Al surgir en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales, en el que diversos países buscaban reformular sus capitales como símbolos de progreso, ambas ciudades asumieron un papel estratégico. A través del lenguaje arquitectônico adoptado, reafirmaban narrativas ideológicas e identitarias vinculadas al poder del Estado.
Se trataba de ciudades creadas en abstracto, siguiendo una visión utópica. Serían urbes vanguardistas, libres de las deficiencias que asolaban a las ciudades de mediados del siglo XX, que ejemplificarían principios estéticos que reflejarían ideologías políticas progresistas y que abrazarían nuevas tecnologías – principalmente el automóvil.
Sin embargo, esta promesa de futuro terminó generando grandes desafíos. Dificultades que, por supuesto, reflejan los percances sociales y económicos de sus países, pero que también puede decirse que están sazonadas por una idea modernista que hoy se pone en discusión.
Cuando el edificio original del New Museum, diseñado por SANAA —un apilamiento de cajas opacas desplazadas y envueltas en una piel de malla metálica—, abrió sus puertas en 2007, ya parecía destinado a alguna forma de expansión para aliviar la presión vertical generada por su circulación restringida y su limitada huella. En marzo, el museo presentó su tan esperada ampliación, diseñada por Shohei Shigematsu y Rem Koolhaas, de OMA. El edificio complementario, de líneas angulosas y con un ligero retranqueo, duplica la capacidad de exposición del museo y, al mismo tiempo, reconfigura la relación de la institución con la ciudad y con la estructura original de SANAA, proyectada por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa.
Durante la apertura para la prensa, Koolhaas describió el proyecto "no simplemente como una extensión, sino como un complemento o contraparte". Más tarde, Shigematsu profundizó en la idea: "Pensamos en diseñar un par compuesto por dos edificios distintos y, sin embargo, estrechamente conectados. Uno es más vertical e introvertido; el otro, más horizontal y extrovertido".
En una industria definida por las tolerancias de ingeniería y la certeza del rendimiento, el acabado de interiores todavía depende de un proceso que introduce variabilidad en cada proyecto. Incluso los/las aplicadores/as experimentados/as suelen depender de una mezcla basada en el criterio personal —estimando las proporciones de agua y ajustando al tanteo hasta que el material parece manejable. Si bien la destreza reduce la variabilidad, no la elimina. El resultado es una inconsistencia inherente que se transfiere directamente a la superficie terminada.
Revestimiento BIPV con respaldo de nido de abeja de aluminio de borde cerrado desarrollado para el Complejo de Ciencias de la Salud Myron y Berna Garron (SAMIH), en la Universidad de Toronto Scarborough, lo que demuestra cómo su ligereza permite una instalación rápida y sin complicaciones. Imagen cortesía de Mitrex
El Complejo de Ciencias de la Salud Myron y Berna Garron (SAMIH, por sus siglas en inglés), en la Universidad de Toronto Scarborough, se diseñó bajo un mandato claro y no negociable: al menos el 20% del consumo energético del edificio debía generarse a partir de fuentes renovables instaladas en el mismo sitio. Con el fin de cumplir con este ambicioso requisito, el equipo del proyecto exploró cómo la tecnología solar podía ir más allá de la cubierta e integrarse en la propia arquitectura, posicionando el proyecto dentro de una tendencia más amplia hacia la arquitectura sostenible basada en el rendimiento. Las instalaciones de 63,000 pies cuadrados albergan programas de enseñanza, investigación y formación clínica dedicados a la educación de los/las futuros/as profesionales de la salud. Diseñado por Diamond Schmitt Architects y MVRDV, el proyecto siguió inicialmente un camino convencional, combinando una fachada sobria con paneles fotovoltaicos en la cubierta.
En los últimos años, la construcción con tierra ha vuelto a captar la atención de la arquitectura. Materiales como el adobe, la tierra apisonada y los bloques de tierra comprimida, que alguna vez se asociaron principalmente con las tradiciones vernáculas, son cada vez más explorados por los/las arquitectos/as contemporáneos/as. Lejos de representar un simple retorno al pasado, este renovado interés refleja una reconsideración más profunda sobre cómo la arquitectura se vincula con los materiales, los recursos locales y las condiciones ambientales. Durante siglos, la edificación con tierra formó parte de la construcción cotidiana en muchas regiones del mundo. Técnicas como el adobe, la tierra apisonada, el *cob* y otros sistemas a base de tierra se desarrollaron gradualmente mediante la adaptación al clima, los recursos disponibles y las prácticas constructivas locales. Estos métodos respondían de manera directa a las condiciones ambientales, al tiempo que moldeaban las formas culturales de construir. Este conocimiento se transmitía a través de prácticas colectivas en lugar de una educación arquitectónica formal, lo que permitió que las técnicas evolucionaran mediante una experimentación continua. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, la expansión de los materiales industriales de construcción transformó la producción arquitectónica. El concreto, el acero y los sistemas estandarizados se volvieron dominantes en el desarrollo urbano y los proyectos de infraestructura. Como consecuencia, muchas técnicas con tierra perdieron presencia en la producción arquitectónica formal y se asociaron cada vez más con la autoconstrucción rural o informal. A pesar de su larga trayectoria de excelente desempeño ambiental, los materiales a base de tierra solían percibirse como incompatibles con las normas de construcción modernas y los marcos regulatorios. Hoy en día, esta percepción está empezando a cambiar. La creciente conciencia sobre el impacto ambiental de la industria de la construcción, en particular las emisiones de carbono asociadas a la producción de cemento, ha impulsado a profesionales de la arquitectura y la investigación a reconsiderar estrategias materiales alternativas. En este contexto, la tierra está cobrando un nuevo protagonismo gracias a su baja energía incorporada, su disponibilidad local y su capacidad para responder a las condiciones climáticas. Un ejemplo de este renovado interés es la Residencia Earth by the River, diseñada por Luigi Rosselli Architects en Australia. El proyecto incorpora muros de tierra apisonada que anclan la vivienda tanto visual como térmicamente al paisaje circundante. Más allá de su presencia material, estos muros ayudan a regular la temperatura interior gracias a su masa térmica, lo que ilustra cómo los métodos constructivos tradicionales pueden complementar el diseño ambiental pasivo. De manera similar, la Casa Bama de L'Africaine d'Architecture en Ghana explora el uso de la tierra de origen local como principal recurso constructivo. El suelo extraído directamente del terreno se compacta para formar espesos muros portantes que organizan espacialmente el edificio. Este enfoque reduce la necesidad de transportar materiales, al tiempo que refuerza el vínculo entre la arquitectura y su contexto geográfico. Un enfoque semejante se observa en la Casa Entre Muros de Al Borde en Ecuador. Construido con tierra local y técnicas sencillas, el proyecto explora cómo los materiales térreos pueden definir tanto la organización espacial como el confort ambiental. Los gruesos muros configuran la estructura y, a su vez, contribuyen a la regulación térmica, demostrando cómo los recursos disponibles localmente pueden sustentar soluciones arquitectónicas contemporáneas. Asimismo, numerosos proyectos contemporáneos exploran el potencial expresivo de la tierra como material. La Casa circular de ladrillo con muro de tierra apisonada de AST77 Architecten en Bélgica sitúa un muro de tierra apisonada como el elemento espacial central de la vivienda. La composición estratificada del muro revela el proceso de compactación, generando sutiles variaciones de color y textura que se convierten en un rasgo distintivo del interior. Otros proyectos experimentan con sistemas constructivos híbridos que combinan materiales de tierra con estructuras contemporáneas. La Frammed Earth House de D'WELL en Estados Unidos integra muros de tierra apisonada dentro de un marco estructural moderno, lo que permite al proyecto beneficiarse del desempeño térmico y las cualidades táctiles de la tierra, al tiempo que cumple con las exigencias normativas y de ingeniería actuales. Más allá de las obras individuales, los/las arquitectos/as también están reconsiderando el papel del suelo excavado en el propio proceso de construcción. En lugar de desecharse como residuo, la tierra extraída durante la excavación puede reutilizarse directamente para fabricar muros, bloques o elementos estructurales. Este enfoque no solo reduce el transporte y los residuos de obra, sino que también refuerza la continuidad material entre la arquitectura y el suelo del que emerge. Por otra parte, diversos proyectos experimentales amplían las posibilidades espaciales y sociales de la arquitectura de tierra. En la isla de Ormuz, en Irán, el proyecto Presencia en Ormuz de ZAV Architects utiliza tierra local para construir una serie de pequeñas estructuras abovedadas destinadas a programas culturales y comunitarios. Construido con la técnica del superadobe, el proyecto demuestra cómo la edificación con tierra puede fomentar tanto la adaptabilidad ambiental como las formas colectivas de habitar. En todos estos ejemplos, la construcción con tierra no se aborda como una simple referencia nostálgica a la arquitectura tradicional. Al contrario, se explora como parte de una reconsideración más amplia de las prácticas materiales. Los/las arquitectos/as muestran un interés creciente en cómo los materiales a base de tierra pueden mejorar el desempeño ambiental y, simultáneamente, generar nuevas posibilidades espaciales y tectónicas. Los muros de tierra desempeñan un papel fundamental en el diseño ambiental pasivo. Gracias a su elevada masa térmica, las paredes gruesas de tierra pueden absorber el calor durante el día y liberarlo gradualmente por la noche, lo que ayuda a estabilizar la temperatura interior. En climas cálidos, esta característica permite reducir significativamente la dependencia de sistemas de climatización artificial. Al combinarse con estrategias pasivas como el sombreado, la ventilación cruzada y una orientación adecuada, la construcción con tierra favorece el desarrollo de edificaciones más eficientes desde el punto de vista energético. Más allá de estas virtudes ambientales, la tierra aporta un lenguaje arquitectónico singular. Las capas estratificadas de la tierra apisonada registran el proceso de compactación, mientras que el adobe y los bloques de tierra comprimida conservan las huellas de su manufactura. Estas texturas revelan el proceso físico de la construcción y estrechan la relación táctil entre la obra y el material. Asimismo, la renovada exploración de la construcción con tierra propicia nuevas formas de colaboración. En muchos proyectos, los/las arquitectos/as trabajan estrechamente con constructores/as locales que preservan el conocimiento de las técnicas tradicionales. Estas sinergias permiten que los métodos constructivos históricos evolucionen dentro de marcos de diseño contemporáneos, fusionando la tradición artesanal con la experimentación arquitectónica. Visto así, el creciente interés por construir con tierra refleja un cambio más amplio en el pensamiento arquitectónico. En lugar de depender exclusivamente de materiales industriales, los/las arquitectos/as investigan cada vez más cómo los recursos disponibles localmente y los saberes tradicionales pueden enriquecer los procesos de diseño contemporáneos. De este modo, la tierra —uno de los materiales de construcción más antiguos de la humanidad— deja de verse como una reliquia del pasado para ser reconsiderada como un campo dinámico de experimentación. Al reinterpretar las técnicas tradicionales mediante enfoques de diseño contemporáneos, los/las arquitectos/as expanden las posibilidades de relación entre los edificios, sus materiales, el paisaje y el patrimonio cultural.
En Light + Building 2026 en Frankfurt, OPPLE Lighting conmemoró su 30.º aniversario con una propuesta arquitectónica en lugar de una retrospectiva. Bajo el concepto "Hi Light!", la empresa presentó Light as Cloud, un pabellón diseñado por OMA. La instalación sirvió asimismo de plataforma para el debut internacional de OLL, la nueva marca de diseño de alta gama de OPPLE. Lejos de funcionar como una exhibición convencional de productos, el proyecto posicionó la luz como un sistema espacial que da forma a la arquitectura, la circulación y la percepción.
Al pasar del calor de Dubái al vestíbulo de una torre de vidrio, el desierto parece desaparecer. Afuera, las temperaturas superan los 45 grados Celsius; adentro, el aire es frío, hermético y está perfectamente controlado. Durante décadas, este contraste constituyó la imagen definitoria de la modernidad en el Golfo. La arquitectura dejó de ser una negociación con el clima para convertirse en una demostración de que este podía ser superado. Torres de vidrio reflectante se alzaron en el desierto como símbolos de consolidación, proyectando poder financiero, confianza tecnológica y ambición global. Bajo esta imagen urbana subyacía una infraestructura construida sobre el petróleo, la energía barata y la continua supresión mecánica del calor.
Casa del Vino en Berneck. Imagen cortesía de Faruk Pinjo + Carlos Martinez Architekten
Las puertas plegables inundan de luz las habitaciones, ofreciendo una flexibilidad espacial que permite entablar un diálogo con el entorno. La serie Woodline de Solarlux integra calidad de fabricación y experiencia técnica con libertad de diseño arquitectónico, proporcionando soluciones de fachadas transparentes para una arquitectura versátil y sostenible. Asimismo, las superficies naturales enriquecen la envolvente del edificio aportando una cualidad táctil única.
A los equipos de diseño no les faltan herramientas; les falta continuidad. Los datos de los proyectos permanecen fragmentados en distintos archivos y las decisiones suelen perder su contexto a medida que el trabajo avanza de la planificación al diseño y la construcción. Como consecuencia, los equipos dedican un tiempo valioso a volver a conectar la información en lugar de hacer avanzar los proyectos.
Esto evidencia la necesidad de flujos de trabajo que preserven la intención del diseño y trasladen el conocimiento a lo largo de cada etapa del proceso. Bajo este enfoque, la idea de una "inteligencia de diseño y creación" puede entenderse como una transición hacia la continuidad, donde los datos, las decisiones y el aprendizaje obtenidos en la planificación, el diseño, la construcción y la operación permanezcan integrados en el proyecto en lugar de detenerse en la entrega del mismo. En este escenario, la inteligencia artificial y la automatización operan con mayor relevancia, apoyándose en la información acumulada en vez de en datos aislados.
En enero de 2026, el World Monuments Fund/Knoll Modernism Prize fue otorgado a la firma australianaArchitectus por la conservación del Africa Hall en Adís Abeba, Etiopía. Este galardón reconoce que los edificios modernistas, en su momento considerados la vanguardia de la arquitectura, hoy sufren de falta de mantenimiento y no son plenamente valorados por el público. La situación en África refleja este sentir global, siendo esta la primera vez que un edificio del continente es distinguido con este reconocimiento. Asimismo, el premio pone de relieve el rico inventario modernista de Etiopía, el cual da cuenta de su protagonismo continental a mediados y finales del siglo XX.
En Hong Kong, donde los interiores y los edificios de pequeña escala suelen quedar atrapados entre dos extremos —por un lado, los acabados de "lujo" de alto brillo y, por el otro, la rudeza industrial de bajo presupuesto—, ha surgido una tercera postura a través de la calibración de ambos: una ejecución singularmente precisa, relevante y con honestidad material que no depende del presupuesto. Se trata de la crudeza calibrada. Esta noción describe una arquitectura que conserva la franqueza de la materia y de la materialidad —concreto, metal, mampostería de bloques, estructura expuesta e instalaciones a la vista— al tiempo que las somete a un control riguroso.
Lo "crudo" no es un disfraz y lo "refinado" no equivale a pulido; es una disciplina de ejecución precisa que genera espacios equilibrados y reflexivos, pero que nunca se sienten artificiales o sobrecargados. Studio 1:1 demuestra esta postura de manera constante a lo largo de su obra, y su próxima publicación, Architecture under the Radar: Three Projects in Asia (con prólogo de Nader Tehrani), ofrece un marco oportuno para interpretar este ethos no solo como una estética, sino como un método arquitectónico replicable.
Casa con Siete Jardines / Civil Architecture. Imagen cortesía de Civil Architecture
Durante siglos, la arquitectura residencial en todo el Golfo se ha organizado en torno al patio. Las viviendas presentaban muros exteriores gruesos y aberturas limitadas hacia la calle, volcándose hacia el interior, hacia un jardín sombreado que estructuraba la vida cotidiana. Esta disposición espacial respondía tanto al clima como a la cultura. El patio introducía la luz natural en plantas profundas, permitía la ventilación cruzada y ofrecía un ambiente exterior protegido dentro de tejidos urbanos densos. En la Casa de los Siete Jardines, en Diyar Al Muharraq, Baréin, el estudio local Civil Architecture —uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards— revisita esta tradición espacial a partir de las condiciones de la vivienda suburbana contemporánea. En lugar de reproducir la casa patio como un modelo histórico, el proyecto reinterpreta su lógica ambiental dentro de los marcos regulatorios y las condiciones espaciales que configuran gran parte del desarrollo urbano actual en el Golfo.
En muchas ciudades de alta densidad en Asia, la escalera suele considerarse un mal necesario. Ya sea en edificios de departamentos, viviendas particulares o locales comerciales, con frecuencia se oculta, se arrincona o se relega a los márgenes: un elemento que debe minimizarse para otorgar mayor superficie al espacio "útil". Sin embargo, a medida que la densidad se intensifica y los metros cuadrados escasean cada vez más, los/las arquitectos/as y diseñadores/as se ven obligados/as a replantearse este rompecabezas vertical.
La pregunta ya no es cómo ocultar la escalera, sino cómo hacer que rinda más: ¿puede convertirse en una adición productiva para el interior, un dispositivo arquitectónico que haga algo más que conectar niveles y que cumpla funciones dobles (o múltiples) en lugar de simplemente consumir superficie útil?
El Festival de Arte y Arquitectura de Bethel Woods anuncia BuildFest: Acts of Construction, una iniciativa de tres años que activa los terrenos históricos del festival de Woodstock de 1969 mediante instalaciones de madera a gran escala y experiencias multimedia. Cada edición se organiza en torno a un tema único e invita a diseñadores, diseñadoras y artistas a colaborar en una serie interdisciplinaria de "actos" que se complementan entre sí para crear un conjunto interconectado de instalaciones, activaciones y performances. Actualmente, el Acto Uno: Puesta en escena recibe propuestas de infraestructura artística adaptativa diseñada para "preparar el escenario" de futuras activaciones. A este le seguirán el Acto Dos: Coreografía en 2027 y el Acto Tres: Performance en 2028.
La elevación suele presentarse como sinónimo de progreso, al elevar el movimiento por encima de la fricción de la ciudad y suavizar la circulación en un flujo ininterrumpido. Sin embargo, cada acto de elevación produce a su paso una condición secundaria. Bajo pasos elevados, líneas de metro y viaductos ferroviarios, surge un segundo plano del suelo: sombreado, ambiguo y rara vez planificado con la misma intención que aquello que transita por encima. Estos espacios no son remanentes incidentales. Son la consecuencia espacial de una decisión de diseño que privilegia la velocidad, la altura libre y la eficiencia, redistribuyendo en el proceso el valor y la visibilidad a lo largo de la ciudad.
Lo que se encuentra debajo no está vacío. Está estructurado, condicionado y definido por la infraestructura, pero desprovisto de un papel claro. Los estudios sobre autopistas elevadas suelen describir estas zonas bajo las estructuras como espacios residuales, que se originan cuando los sistemas de transporte se conciben de manera independiente del suelo que atraviesan. Un informe de Arup sobre los espacios bajo los viaductos señala que a menudo interrumpen la continuidad peatonal, al tiempo que permanecen al margen de los marcos de planificación formal. Asimismo, revisiones académicas recientes sobre los entornos bajo pasos elevados destacan que estas áreas rara vez se integran en las estrategias de diseño urbano. El resultado es una condición peculiar: un espacio físicamente presente y estructuralmente determinado, pero programáticamente indefinido.
«La historia de la arquitectura no está equivocada», argumentó Lesley Lokko en su introducción a la Bienal de Arquitectura de Venecia 2023, «sino incompleta». Durante la mayor parte del siglo XX, la historia de la arquitectura habló en una sola lengua: una narrativa única y dominante centrada en un puñado de movimientos, nombres y ciudades, cuyo alcance e influencia parecían universales precisamente porque las voces alternativas quedaban silenciadas. Sin embargo, los movimientos de diseño rara vez cruzaron las fronteras intactos. Con frecuencia fueron absorbidos, resistidos, reinterpretados y transformados en función de la geografía, la política, la economía, el clima y los materiales disponibles. Lo que en un lugar se recibió como doctrina, en otro se convirtió en algo completamente distinto.
Este mes, ArchDaily explora Diseño del siglo XX en transición: una reinterpretación global de la historia de la arquitectura, un tema que rastrea los lenguajes de diseño de este siglo no como un canon único, sino como una constelación de trayectorias en evolución, intersección y continua reinvención. Este enfoque desafía la suposición de que las arquitecturas regionales y no occidentales eran meras derivaciones, posicionándolas en cambio como espacios de reinterpretación activa, donde las ideas globales se filtraron a través de materiales, climas, mano de obra y prácticas culturales locales para producir algo completamente distinto.
A comienzos del siglo XX, movimientos paralelos pero conectados en todo el mundo dieron paso a un nuevo estilo y a una nueva era arquitectónica. Desde el Arts and Crafts en Inglaterra, el Art Nouveau y luego el Art Deco en Francia, hasta el Jugendstil en Alemania y Austria, estos desarrollos artísticos y de diseño se propagaron por todo el mundo, adquiriendo diversas formas según su contexto. Sin embargo, su esencia seguía siendo similar, caracterizada por un enfoque en el valor artesanal y el oficio; el uso de madera, vidrio y diversos metales; la integración de formas orgánicas en las fachadas exteriores y las estructuras interiores; y la incorporación refinada de la ornamentación como elemento arquitectónico, manifestada frecuentemente en motivos vegetales o patrones geométricos.
¡Un año más, celebramos otra exitosa edición de los ArchDaily China Building of the Year Awards! Una vez más, este galardón se consolida como el mayor premio de arquitectura basado en la opinión del público. Gracias a la participación colectiva, los proyectos más relevantes del año fueron nominados y seleccionados por nuestros/as lectores/as.
Cada doce años, las orillas del Ganges en Prayagraj se convierten en una de las ciudades más grandes de la Tierra y luego desaparecen. El Maha Kumbh Mela atrae a más de 400 millones de personas en peregrinación a lo largo de seis semanas, lo que requiere la construcción de una infraestructura urbana completa: puentes de pontones, hospitales de campaña, kilómetros de carreteras temporales y una cuadrícula de ciudades de tiendas de campaña visible desde el espacio. Al finalizar el festival, se desmantela por completo. Ningún encuentro en la historia de la humanidad genera una arquitectura del movimiento tan completa: construida para la llegada, diseñada para la transitoriedad y pensada para no dejar rastro permanente. El Kumbh Mela es excepcional en escala, pero no en su condición: el movimiento se ha convertido en un problema espacial que define nuestro siglo.
Este mes, ArchDaily explora Arquitecturas del movimiento: territorio, fronteras y las políticas de pertenencia, un tema que examina cómo la movilidad reconfigura la relación de la arquitectura con el territorio, la propiedad y la identidad. El tema no aborda el movimiento como una crisis que deba gestionarse, sino como un lente fundamental a través del cual reconsiderar lo que realmente hacen los edificios, las ciudades y las fronteras: a quiénes acogen, a quiénes excluyen y qué es lo que hacen permanente.
Desde la iluminación y los materiales hasta los colores, las texturas y las formas, cada decisión de diseño moldea la manera en que las personas perciben, experimentan e interactúan con la arquitectura. En los interiores contemporáneos, estas elecciones ya no se entienden como meramente estéticas o funcionales, sino que influyen en el confort, el comportamiento, el estado de ánimo e incluso en la forma en que las personas usuarias evalúan la calidad de un espacio. El diseño de baños, en particular, crea actualmente entornos cuidadosamente curados y con una identidad definida, donde cada elemento contribuye a la experiencia espacial global.
¿Cómo influye el diseño de baños en las emociones de las personas usuarias? ¿Qué intervenciones o innovaciones técnicas pueden transformar la experiencia de las personas usuarias finales?
Algunos tipos de trabajo solo se vuelven visibles cuando dejan de realizarse. Son discretos, repetitivos y rara vez celebrados; sin embargo, sostienen silenciosamente el funcionamiento de cualquier operación. En la arquitectura, esta dimensión casi nunca aparece en las imágenes que circulan. Al pensar en la disciplina, solemos evocar renders seductores, perspectivas cuidadosamente iluminadas, planos precisos y dibujos que prometen futuros posibles o incluso utópicos. No obstante, la capa que soporta estos gestos formales no se encuentra en la imagen, sino en la especificación, el detalle y la documentación.
Desde que la inteligencia artificial se posicionó en el centro del debate arquitectónico, la conversación ha sido impulsada en gran medida por su capacidad para generar formas y atmósferas en segundos. Las simulaciones estilísticas, las variaciones conceptuales y la experimentación visual se han convertido en símbolos del avance tecnológico en este campo. Hay algo comprensible en esta fascinación: la arquitectura siempre se ha vinculado con la representación como una forma de imaginar lo que aún no existe.
Cuando se cuenta la historia de la arquitectura de Hong Kong, a menudo se reduce a un puñado de íconos. Para la mayoría, el primer nombre que viene a la mente es el de I.M. Pei—laureado con el Premio Pritzker y arquitecto de la Torre del Banco de China en Central (1990)—, así como obras globales como el Gran Louvre en París y el Museo Miho en Shiga. Al ampliar la mirada, surge también un extenso linaje de arquitectos/as británicos e internacionales cuyas huellas han dado forma al perfil institucional de la ciudad: desde las obras cívicas de Ron Phillips —sobre todo el antiguo Edificio Murray (1969), actual Hotel The Murray, y el Ayuntamiento de Hong Kong (1962)— hasta los monumentos corporativos y de infraestructura de Norman Foster, como la Torre de la Corporación Bancaria de Hongkong y Shanghai (HSBC) (1986) y el Aeropuerto Internacional de Hong Kong (1998), y, más recientemente, The Henderson (2024), de Zaha Hadid Architects.
No obstante, durante el mismo período de Pei y Foster, los/las arquitectos/as locales también producían edificios de trascendencia duradera; obras que cargaban con el legado de la Bauhaus, pero lo traducían a un lenguaje minuciosamente calibrado para el clima, la densidad y la vida cívica de Hong Kong. Puede que estos proyectos no siempre se perciban como íconos de gran relevancia comercial; sin embargo, suelen manifestar un sentido más agudo de responsabilidad social y agenda pública. Entre las figuras más importantes de esta genealogía se encuentra el fallecido arquitecto Tao Ho, cuya obra y rol público constituyeron una vertiente más silenciosa —pero no por ello menos fundacional— en el patrimonio arquitectónico moderno de Hong Kong.