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Arquitectos: Mareines Arquitetura, Patalano Arquitetura
- Área: 1723 m²
- Año: 2017






La identidad de una región está profundamente vinculada a sus espacios comunitarios. Estos espacios —ya sean parques, plazas públicas o centros comunitarios— reflejan la cultura, la historia y los valores de sus usuarios y usuarias. No solo preservan la identidad regional, sino que moldean activamente la manera en que las comunidades interactúan con su entorno, fomentando una relación dinámica entre el lugar y las personas. Los espacios comunitarios van más allá de ser ubicaciones físicas; constituyen núcleos sociales vitales que promueven la participación, la expresión cultural y el sentido de pertenencia. Estos entornos simbolizan una identidad y un propósito compartidos.

El concepto de arquitectura inclusiva ha cobrado relevancia a medida que el entorno construido evoluciona para reflejar y abordar las diversas necesidades de la humanidad. Este enfoque prioriza la empatía, la accesibilidad y la equidad, con el objetivo de crear espacios que resuenen en personas de diversos perfiles demográficos, capacidades y contextos culturales. Más que limitarse a cumplir con las normas de accesibilidad o incorporar elementos de diseño universal, representa un cambio de paradigma que humaniza la arquitectura y la alinea con valores sociales fundamentales. Desde esta perspectiva, la arquitectura inclusiva fomenta conexiones, acoge la diversidad y garantiza que los espacios físicos contribuyan al bienestar colectivo.
Este artículo explora cuatro temas interrelacionados —empatía, arquitectura inclusiva, equidad espacial y accesibilidad— a través de una selección de artículos publicados en 2024. En conjunto, estos ejes temáticos revelan cómo la arquitectura puede responder a los desafíos y aspiraciones de la sociedad, ilustrando su potencial como un catalizador para el cambio social. Desde el diseño enfocado en la conexión emocional hasta el abordaje de las desigualdades espaciales, las lecciones de 2024 enfatizan la responsabilidad de los/las arquitectos/as de crear espacios que trasciendan la funcionalidad, promuevan la inclusión en todas las escalas y fomenten entornos donde todas las personas se sientan visibilizadas, valoradas y empoderadas.

Cada año, el equipo de Curaduría de Proyectos de ArchDaily repasa la vasta gama de obras publicadas a lo largo de este período, presentando retrospectivas que permiten no solo identificar tendencias y variaciones en la producción arquitectónica, sino también reconocer de qué manera impactan en nuestra audiencia. En ArchDaily Brasil, la selección anual de las mejores casas –que año tras año sigue siendo nuestra categoría de proyectos más popular– representa una muestra de las variadas soluciones, estrategias, técnicas y materiales que se encuentran en la arquitectura residencial de los países de habla portuguesa.

El Premio de Arquitectura Instituto Tomie Ohtake AkzoNobel, dirigido a profesionales de hasta 45 años, demuestra que no atravesamos un buen momento en la producción brasileña. La responsabilidad, sin duda, no recae en nuestros y nuestras arquitectas y urbanistas, sino en la falta de importancia que las administraciones públicas, en general, han otorgado a las intervenciones urbanas y a los proyectos de calidad.
Podría alegarse, ante las escasas propuestas que se destacan, que esto es resultado del actual momento de crisis económica y de la parálisis del sector inmobiliario, así como de las políticas públicas vinculadas al entorno construido, tales como el diseño urbano, la vivienda, la movilidad, el equipamiento social y el medio ambiente.

En muchas ciudades latinoamericanas, los barrios periféricos han tenido históricamente un menor acceso a los recursos que hacen que la vida urbana sea algo más que la mera habitabilidad. La vivienda, el transporte y los servicios públicos suelen ser los indicadores habituales de esa brecha. Sin embargo, existe otra disparidad más difícil de cuantificar: la ausencia de espacios donde las personas puedan reunirse, aprender, descansar y participar en la vida colectiva. Ante la inexistencia de dichos espacios, la ciudad no solo falla en la prestación de un servicio, sino que también omite el reconocimiento de una presencia.
En las últimas décadas, un número creciente de proyectos ha intentado abordar directamente esa carencia. En lugar de centrarse únicamente en la infraestructura física, estas iniciativas apuestan por espacios diseñados para fomentar la educación, la cultura, la recreación y la vida comunitaria, integrando a menudo varias de estas funciones en un solo edificio dentro de vecindarios donde, de otro modo, este tipo de espacios serían limitados.

En toda Sudamérica, la arquitectura perdura a través de los materiales que emplea, aquellos que persisten a lo largo del tiempo. El bambú, el ladrillo, la madera y el hormigón aparecen en distintas regiones, conectando el clima, la mano de obra y la cultura de formas que aseguran su permanencia de generación en generación. Su continuidad no depende únicamente de la preservación o del patrimonio, sino del uso.
Bajo esta perspectiva, la memoria cultural no reside principalmente en monumentos o imágenes, sino en la práctica misma. Sobrevive en los gestos repetidos: colocar ladrillos, amarrar uniones de guadua, ensamblar entramados de madera o vaciar losas que anticipan un nuevo piso. Estas acciones se transmiten menos a través de manuales que mediante la participación directa. Con el tiempo, estructuran sistemas de conocimiento arraigados en el hábito y la necesidad. Los materiales perduran no porque simbolicen el pasado, sino porque siguen funcionando.



