En el campo de la arquitectura, es común notar en muchos proyectos una cierta predilección de los/las arquitectos/as por el empleo de materiales y elementos arquitectónicos en su estado expuesto o en bruto, como algunos prefieren llamarlo. Con el fin de revelar la materialidad de la estructura de un edificio, es frecuente, sobre todo en proyectos de remodelación, un proceso de retiro de cielorrasos y revestimientos. Esta búsqueda por recuperar un estado anterior de la construcción —aún sin la adición de elementos para cubrir la estructura, tuberías, cañerías y conductos eléctricos— transforma estos espacios en lugares donde no hay nada que ocultar.
Asociados de manera natural a características como la simplicidad y la claridad, pero también a la expresividad, la vivacidad y la energía, los tres colores primarios, responsables de dar origen a los demás colores, ofrecen una serie de posibilidades de aplicación en la arquitectura. Como elementos cruciales en las composiciones de los principales exponentes del movimiento De Stijl, como Piet Mondrian, Theo van Doesburg y Gerrit Rietveld, el amarillo, el azul y el rojo, al ser utilizados en conjunto, se han convertido en una especie de ícono en el diseño y la arquitectura, y para muchos/as profesionales del área, en una obsesión.
Lago das Rosas, en Goiânia. Imagen: Jean Carlos Faleiro, vía Wikimedia Commons
Al igual que la infraestructura urbana puede definirse como la red de estructuras y servicios necesarios para un funcionamiento eficiente de las ciudades, la infraestructura verde también puede entenderse como una red interconectada, pero de áreas y elementos que preservan los valores y funciones de los ecosistemas naturales. Una de las múltiples definiciones que circulan en torno a la infraestructura verde sostiene que su red constituyente promueve la calidad del agua y del aire, además de aportar una serie de beneficios para las personas y la vida silvestre.
Paraty, Río de Janeiro. Foto de Angus McIntyre. Licencia CC BY-NC 4.0
El período comprendido entre el siglo XVI y principios del siglo XIX en Brasil, conocido como el Brasil colonial, comienza en el momento en que los portugueses invaden el territorio brasileño e imponen el proceso de colonización. En la arquitectura y el urbanismo, este proceso sería el responsable de una serie de patrones que moldearon, a lo largo de los siglos, la arquitectura y las ciudades del país.
Con la llegada de los portugueses, surgen las primeras instalaciones de los colonizadores en el territorio brasileño, caracterizadas sobre todo por su precariedad e insuficiencia para la defensa frente a otros invasores. A partir de la decisión de la Corona portuguesa de dividir las tierras en capitanías hereditarias administradas por donatarios, comienzan a surgir villas y asentamientos urbanos.
En 1979, Rosalind Krauss publica el clásico artículo La escultura en el campo expandido en la revista October, en el cual identifica un cierto deshilachamiento de las fronteras en el campo de la escultura, “evidenciando cómo el significado de un término cultural puede ampliarse hasta el punto de incluir casi todo” [1]. Esta crítica, dirigida especialmente a la producción artística realizada entre los años 1960 y 1970, sirvió de base veintiséis años más tarde, en 2005, para la publicación de El campo expandido de la arquitectura, de Anthony Vidler.
El arquitecto italiano Vittorio Gregotti, autor de Territorio de la arquitectura (1966), creía que la arquitectura tiene su origen en el gesto de fijar la primera piedra en el suelo. El reconocimiento del lugar es, voluntaria o involuntariamente, el primer paso en un proyecto arquitectónico. La comprensión del contexto en el que se insertará la obra fundamenta una serie de decisiones de diseño, configurándose así como una actividad sustancial en el oficio de los/las arquitectos/as.
Tendencia, estilo y movimiento son algunas de las categorizaciones más recurrentes utilizadas en los intentos de definir el concepto de brutalismo, término empleado para delimitar un conjunto de producciones arquitectónicas situadas entre las décadas de 1950 y 1970 que guardan ciertas similitudes entre sí, sobre todo en el uso aparente de los materiales de construcción. Sin embargo, establecer una definición precisa para el brutalismo resulta una tarea ardua, aun cuando (o, sobre todo, porque) el término ha alcanzado una gran difusión y, con ello, múltiples intentos de conceptualización.
El desarrollo de un proyecto de iluminación para los espacios expositivos de museos puede resultar una tarea sumamente desafiante, ya que, al mismo tiempo, la luz debe encargarse de realzar el espacio, preservar al máximo la integridad de las obras y enfatizarlas para brindar al visitante las mejores condiciones para su apreciación.
Además de poseer el más alto CRI (Índice de reproducción cromática), la luz solar aporta una sensación de confort y bienestar a las personas que habitan un espacio determinado. De este modo, en los espacios expositivos, la iluminación natural es fundamental tanto para revelar con precisión los colores de los objetos exhibidos —lo cual adquiere particular relevancia cuando se trata de obras de arte— como para proporcionar una mayor sensación de confort a los visitantes, permitiendo una lectura clara de lo expuesto.
Desde el uso de la teoría lingüística como metodología de análisis arquitectónico hasta la comprensión del edificio como medio de comunicación, los cruces entre el campo del lenguaje y de la arquitectura son más estrechos de lo que, en un principio, podría parecer.
La comprensión del edificio como medio de comunicación puede darse, entre otras formas, a través del uso de pinturas, grabados, esculturas y ornamentos integrados a la arquitectura, pero también mediante la incorporación literal de letras y símbolos como elementos arquitectónicos.
Con el fin de mantener el paso de luz en los ambientes, al tiempo que se busca garantizar una mayor privacidad para sus usuarios y usuarias, el uso del vidrio acanalado amplía las posibilidades de aplicación de este material en proyectos arquitectónicos.
Las ondulaciones que caracterizan al vidrio acanalado se obtienen mediante el proceso de estirado del vidrio plano, lo que permite fragmentar la imagen que atraviesa la superficie en franjas verticales u horizontales, según su orientación.
A pesar de que a menudo se utilizan como sinónimos, espacio y lugar pueden adquirir definiciones diferentes según el contexto en el que se empleen. En este sentido, el placemaking demuestra que la creación de lugares va mucho más allá de su concepción física, involucrando parámetros como sociabilidad, usos, actividades, accesos, conexiones, confort e imagen, con el fin de crear vínculos entre las personas y lo que entonces se entenderá como lugar.
Apartamento Doehler / SABO project. Cortesía de SABO project
Aunque pueden asumir diferentes funciones en muchos proyectos, las escaleras son, ante todo, elementos de circulación vertical utilizados para conectar dos o más niveles. Debido al uso relativamente intermitente que reciben, muchos proyectos para espacios de escala reducida aprovechan esta característica para explorar soluciones que van más allá de las configuraciones tradicionales y de las medidas estándar de las contrahuellas.
El estudio [entre escalas], fundado por la arquitecta Marina Canhadas en 2018, nace de la intersección entre práctica profesional, investigación académica y experiencias internacionales. Con una trayectoria marcada por concursos, colaboraciones y pasos por oficinas en Brasil y México, Marina consolidó un enfoque que valora la atención al contexto y a la historia de las edificaciones, especialmente en proyectos que trabajan con preexistencias, uno de los principales frentes del estudio.
El trabajo de [entre escalas] se destaca por la sensibilidad con la que aborda el tiempo y la memoria de los edificios. Reformas en casonas antiguas, como la Casa Saracura y la Casa Apiacás, revelan una especie de arqueología arquitectónica que busca rescatar técnicas, materiales e incluso flujos naturales originales, reinterpretando dichos elementos a partir de nuevas posibilidades de uso y conexión con el entorno. El gesto de remover capas —físicas y simbólicas— es visto como una forma de revelar historias ocultas y conectar pasado y futuro.
La carrera de arquitectura puede ofrecer un plan de estudios muy amplio; sin embargo, muchas de las habilidades necesarias para desarrollar un proyecto se encuentran fuera de la disciplina. Esto resulta especialmente evidente en los proyectos de escala urbana, que exigen experiencia en áreas como estudios de tránsito, cálculo estructural, paisajismo y planificación de instalaciones técnicas. A menudo se las considera disciplinas "complementarias", cuando en realidad son fundamentales para el diseño integral.
En un país como Portugal, con un territorio relativamente pequeño pero geográficamente diverso, el desafío de conectar distintas zonas —ya sea para cruzar un río o vincular los diferentes niveles de una ciudad— es una constante. Sus áreas metropolitanas más grandes, como Lisboa y Oporto, comparten una accidentada geografía de valles escarpados y colinas. Estas características propiciaron el desarrollo de elevadores y funiculares, como el Elevador de Santa Justa y el Funicular de Bica en Lisboa, o el Funicular de Guindais en Oporto. En la actualidad, además de mejorar la movilidad urbana, se han convertido en hitos turísticos.
No debería sorprender que los conceptos arquitectónicos viajaran por todo el mundo mucho antes de la difusión de información en línea. Si bien muchas regiones comparten ciertos acontecimientos históricos y, por ende, referentes (como la colonización y el movimiento de independencia o cambio de sistemas políticos de mediados del siglo XX), otras podrían haber desarrollado simplemente soluciones paralelas ante climas y disponibilidades de materiales similares. Asimismo, resulta lógico que, tras la difusión de una pedagogía arquitectónica más uniforme adquirida en estudios en el extranjero y el posterior auge de internet, encontremos proyectos casi idénticos en cualquier rincón del mundo. Aunque a primera vista puedan parecer idénticos desde ciertos ángulos, estos proyectos suelen albergar capas e historias muy distintas. Por otra parte, también pueden reflejar los mismos razonamientos e inquietudes que sus contrapartes al otro lado del océano.
El hábito de sentarse a la mesa y compartir un momento específico con otras personas ha estado presente durante siglos en las más diversas culturas. El simposio griego, el convivium romano, los banquetes y festines medievales y los salones parisinos son solo algunos ejemplos de cómo esta costumbre se construyó históricamente y ha sido relevante en negociaciones sociales y políticas, discusiones intelectuales y debates filosóficos.
La comensalidad suele funcionar como un ritual para estrechar lazos, negociar y celebrar acontecimientos importantes. En muchas culturas hispanohablantes, el tiempo que transcurre después de comer, en el que toda la familia permanece sentada conversando, está tan arraigado que existe una palabra específica para definirlo: sobremesa (que literalmente se traduce como "sobre la mesa", aunque en la práctica refiere a la conversación posterior a la comida). Sin embargo, a pesar de asociarse frecuentemente con el hecho de compartir alimentos, la mesa puede considerarse una plataforma flexible abierta a múltiples posibilidades de apropiación e interacción.
Los techos de paja son una técnica constructiva tradicional que ha sido reinterpretada de diversas maneras en proyectos contemporáneos, permitiendo que su valor perdure en el tiempo. Además de ser una técnica de gran valor cultural e histórico, dada su presencia en la humanidad durante siglos, también ofrece una serie de ventajas constructivas, como su alto valor ambiental al tratarse de un material renovable y accesible.
La técnica consiste en agrupar, entretejer y superponer vegetación seca, creando superficies ligeras con un excelente aislamiento térmico y acústico, además de ser económicas y relativamente sencillas de construir. Por otra parte, la flexibilidad es una de las características más destacadas de esta técnica, la cual resulta especialmente popular en aplicaciones de cubiertas.
Hay algo intrigante en la manera en que el aire, una materia extremadamente fugaz e invisible, puede modelar las más variadas formas. Esta fascinación está presente en nuestro imaginario desde la infancia, cuando nos sentimos atraídos por la ligereza, el color, el sentido lúdico y la variedad de los globos inflables.