En todo Brasil, la arquitectura sigue cobrando forma a través de diferentes tipos de práctica, escalas y relaciones con el lugar. La selección de este mes analiza oficinas que trabajan más allá de los límites arquitectónicos convencionales, enfoques colectivos que reconectan el diseño y la construcción, y proyectos que responden al paisaje, la memoria y la comunidad. Junto con edificios y espacios públicos de reciente construcción, las nuevas intervenciones culturales en São Paulo y Río de Janeiro destacan aún más cómo la arquitectura se cruza con el arte, el patrimonio y el entorno urbano en general.
Filippo Brunelleschi y la cúpula de Santa Maria del Fiore, terminada en 1436 en la ciudad italiana de Florencia, representan un capítulo importante en la historia de la arquitectura, a menudo asociado con el distanciamiento progresivo entre el dibujo y la construcción. Esta separación, consolidada gradualmente con el paso del tiempo, encuentra un punto de inflexión decisivo en el Renacimiento. El dibujo se convierte en un instrumento para anticipar y afirmar la autoridad sobre la construcción. La obra de construcción, que alguna vez fue un espacio de invención y toma de decisiones, pasó a entenderse principalmente como un lugar de ejecución.
Durante los siglos siguientes, esta distancia se volvió cada vez más pronunciada, particularmente con la construcción moderna. La industrialización, la especialización técnica y la organización corporativa fragmentan el proceso constructivo en etapas cada vez más diferenciadas. Quienes diseñan rara vez construyen; quienes construyen no siempre participan en la toma de decisiones; y quienes financian, gestionan y habitan ocupan posiciones aún más distanciadas entre sí. Si bien la eficiencia de este modelo permitió construir a escala, también concentró el conocimiento y el poder de decisión en manos de unos pocos actores.
En una era en la que la fabricación digital y la automatización están cada vez más presentes en la práctica arquitectônica, el oficio manual suele ser visto como um artículo de lujo — restringido a proyectos de alta gama, cuyos clientes pueden costear plazos prolongados y procesos colaborativos que exigen diálogos constantes con artesanos/as. Este escenario habría parecido contradictorio hace algunas décadas, cuando Lina Bo Bardi denunciaba que estava en marcha un proceso de "desculturación" y que resultaba urgente hacer un balance de la civilización brasileña "popular" para hacer frente a los universalismos totalizadores y al folklore — este último visto por ella como un instrumento de alienación estatal para neutralizar el caráter subversivo y transformador de la cultura popular: