Ubicado en las afueras de Roma y con una longitud en planta de aproximadamente un kilómetro, el complejo residencial Corviale se presenta como una solución alternativa a la demanda habitacional surgida en los años 50 y 70 en los suburbios romanos. En este período, la ciudad pasó de tener aproximadamente 1,6 millones a 2,7 millones de habitantes, lo que produjo la expansión de la mancha urbana hacia las zonas periféricas.
Conocido también como Serpentone -por sus amplias dimensiones- el proyecto fue realizado entre 1972 y 1974 por un equipo de arquitectos coordinado por Mario Fiorentino. La construcción se llevó finalmente a cabo entre 1973 y 1982 y si bien inicialmente se tenía la intención de destinar la cuarta planta del edificio principal a usos comerciales, servicios y zonas comunes, esta etapa se abandonó por la quiebra de la empresa responsable de la ejecución de la obra. Con el tiempo, el nivel fue ocupado informalmente y esto dio origen a una serie de problemas que marcarían a la obra como un “proyecto emblemático” dentro de la historia de la vivienda en Italia.
Sabemos que los colores pueden influir en nuestras sensaciones y provocar diferentes percepciones del espacio, lo que reitera la importancia de su estudio en los proyectos arquitectónicos y la relevancia de definir una paleta de colores coherente. El impacto que el color puede provocar en el espacio y en las personas que lo habitan se vuelve aún más perceptible cuando todo el entorno se envuelve en un solo color. En estos casos, no existen límites para la cantidad de elementos arquitectónicos en los que se puede aplicar la tonalidad elegida. Pisos, cielorrasos, paredes, mobiliario e incluso tuberías y bandejas portacables pueden tener una coloración específica asignada para estar en armonía con el ambiente monocromático.
Antofagasta, Chile. Creado por @overview. Imágenes de origen: @maxartechnologies
“Parece haber una imagen pública de cualquier ciudad que es la superposición de muchas imágenes individuales. O tal vez exista una serie de imágenes públicas, cada una creada por un número significativo de ciudadanos.” – Kevin Lynch
A partir de esta observación, Kevin Lynch, en su libro “La imagen de la ciudad” (1960), inicia un análisis sobre cuáles serían los elementos constituyentes de aquello que considera como imagen de la ciudad. Al presentar, describir y ejemplificar estos elementos como objetos físicos perceptibles, Lynch plantea que otros factores no físicos, como la memoria, la función y el propio nombre de la ciudad, también influyen significativamente en la construcción de esta o estas imágenes.
Autodeclarado como un movimiento unido en torno a la idea de que el entorno físico puede incidir directamente en ofrecer una vida más próspera y feliz a los habitantes, el Nuevo Urbanismo surgió como concepto en los Estados Unidos en la década de 1990 y se consolidó a través de los Congresos de la Nuevo Urbanismo (CNU), que se realiza anualmente desde 1993.
En 1996, tres años después del Primer Congreso de Nuevo Urbanismo, se lanzó la Carta del Nuevo Urbanismo con el objetivo de establecer los ideales y principios rectores del movimiento y, así, explorar las posibilidades de desarrollo de las ciudades norteamericanas.
Rodeado al sur, este y oeste por el océano Atlántico, el estado de Florida, en los Estados Unidos, posee un litoral de más de dos mil kilómetros de extensión y se caracteriza por la gran presencia de lagos, ríos y pozos en todo su territorio. Con booms de crecimiento significativos a lo largo del tiempo, sobre todo en el último siglo, el rápido desarrollo de barrios, comunidades y ciudades en el estado a menudo incorporó los abundantes recursos hídricos de la región, aunque no siempre de forma exitosa.
Lago das Rosas, en Goiânia. Imagen: Jean Carlos Faleiro, vía Wikimedia Commons
Al igual que la infraestructura urbana puede definirse como la red de estructuras y servicios necesarios para un funcionamiento eficiente de las ciudades, la infraestructura verde también puede entenderse como una red interconectada, pero de áreas y elementos que preservan los valores y funciones de los ecosistemas naturales. Una de las múltiples definiciones que circulan en torno a la infraestructura verde sostiene que su red constituyente promueve la calidad del agua y del aire, además de aportar una serie de beneficios para las personas y la vida silvestre.
Asociados de manera natural a características como la simplicidad y la claridad, pero también a la expresividad, la vivacidad y la energía, los tres colores primarios, responsables de dar origen a los demás colores, ofrecen una serie de posibilidades de aplicación en la arquitectura. Como elementos cruciales en las composiciones de los principales exponentes del movimiento De Stijl, como Piet Mondrian, Theo van Doesburg y Gerrit Rietveld, el amarillo, el azul y el rojo, al ser utilizados en conjunto, se han convertido en una especie de ícono en el diseño y la arquitectura, y para muchos/as profesionales del área, en una obsesión.
Ya sea a través de un esfuerzo por proponer una retrospectiva del pasado, una colección de producciones del presente o un conjunto de perspectivas de futuro (sin descartar la serie de posibilidades que impregnan estos marcos temporales), las exposiciones de arquitectura y urbanismo han contribuido a la a lo largo de las décadas para plantear cuestiones importantes sobre los modos de las ciudades y todo lo que las componen. Accesibles para un público amplio –que no necesariamente tiene antecedentes en el área– estos eventos brindan ambientes favorables para explorar un imaginario colectivo sobre el futuro de la arquitectura y las ciudades.
En el campo de la arquitectura, es común notar en muchos proyectos una cierta predilección de los/las arquitectos/as por el empleo de materiales y elementos arquitectónicos en su estado expuesto o en bruto, como algunos prefieren llamarlo. Con el fin de revelar la materialidad de la estructura de un edificio, es frecuente, sobre todo en proyectos de remodelación, un proceso de retiro de cielorrasos y revestimientos. Esta búsqueda por recuperar un estado anterior de la construcción —aún sin la adición de elementos para cubrir la estructura, tuberías, cañerías y conductos eléctricos— transforma estos espacios en lugares donde no hay nada que ocultar.
Últimamente, diversas iniciativas alrededor del mundo se han orientado a imaginar formas de intervenir en el entorno urbano a partir de la participación de sus propios habitantes, ya sea en la concepción, construcción o gestión de los proyectos. Compartiendo esta visión, el urbanismo open-source, o urbanismo de código abierto, busca potenciar el rol transformador de la ciudadanía a partir de la práctica colaborativa.
Al tratarse de un concepto elaborado y discutido en profundidad de manera reciente, es posible encontrar textos que abordan, en distinta medida, el concepto de urbanismo open-source con diversos significados. No obstante, en términos generales, se puede esbozar una definición común al entender el urbanismo open-source como una coproducción de bienes urbanos comunes de código abierto.
Exposición virtual "Windowology". Cortesía de Japan House LA
El nuevo escenario mundial, transformado por la pandemia de coronavirus, nos empujó a repensar las relaciones entre las personas y los espacios que las rodean. Los museos, al ser en su mayoría áreas cerradas donde se dan encuentros multitudinarios, no tuvieron más remedio que cerrar sus puertas a medida que el número de casos de la infección comenzó a crecer. Sin embargo, la programación y los eventos que se celebraban en estos espacios, no se vio necesariamente interrumpida. Aunque algunos acontecimientos importantes en la esfera de la arquitectura y el urbanismo se han aplazado, esperando que en un futuro próximo la pandemia se haya controlado (como la 17ª edición de la Bienal de Arquitectura de Venecia), muchos museos, galerías y otros espacios de exposición vieron este momento como una oportunidad para entablar y fortalecer sus relaciones con los formatos virtuales.
Según la ONU, la proporción de la población que vive en áreas urbanas, que hoy corresponde a cerca del 55% de la población mundial, aumentará al 70% en 2050. La capacidad de los gobiernos para gestionar el crecimiento urbano acelerado es una tarea difícil y, entre los desafíos más comunes que se deben enfrentar ante esta perspectiva, se encuentra el suministro de vivienda, servicios básicos y alimentos a los/las habitantes de las ciudades. La cuestión de la seguridad alimentaria en los grandes centros urbanos depende de varios factores, como la disponibilidad, el acceso y la calidad de los alimentos.
Según datos del CRED (Centre for Research on the Epidemiology of Disasters) y de la UNISDR (UN Office for Disaster Risk Reduction), en un informe publicado en 2016, el número de desastres relacionados con el clima se duplicó en los últimos cuarenta años. La necesidad de refugios temporales para personas damnificadas es, además de un reflejo de la crisis climática que afecta al planeta, una de las consecuencias del crecimiento desordenado de las ciudades, el cual lleva a una parte de la población mundial a vivir en condiciones de vulnerabilidad ante los desastres.
En proyectos de arquitectura, la división de ambientes con funciones diferentes puede realizarse de innumerables maneras, yendo más allá del uso de las tradicionales barreras verticales como paredes, divisorias, paneles y cobogós. La diferenciación de los espacios a través de la disposición de los pisos en múltiples niveles, bajo una lógica de división a partir de planos horizontales elevados o deprimidos, presenta la ventaja de permitir una mayor permeabilidad entre los ambientes.
Museo de Arte Moderno. Proyecto del arquitecto carioca Affonso Eduardo Reidy. Imagen cortesía de CAU/BR
El periodo entre las décadas de los 50 y los 70 en Brasil se caracterizó, sobre todo, por la producción y difusión de la arquitectura brutalista. A pesar de la falta de una definición unánime que caracterice lo que puede entenderse como una derivación de la arquitectura moderna, el término “brutalismo” se utiliza de manera general para denotar edificios de la época que tienen un denominador común: el uso aparente de los materiales de construcción, en especial el concreto.
Exposición Riverbed del artista Olafur Eliasson. Cortesía de Louisiana Museum of Modern Art
Cuando pensamos en galerías, museos y espacios expositivos en general, es común que nos venga a la mente la imagen de un lugar cerrado, iluminado, con paredes blancas y piso neutro, probablemente de madera. La idea de concebir los espacios expositivos como ámbitos “puros”, ya sea para centrar la atención en la obra de arte en sí o para permitir la rotación de las exposiciones, es tal vez la directriz principal en la producción de espacios de exhibición en las últimas décadas. Sin embargo, del mismo modo en que el arte transforma el espacio, el espacio también puede ser un agente transformador del arte. A partir de esta reflexión surgen producciones artísticas concebidas para un espacio específico, mejor conocidas como instalaciones site-specific.
Las escaleras de madera pueden presentar un aspecto singular en cada proyecto, gracias no solo a las diferentes disposiciones que pueden adoptar en el espacio, sino también a la variedad de colores y texturas que ofrecen las distintas especies y cortes de las piezas, así como a las diversas formas de organizar los peldaños.
No siempre un proyecto arquitectónico está precedido por un terreno libre de construcciones. El desafío de intervenir en una arquitectura preexistente para adaptarla a nuevas necesidades requiere una mirada distinta de aquella orientada a los lotes vacíos, abiertos a las más diversas posibilidades de ocupación.
Reformas, ampliaciones y rehabilitaciones son algunas de las formas de intervenir en la arquitectura para satisfacer exigencias en constante transformación, ya sean de los mismos habitantes para quienes el proyecto fue destinado originalmente o de nuevos ocupantes.