
A lo largo de la historia, el ser humano ha buscado formas de ver el mundo. En la pintura renacentista, la perspectiva lineal hizo explícito este impulso al transformar el lienzo en una ventana, organizando la profundidad desde un punto de vista fijo. En su tratado De Pictura (1435), Leon Battista Alberti describió la pintura como una ventana abierta a lo que se quiere representar. El paisaje, en este sentido, dejó de ser simplemente lo que estaba ante los ojos para convertirse en una construcción visual, una realidad seleccionada y organizada por la mirada.
La arquitectura opera de manera muy similar. Una ventana determina qué se puede ver, desde dónde se ve y, en consecuencia, qué pasa a formar parte de la experiencia cotidiana. Esta cuestión fue central para la arquitectura moderna y encontró uno de sus debates más emblemáticos en la década de 1920.























