Las vigas de ladrillo se han utilizado ampliamente en la construcción debido a su resistencia, durabilidad y atractivo estético. Al incorporar barras de refuerzo de acero en una serie de ladrillos dispuestos en un patrón específico, estos elementos forman estructuras de soporte horizontales que distribuyen el peso y las fuerzas que actúan sobre un edificio. No obstante, es inusual encontrar vigas de ladrillo con luces excesivamente grandes, debido a la necesidad de evitar problemas estructurales a largo plazo. Por el contrario, suelen presentarse en forma de dinteles simples, que resultan más fáciles de manipular.
Con una longitud de 16,2 metros y una impresionante luz libre de 15,8 metros, la oficina de arquitectura CEBRA ha colaborado con el grupo Randers Tegl, el mayor proveedor de ladrillos de Escandinavia, para completar la construcción de la que probablemente sea la viga de ladrillo más larga hasta la fecha. Esta viga exterior está acompañada por una viga "hermana" interior con una luz de 13 metros y se ubica sobre la entrada principal de la nueva sede de Danish Crown en Randers, Dinamarca, extendiéndose libremente entre dos de las alas del edificio. La viga más larga está compuesta por casi 4.200 ladrillos: su altura consta de 25 hileras de ladrillos, el equivalente a 1,6 metros, y su espesor es de 4 ladrillos.
Marina Gardens, Singapur. Imagen de Nick Fewings Unsplash
Durante mucho tiempo, la sustentabilidad fue vista como sinónimo de tecnología en el ámbito arquitectónico. La eficiencia se relacionaba directamente con aparatos tecnológicos innovadores que colmaban las edificaciones de parafernalia. Hoy en día, sin embargo, el concepto de sustentabilidad abarca cada vez más diversas estrategias relacionadas también con el reconocimiento de técnicas vernáculas y materiales locales como elementos fundamentales para la creación de edificaciones sustentables y neutras en carbono.
No obstante, independientemente de la técnica o de los materiales utilizados, el denominador común es la búsqueda de la reducción de la huella de carbono de nuestras arquitecturas, una situación que exige cambios en la forma en que los edificios son concebidos, construidos y operados. Es decir, retornar a lo vernáculo o utilizar una aplicación de última generación son estrategias que, a pesar de ser muy distintas, buscan llegar al mismo lugar y, por ende, son igualmente válidas.
Frente a las batallas que hemos estado enfrentando contra el cambio climático, sobre todo en los últimos años, la elaboración de estrategias genuinas de descarbonización nunca ha sido tan crítica y necesaria. En todo el mundo, profesiones, empresas y organizaciones de diversas áreas se encuentran bajo presión para adoptar prácticas y conductas más sostenibles en sus procesos. El campo de la arquitectura y el urbanismo no es la excepción; términos como "arquitectura sostenible" o "arquitectura verde", mezclados con una serie de certificaciones, productos y publicidad, se han vuelto cada vez más comunes y populares, prometiendo cambios y mejoras en la profesión que, en teoría, estarían alineados con los nuevos parámetros deseados para el futuro global.
Sin embargo, en medio de esta creciente concienciación ambiental, ha emergido otro fenómeno: el greenwashing, o "lavado verde". El greenwashing se refiere a prácticas adoptadas por diversos sectores, sobre todo vinculadas a estrategias de marketing que presentan iniciativas para transmitir una impresión falsa o proporcionar información engañosa sobre cómo los productos o proyectos de una empresa son más respetuosos con el medio ambiente de lo que realmente son, cuando se analizan bajo una perspectiva más crítica y cuidadosa.
La arquitectura, a lo largo de su existencia, se ha reinventado no solo por el surgimiento de nuevas técnicas y tendencias, sino también por una comprensión más profunda del ser humano. En tiempos recientes, el campo de la neuroarquitectura ha revelado valiosos estudios sobre la influencia de los entornos construidos en nuestros cerebros y, por consiguiente, en nuestro comportamiento y bienestar. Esta interdisciplinariedad sugiere que el diseño de interiores, específicamente la materialidad y el diseño de superficies, puede desempeñar un papel crucial en la modulación de las respuestas neurales y conductuales de los individuos.
La distribución de los espacios interiores ha estado en constante evolución desde el primer proyecto residencial. Durante muchos años, la funcionalidad dictaba cómo se organizaban, pero poco después, los cambios culturales, sociales y económicos influyeron en la forma en que las personas diseñan su espacio habitable, dando lugar al amplio y versátil concepto de planta abierta. Mucho se ha escrito - y criticado - sobre este concepto: quién lo introdujo, cómo se desarrolló, sus beneficios y/o carencias. Durante las últimas décadas, las plantas integradas fueron tal vez uno de los conceptos de diseño de interiores más solicitados, pero hoy en día, los arquitectos/as se inclinan hacia lo contrario.
Diseño del sistema de ventilación del Hospital Sarah / João Filgueiras Lima (Lelé). Imagen vía Betoneira
Es de conocimiento (y afirmación) general que la arquitectura es un campo transdisciplinar. Se vale de preceptos y saberes de otras disciplinas para que el objeto construido funcione de la manera deseada. Esto presupone, obviamente, el locus: su sitio de implantación, el entorno y todos los elementos que lo componen –otras construcciones, especies animales y vegetales, el clima, etc. Se puede decir que la arquitectura solo existe dentro de un contexto y que, al ampliar la escala de dicho contexto, este puede denominarse medio ambiente.
Con la pandemia, muchas empresas y personas tuvieron que descubrir nuevas formas de trabajo y el home office ganó terreno –la posibilidad de realizar diversas actividades a distancia sorprendió a mucha gente. Se esperaba que este modelo de trabajo permaneciera. Sin embargo, la realidad es que muchas empresas están regresando a los esquemas presenciales o híbridos, lo cual podría no ser la mejor opción para el planeta.
Museo de una selva tropical. Imagen Cortesía de Ralph Appelbaum Associates
Este artículo es el sexto de una serie centrada en la Arquitectura del Metaverso. ArchDaily ha colaborado con John Marx, AIA, el director de diseño fundador y director artístico principal de Form4 Architecture, para traer artículos mensuales que buscan definir el Metaverso, transmitir el potencial de este nuevo reino y comprender sus limitaciones.
La inteligencia artificial está en la génesis de crear cambios fundamentales en la forma en que diseñamos y construimos edificios y ciudades. Algunos de estos cambios serán abruptos y disruptivos para la práctica normativa. Otros tomarán más tiempo para sentir los efectos de esta nueva tecnología, pero el cambio será omnipresente. Al combinarse con el Metaverso, la IA también ofrecerá amplias oportunidades para que la profesión se expanda y crezca. Los tipos de espacios y ambientes que diseñamos en el Metaverso serán, en algunos aspectos, muy diferentes de lo que actualmente diseñamos solo en el mundo físico. La IA evoluciona cada día y nos sentimos obligados a aprender mientras innovamos. Ha demostrado ser una herramienta poderosa para ayudar a los diseñadores ofreciendo el potencial de desafiarnos a alterar nuestro proceso de diseño. Combinarla con el diseño narrativo constituye uno de esos desafíos.
La tierra apisonada es uno de los métodos más antiguos de construcción de muros y sigue ofreciendo un gran potencial para la edificación contemporánea con tierra. Una de las facetas de este potencial radica en la riqueza de sus colores y estratos, que se hacen visibles al retirar los encofrados, revelando un carácter estratificado. Al tratarse de un proceso que implica la compresión capa por capa de grava, arena, limo y arcilla, el aspecto resultante es una estratificación horizontal de tonos tierra, composición material y procesos de curado. Esta colorida apariencia de los muros de tierra apisonada se puede controlar y explorar mediante patrones, texturas, pigmentación y colores naturales de la arcilla, lo que ofrece la oportunidad de ampliar sus límites dentro de la arquitectura.
El periodismo urbano de tinte pesimista ha vivido una época de bonanza desde la llegada de la pandemia. Y no es difícil entender el porqué. En 2020, los centros de las ciudades estadounidenses pasaron de ser historias de éxito y "resurgimiento" a convertirse en pueblos fantasma; el transporte público perdió casi la totalidad de sus usuarios y usuarias; decenas de miles de comercios y restaurantes cerraron sus puertas; y gran parte de la población con mayor poder adquisitivo emigró a los suburbios y a remotas ciudades de teletrabajo.
Como parte de una inciativa de la escuela de Arquitectura y Diseño en Chihuahua ISAD, durante varios años se ha impulsado el Taller del Desierto en donde se conciben diversos proyectos para estimular el aprendizaje de los y las estudiantes. Para esta edición, se llevó a cabo un pabellón que fue concebido como un ensamble de piezas que tienen una narrativa teatral. Este pabellón se realizó como parte de una colaboración entre el ISAD y Teatro Bárbaro, un Foro Cultural Independiente local liderado por Luis Bizarro. De esta forma, el pabellón debería servir de espacio itinerante para puestas en escena pensadas o adaptadas explícitamente para este espacio formado por las piezas diseñadas durante el taller de 4 semanas del verano del 2023.
Desde sus orígenes históricos como aldea de pescadores y sede de una plantación de pimienta hasta la bulliciosa metrópolis de hoy, Lagos, en Nigeria, ha evolucionado hasta convertirse en una compleja aglomeración de personas, asentamientos e intereses en juego.
Como potencia económica de Nigeria y de África Occidental, se prevé que Lagos se convierta en la ciudad más poblada de África en los próximos 50 años, alcanzando una población de 100 millones a partir de los 15 millones actuales. Si las recientes olas migratorias sirven de indicio —de quienes buscan oportunidades económicas o huyen de la crisis climática y de los conflictos en otras partes de Nigeria—, las proyecciones podrían estar subestimadas.
Para un sector que aporta el 6 % al PIB mundial, la débil voz de la industria de la Arquitectura, Ingeniería y Construcción (AEC) invita a la reflexión. Se reportó que el mercado global de AEC alcanzó los 8900 millones de dólares en 2022 y se prevé que llegue a los 16 500 millones de dólares para 2030. Sin embargo, el pesimismo impera en el sector. Los y las profesionales que ignoran sus opciones y el rumbo de la industria se encuentran en un círculo vicioso en el que la falta de acceso a la información y a las oportunidades limita su crecimiento. Si bien las estadísticas anticipan un panorama optimista, existe otra cara de la moneda.
La Bienal de Arquitectura de Guatemala 2023 pone en la mesa la necesidad de construir una ciudad, pero sin muros, que incluyan espacios públicos donde se forje el sentido de pertenencia, unidad e identidad. El coordinador general de la Bienal, Esteban Borjes Castillo, habla de la importancia de esta edición en una entrevista.
Hace seis años, el terremoto del 2017 dejó secuelas en distintos puntos del país, incluida la Ciudad de México en donde algunos inmuebles se dañaron gravemente a nivel estructural por lo que fueron desocupados, uno de ellos es el Centro SCOP. Este conjunto escultopictórico diseñado por los arquitectos Carlos Lazo, Augusto Pérez Palacios y Raúl Cacho cuenta con murales de Juan O'Gorman, José Chávez Morado, Francisco Zúñiga y Rodrigo Arenas Betancourt. Actualmente es uno de los monumentos artísticos más significativos del siglo XX en México, cuenta con más de seis mil metros cuadrados de superficie bruta y es uno de los ejemplos mejor logrados de la corriente denominada Integración Plástica.
Las certificaciones de construcción sostenible pueden desempeñar un papel crucial en la mitigación del cambio climático al establecer criterios sólidos para fomentar prácticas ecológicamente responsables en la industria de la construcción. No solo otorgan visibilidad pública y monitorean el desempeño, asegurando el cumplimiento de regulaciones, sino que también estimulan la reducción del impacto ambiental, al mismo tiempo que recompensan a los edificios que cumplen con rigurosos estándares de sostenibilidad. Al establecer niveles más altos de excelencia en proyectos y construcciones, estas certificaciones ejercen influencia en la evolución de los códigos de construcción, en la capacitación de los profesionales y en las estrategias corporativas.
El mundo acaba de presenciar los meses más calurosos de la historia registrada, y las perspectivas están lejos de ser optimistas. Las temperaturas en aumento están generando una mayor demanda de refrigeración, lo que amenaza con desencadenar un ciclo vicioso de mayor consumo de electricidad y emisiones de carbono. En un planeta que enfrenta simultáneamente una urbanización sin precedentes y una crisis climática, la intersección entre la eficiencia energética de los edificios y las tecnologías de refrigeración nunca ha sido más crucial.
Hace algunos años, una de mis profesoras favoritas de la universidad (quien me inspiró a estudiar urbanismo) me buscó con un pequeño encargo: quería transformar la ventanita de su recámara en un balcón para asomarse a ver la calle.
Imagen creada con IA bajo el prompt: Una ilustración expresiva de un entorno urbano con un paisaje exuberante que ejemplifica la descarbonización de la arquitectura. Imagen vía DALL.E 2
La arquitectura abarca múltiples procesos, que comienzan con la identificación de necesidades y su transformación en estructuras habitables a través de un diseño consciente. Históricamente, los procesos relacionados con la construcción, como la extracción de recursos y la disposición al final de la vida útil, solían pasarse por alto. No obstante, resulta fundamental reconocer que los edificios tienen un ciclo de vida con un impacto significativo en las emisiones de carbono. Priorizar las prácticas sustentables es vital para minimizar nuestra huella ecológica y generar un impacto positivo en el planeta.
https://www.archdaily.cl/es/1137359/como-reducir-la-huella-de-carbono-a-traves-de-la-arquitectura-tres-enfoques-a-lo-largo-del-ciclo-de-vida-del-edificioEnrique Tovar
¿Cómo creamos edificios que utilicen la energía de manera eficiente? Tradicionalmente, los esfuerzos para volverse más ecológicos en el entorno construido se han centrado en la infraestructura física, a menudo pasando por alto las relaciones entre las personas y el espacio. La aparición de la era tecnológica ha dado lugar a los "edificios inteligentes" que utilizan el aprendizaje automático y la automatización. Estas estructuras innovadoras están diseñadas para funcionar con una eficiencia energética impresionante pero, sin embargo, se encuentran en gran medida desconectadas de sus ocupantes. ¿Y si los edificios pudieran volverse más inteligentes y sostenibles al interactuar con sus habitantes?
El ladrillo es un material de construcción tradicional que aporta durabilidad, versatilidad y atractivo estético al diseño arquitectónico. Aunque se ha utilizado en la construcción durante miles de años, la arquitectura contemporánea explora formas creativas de incorporarlo al diseño, combinándolo con diferentes materiales para integrar el pasado y el presente de manera armoniosa. Tradicionalmente compuestos de arcilla, estos elementos rectangulares son también materiales de gran resistencia, adecuados para su uso tanto en muros portantes como no portantes.
Como una alternativa más ligera, el ladrillo delgado —con un espesor mínimo de aproximadamente 1/2 pulgada (13 mm)— combina las cualidades técnicas y estéticas del ladrillo tradicional con las ventajas de ser liviano y optimizar el espacio. Disponible en diversos colores, tamaños y texturas, el ladrillo delgado se puede aplicar en múltiples superficies, como muros y fachadas, sin necesidad de estructuras de soporte adicionales. La Brick Industry Association presenta proyectos de interiores y exteriores, y desarrolla guías prácticas y soluciones para lograr el aspecto clásico y atemporal de la mampostería de ladrillo, ofreciendo además flexibilidad de diseño y una instalación sencilla.
A los 23,5 grados de latitud norte y 23,5 grados de latitud sur del ecuador, respectivamente, se ubican los trópicos de Cáncer y de Capricornio. La franja de unos 4.800 kilómetros de ancho que se extiende entre ambos rodeando la Tierra se conoce cariñosamente como el “cinturón del café”. Las condiciones climáticas tropicales y subtropicales de esta región, sumadas al alto porcentaje de terrenos situados a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, crean el entorno perfecto para que la planta de café prospere.
En estas regiones de América Central y del Sur, África y Asia, el café es una de las principales exportaciones, llegando a formar una parte fundamental de la identidad nacional. Por ello, el diseño interior de las cafeterías locales de estos países puede llegar a ser tan rico y equilibrado como los mismos granos de café que cosechan. Para los habitantes del cinturón del café, esta bebida es mucho más que un simple consumo diario: es, literalmente, una fuente de vida. Y en estos establecimientos, se le rinde homenaje como tal.
Distribuidor vial de East Los Angeles. Imagen cortesía de The Dirt
Las autopistas, en su estado inanimado, no pueden ser racistas. No obstante, las fuerzas que determinaron su ubicación y las consecuencias de su trazado están inextricablemente ligadas a la raza. Deborah Archer, profesora de derecho y defensora de los derechos civiles, sintetiza el concepto central: “Las autopistas se construyeron a través y alrededor de las comunidades negras para afianzar la desigualdad racial y proteger los espacios y privilegios de la población blanca”.
En el nuevo libro, Justice and the Interstates: The Racist Truth About Urban Highways, los/las editores/as Ryan Reft, Amanda Phillips du Lucas y Rebecca Retzlaff exploran la injusticia racial y el sistema de autopistas interestatales. La obra reúne una serie de ensayos que abordan el desplazamiento de población causado por estas vías de comunicación. El libro surgió a partir de una serie de artículos publicados en Metropole, una revista de la Asociación de Historia Urbana (Urban History Association).
https://www.archdaily.cl/es/1137624/enfrentar-el-legado-racista-de-las-autopistas-urbanasDiane Jones Allen
Hay algo en los tonos saturados de las flores primaverales al florecer y en los matices cálidos y ardientes de un atardecer sobre el paisaje urbano que nos llena de alegría. Los seres humanos anhelamos el color; de hecho, nos ha fascinado desde el principio de nuestra existencia. Tanto es así que todo, desde el color de nuestra ropa hasta los pixeles brillantemente iluminados en esta pantalla, es un intento de recrear —y realzar— los tonos vibrantes de la naturaleza, encontrando en ellos una fuente de inspiración y vitalidad. Nuestro cerebro está programado para asociar los colores con sensaciones y experiencias: el verde exuberante de un bosque evoca tranquilidad y renovación, mientras que el azul profundo del océano despierta una sensación de misterio y aventura. Esta capacidad de suscitar emociones es precisamente lo que convierte al color en una herramienta invaluable para los/las arquitectos/as y diseñadores/as, y explica también por qué las tendencias se alejan del minimalismo neutro que alguna vez dominó, para dar paso a una estética más maximalista que adopta toques de color, dimensión y texturas lúdicas.