A lo largo de la historia de la arquitectura, el círculo ha estado asociado a múltiples significados: desde la geometría cósmica de los templos antiguos y el óculo de las construcciones clásicas hasta los rosetones de las catedrales góticas y los ojos de buey de los barcos. No obstante, en el siglo XX, el círculo adquirió un nuevo sentido cultural. A medida que la aviación, la exploración espacial y la innovación tecnológica transformaban la forma en que la sociedad imaginaba el futuro, las formas circulares comenzaron a evocar máquinas, naves espaciales, cápsulas e incluso nuevas formas de habitar.
Durante décadas, el patrimonio ha sido más fácil de reconocer desde la calle. Protegemos fachadas, siluetas urbanas y monumentos porque son visibles, estables y legibles como bienes culturales. Sin embargo, la mayor parte de lo que recordamos sobre el habitar tiene que ver con cómo compartimos la comida, nos retiramos, discutimos, cuidamos y descansamos; actividades que ocurren lejos de la vista de todos. Ocurren dentro de las habitaciones. A medida que las plantas libres ceden silenciosamente su lugar a umbrales, pasillos y cerramientos, surge una pregunta más profunda: ¿y si la memoria cultural sobrevive no en lo que la arquitectura muestra, sino en cómo se vive?
La arquitectura es, por naturaleza, una práctica basada en el lugar. La cantidad de conocimiento local necesario para diseñar un edificio ha significado que los arquitectos/as, incluso muchos de aquellos con obras ampliamente distribuidas, han tenido concentraciones de proyectos construidos en ciudades individuales. Giovanni "Gio" Ponti, nacido y criado en la ciudad italiana de Milán, es uno de esos arquitectos. Sus proyectos fuera de Milán incluyen el Museo de Arte de Denver en EE.UU. y la Villa Planchart en Caracas, Venezuela, así como edificios universitarios en Padua y Roma, y la Catedral de Taranto. Sin embargo, sus obras en su ciudad natal, como la Torre Pirelli, rastrean mejor el desarrollo de su arquitectura y su contribución al diseño de productos y la publicación.
A través de sus proyectos no construidos, obras e investigaciones, el pensamiento de Amancio Williams se da a conocer como producto de un profundo conocimiento de las tendencias más avanzadas de su época desde el cual busca reflexionar sobre el proyecto arquitectónico, el urbanismo, el planeamiento y el diseño. Abordando diversas temáticas, conceptos y hasta materiales, se propone construir un universo propio sobre un presente que al mismo tiempo resulta futuro, internacional y argentino. Su propuesta de “La ciudad que necesita la humanidad” reúne edificios lineales y estratificados a 30 metros del suelo contemplando desde oficinas hasta rutas y trenes magnéticos en distintos niveles de un mismo edificio. El archivo Amancio Williams del Centro Canadiense de Arquitectura de Montreal documenta la trayectoria de Williams como arquitecto y diseñador desde la década de 1940 hasta finales de la década de 1980. El fondo registra su trabajo en más de 80 proyectos de arquitectura, urbanismo y diseño, así como la administración de su estudio de arquitectura y sus actividades profesionales. El archivo, que incluye dibujos y bocetos, maquetas de presentación, material fotográfico (como fotografías de maquetas, proyectos terminados, imágenes de referencia, reproducciones fotográficas de planos y fotografías de obra), está disponible para consulta ofreciendo más detalles.
Guerras, descolonización, crisis económicas, movimientos civiles y revoluciones industriales y tecnológicas: el siglo XX fue un periodo de transformaciones radicales y de gran alcance. Estos cambios reconfiguraron las sociedades y redefinieron el modo en que las personas expresaban sus aspiraciones, con la arquitectura a la cabeza. Las máquinas y la industrialización prometieron progreso tecnológico y modernización, abogando por una ruptura tajante con los estilos ornamentados e históricamente arraigados del pasado y adoptando una visión centrada en la funcionalidad, la eficiencia y la innovación. Este cambio, encarnado en el movimiento moderno, introdujo nuevos conceptos, métodos y usos de materiales, todos moldeados a través de la experimentación.
https://www.archdaily.cl/es/1026329/experimentacion-formal-y-material-lecciones-clave-de-los-pioneros-del-movimiento-moderno-en-arquitecturaEnrique Tovar
Cuando India obtuvo su independencia en 1947, la nación enfrentó una decisión que determinaría el curso de su futuro arquitectónico: ladrillo o concreto. Una elección aparentemente mundana de material estaba arraigada en una división filosófica más profunda entre dos posibles resultados para el entorno construido de la India postcolonial. Figuras pioneras en la lucha de India por la independencia sostenían puntos de vista opuestos: Mahatma Gandhi abogaba por la artesanía tradicional, mientras que Jawaharlal Nehru abrazaba el Movimiento Moderno. La arquitectura que uno ve en el subcontinente hoy en día es un mosaico de ambas, planteando la pregunta: ¿fue el movimiento moderno en India una imposición extranjera o una importación celebrada?
La arquitectura del paisajemodernista marcó un cambio radical de los diseños de jardines tradicionales, enfatizando la simplicidad, la funcionalidad y una conexión más fuerte entre las personas y sus entornos. Desde 1930 hasta 1960, este movimiento vio la aparición de arquitectos paisajistas visionarios que integraron forma y función de maneras que redefinieron los espacios al aire libre. Sus diseños respondieron a los paisajes urbanos en rápida evolución de la época, priorizando la usabilidad y creando entornos que pudieran alojar la vida moderna. La influencia duradera de estos principios continúa dando forma a las prácticas contemporáneas, al mismo tiempo que también presenta desafíos únicos en la preservación a medida que estos paisajes envejecen.
Los diseños de la Bauhaus han influido en nuestra sociedad contemporánea de manera obvia y sutil. Ejemplos icónicos incluyen la silla Wassily de Marcel Breuer, la silla B55, la tipografía Bauhaus y los principios del diseño gráfico que enfatizan las líneas limpias, los colores primarios y las formas geométricas. Sin embargo, los detalles arquitectónicos constructivos del movimiento Bauhaus se discuten mucho menos. Si bien la mayoría puede identificar fácilmente los edificios modernos o Bauhaus por sus formas geométricas, funcionalidad y materiales industriales, sus detalles arquitectónicos por lo general se pasan por alto. No sólo hacen eco del lenguaje de diseño de los reconocidos muebles de Breuer, sino que también han influenciado en los célebres detalles arquitectónicos de vidrio de Mies van der Rohe. Ahora bien, ¿cómo se ejecutaron los detalles de la Bauhaus y cómo podrían traducirse en detalles contemporáneos en la actualidad?
Nacido en el período de posguerra en el Reino Unido, el Movimiento Brutalista fue recibido inicialmente con escepticismo pero ha encontrado una nueva apreciación en la última década, capturando la imaginación de nuevos diseñadores fascinados por la interacción entre las formas geométricas impactantes y los materiales crudos expuestos en los que se representan. Desde Gran Bretaña, el movimiento se extendió por toda Europa, el sudeste asiático y África, reuniendo diferentes variaciones influenciadas por el estado cultural y socioeconómico de cada área. En este artículo, profundizamos en las particularidades que definen la contribución de Italia al movimiento brutalista, explorando el estilo a través de la mirada de Roberto Conte y Stefano Perego. Los dos fotógrafos también han publicado un ensayo fotográfico sobre el tema, en forma de un libro titulado “Brutalist Italy: Concrete Architecture from the Alps to the Mediterranean Sea”.
Situada a 270 km al norte de Dakar, la capital de Senegal, y cerca de la frontera con Mauritania, se encuentra la Isla de Saint-Louis. Es una destacada ciudad colonial en África Occidental, conocida por su fusión de arquitectura mediterránea con un clima tropical. Saint-Louis fue fundada por la colonia francesa en 1659 como su primer puesto comercial en la costa atlántica de África. Más tarde se convirtió en la capital de África Occidental Francesa (AOF) y Senegal. Sin embargo, perdió este estatus en 1902, lo que llevó a su declive económico.
Esta compleja historia ha convertido a Saint-Louis en un punto de encuentro para diferentes capas de arquitectura y urbanismo. La isla muestra una forma urbana de cuadrícula con villas de dos pisos, que es típica del urbanismo colonial francés del siglo XIX. Además, cuenta con patios tropicales, balcones sombreados, casas de estilo art déco de los años 20 y edificios cívicos modernos de principios de los años 30. Sin embargo, debido a su aislamiento económico e infraestructural, esta arquitectura y patrimonio urbano se han degradado continuamente. Por lo tanto, busca nuevas intervenciones para la conservación, restauración y readaptación de la ciudad.
Cuando Kisho Kurokawa diseñó su Torre de Cápsulas Nakagin en 1972, la estructura pretendía representar los principios fundamentales del Metabolismo, experimentando con las ideas de crecimiento de los procesos biológicos. El estilo emergente en el Japón de posguerra buscaba crear edificios y megaestructuras que imitaran organismos vivos capaces de evolucionar, expandirse, contraerse y adaptarse a sus condiciones cambiantes. Siguiendo este concepto, la torre Nakagin estaba compuesta por 140 unidades de cápsulas idénticas similares a células, cada una sujetada individualmente a los dos ejes centrales. Las cápsulas estaban destinadas a ser reemplazadas y actualizadas cada 25 años, lo que permitía flexibilidad y mutación. Sin embargo, la innovación resultó ser impráctica. Casi 50 años después de su construcción, la torre fue demolida, pero no en su totalidad. Se salvaron y retiraron un total de 23 cápsulas del edificio para darles una nueva vida. Ahora, las cápsulas están dispersas por todo el mundo, continuando los ideales del Metabolismo de formas inesperadas.
Las culturas de las sociedades africanas están intrínsecamente vinculadas al color. Desde telas hasta ropa, productos, esculturas y arquitectura, diversas sociedades exploran colores ricos y vibrantes que son vivos, expresivos y alegres. A través de diferentes tonalidades, matices, contrastes, motivos y ornamentaciones, los colores son entendidos como un lenguaje no hablado, una paleta para contar historias y un sentido de identidad cultural. Aunque el uso del color en las sociedades africanas puede parecer decorativo en la superficie, es extremadamente simbólico, con un profundo sentido histórico detrás de él. La arquitectura tradicional africana es un ejemplo destacado. Las sociedades étnicas han dotado a sus hogares de color a través de ornamentos y motivos, lo han expresado con patrones religiosos y culturales, lo han empleado en las fachadas para contar historias familiares y han creado laberintos de arquitectura comunal que no solo celebran el color, sino que exploran su significado étnico.
Capilla de Notre Dame du Haut en Ronchamp. Imagen vía Maxpixel
Hace cien años, en 1923, se publicó en la revista "L'Esprit Nouveau" "Vers une Architecture" de Le Corbusier. La polémica colección de ensayos escritos por el maestro modernista sirvió como manifiesto para el desarrollo de la arquitectura moderna, influenciando a generaciones de arquitectos y provocando polémicas sobre los principios propuestos de diseño arquitectónico. El libro aboga por la belleza de los diseños industriales simplificados, como los de aviones, automóviles o barcos; propone una forma completamente diferente de construir ciudades, favoreciendo torres altas y delgadas rodeadas de abundante vegetación, e introduce los 5 principios de diseño moderno de Le Corbusier.
Ahora, un siglo después, estas teorías se han convertido en parte de la educación de cada arquitecto, pero también son altamente controvertidas. Algunos críticos argumentan que el enfoque rígido, especialmente en relación con los principios de planificación urbana, no logra involucrar los matices culturales y contextuales de diferentes comunidades, lo que lleva a entornos urbanos alienantes. Aún así, el legado de Le Corbusier es significativo, sirviendo como un punto de referencia constante para los arquitectos al explorar el equilibrio entre funcionalidad, estética, simbolismo e impacto social de sus diseños.
La simple actividad de dar un paseo por la noche puede fácilmente pasar a convertirse de una actividad tranquila y relajante en una tarea peligrosa si se elimina un solo elemento del paisaje urbano: el alumbrado público. Si bien no suele reconocerse como un aspecto definitorio de los entornos urbanos, la iluminación artificial ha desempeñado un papel esencial en la definición del carácter de las ciudades modernas. El control del delito, el atractivo de la vida nocturna, el auge de la vitrina, los movimientos revolucionarios, las utopías y los ideales de equidad social son conceptos cuyo desarrollo está estrechamente ligado a la historia del alumbrado público. Los avances tecnológicos de los últimos siglos han moldeado continuamente la apariencia y el simbolismo de las luminarias de las calles pero aún así, estos elementos han permanecido como una constante a lo largo de su historia.
La luz natural es uno de los elementos más críticos en la arquitectura. Si bien no está construido y es difícil de controlar, juega un papel crucial en la definición de cómo se percibe el espacio en términos de escala, texturas, materialidad y atmósfera general. La luz natural también afecta las emociones que las personas sienten en un espacio, ya sea la falta de ella, lo que nos hace sentir miedo y ansiedad, o la luz abundante, que nos hace sentir seguros y etéreos. Así como la luz impacta en la arquitectura, la arquitectura también impacta en la luz. Al enmarcar vistas, crear masas en 3D que proyectan sombras sorprendentes y esculpir vacíos que crean proyecciones de luz únicas, muchos arquitectos han dominado las técnicas de diseño para integrar a la perfección la luz y la construcción, y quizás uno de los mejores en esto fue el arquitecto veneciano Carlo Scarpa.
En 1950, se le pidió al famoso Le Corbusier que diseñara la nueva capital del estado de Chandigarh para Punjab luego de su separación y reciente independencia. La oportunidad de crear una nueva utopía no tenía paralelo, y ahora se considera uno de los mayores experimentos urbanos en la historia de la planificación y la arquitectura. La ciudad empleó patrones de calles en cuadrícula, vías de estilo europeo y edificios de hormigón en bruto: el cenit de los ideales de Corbusier a lo largo de su carrera. Pero lo que se conoce menos sobre la ideación y realización de Chandigarh, fue la mujer que aportó al proyecto su experiencia en el diseño de viviendas sociales en toda África. Durante tres años, Jane Drew trabajó junto a Corbusier y lo ayudó a diseñar algunos de los edificios más conocidos de Chandigarh.