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Arquitectos: Drucker Arquitetos Associados
- Área: 870 m²
- Año: 2025
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Proveedores: Almaligth Curitiba, Alubauen Paraná, Roca



El Premio de Arquitectura Instituto Tomie Ohtake AkzoNobel, dirigido a profesionales de hasta 45 años, demuestra que no atravesamos un buen momento en la producción brasileña. La responsabilidad, sin duda, no recae en nuestros y nuestras arquitectas y urbanistas, sino en la falta de importancia que las administraciones públicas, en general, han otorgado a las intervenciones urbanas y a los proyectos de calidad.
Podría alegarse, ante las escasas propuestas que se destacan, que esto es resultado del actual momento de crisis económica y de la parálisis del sector inmobiliario, así como de las políticas públicas vinculadas al entorno construido, tales como el diseño urbano, la vivienda, la movilidad, el equipamiento social y el medio ambiente.

En muchas ciudades latinoamericanas, los barrios periféricos han tenido históricamente un menor acceso a los recursos que hacen que la vida urbana sea algo más que la mera habitabilidad. La vivienda, el transporte y los servicios públicos suelen ser los indicadores habituales de esa brecha. Sin embargo, existe otra disparidad más difícil de cuantificar: la ausencia de espacios donde las personas puedan reunirse, aprender, descansar y participar en la vida colectiva. Ante la inexistencia de dichos espacios, la ciudad no solo falla en la prestación de un servicio, sino que también omite el reconocimiento de una presencia.
En las últimas décadas, un número creciente de proyectos ha intentado abordar directamente esa carencia. En lugar de centrarse únicamente en la infraestructura física, estas iniciativas apuestan por espacios diseñados para fomentar la educación, la cultura, la recreación y la vida comunitaria, integrando a menudo varias de estas funciones en un solo edificio dentro de vecindarios donde, de otro modo, este tipo de espacios serían limitados.

En toda Sudamérica, la arquitectura perdura a través de los materiales que emplea, aquellos que persisten a lo largo del tiempo. El bambú, el ladrillo, la madera y el hormigón aparecen en distintas regiones, conectando el clima, la mano de obra y la cultura de formas que aseguran su permanencia de generación en generación. Su continuidad no depende únicamente de la preservación o del patrimonio, sino del uso.
Bajo esta perspectiva, la memoria cultural no reside principalmente en monumentos o imágenes, sino en la práctica misma. Sobrevive en los gestos repetidos: colocar ladrillos, amarrar uniones de guadua, ensamblar entramados de madera o vaciar losas que anticipan un nuevo piso. Estas acciones se transmiten menos a través de manuales que mediante la participación directa. Con el tiempo, estructuran sistemas de conocimiento arraigados en el hábito y la necesidad. Los materiales perduran no porque simbolicen el pasado, sino porque siguen funcionando.

Antes del giro digital, la memoria de la arquitectura era en gran medida tangible. Residía en el peso de los dibujos, la pátina de las maquetas y el grosor de los libros. Preservar la arquitectura significaba conservar sus huellas: los documentos, bocetos y fotografías a través de los cuales los edificios podían recordarse mucho después de que su forma material hubiera cambiado o desaparecido. El archivo de arquitectura moderna, tal como se desarrolló en el siglo XX, era a la vez un refugio y un dispositivo de legitimación. Instituciones como el Canadian Centre for Architecture, la Casa da Arquitectura o el Deutsches Architekturmuseum se erigieron sobre la convicción de que preservar la arquitectura consistía en preservar sus documentos.
Sin embargo, estos archivos no se limitaban a almacenar conocimiento. Determinaban qué se consideraba arquitectura, quién pertenecía a su canon y de qué manera se contaría la historia. Archivar es editar el pasado: decidir qué ingresa, qué se omite y cómo se interpretará. El archivo, según las teorías de Michel Foucault y, más tarde, de Jacques Derrida, nunca es neutral; es un instrumento de poder, un espacio de selección y exclusión. En la arquitectura, estas dinámicas resultan especialmente evidentes, ya que registran lo visible al tiempo que silencian aquello que queda fuera de sus categorías. El acto de coleccionar siempre ha sido, implícitamente, un acto de juicio.



El 21 de noviembre de 2025 se llevó a cabo la jornada de clausura de la trigésima edición de la Conferencia de las Partes (COP), el encuentro anual de los Estados miembros de las Naciones Unidas para negociar acuerdos climáticos internacionales y evaluar el progreso global en la reducción de emisiones. Este año, el evento se celebró en Belém, Brasil, una ciudad portuaria de menos de 1,5 millones de habitantes, ampliamente conocida como la puerta de entrada a la región del bajo Amazonas brasileño. Convocadas por primera vez en 1992, las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (o COP) constituyen un foro multilateral de toma de decisiones sobre el cambio climático en el que participan 198 "Partes" (197 países —prácticamente la totalidad de ellos, según la definición de país— y la Unión Europea). Su propósito es evaluar los esfuerzos globales orientados a alcanzar el objetivo central del Acuerdo de París: limitar el calentamiento global lo más cerca posible a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. El evento reúne a líderes y representantes de las delegaciones de los Estados miembros, referentes empresariales, jóvenes, científicos y científicas del clima, pueblos indígenas y miembros de la sociedad civil en torno a temáticas fundamentales para alcanzar dicha meta climática. Este año, la COP30 estuvo marcada por fuertes críticas debido a sus vínculos con la industria de los combustibles fósiles, señalamientos sobre la fragilidad y falta de consistencia de los acuerdos, y la dificultad para transformar el financiamiento climático "de una promesa a un salvavidas".




Las casas patio encarnan una de las tipologías arquitectónicas más perdurables, sintetizando la dualidad entre apertura y aislamiento a la vez que fomentan una profunda conexión con la naturaleza. Si bien en el sector inmobiliario estadounidense contemporáneo el término también se utiliza para describir viviendas de una sola planta y bajo mantenimiento en lotes pequeños, su significado arquitectónico clásico se refiere a un diseño introvertido organizado en torno a un patio central privado. Es esta forma tradicional, objeto de este artículo, la que remonta sus orígenes miles de años atrás. Las casas patio surgieron de manera independiente en diversas regiones, respondiendo de forma universal a necesidades humanas fundamentales: privacidad, adaptabilidad climática y coherencia espacial. A pesar de sus diversas expresiones geográficas y culturales, los principios básicos de introversión, apertura controlada y sensibilidad ambiental se mantienen notablemente constantes a lo largo de la evolución de esta tipología.
