizás de manera engañosa. Si bien es cierto que los contenedores representan un material de construcción rápido, rentable y que a menudo requiere poco esfuerzo, además de ser duraderos y personalizables, su conversión también plantea importantes desafíos. Sin una planificación minuciosa, el proceso de obra puede volverse tortuoso y los resultados, decepcionantes.
Para determinar si los contenedores son la opción adecuada para un proyecto de construcción, resulta fundamental ir más allá de su atractivo industrial y analizar las realidades y limitaciones de estas cajas de acero como material de construcción.
Centro de Salud y Bienestar Beijing Taikang Yanyuan. Imagen cortesía de Serge Ferrari
En el cuento de Los Tres Cerditos, la elección del material determina el destino de cada casa. El soplido del lobo derriba las estructuras de paja y madera, mientras que la casa de ladrillo permanece en pie. La moraleja es que cuanto más sólida es la construcción, mayor es su capacidad de resistencia. Sin embargo, un edificio debe responder a cuestiones mucho menos sencillas. Mantenerse en pie sigue siendo esencial, pero el calor, la luz, el aire y el sonido no son fuerzas que deban bloquearse de manera obligatoria. A veces es necesario bloquear la radiación solar directa; otras, se debe permitir el ingreso de la luz natural. Retener el calor puede ser deseable en invierno y contraproducente en verano. El aire debe circular, el sonido puede necesitar ser absorbido, y las condiciones que determinan estas respuestas cambian a lo largo del día, las estaciones y la vida útil de la propia edificación. Mayor cantidad de material no significa necesariamente un mejor rendimiento. En algunos casos, simplemente puede añadir complejidad sin mejorar la respuesta del edificio.
Lejos de limitarse a transportar mercancías de un punto A a un punto B, los contenedores marítimos se han convertido en un material de construcción de referencia en todo Estados Unidos, sirviendo como base para todo tipo de proyectos, desde minicasas y piscinas de contenedores hasta oficinas de obra y talleres. No obstante, debido a la extensión del país y a la diversidad climática de su territorio, el enfoque de la arquitectura con contenedores puede variar significativamente de un estado a otro, e incluso entre condados.
La reconversión de un contenedor en el árido suroeste se enfrenta a condiciones muy distintas de las de uno en Nueva Inglaterra, mientras que los proyectos a lo largo de la costa del golfo deben considerar la humedad, las tormentas y el salitre. Estas diferencias regionales pueden influir en todos los aspectos del diseño, desde el aislamiento y la ventilación hasta la cubierta, los cimientos y la protección exterior. A continuación, analizamos detalladamente estos enfoques regionales, los desafíos climáticos locales que se deben considerar antes de construir y las adaptaciones que permiten resolverlos.
Frente a la crisis climática y en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, la reutilización de materiales ha cobrado gran relevancia en los ámbitos de la construcción y la arquitectura en los últimos años. Desde la "minería urbana" hasta los análisis de ciclo de vida (ACV), profesionales, organizaciones y equipos de investigación exploran diversas soluciones y estrategias para abordar un mismo desafío global. En este contexto, Project (Un)Build es una iniciativa de investigación que desarrolla métodos reversibles de construcción en madera mediante el uso de correas y almohadillas de fricción para facilitar la reutilización de materiales, contribuyendo al debate y la reflexión en curso sobre el acto mismo de construir.
"Después de todo, el tiempo es un ingrediente clave de mi profesión", afirma Francis Kéré en su libro Francis Kéré: Building Stories. La arquitectura evoluciona y se transforma constantemente a lo largo del tiempo. Ladrillos, puertas, ventanas, muros, escaleras y otros elementos se convierten en los protagonistas de un proceso que comienza con un boceto y que, finalmente, toma forma como obra construida.
Partiendo de que la arquitectura comienza cuando sus habitantes empiezan a apropiarse de un espacio, Francis Kéré desarrolla sus proyectos de manera progresiva, y continúa trabajando en el diseño incluso durante la fase de construcción. A medida que su arquitectura crece con el tiempo, se integra con su entorno, se adapta a las necesidades de las personas usuarias y responde a los cambios de forma flexible y experimental, busca integrarse en la vida de quienes la habitan.
Para millones de niños, niñas y jóvenes desplazados, la educación se desarrolla en condiciones de movilidad forzada, incertidumbre administrativa y precariedad prolongada. Por lo tanto, las escuelas situadas en zonas fronterizas, asentamientos de personas refugiadas y lugares de desplazamiento inducido por el clima funcionan como algo más que simples instalaciones educativas. Se convierten en infraestructuras espaciales que concilian las demandas contradictorias de la emergencia y la continuidad, ofreciendo entornos donde el aprendizaje persiste a pesar de la inestabilidad de la situación jurídica, las condiciones de vida y el propio sentimiento de estar en casa.
Según el ACNUR, aproximadamente 45 millones de las 117,8 millones de personas desplazadas por la fuerza en el mundo eran menores de dieciocho años a finales de 2025. Dado que el desplazamiento se debe cada vez más a conflictos armados, persecución política, crisis ambientales e inestabilidad económica, la arquitectura humanitaria se enfrenta a un desafío creciente: no se trata simplemente de cómo construir más escuelas rápidamente, sino de cómo crear entornos educativos capaces de sostener la continuidad, la seguridad y el sentido de pertenencia en medio de futuros inciertos.
El bambú suele ser elogiado antes de ser comprendido. Crece rápidamente, posee una larga historia de culturas constructivas y parece ofrecer a la arquitectura un lenguaje ecológico inmediato. En las fotografías, puede parecer casi evidente por sí mismo: ligero, natural, renovable y ya alineado con un futuro más sostenible. Sin embargo, esta aparente claridad es también lo que dificulta hablar de él con precisión. Una vez que se convierte en un símbolo de responsabilidad ambiental, el material mismo puede llegar a desaparecer detrás de la imagen que proyecta.
Este es el riesgo del resurgimiento contemporáneo del bambú. Se le puede imaginar con demasiada facilidad como un sustituto verde de los materiales industriales, como una atmósfera regional o como una alternativa más blanda frente a los lenguajes más duros del acero y el concreto. En cada caso, el bambú se admira antes de comprender sus condiciones de base. La pregunta verdaderamente importante no es si el bambú es sostenible en un sentido general, sino qué tipo de cultura arquitectónica exige: qué formas de conocimiento, mantenimiento, regulación, mano de obra y tiempo son necesarias para que su sostenibilidad se vuelva real.
En una industria definida por las tolerancias de ingeniería y la certeza del rendimiento, el acabado de interiores todavía depende de un proceso que introduce variabilidad en cada proyecto. Incluso los/las aplicadores/as experimentados/as suelen depender de una mezcla basada en el criterio personal —estimando las proporciones de agua y ajustando al tanteo hasta que el material parece manejable. Si bien la destreza reduce la variabilidad, no la elimina. El resultado es una inconsistencia inherente que se transfiere directamente a la superficie terminada.
La industria de la construcción se enfrenta hoy a una paradoja inevitable: la urgente necesidad de soluciones sostenibles para el futuro de las ciudades choca con el desgaste del propio término "sostenibilidad", a menudo reducido a una etiqueta comercial vacía. Ante este panorama, Arquivo –uno de los ganadores del premio Next Practices Award 2025 de ArchDaily– emerge como un facilitador y mediador entre los diferentes actores de la construcción a través del desensamblaje –o mejor dicho, la deconstrucción– y la reutilización de elementos constructivos. Etimológicamente, si "construcción" deriva del latín construere (acumular, ensamblar), el prefijo "de-" impone una inversión conceptual: no se trata de destruir, sino de desmontar con inteligencia para comprender la lógica de las partes.
Studio NEiDA opera en la intersección de la práctica arquitectónica, la investigación y el trabajo curatorial, con un enfoque constante en cómo los edificios surgen de las condiciones materiales y culturales de un lugar. En lugar de tratar la materialidad como un lenguaje de acabado, el estudio la define como el inicio de una narrativa arquitectónica: a partir de lo disponible a nivel local, analizan qué saber artesanal existe en el territorio y cómo esos recursos y habilidades sitúan al proyecto dentro de un linaje arquitectónico. Este enfoque pone en primer plano las limitaciones y posibilidades como fuerzas productivas, posicionando el diseño como un proceso iterativo que alinea la intención espacial con las realidades de la cultura constructiva y la inteligencia vernácula.
A lo largo de su obra, los intereses de NEiDA van más allá de la forma para adentrarse en los contextos sociopolíticos y climáticos que definen cómo se construye y se habita la arquitectura. El estudio enfatiza el aprendizaje a partir de prácticas constructivas sin autoría, vernáculas e informales como un modo de establecer una gramática común para la intervención; asimismo, describen la continuidad entre el interior y el exterior no como una preferencia estilística, sino como una respuesta a la vida local y a las lógicas de ventilación, donde los espacios al aire libre pueden estar tan definidos espacialmente y ser tan centrales programáticamente como los interiores. La colaboración, bajo este esquema, no es un elemento secundario: el estudio destaca el intercambio en obra con los/las artesanos/as y constructores/as como una metodología fundamental, donde los proyectos evolucionan a través de la inteligencia colectiva y una comunicación adaptativa.
Casa Carbonero (1998). Melipilla, Chile. Imagen cortesía de Smiljan Radić
El arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke ha desarrollado una obra que se resiste a las categorizaciones sencillas. Sus edificios a menudo parecen tanto antiguos como provisionales, portando una presencia monumental al tiempo que conservan una inesperada sensación de fragilidad. Piedra, hormigón, madera, tela y fibra de vidrio se combinan de formas imprevistas, produciendo arquitecturas que oscilan entre la permanencia y lo efímero. En lugar de buscar un lenguaje formal estable, el laureado con el Premio Pritzker 2026 aborda la arquitectura como un campo abierto de experimentación, donde el comportamiento material y la percepción estructural se ponen a prueba constantemente.
En toda Sudamérica, la arquitectura perdura a través de los materiales que emplea, aquellos que persisten a lo largo del tiempo. El bambú, el ladrillo, la madera y el hormigón aparecen en distintas regiones, conectando el clima, la mano de obra y la cultura de formas que aseguran su permanencia de generación en generación. Su continuidad no depende únicamente de la preservación o del patrimonio, sino del uso.
Bajo esta perspectiva, la memoria cultural no reside principalmente en monumentos o imágenes, sino en la práctica misma. Sobrevive en los gestos repetidos: colocar ladrillos, amarrar uniones de guadua, ensamblar entramados de madera o vaciar losas que anticipan un nuevo piso. Estas acciones se transmiten menos a través de manuales que mediante la participación directa. Con el tiempo, estructuran sistemas de conocimiento arraigados en el hábito y la necesidad. Los materiales perduran no porque simbolicen el pasado, sino porque siguen funcionando.
Cortesía de SolarLab, Foto de doublespacephoto.com. Imagen RRC Polytech Manitou a bi Bii daziigae / Diamond Schmitt Architects & Number TEN Architectural Group
A medida que la responsabilidad ambiental se consolida en la cultura del diseño, la envolvente del edificio deja de ser una mera piel protectora para convertirse en una superficie activa generadora de energía. Tratar la tecnología solar como un material y no como un aditamento transforma la manera en que se concibe y se detalla la arquitectura. El color, la textura, el ritmo y el montaje se vuelven inseparables del rendimiento. Los sistemas fotovoltaicos integrados en edificios (BIPV) operan dentro de esta definición ampliada de la materialidad. Al integrar la tecnología solar en fachadas y fachadas ventiladas desde las primeras fases del proyecto, los/las arquitectos/as pueden eliminar redundancias, alinear las metas energéticas con la intención de diseño y replantear la composición de las envolventes. No obstante, traducir esta ambición en sistemas constructivos viables requiere precisión técnica e inteligencia constructiva.
Toda normativa nace con una intención clara: establecer un punto de partida. Es una forma de fijar un mínimo, de ordenar aquello que antes quizá se asumió de forma implícita o carecía de un marco común. Pero, como todo lo que involucra a la arquitectura —y especialmente nuestra forma de habitar—, estos marcos también evolucionan: se amplían, se ajustan y se vuelven más detallados en torno a nuevos modelos de vivienda sostenible. Este es el caso de la nueva normativa térmica en Chile, que no surge de cero, sino que forma parte de un proceso continuo que ha ido incorporando progresivamente nuevos criterios de eficiencia energética, contenidos en la Ordenanza General de Urbanismo y Construcción (OGUC).
https://www.archdaily.cl/es/1032356/aislamiento-y-eficiencia-energetica-en-viviendas-que-cambia-con-la-nueva-normativa-termica-en-chileEnrique Tovar
Frente a los desafíos ambientales, políticos, económicos y sociales actuales, la experimentación con materiales en la arquitectura invita a reconocer la importancia de investigar y analizar las propiedades de los elementos constructivos y comprender el rol del diseño espacial y su entorno inmediato. Si bien existen diversos textiles, plásticos y hasta residuos de varias fuentes que se reciclan y adquieren una nueva vida útil, el debate sobre el uso de la sal como material de construcción da lugar a fomentar prácticas más sostenibles para reducir el impacto de la industria sobre el medioambiente como así también indagar sobre la nueva vida de aquellos minerales desperdiciados y residuos mineros para implementar en la arquitectura.
En India, el ladrillo como material de construcción guarda memoria, significado y modernidad. Desde los ladrillos cocidos alineados de la Civilización del Valle del Indo hasta los intrincados jaalis de ladrillo que decoran hogares, edificios públicos y monumentos, el legado de este material está profundamente arraigado en la identidad arquitectónica del subcontinente. Sin embargo, nadie ha dado forma a la narrativa del ladrillo en la arquitectura moderna india con mayor elocuencia que Laurie Baker.
Al diseñar un espacio—ya sea a la escala de interiores, arquitectura o infraestructura—la materialidad es una preocupación central. Más allá de la estética, los materiales determinan cómo funciona un proyecto, envejece y perdura. Algunos arquitectos—como Wang Shu y Kengo Kuma—han construido sus prácticas sobre una profunda sensibilidad hacia el potencial y los límites de los materiales. Pero incluso en el sentido más pragmático, surge la pregunta: ¿Qué perdura y qué no? ¿Cómo cambian los materiales con el tiempo? Naturalmente, los materiales dan forma a la atmósfera y la apariencia—cualidades que a menudo importan más a los clientes. Sin embargo, cada vez más, el discurso en torno a la materialidad ha cambiado de la sustancia estructural al tratamiento de la superficie. ¿Cuándo comenzamos a centrarnos más en "decorar" nuestros espacios superponiendo un material sobre otro, en lugar de confiar en la belleza inherente y el rendimiento del tejido del edificio en sí?