
Cuando pensamos en galerías, museos y espacios expositivos en general, es común que nos venga a la mente la imagen de un lugar cerrado, iluminado, con paredes blancas y piso neutro, probablemente de madera. La idea de concebir los espacios expositivos como ámbitos “puros”, ya sea para centrar la atención en la obra de arte en sí o para permitir la rotación de las exposiciones, es tal vez la directriz principal en la producción de espacios de exhibición en las últimas décadas. Sin embargo, del mismo modo en que el arte transforma el espacio, el espacio también puede ser un agente transformador del arte. A partir de esta reflexión surgen producciones artísticas concebidas para un espacio específico, mejor conocidas como instalaciones site-specific.







