
El hecho de que Kanye West haya convertido una casa de playa de Tadao Ando en Malibú en una ruina, la compra y reventa de la Casa Brown-Sidney de 1955 (diseñada por Richard Neutra) por parte de Ellen DeGeneres y Portia de Rossi, y la renovación a cargo del diseñador de moda Marc Jacobs de una casa diseñada por Frank Lloyd Wright cerca de la ciudad de Nueva York son solo algunos ejemplos del idilio de las estrellas del pop con la arquitectura de valor histórico. Las celebridades, al igual que las figuras del fútbol, conforman un grupo de élite caracterizado por una alta concentración de riqueza y un estatus social significativo. No solo adquieren arquitectura de alta gama como propiedad de autor y capital cultural, sino que también actúan como agentes de su preservación y promoción. Este año, vemos nuevos ejemplos de esta gestión desde una perspectiva más abstracta pero a la vez más popular: desde el diseño escenográfico para la presentación de Bad Bunny en el Super Bowl hasta un nuevo estadio diseñado para Shakira por BIG-Bjarke Ingels Group, la arquitectura se utiliza como un vehículo para promover la identidad latinoamericana.

































