En la era moderna del sensacionalismo, el consumismo y la proliferación de noticias falsas, es fácil entender por qué sentimos la necesidad de expresarnos a través de los memes—esas fotografías abstractas, videoclips y gifs que se manipulan de diversas maneras para expresar opiniones sobre ciertos temas o situaciones con las que personas de todo el mundo pueden identificarse. Los memes a menudo exponen sentimientos complejos pero concisos que, en cierto modo, se asemejan mucho a nuestra forma de comunicarnos en la vida real.
En el mundo de la arquitectura, la comunicación suele representarse a través de ensayos críticos, renders y fotografías impresionantes, y diagramas analíticos hechos a mano. De hecho, la comunicación arquitectónica, tal como la conocemos, ha sido en su mayor parte una representación literal de la obra misma: las ideas se traducen en plantas, cortes, elevaciones, detalles y diagramas de forma. Sin embargo, ante el auge de los memes y las expresiones abstractas, ¿por qué no estamos popularizando nuestras propias reflexiones a través de este medio de comunicación de masas?











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