Los árboles suelen ser lo primero en desaparecer cuando comienza la construcción. Despejar el terreno ha sido durante mucho tiempo uno de los actos más inmediatos de la arquitectura: eliminar lo existente para dar cabida a algo nuevo. Cuando se preserva la vegetación, por lo general se la trata como una capa secundaria, reincorporada como paisaje en lugar de estructurar el proyecto en sí mismo.
Sin embargo, algunos proyectos parten de un punto de partida distinto. En lugar de comenzar desde un terreno en blanco, trabajan con lo que ya está allí. Los árboles permanecen en su lugar, no como elementos para encuadrar, sino como condicionantes que influyen en la organización del espacio, el ingreso de la luz y la manera en que la arquitectura toma forma.
En un momento en que se exige a la arquitectura responder de manera más directa a las presiones ambientales y sociales, el pabellón de España para la Capital Mundial del Diseño Frankfurt Rhein-Main 2026 se posiciona como algo más que una instalación temporal. Si bien la materialidad ocupa el centro de su diseño, el proyecto explora cómo una infraestructura cultural reversible puede activar el espacio público sin necesidad de una edificación permanente. Los debates en torno al uso de materiales, la economía circular y la reutilización en la arquitectura están estrechamente vinculados a los contextos culturales, las condiciones ambientales y las influencias históricas que revelan cómo el tiempo moldea el entorno construido. Más allá de su construcción, el pabellón de España expresa su identidad al reinterpretar el método arquitectónico de Antoni Gaudí, creador de la Sagrada Familia y el Park Güell. Asimismo, demuestra cómo los sectores creativo e industrial de España abordan los desafíos actuales mediante soluciones constructivas innovadoras.
Lograr el confort térmico requería en el pasado una inteligencia arquitectónica mucho más deliberada y calibrada: una interacción entre orientación, volumetría, comportamiento material, potencial de ventilación, sombreado y la manera en que la luz natural y las superficies absorben y liberan calor. Esto no era una simple cuestión de gusto, sino de necesidad. Cuando se construyeron muchos de los edificios modernistas de posguerra de Hong Kong a finales de las décadas de 1960 y 1970 —los cuales constituyen una parte sustancial de la vivienda pública y del parque residencial general de la ciudad—, el aire acondicionado aún no era un servicio omnipresente ni predeterminado. El enfriamiento, allí donde existía, era limitado y se distribuía de manera desigual; el confort debía negociarse mediante recursos pasivos, a través de la sección, la profundidad de la fachada, las aberturas operables y el detalle climático. No fue sino hasta más tarde, particularmente durante las décadas de 1970 y 1980, a medida que el aire acondicionado se estandarizó en toda la región, cuando la refrigeración mecánica comenzó a desplazar esta matriz previa de toma de decisiones arquitectónicas.
¿Afectó negativamente el aire acondicionado al espacio arquitectónico, particularmente en Hong Kong y la región circundante? La afirmación más precisa es que la dependencia generalizada del aire acondicionado ha reconfigurado profundamente la estructura de incentivos del diseño de edificaciones.
En un panorama social y ambiental en constante cambio, ¿cómo puede el diseño arquitectónico responder a la transformación y, al mismo tiempo, dialogar de manera significativa con lo que perdura? 1110 Office for Architecture, con sede en Osaka (Japón), aborda esta pregunta a través de una obra definida por cuidadosas renovaciones residenciales y precisas intervenciones espaciales.
Reconocido como uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, el estudio representa una voz emergente en la redefinición del papel de la arquitectura frente a las condiciones de cambio.
Antes del giro digital, la memoria de la arquitectura era en gran medida tangible. Residía en el peso de los dibujos, la pátina de las maquetas y el grosor de los libros. Preservar la arquitectura significaba conservar sus huellas: los documentos, bocetos y fotografías a través de los cuales los edificios podían recordarse mucho después de que su forma material hubiera cambiado o desaparecido. El archivo de arquitectura moderna, tal como se desarrolló en el siglo XX, era a la vez un refugio y un dispositivo de legitimación. Instituciones como el Canadian Centre for Architecture, la Casa da Arquitectura o el Deutsches Architekturmuseum se erigieron sobre la convicción de que preservar la arquitectura consistía en preservar sus documentos.
Sin embargo, estos archivos no se limitaban a almacenar conocimiento. Determinaban qué se consideraba arquitectura, quién pertenecía a su canon y de qué manera se contaría la historia. Archivar es editar el pasado: decidir qué ingresa, qué se omite y cómo se interpretará. El archivo, según las teorías de Michel Foucault y, más tarde, de Jacques Derrida, nunca es neutral; es un instrumento de poder, un espacio de selección y exclusión. En la arquitectura, estas dinámicas resultan especialmente evidentes, ya que registran lo visible al tiempo que silencian aquello que queda fuera de sus categorías. El acto de coleccionar siempre ha sido, implícitamente, un acto de juicio.
Los entornos de trabajo contemporáneos prometen colaboración; sin embargo, cada vez les resulta más difícil ofrecer espacios para la privacidad. En una era dominada por las distribuciones de planta libre, los pequeños espacios acústicos como las cabinas telefónicas y los módulos de concentración se han vuelto esenciales para mantener la productividad y la privacidad. No obstante, la paradoja de los "conflictos de reserva" combinados con "espacios subutilizados" ha convertido estas áreas en un desafío operativo. El interrogante, por lo tanto, radica en cómo los espacios de trabajo pueden equilibrar la eficiencia, la productividad y las experiencias individuales de los/las usuarios/as dentro de entornos cada vez más complejos.
Lo que la arquitectura deja en el suelo perdura más que lo que eleva en el aire. Un edificio demolido desaparece del horizonte en cuestión de días, pero sus cimientos permanecen incrustados en la tierra durante generaciones. La contaminación causada por un complejo industrial no se disipa cuando este se demuele. Los límites legales inscritos a lo largo del territorio colonial no se disuelven al terminar la administración colonial. El suelo retiene lo que la arquitectura olvida con rapidez.
Esto es lo que hace que el suelo sea un tema tan incómodo. La disciplina tiende a orientarse hacia arriba: hacia la forma, la fachada, la experiencia espacial del habitar. El suelo es donde la arquitectura comienza y, en cierto sentido, donde termina: el punto en el que el edificio se convierte en geología, el título de propiedad en reclamo territorial y la construcción en extracción. Tratar el suelo como un medio en lugar de como un simple dato implica reconocer que el acto de construir conlleva consecuencias que calan más hondo que el objeto visible sobre el nivel del terreno.
Mucho antes de convertirse en una cuestión de rendimiento, confort o eficiencia energética, la luz natural es un medio para dotar de presencia a la arquitectura. Revela la textura de un muro, la profundidad de un vano y el paso silencioso del tiempo en el espacio. En obras tan distintas como las de Tadao Ando y Alvar Aalto, la luz diurna se presenta como un material de diseño esencial: en algunos casos, orientando la mirada hacia la contemplación; en otros, haciendo que los espacios se perciban más humanos, acogedores y conectados con la vida cotidiana.
Una de las cualidades definitorias de los interiores contemporáneos es la flexibilidad. Las oficinas, los centros educativos, los hoteles y los espacios culturales necesitan ser adaptables. Requieren espacios que puedan expandirse, dividirse, abrirse y cerrarse según las diferentes actividades, sin sacrificar el confort o la acústica. Por lo tanto, la manera en que se subdivide un espacio ya no es una decisión secundaria, sino un componente central del rendimiento arquitectónico.
Escuela de Diseño y Medio Ambiente de la NUS / Serie Architects + Multiply Architects + Surbana Jurong. Imagen cortesía de Serie Architects + Multiply Architects + Surbana Jurong
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato para ensayos argumentativos sobre las preguntas cruciales que definen nuestra disciplina.
Antes de que los y las estudiantes de arquitectura se conviertan en autores y autoras del espacio, se ven sometidos a uno. Durante años, trabajan dentro de un edificio que enseña sin anunciarse como docente. Este organiza su cansancio, su ambición, su visibilidad, su soledad, sus amistades, su sentido de la escala y su relación con el juicio. Mucho antes de que un/a estudiante pueda articular una postura sobre la arquitectura, la escuela ya les ha propuesto una a través de su implícito entorno construido.
Con esto no se pretende sugerir que los edificios determinen a los/las arquitectos/as. La influencia es más lenta y menos absoluta. El edificio de una escuela opera más bien como un currículo oculto: una disciplina espacial que actúa junto con el cuerpo docente, los planes de estudio, la cultura institucional y la vida estudiantil. Enseña a través del acceso y la obstrucción, las adyacencias del programa, la exposición a la luz natural y la escala. Produce hábitos de atención antes de generar creencias explícitas.
El trabajo ya no ocurre en un único lugar. Se desplaza, se fragmenta y se adapta. Puede comenzar en una oficina, seguir en una cabina acústica, pasar por un espacio compartido y terminar en casa. En este recorrido, la laptop se convierte en un elemento constante. A medida que el trabajo se vuelve más móvil, las configuraciones espaciales también empiezan a acompañar esta condición.
En Hong Kong, donde la arquitectura suele estar impulsada por la lógica inmobiliaria, la infraestructura y un desarrollo acelerado, el espacio para la experimentación cívica a escala humana puede ser sorprendentemente estrecho. Es aquí donde Design Trust ha logrado distinguirse. Como plataforma de financiamiento y facilitación de proyectos, apoya intervenciones espaciales que se sitúan entre la arquitectura, la investigación y la programación pública; un trabajo que a menudo resulta demasiado modesto, colectivo o incierto para encajar dentro de los canales convencionales de la relación cliente-arquitecto/a.
En el centro de esta labor se encuentra Marisa Yiu, cuyo liderazgo posiciona a Design Trust tanto como agente facilitador como actor cultural. A través de iniciativas como Micro-Parks Hong Kong, junto con exposiciones y programas públicos, la organización aborda el discurso y la creación de prototipos como formas de agencia espacial, vinculando a diseñadores/as, comunidades, instituciones y debates sobre políticas públicas, al tiempo que prioriza cuestiones de gestión, mantenimiento y la "vida posterior" del espacio público.
¿Qué importa más: mirar al pasado o al futuro? ¿Reconocer trayectorias consolidadas o impulsar caminos aún en construcción? Quizás esta no sea una pregunta con una respuesta única. Tradicionalmente, los premios de arquitectura han funcionado como dispositivos de consagración: han reconocido obras terminadas, trayectorias consolidadas y soluciones ya probadas, la mayoría de las veces bajo una mirada retrospectiva. ¿Qué pasaría, sin embargo, si el reconocimiento dejara de ser un fin en sí mismo y comenzara a operar como un agente catalizador, invirtiendo menos en lo que ya se ha hecho y más en lo que está por venir?
Más allá de ser una fuente de vida, el poder del sol en la arquitectura ha estado vinculado desde hace mucho tiempo a la necesidad de la humanidad de aprovecharlo y controlarlo como un recurso vital. Desde la antigüedad, la energía solar se ha utilizado para medir el tiempo, apoyar la siembra y la cosecha, y ofrecer protección contra el frío y el calor. Hoy en día, la radiación solar desempeña un papel fundamental en el consumo energético global. Las soluciones arquitectónicas basadas en materiales, tecnologías y análisis ambientales se desarrollan a partir de la comprensión de la capacidad de la energía solar para transformar el ambiente interior de los edificios. Sin embargo, ¿cómo pueden transformarse los edificios en fuentes de energía limpia?
Cortesía de SolarLab, Foto de doublespacephoto.com. Imagen RRC Polytech Manitou a bi Bii daziigae / Diamond Schmitt Architects & Number TEN Architectural Group
A medida que la responsabilidad ambiental se consolida en la cultura del diseño, la envolvente del edificio deja de ser una mera piel protectora para convertirse en una superficie activa generadora de energía. Tratar la tecnología solar como un material y no como un aditamento transforma la manera en que se concibe y se detalla la arquitectura. El color, la textura, el ritmo y el montaje se vuelven inseparables del rendimiento. Los sistemas fotovoltaicos integrados en edificios (BIPV) operan dentro de esta definición ampliada de la materialidad. Al integrar la tecnología solar en fachadas y fachadas ventiladas desde las primeras fases del proyecto, los/las arquitectos/as pueden eliminar redundancias, alinear las metas energéticas con la intención de diseño y replantear la composición de las envolventes. No obstante, traducir esta ambición en sistemas constructivos viables requiere precisión técnica e inteligencia constructiva.
Buildner ha anunciado los resultados de su concurso Concrete Pavilion. Como parte de la serie Material Studies de Buildner, la convocatoria invitó a arquitectos/as y diseñadores/as a explorar el potencial arquitectónico del concreto a través del diseño de un pabellón experimental. Se desafió a los y las participantes a reconsiderar este material más allá de su uso convencional, investigando sus posibilidades espaciales, estructurales y sensoriales.
Al desplazar la rotación fuera de las bisagras tradicionales y distribuir el peso verticalmente, las puertas pivotantes se desarrollaron para abordar un desafío arquitectónico específico: cómo mover paneles de puertas grandes y pesados con precisión, durabilidad y una mínima interferencia visual. Estos sistemas permiten que las puertas aumenten significativamente en escala, peso y ambición material, desdibujando a menudo la línea entre puerta, muro y superficie arquitectónica. Con el tiempo, esta innovación técnica ha expandido el papel de las puertas en la arquitectura, permitiéndoles funcionar no solo como puntos de acceso, sino también como umbrales espaciales, dispositivos compositivos y elementos expresivos dentro de la envolvente del edificio.
Destacando esta evolución, FritsJurgens creó el concurso Best Pivot Door Contest para exhibir proyectos donde convergen la precisión de la ingeniería y la intención arquitectónica. Fundada en los Países Bajos, la empresa es reconocida internacionalmente por sus sistemas de pivote ocultos, capaces de soportar puertas excepcionalmente grandes y pesadas. Estos sistemas otorgan a los/las arquitectos/as una mayor libertad en cuanto a escala y materialidad, al tiempo que mantienen la precisión, la confiabilidad y la claridad arquitectónica.
Las instituciones culturales representan un campo activo de exploración arquitectónica no construida, lo que refleja cómo los/las arquitectos/as continúan cuestionando el papel de los edificios públicos en la configuración de la vida urbana. En esta edición de Arquitectura no construida, enviada por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una serie de proyectos que abordan museos, centros de exposiciones y edificios diplomáticos como espacios de encuentro público. En lugar de tratar estos programas como tipologías fijas, estas propuestas los plantean como entornos espaciales en evolución a través de los cuales las ciudades se relacionan con la historia, el conocimiento y la representación.
A lo largo de geografías diversas, desde Wenzhou y Helsinki hasta Belgrado, Debrecen, la Ciudad de México y Núremberg, las propuestas exploran distintas respuestas a la arquitectura cultural contemporánea. Estas van desde la reutilización adaptativa de estructuras industriales e ideológicas hasta nuevos edificios integrados en frentes marítimos, parques y barrios residenciales. Mientras algunas enfatizan la continuidad con los contextos históricos, otras experimentan con estructuras más ligeras, estrategias ambientales o nuevas relaciones entre los programas interiores y el espacio público. En conjunto, ofrecen una instantánea de cómo se están reimaginando las instituciones culturales en diversas condiciones urbanas.
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Tanto en entornos urbanos como rurales, estas injusticias quedan inscritas en el tejido físico de los lugares, revelando diferencias extremas en las condiciones ambientales entre distintos barrios y distritos. Por ejemplo, los vecindarios densos con escasa cobertura arbórea absorben y retienen el calor, lo que expone a sus habitantes a tasas más altas de enfermedades relacionadas con las altas temperaturas. Las autopistas, los corredores industriales, los puertos y los vertederos se concentran cerca de comunidades de bajos ingresos y de minorías étnicas, condicionando su salud, la calidad del aire y del suelo, y su seguridad a largo plazo.
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Tradicionalmente, la visita a un museo es un acontecimiento programado con una secuencia claramente pautada. La llegada se celebra de forma ceremonial —a través de grandes escalinatas o umbrales, taquillas y mostradores de información, una audioguía y un conciso prefacio institucional sobre su misión e historia. Ese carácter deliberado de "ocasión especial" deriva de cómo se concibieron los museos durante mucho tiempo: intencionadamente excepcionales, rigurosamente curados y organizados en torno a un arco narrativo específico. En este modelo, el museo asume una voz de autoridad —con un conocimiento profundo, validado y digno de respeto antes que de cuestionamiento—, mientras que la arquitectura y la coreografía del espacio refuerzan una manera unívoca de ingresar, aprender y recordar.
Fundado como una práctica que trabaja de manera transversal en arquitectura y proyectos con enfoque comunitario, pk_iNCEPTiON tiene su sede en Maharashtra, India. El estudio, uno de los ganadores de los Premios Next Practices de ArchDaily 2025, desarrolla escuelas rurales, viviendas, bibliotecas y edificios públicos, con un fuerte enfoque en la organización espacial y la adaptabilidad. Al operar en diversos contextos sociales y climáticos, pk_iNCEPTiON aborda el diseño prestando una meticulosa atención al movimiento, la escala y la relación entre la forma construida y el espacio abierto.
Cortesía de [applied] Foreign Affairs, Instituto de Arquitectura, Universidad de Artes Aplicadas de Viena
Mucho antes de que la arquitectura tomara la forma de muros, techos o ciudades, esta ya reunía a las personas en torno al fuego. El simple fogón fue uno de los primeros dispositivos espaciales de la humanidad: un lugar para el calor, la comida, las historias y el ritual. A su alrededor, el espacio cobraba forma a través de la proximidad y no del cerramiento; mediante la presencia compartida en lugar de un uso prescrito. El fuego organizaba los cuerpos en círculo, fomentaba alianzas y transformaba la supervivencia en vida colectiva. Hoy en día, esta lógica ancestral persiste: la arquitectura tiene el potencial de reunir a las personas, no dictando cómo deben encontrarse, sino creando las condiciones que hacen posible el encuentro.
Este mes, ArchDaily explora El encuentro y la creación de lugar, un tema que examina la arquitectura como un marco para la inclusión, el cuidado y la pertenencia. Esta temática se alinea con la primera edición de los ArchDaily Student Project Awards, los cuales abordan el cuidado desde una perspectiva colectiva, enfocándose en espacios que fomentan mejores formas de convivencia. Más allá de los espacios de reunión emblemáticos, nuestra cobertura analiza los entornos cotidianos, desde mercados de alimentos y mesas comunitarias hasta plazas de barrio, terceros lugares, ámbitos domésticos y entornos digitales o híbridos de encuentro a distancia. En lugar de tratar el encuentro como un programa rígido, se plantea cómo el diseño espacial puede potenciar la apertura, la diversidad y la vida colectiva sin imponer formas fijas de reunión.
Hoy en día, el aprendizaje y el intercambio interdisciplinarios son más cruciales que nunca para abordar desafíos ambientales, sociales y urbanos cada vez más complejos.
Cada verano, el College of Environmental Design (CED) de la Universidad de California, Berkeley, se convierte en un laboratorio intensivo para la exploración arquitectónica, paisajística y urbana. A través de dos programas complementarios —Design + Innovation for Sustainable Cities (DISC) y los Summer Institutes—, Berkeley ofrece un plan de estudios inmersivo fundamentado en el rigor disciplinario, el intercambio intencionado y una cultura institucional compartida. En conjunto, estos programas reflejan la consolidada estructura multidisciplinaria del CED, donde la arquitectura, la arquitectura del paisaje, la planificación urbana y el diseño urbano prosperan y colaboran bajo un mismo techo.