
Del tablero de dibujo a la pantalla de la computadora, la digitalización de planos y documentación marcó la primera fase de la transformación digital en las firmas de arquitectura. La segunda introdujo el BIM, conectando la información de los proyectos a través de plataformas en la nube y flujos de trabajo colaborativos. Hoy en día, emerge una nueva fase, definida por la inteligencia artificial, la automatización y ecosistemas de software más especializados. La paradoja radica en que, mientras las fases anteriores estuvieron dominadas por un número reducido de herramientas, el panorama actual ofrece una abundancia de soluciones altamente especializadas, impulsadas por IA y a menudo redundantes, que compiten por captar la atención. Si bien adquirir software nuevo suele ser la parte más sencilla de la transformación digital, el verdadero desafío consiste en modificar los flujos de trabajo y los comportamientos establecidos; razón por la cual a muchas herramientas nuevas les cuesta lograr una adopción duradera.

















