Jardín Botánico Guangzhou Yunxi / AECOM + Architectural Design & Research Institute of SCUT + Guangzhou Landscape Architectural Design & Research Institute . Imagen cortesía de AECOM
Cuando las estructuras construidas quedan en desuso o abandonadas, la reutilización adaptativa puede ser la manera perfecta de dar nueva vida a un edificio antiguo, al tiempo que se conservan los recursos y el valor histórico. Ya sea por motivos ambientales, por la disponibilidad de suelo o por el deseo de conservar un monumento histórico, innumerables oficinas de arquitectura en todo el mundo están recurriendo a la reutilización adaptativa como una solución a los problemas modernos del entorno construido.
Bajo esta premisa, hemos recopilado una lista de 20 proyectos creativos de reutilización adaptativa, cada uno de los cuales aprovecha una estructura antigua para crear una forma revitalizada de manera singular.
A continuación, descubre cómo una antigua capilla, una torre de agua y un matadero del siglo XIX se transformaron y cobraron nueva vida.
TripAdvisor anunció los mejores destinos del mundo “en auge” según los premios Travelers’ Choice de 2018. De acuerdo con la plataforma, la selección de las ciudades ganadoras se basa en millones de comentarios publicados en el sitio cada año. Asimismo, se consideran aquellas ciudades que registran un incremento en el tráfico de búsquedas y en el interés de los/as usuarios/as para realizar reservas.
La lista de este año incluye diez ciudades. A continuación, presentamos los diez destinos elegidos por los/as viajeros/as de TripAdvisor de todo el mundo:
En climas templados y fríos, la arquitectura suele comenzar con un gesto defensivo. La envolvente del edificio es un límite sellado diseñado para resistir el entorno exterior mediante aislamiento, barreras de vapor y control mecánico. En países fríos como Canadá, donde las temperaturas invernales pueden caer muy por debajo del punto de congelación, la hermeticidad no es un lujo. En este contexto, las edificaciones deben resistir por completo el entorno exterior para mantener el confort en su interior. Sin embargo, en Centroamérica, una región que se extiende desde Belice hasta Panamá, la lógica arquitectónica cambia de la exclusión a la negociación. En esta región, la envolvente no funciona como una muralla defensiva, sino como un filtro especializado.
Tras la noticia del fallecimiento de Frank Gehry a los 96 años, se ha reavivado el interés en una trayectoria que definió de manera significativa el discurso arquitectónico desde finales del siglo XX en adelante. A lo largo de más de siete décadas, Gehry desarrolló un lenguaje de diseño caracterizado por la experimentación material, la elaboración iterativa de maquetas y el interés por las formas fluidas y expresivas. Su obra abarca desde tempranas intervenciones residenciales en el sur de California hasta importantes instituciones culturales que han contribuido a la identidad de diversas ciudades alrededor del mundo. En conjunto, estos proyectos trazan una trayectoria que confluyó con transformaciones en las tecnologías de fabricación, las tipologías de museos y las estrategias de desarrollo urbano.
Toda arquitectura se cimenta en la tierra. Esta materia prima, maleable y resistente, es el origen de las baldosas cerámicas extrusionadas: arcilla transformada desde su estado natural en una solución arquitectónica sin perder un ápice de su autenticidad. El trabajo de Exagres se arraiga en este material natural, transformando la arcilla cuidadosamente con destreza y precisión, guiándola en este trayecto en lugar de forzarla.
Balcony House / Ryo Matsui Architects. Imagen cortesía de Ryo Matsui Architects Inc
Caminamos sobre suelo "plano" todos los días y rara vez nos detenemos a pensarlo, pero ¿qué tan plano es en realidad? En la ciudad, los cordones están biselados, las aceras se inclinan hacia las rejillas y las calzadas tienen un bombeo central para escurrir el agua hacia cunetas poco profundas. En los suburbios y en los senderos sin pavimentar, el terreno irregular es la norma. En el interior de los edificios, por el contrario, buscamos una horizontalidad casi perfecta: marcos estructurales, losas y acabados se disciplinan para crear superficies de tránsito niveladas en nombre de la seguridad y la accesibilidad. Sin embargo, la planicidad es intrínsecamente incompatible con el agua. Una mirada más atenta revela un discreto repertorio de soluciones: ligeras pendientes en los accesos, umbrales elevados unos pocos milímetros y zonas húmedas con inclinaciones casi imperceptibles. El suelo se percibe como plano, pero en realidad está cuidadosamente calibrado —microtopografías que se hacen pasar por planos— para gestionar el agua sin llamar la atención.
¿Cuáles son las formas habituales en que los/las arquitectos/as "mantienen las cosas planas" mientras gestionan el agua, ese enemigo perenne de los edificios? Una forma útil de analizarlo es examinar de cerca tres situaciones recurrentes: las cubiertas o terrazas exteriores, los baños y otras zonas húmedas, y los planos de suelo exterior. Cada una de ellas recurre a un conjunto de herramientas ligeramente diferente —sistemas de pedestales regulables sobre impermeabilizaciones inclinadas, micropendientes hacia sumideros, desagües perimetrales ocultos, pendientes divididas— para mantener la ilusión de una superficie continua y nivelada. El estudio comparativo de estas situaciones revela cuánto esfuerzo de diseño se requiere para conciliar la percepción de planicidad con una realidad compleja.
Los muelles y puertos de embarcaciones son espacios liminales donde la orilla marca el encuentro entre la tierra y el agua, sirviendo como un espacio para la convergencia de la cultura, la industria y la comunidad. Para quienes trabajan en el mar, desde pescadores/as comerciales hasta operadores/as de carga marítima, el muelle es un umbral entre el trabajo y el descanso, entre la incertidumbre oceánica y la estabilidad terrestre. Para otras personas, el muelle funciona como una puerta de entrada a la recreación, el deporte y la aventura, albergando desde clubes de remo hasta viajes familiares en velero. Y para quienes nunca suben a bordo de una embarcación, el muelle ofrece una poderosa conexión con el entorno marino, un lugar donde detenerse, observar e interactuar con el ritmo de las mareas.
"Dancen, dancen... de lo contrario, estamos perdidos". Esta frase tantas veces citada de Pina Bausch sintetiza no solo la urgencia del movimiento, sino también su capacidad para revelar el espacio mismo. En sus coreografías, el espacio nunca es un telón de fondo neutro: se convierte en un interlocutor, un obstáculo, una memoria. Los suelos se inclinan, las sillas se acumulan, las paredes oprimen o liberan. Se trata de condiciones arquitectónicas, escenificadas y cuestionadas a través del cuerpo. Lo que Bausch expone —y lo que la arquitectura a menudo olvida— es que el espacio no se limita a construirse, sino que se performa. Su obra invita a quienes ejercen la arquitectura a pensar no solo en términos de materiales y formas, sino también de gestos, relaciones y ritmos. Sugiere que la arquitectura, al igual que la danza, consiste en última instancia en cómo habitamos, estructuramos y cargamos de emoción los espacios por los que nos movemos.
Históricamente, la arquitectura y la danza han operado en paralelo, moldeando la experiencia humana a través de la orientación del cuerpo en el espacio y el tiempo. Desde los rituales coreografiados de los templos clásicos hasta las lógicas axiales de los palacios barrocos, el espacio construido siempre ha implicado movimiento. La Bauhaus llevó esto más allá: el Ballet Triádico de Oskar Schlemmer visualizó el espacio como una extensión geométrica del cuerpo. No se trataba de escenografía, sino de pensamiento espacial hecho movimiento. Durante el siglo XX, figuras de la coreografía como William Forsythe y Anne Teresa De Keersmaeker integraron las limitaciones arquitectónicas en sus partituras, mientras que arquitectos y arquitectas como Steven Holl, Diller Scofidio + Renfro y Toyo Ito diseñaron edificios que se despliegan como secuencias espaciales, invitando al movimiento, la deriva y la pausa.
Detrás de las fachadas late una vida vibrante donde el exterior se fusiona con el interior, transformando espacios urbanos olvidados en residencias cautivadoras. En ciudades de todo el mundo, los equipos de arquitectura, ingeniería y diseño se enfrentan al desafío de integrar nuevas edificaciones en paisajes urbanos consolidados con un espacio limitado. Hoy en día, numerosos estudios de arquitectura adoptan este concepto, expandiendo sus propuestas más allá de los límites convencionales y transformando pequeños lotes urbanos en espacios habitables en niveles e interconectados.
Situada en el sur de España, Sevilla se revela como una ciudad de capas superpuestas, moldeada por siglos de intercambios culturales. Como antigua capital de Al-Andalus y puerto neurálgico durante la expansión del Imperio español, su entorno construido refleja una profunda complejidad histórica. Desde los cimientos romanos hasta las geometrías islámicas, pasando por palacios renacentistas e intervenciones contemporáneas, Sevilla presenta una narrativa espacial única en la que la arquitectura refleja de manera directa sus transformaciones políticas, religiosas y sociales.
El patrimonio arquitectónico de la ciudad es inseparable de su clima y su geografía. Las calles estrechas y sombreadas, los patios interiores y el agua como elemento espacial revelan un profundo conocimiento de adaptación al medio ambiente que, aún hoy, define la articulación de los espacios públicos y privados. Mientras que hitos monumentales como el Alcázar, la Giralda o la Catedral preservan y reinterpretan el legado histórico, los proyectos modernos han comenzado a introducir nuevos materiales, programas y tipologías espaciales, desafiando las formas convencionales y proponiendo alternativas para habitar la ciudad.
Comprender el gradiente de temperatura en un edificio es esencial en climas fríos o templados, donde se utilizan cerramientos herméticos y aislamiento continuo para prevenir la pérdida de calor. Sin embargo, este enfoque no es adecuado para áreas tropicales como América Central, donde el clima se caracteriza por una alternancia constante entre temporadas húmedas y secas en lugar de cuatro distintas. Factores como la proximidad al mar, la elevación y la topografía local influyen en los microclimas a lo largo de distancias cortas, pero la alta humedad sigue siendo un desafío común. Las paredes selladas, herméticas y sin ventilación pueden convertirse rápidamente en criaderos de moho, lo que hace que las estrategias térmicas convencionales sean problemáticas. En respuesta, los diseñadores locales han desarrollado enfoques alternativos que abrazan, en lugar de resistir, el entorno exterior, permitiendo el flujo de aire y la evaporación para gestionar el confort interior.