
En climas templados y fríos, la arquitectura suele comenzar con un gesto defensivo. La envolvente del edificio es un límite sellado diseñado para resistir el entorno exterior mediante aislamiento, barreras de vapor y control mecánico. En países fríos como Canadá, donde las temperaturas invernales pueden caer muy por debajo del punto de congelación, la hermeticidad no es un lujo. En este contexto, las edificaciones deben resistir por completo el entorno exterior para mantener el confort en su interior. Sin embargo, en Centroamérica, una región que se extiende desde Belice hasta Panamá, la lógica arquitectónica cambia de la exclusión a la negociación. En esta región, la envolvente no funciona como una muralla defensiva, sino como un filtro especializado.
























































































