Licenciada en Arquitectura y Máster en Arquitectura por la Escuela Knowlton del Estado de Ohio. Máster en Desarrollo Inmobiliario por la Universidad de Columbia. Senior Contributor en en ArchDaily. Interesada en el desarrollo estratégico de las ciudades a escala intangible. Reside en Nueva York
París lleva años siendo noticia por sus medidas drásticas destinadas a reducir el uso del automóvil y fomentar mejoras urbanas peatonales. Frente a los crecientes problemas de contaminación del aire y en un esfuerzo por recuperar las calles para medios de transporte alternativos —tal como se plantea en su propuesta para una "ciudad de los 15 minutos"—, la capital francesa es considerada un referente en estrategias urbanísticas de vanguardia. Recientemente, su departamento de transporte fijó un plazo límite para alcanzar sus ambiciosos objetivos de eliminar el tráfico de sus vías. En solo dos años, justo a tiempo para que la capital francesa albergue los Juegos Olímpicos, París tiene previsto prohibir el tráfico no esencial en el centro de la ciudad, lo que eliminará de manera efectiva cerca del 50% de la movilidad vehicular. ¿En qué consiste este plan? ¿And cómo podrían otras ciudades emplear esta estrategia para resolver sus propios problemas urbanos?
Interiores del Delft Hotel. Imagen vía Frame Magazine utilizada bajo los términos de "uso justo"
En los últimos años, se ha debatido intensamente en torno a los hábitos y el impacto de la generación millennial. Los titulares suelen rezar: “Los millennials son responsables del declive de los cereales”, “Por culpa de los millennials ya no usamos servilletas” y “¿Están los millennials destruyendo el mercado inmobiliario?”. Tras cargar con la culpa del declive de casi todo, la fuerza laboral millennial ha dejado de estar en el centro de atención para dar paso a la siguiente generación: la “Generación Z”, de la cual muchos creen que provocará importantes disrupciones sociales, especialmente en el sector de la arquitectura y el diseño.
El final de la temporada de verano suele estar marcado por multitudes que acuden a las piscinas públicas para disfrutar de sus últimos días chapoteando en el agua. Sin embargo, estas son mucho más complejas que los cuerpos de agua ruidosos, clorados y enrejados que aparentan ser. Bajo la superficie subyace una delicada historia y múltiples influencias socioeconómicas que determinan quién tiene acceso a un baño. ¿Qué sucede cuando las piscinas se transforman en propiedad privada y en una suerte de símbolo de estatus, y cuando estos espacios públicos dejan de estar destinados a todo el mundo?
Cuando los primeros aviones comerciales alzaron el vuelo, también lo hizo la arquitectura. Al igual que en otros momentos de avance tecnológico, la fascinación por surcar los cielos influyó profundamente en los movimientos de diseño de los últimos cincuenta años; no solo en cuanto a cómo diseñamos los aeropuertos y concebimos la experiencia de los/las pasajeros/as, sino también en la estética de la aviación y el modo en que los textiles, las texturas y los detalles de alta gama influirían en nuestra vida en tierra firme.
El gran debate continúa: ¿cómo diseñar y construir una ciudad moderna de manera que beneficie a todas las personas? Tradicionalmente, se suele tomar partido en esta guerra urbana. Se es un NIMBY —sigla en inglés para "No en mi patio trasero" (Not In My Backyard)—, lo que significa oponerse al desarrollo de nuevos proyectos en el propio vecindario, o bien se es un YIMBY, que proclama "Sí en mi patio trasero" (Yes In My Backyard) y se muestra a favor del desarrollo por una u otra razón. Sin embargo, estas siglas tan generalizadoras no reflejan los problemas reales que llevan a las personas a posicionarse en este eterno estira y afloja entre el "¡No! ¡No construyan eso!" y el "¡Sí! ¡Construyan eso!".
Según una encuesta de Harris Poll/Lego realizada a niños y niñas en Estados Unidos, el Reino Unido y China, casi un tercio de la población infantil de entre 8 y 12 años quiere ser "YouTuber" cuando crezca. Esta cifra triplica la cantidad de quienes querían ser astronautas hace apenas una década. Las implicaciones de cómo esta generación de futuros/as creadores/as de contenido e influencers impactará significativamente en la profesión de la arquitectura y el diseño plantea una pregunta inevitable: ¿estamos en vísperas de presenciar el auge de los/las influencers de arquitectura?
La huella de carbono y las emisiones de CO2 son temas centrales en nuestras conversaciones sobre cómo construir un futuro más sostenible. Con el tiempo, diversas empresas, organizaciones y personas se han comprometido a modificar sus hábitos y estilos de vida para demostrar su dedicación a la lucha contra el cambio climático. Especialmente en la industria del diseño, donde los edificios generan casi el 40% de las emisiones anuales de CO2 —divididas entre el funcionamiento diario y la construcción/demolición—, los/las arquitectos/as llevan tiempo sintiendo la presión de buscar formas de demostrar que están haciendo su parte.
Al analizar las diferentes escalas de las emisiones, surge una pregunta recurrente: ¿cómo podemos medir los distintos niveles de impacto? ¿Recae en cada persona, de manera individual, la responsabilidad de reciclar y asegurarse de no volver a usar sorbetes de plástico? ¿Tiene esto siquiera un impacto significativo? ¿Deben los fabricantes de automóviles buscar más alternativas a los vehículos de gasolina? ¿Deben los/las arquitectos/as abastecerse únicamente de materiales sostenibles? ¿Cuáles son las medidas concretas que realmente marcan la diferencia?
En 2016, el ganador del Premio Pritzker Alejandro Aravena anunció que su oficina, ELEMENTAL, había liberado los derechos de cuatro de sus proyectos de vivienda social, y que toda la documentación técnica se subiría a su sitio web para su uso público. El objetivo de Aravena era impulsar un movimiento en el que los/las arquitectos/as colaboraran para enfrentar los desafíos globales de escasez de vivienda y asequibilidad, especialmente ante el incremento de los flujos migratorios. El conjunto de planos compartidos y la descripción de los principios del proyecto proporcionan a los/las profesionales de la arquitectura la documentación necesaria para construir una vivienda de bajo costo, incentivando a los/las diseñadores/as a hacer lo mismo con su trabajo, a los/las contratistas a colaborar en la construcción de estas viviendas y a los gobiernos a cambiar su perspectiva sobre cómo abordar la urbanización masiva. Seis años después, ¿cómo ha progresado el concepto de arquitectura de código abierto y qué impacto ha tenido en la profesión desde entonces?
Los/las arquitectos/as asumen una gran responsabilidad al proyectar diseños que resulten exitosos no solo para sus clientes, sino para cualquier persona que habite sus espacios o se vea afectada por ellos. Temas como la sostenibilidad, la inclusión social, las oportunidades económicas y la equidad urbana en general han estado de manera constante en el centro del debate en los últimos años, lo que ha dado lugar a un nuevo enfoque holístico para diseñar un futuro mejor, al cual se hace referencia como criterios ambientales, sociales y de gobernanza, más conocidos como ESG.
Casa John Chapman. Imagen cortesía de Plus Architecture
Las residencias estudiantiles adoptan muchas formas en todo el mundo, pero, por lo general, se conciben como habitaciones estrechas en dormitorios de diseño sombrío. Si bien el estudiantado que aspira a ingresar a la universidad suele elegirla en función de su rigor académico, programas deportivos, actividades extracurriculares y futuras oportunidades profesionales, hoy en día también quiere saber cómo será la vida dentro y fuera del campus, lo que ha obligado a los equipos de diseño a replantear las tipologías tradicionales de los dormitorios para convertirlas en algo más innovador que refleje mejor lo que los y las estudiantes buscan (y esperan) de sus hogares universitarios.
Ver una ciudad desde lo más alto tiene algo de mágico. Tener una perspectiva nueva y contemplar el perfil urbano en lugar de mirarlo hacia arriba es una de las sensaciones más imponentes y sobrecogedoras. Los miradores no son solo maravillas arquitectónicas, sino también una suerte de ícono cívico y un motivo de orgullo para una ciudad. Hoy en día, no es solo su altura lo que atrae a la gente, sino también el programa de actividades complementarias que incluye bares en las alturas, atracciones mecánicas y saltos en bungee.
En el ámbito de la planificación urbana se predice que para el año 2050 más de 6.000 millones de personas vivirán en ciudades, y en aquellos lugares donde expandirse hacia los lados no es una opción, la única manera de mantener el ritmo de la creciente densidad es construir hacia arriba. Construir a mayor altura siempre trae consigo numerosos desafíos, además de una competencia poco sutil entre las firmas de arquitectura por vincular su nombre a los edificios más grandes. Casi tan rápido como un edificio es catalogado como uno de los más altos del mundo, otro ya está en la mesa de diseño para arrebatarle el título pocos años después. Aunque el límite sea el cielo, ¿de qué manera repercute esto en la constructibilidad de los proyectos y qué hitos en los métodos y materiales de construcción nos han permitido edificar entre las nubes?
En el siglo XIX, muchas personas en los Estados Unidos que vivían en ciudades y pueblos en pleno crecimiento solían pasear por los senderos sinuosos de jardines diseñados, deteniéndose a descansar bajo la sombra de un árbol y a compartir un picnic con familiares y seres queridos. Diseminadas por las áreas verdes se encontraban lápidas que marcaban el lugar de sepultura de las personas allí sepultadas. Aunque la idea de relajarse en un cementerio pueda parecer un tanto tabú hoy en día, en aquella época solía ser la única opción para encontrar un espacio de recreación y esparcimiento, constituyendo uno de los primeros ejemplos de parque público. De hecho, muchos de los parques actuales surgieron a partir de la evolución y la planificación de cementerios históricos.
La escena es casi idéntica, independientemente del distrito de Nueva York en el que se encuentre. Las aceras estrechas están bordeadas por montañas de bolsas de basura y otros objetos voluminosos, a la espera de ser retirados por la flota de camiones y el personal de limpieza urbana encargado de su disposición. Roedores de gran tamaño buscan refugio en estos hogares temporales de plástico, alimentándose de los desechos acumulados, lo que se ha convertido en un avistamiento habitual para los y las residentes de Nueva York. La "ciudad que nunca duerme" tiene un problema mayor que sus luces brillantes y sus calles ruidosas: toda la basura que se deja acumulada en las aceras.
Baños públicos de Fairview Park, Staten Island. Imagen vía NYC Parks, diseño de Sage and Coombe Architects
En el ámbito del diseño, a menudo se habla de garantizar que existan suficientes espacios públicos para atender a una comunidad. Se debate sobre la necesidad de contar con parques públicos para que las personas tengan acceso a espacios al aire libre. Pensamos en el transporte público y en cómo nuestra menor dependencia de los automóviles ayudará a asegurar un planeta más saludable. Sin embargo, ¿qué pasa con los espacios públicos de los que carecemos? ¿Qué ocurre cuando no tenemos suficientes baños públicos?
Programa de bicicletas compartidas de Las Vegas. Imagen vía RTC
En los últimos años, los sistemas de bicicletas compartidas experimentaron un renacimiento a medida que la pandemia provocó un drástico descenso en otros medios de transporte público, como trenes y vuelos comerciales, donde las personas buscaban evitar el contacto cercano con desconocidos. Si bien el número de viajes experimenta actualmente un lento descenso debido al retorno de la mayor parte de los aspectos de la “vida normal”, muchas personas siguen considerando las bicicletas compartidas como un medio de transporte viable, atraídas por la facilidad y accesibilidad económica para trasladarse de un lugar a otro.
Entre todas las extrañas tendencias de diseño interior residencial que están resurgiendo, la fosa de conversación es probablemente una de las más inesperadas. Este célebre diseño de la década de 1970, a la vez retro y moderno, ofrece un refugio acogedor en el hogar, libre por completo de las distracciones de la televisión y el cine. En lugar de potenciar la conexión con los dispositivos electrónicos, propone un área amplia diseñada para sentarse y entablar conversaciones reales; un espacio que, tal vez, todos necesitemos.