
Los jardines botánicos propician un diálogo estrecho entre el paisaje, el diseño, la comunidad y la investigación científica. Con origen en los huertos medicinales y las colecciones privadas dedicadas a la clasificación de plantas, estos espacios evolucionaron hasta convertirse en instituciones donde se podían cultivar y presentar al público especímenes recolectados en diversas regiones y climas. Su evolución en la sociedad dio lugar a un repertorio arquitectónico singular que abarca desde invernaderos y conservatorios hasta herbarios y laboratorios, llegando eventualmente a centros de visitantes y espacios de hospitalidad. La arquitectura sigue siendo fundamental para el jardín botánico, actuando como un instrumento de cultivo y un marco para organizar y estudiar el campo de la botánica.




























