
En el siglo XIX, muchas personas en los Estados Unidos que vivían en ciudades y pueblos en pleno crecimiento solían pasear por los senderos sinuosos de jardines diseñados, deteniéndose a descansar bajo la sombra de un árbol y a compartir un picnic con familiares y seres queridos. Diseminadas por las áreas verdes se encontraban lápidas que marcaban el lugar de sepultura de las personas allí sepultadas. Aunque la idea de relajarse en un cementerio pueda parecer un tanto tabú hoy en día, en aquella época solía ser la única opción para encontrar un espacio de recreación y esparcimiento, constituyendo uno de los primeros ejemplos de parque público. De hecho, muchos de los parques actuales surgieron a partir de la evolución y la planificación de cementerios históricos.

