Tras dos semanas y más de 85.000 nominaciones, ya se conocen los finalistas de los Premios Building of the Year de este año. La selección refleja fielmente a la audiencia de ArchDaily que la eligió: diversa en su geografía, generosa en ideas y precisa en sus intenciones. Con proyectos de 46 países, abarcando una gran variedad de tipologías y escalas, el conjunto ofrece una excelente instantánea del momento arquitectónico actual.
Te invitamos a tomarte un momento, explorar y votar por tus favoritos definitivos. A continuación, encontrarás a los 75 finalistas en sus respectivas categorías. La votación estará abierta hasta el 18 de febrero a las 18:00 EST. Muchas gracias; tu participación es fundamental para hacer de este el premio de arquitectura impulsado por la comunidad más grande del mundo.
Las ciudades de todo el mundo comparten un objetivo común: volverse más saludables y verdes, con el respaldo de una infraestructura cívica que restaure los ecosistemas y fortalezca la vida pública. La gran pregunta es cómo lograrlo. Los objetivos climáticos globales, los códigos de edificación locales y las normativas municipales orientan cada vez más a quienes diseñan y planifican hacia mejores decisiones. Sin embargo, muchas ciudades aún luchan por traducir estos marcos de referencia en confort cotidiano a nivel de calle y en una protección ecológica a largo plazo. ¿Qué sucedería si la ciudad ya no fuera tratada como una urbe tradicional, sino como un parque nacional?
Los parques nacionales operan mediante sistemas de protección que abordan el territorio como una red de relaciones ecológicas, y no como una simple colección de sitios aislados. Establecen una base común para lo que debe preservarse, mantenerse y hacerse accesible a lo largo del tiempo. Al aplicar esta lógica al entorno urbano, el éxito del modelo puede inspirar orgullo y un sentido de responsabilidad compartida entre los/las diseñadores/as, los/las formuladores/as de políticas y los/las residentes, fomentando un compromiso colectivo con la salud, el hábitat y la infraestructura cívica.
El patrimonio arquitectónico suele describirse como aquello que sobrevive al paso del tiempo. Sin embargo, la supervivencia no explica por qué ciertos edificios se conservan mientras otros desaparecen. Muchas obras que hoy están protegidas como patrimonio cultural fueron en su momento criticadas, cuestionadas o abiertamente rechazadas; se les acusó de estar socialmente desencaminadas, de tener fallas materiales o de ser simbólicamente desmesuradas. Con el tiempo, no obstante, estas mismas deficiencias se han vuelto fundamentales para su significado, a medida que el patrimonio se revela como un proceso de interpretación lento e inestable.
La arquitectura contemporánea opera bajo un escrutinio intenso, presionada por la responsabilidad ambiental, la equidad social, la volatilidad económica y el acelerado cambio tecnológico. Se espera que los edificios funcionen de manera ética, eficiente y simbólica, a menudo simultáneamente. Como consecuencia, el fracaso arquitectónico ya no es una excepción, sino una condición cada vez más común. Los proyectos envejecen más rápido, los materiales revelan sus limitaciones antes y las estrategias urbanas quedan desfasadas rápidamente respecto a las cambiantes realidades políticas, sociales y ambientales.
WORKac es una firma con sede en Nueva York fundada en 2003 por Amale Andraos y Dan Wood. La oficina siempre ha creído en "el poder de la arquitectura y el diseño para comprometerse con las preocupaciones ambientales y sociales, y para crear nuevas posibilidades para el futuro". En ese sentido, la dirección de la oficina define su enfoque de la arquitectura como una evolución constante. Para su equipo, se trata de un proceso continuo de aprendizaje, cuestionamiento y reaprendizaje, alimentado por el compromiso de la práctica con la cultura, el clima y la historia locales, así como por el discurso en los campos de la ecología, el paisaje y el urbanismo. De este modo, logran integrar estos temas con un enfoque en proyectos públicos, culturales y cívicos que buscan reinventar la manera en que las personas viven, trabajan y experimentan el mundo.
La magia de la arquitectura india reside en un orden invisible en medio del caos visceral. Cuando un futuro incierto llama a la puerta de quienes ejercen la profesión a nivel local, se podría empezar a mirar dentro de las cuatro paredes que ocupan para descubrir una oportunidad de reinterpretación.
Mumbai, Delhi, Bengaluru y otras grandes metrópolis se describen a menudo como entornos que necesitan soluciones habitacionales masivas para millones de personas. La respuesta instintiva es predecible: planes maestros, torres densas y unidades estandarizadas dispersas sobre urbanizaciones desordenadas. Sin embargo, esta terminología ignora una verdad más profunda sobre cómo la población ya vive, trabaja y construye en la India. Las simplificaciones utilizadas en la política y la planificación —asentamiento informal, colonia no autorizada, tugurio— implican un estado temporal que debe corregirse. Por el contrario, la mirada del diseño contempla estos lugares como historias urbanas superpuestas, formadas por la necesidad.
La Sagrada Familia de Antoni Gaudí. Imagen de Maksim Sokolov, via Wikimedia Commons, License CC BY-SA 4.0
A medida que el 2025 llega a su fin, miramos hacia adelante al 2026, un año programado para entregar una diversa gama de proyectos arquitectónicos significativos en todo el mundo. El año es particularmente notable por la finalización de nuevas infraestructuras y edificios culturales, incluidos proyectos a largo plazo. Europa estará en el centro de atención del nuevo año con los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026. Este evento contará con proyectos como la Villa Olímpica de SOM y la Arena de los Juegos Olímpicos de Invierno de David Chipperfield Architects. También en Milán, BIG está a punto de completar la construcción del proyecto City Wave como parte de un nuevo distrito de negocios en la ciudad. Al mismo tiempo, tras más de 140 años de su establecimiento, los arquitectos y arquitectas de todo el mundo también estarán atentos a la tan esperada finalización de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí en Barcelona, anunciada para 2026.
En 2025, el campo de la arquitectura ha estado marcado por un denso calendario de exhibiciones, una desaceleración moderada de la construcción en múltiples regiones y un período de reflexión que examina con rigor el impacto de la inteligencia (tanto artificial como natural), no solo en la práctica profesional y en la cultura de los espacios de trabajo, sino también en su uso como herramienta pedagógica. A lo largo de este año, ArchDaily ha publicado más de 30 entrevistas en diversos formatos: sesiones de preguntas y respuestas, conversaciones presenciales, reportajes en video y más. Estos intercambios han abordado temas de sostenibilidad y naturaleza, vivienda y desarrollo urbano, inteligencia artificial e inteligencia humana, reutilización adaptativa y vida pública, y han seguido de cerca las principales plataformas de exhibición, como la Bienal de Venecia, la Expo 2025 de Osaka, la Semana del Diseño de Milán y Concéntrico, entre otras.
Amateur Architecture Studio, Museo de Historia de Ningbo, 2008. Imagen cortesía de Louisiana
Nacido en 1963 en Urumqi, Xinjiang, China, el arquitecto Wang Shu ha dedicado su trayectoria a definir un enfoque contemporáneo de la edificación profundamente arraigado en la historia cultural y material de China. En 2012, fue galardonado con el Premio Pritzker, convirtiéndose en el primer ciudadano chino en recibir esta distinción. El jurado del premio reconoció el conjunto de su obra "por el carácter y la calidad excepcionales de su trabajo ejecutado, así como por su compromiso continuo de buscar una arquitectura responsable y sin concesiones, surgida de un sentido de cultura y lugar específicos". En 2027, junto con su esposa Lu Wenyu, Wang Shu se desempeñará como curador de la Bienal de Arquitectura de Venecia.
Cada año trae consigo nuevas ideas, proyectos y cambios en la cultura arquitectónica, pero también marca la pérdida de voces que han dado forma a la disciplina a lo largo de décadas. La arquitectura avanza, pero también progresa a través de la ausencia. Cuando desaparecen aquellas figuras que ayudaron a articular su lenguaje y sus ambiciones, dejan tras de sí algo más que obras terminadas o textos influyentes. Su ausencia se convierte en un umbral, un momento en el que la disciplina se detiene para comprender qué permanece, qué evoluciona y qué sigue guiándonos. Estos momentos de pérdida nos recuerdan que la arquitectura es una construcción colectiva de largo aliento, impulsada no solo por quienes dan forma al presente, sino también por aquellas personas cuyas visiones siguen orientando nuestra manera de pensar las ciudades y los paisajes.
Los/las arquitectos/as y pensadores/as que perdimos en 2025 provenían de mundos notablemente diversos; sin embargo, los interrogantes que definieron su trabajo coincidieron a menudo. Hubo quienes abordaron la ciudad desde la identidad, el simbolismo y la continuidad histórica, buscando arraigar el entorno construido en la memoria cultural. Otros/as, por el contrario, la interpretaron a través de la precisión de la ingeniería, los sistemas ecológicos o la experimentación radical, expandiendo los límites de lo que la arquitectura podía ser y cómo podía experimentarse. Sus trayectorias abarcan contextos tan diversos como la Gran Bretaña de posguerra, una China en acelerada urbanización, las vanguardias de Europa Central y las cambiantes instituciones culturales de Berlín y Nueva York. En conjunto, conforman un abanico de respuestas que definieron —y continúan definiendo— la cultura arquitectónica del último medio siglo, revelando la multiplicidad de formas en que la arquitectura puede comprometerse con la sociedad, la tecnología y el medio ambiente.
El Día de los Derechos Humanos se celebra anualmente el 10 de diciembre en todo el mundo. Conmemora el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Redactada por representantes de diversas trayectorias jurídicas y culturales de todas las regiones, la Declaración fue proclamada como un ideal común para todos los pueblos y naciones. Por primera vez, el documento estableció los derechos humanos fundamentales que deben protegerse universalmente de forma inalienable, otorgándoselos a todo ser humano sin distinción de raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. En la actualidad, la Declaración sirve como modelo global para leyes y políticas internacionales, nacionales y locales. Disponible en 577 idiomas, es el documento más traducido del mundo. Las Naciones Unidas han establecido como lema para la conmemoración de este año "Derechos Humanos, nuestros elementos esenciales cotidianos", con el objetivo de "reafirmar los valores de los derechos humanos y demostrar que siguen siendo una propuesta ganadora para la humanidad".
Tras la noticia del fallecimiento de Frank Gehry a los 96 años, se ha reavivado el interés en una trayectoria que definió de manera significativa el discurso arquitectónico desde finales del siglo XX en adelante. A lo largo de más de siete décadas, Gehry desarrolló un lenguaje de diseño caracterizado por la experimentación material, la elaboración iterativa de maquetas y el interés por las formas fluidas y expresivas. Su obra abarca desde tempranas intervenciones residenciales en el sur de California hasta importantes instituciones culturales que han contribuido a la identidad de diversas ciudades alrededor del mundo. En conjunto, estos proyectos trazan una trayectoria que confluyó con transformaciones en las tecnologías de fabricación, las tipologías de museos y las estrategias de desarrollo urbano.
En un mundo que enfrenta agotamiento ecológico y saturación espacial, el acto de construir ha llegado a representar tanto creación como consumo. Durante décadas, el progreso arquitectónico se midió por lo nuevo: nuevos materiales, nuevas tecnologías, nuevos monumentos de ambición. Sin embargo, hoy en día, la disciplina está cada vez más moldeada por otra forma de inteligencia, una que valora lo que ya existe. Los arquitectos y arquitectas están aprendiendo que hacer menos puede significar diseñar más, y este cambio marca la aparición de lo que podría llamarse una arquitectura de contención: una práctica definida por el cuidado, el mantenimiento y la elección deliberada de no construir.
El principio reconoce que el edificio más sostenible es a menudo el que ya existe, y que la transformación puede ocurrir a través de la preservación, la reparación o incluso la ausencia. Elegir no construir se convierte en un acto político y creativo, una respuesta a los límites materiales del planeta y a los límites éticos del crecimiento infinito. Esa arquitectura va más allá de la producción de nuevas formas para abrazar la continuidad, extendiendo la vida de las estructuras, los materiales y los recuerdos que ya habitan el mundo.
¿Cómo se siente el optimismo en ciudades que ya no pueden confiar en la perfección como su máxima aspiración? En todo el mundo, los entornos urbanos soportan el peso de presiones superpuestas: la volatilidad climática, la desigualdad espacial, la fragmentación política, la desconfianza pública y la desinversión crónica en infraestructura. Estas realidades hacen que la idea de una ciudad ideal esté cada vez más distanciada de la experiencia vivida. No obstante, la esperanza de construir mejores sistemas persiste. Si bien las visiones utópicas pueden parecer una evasión de las crecientes complejidades del mundo moderno, el mayor desafío para la creación de ciudades contemporánea radica en confrontar esas complejidades en lugar de eludirlas.
Extendiéndose a lo largo de la costa atlántica en el extremo sur de Florida, Miami suele presentarse a través de postales de playas, palmeras y torres de cristal frente al mar. Sin embargo, detrás de esta imagen familiar se esconde una ciudad moldeada por la migración, el turismo y los ciclos inmobiliarios, donde la arquitectura se ha utilizado de manera recurrente para proyectar nuevas identidades y reinventar el paisaje urbano. Desde los primeros hoteles turísticos y las fachadas Art Deco de South Beach, hasta rascacielos experimentales e instituciones culturales sobre la bahía, el entorno construido ofrece una lectura de cómo Miami negocia entre el clima, la economía y la vida cotidiana.
Durante el último siglo, la ciudad ha crecido a través de sucesivas etapas de desarrollo que siguen siendo visibles en sus calles y perfiles urbanos. La geometría aerodinámica y los colores pastel del histórico distrito Art Deco coexisten con las formas exuberantes de los moteles de estilo Miami Modern (MiMo) y la infraestructura de posguerra a lo largo de Biscayne Boulevard. Downtown y Brickell han pasado de ser distritos financieros de baja altura a convertirse en densos núcleos de torres residenciales y de oficinas, muchas de ellas diseñadas por firmas internacionales que colaboran con estudios locales. Al mismo tiempo, barrios como Little Havana, Allapattah y Wynwood revelan cómo las comunidades de la diáspora, el patrimonio industrial y las industrias creativas ocupan y adaptan el tejido urbano existente, a menudo en contraste con el frente marítimo enfocado en la imagen.