
La arquitectura nunca se ha limitado al acto de construir. Constantemente negocia entre la práctica material y la reflexión intelectual; sin embargo, a lo largo de los siglos XX y XXI, muchos/as arquitectos/as sintieron que el proyecto construido por sí solo resultaba insuficiente para abordar el espectro completo de cuestionamientos que enfrentaba la disciplina. Las presiones económicas, los contextos políticos y las exigencias programáticas solían acotar el alcance de la práctica profesional.
Las exposiciones y las plataformas curatoriales, por el contrario, crearon espacios de experimentación y crítica, abriendo escenarios donde la arquitectura podía interrogarse a sí misma, donde su pasado podía ser reinterpretado, su presente cuestionado y su futuro proyectado. En medio de esta tensión emergió la figura del/de la arquitecto/a-curador/a, que asumió la curaduría misma como una forma de diseño: no de muros ni fachadas, sino de discursos, narrativas y marcos de significado.






































































































