Licenciada en Arquitectura y Máster en Arquitectura por la Escuela Knowlton del Estado de Ohio. Máster en Desarrollo Inmobiliario por la Universidad de Columbia. Senior Contributor en en ArchDaily. Interesada en el desarrollo estratégico de las ciudades a escala intangible. Reside en Nueva York
La cartografía, o la elaboración de mapas, ha desempeñado un papel fundamental en la representación de conceptos espaciales durante miles de años. Si bien las primeras formas de mapas mostraban información geográfica tallada en tablillas de arcilla y grabada en paredes de cuevas, los mapas que utilizamos hoy en día han evolucionado significativamente para mostrar de manera creativa una amplia gama de información. Estas visualizaciones permiten extraer conclusiones sobre el tamaño de las poblaciones, los acontecimientos históricos, los cambios culturales y los patrones climáticos, lo que nos ayuda a comprender mejor nuestro mundo y el impacto que generamos en él.
En el siglo XIX, muchas personas en los Estados Unidos que vivían en ciudades y pueblos en pleno crecimiento solían pasear por los senderos sinuosos de jardines diseñados, deteniéndose a descansar bajo la sombra de un árbol y a compartir un picnic con familiares y seres queridos. Diseminadas por las áreas verdes se encontraban lápidas que marcaban el lugar de sepultura de las personas allí sepultadas. Aunque la idea de relajarse en un cementerio pueda parecer un tanto tabú hoy en día, en aquella época solía ser la única opción para encontrar un espacio de recreación y esparcimiento, constituyendo uno de los primeros ejemplos de parque público. De hecho, muchos de los parques actuales surgieron a partir de la evolución y la planificación de cementerios históricos.
Cuando comenzó Airbnb hace casi 15 años, ofrecía una solución nueva e innovadora para reservar estadías cortas sin problemas. Al alquilar una habitación libre o un apartamento completo, proporcionó una alternativa a los modelos de hotel tradicionales que a menudo tenían precios excesivos y exceso de reservas. Hoy en día, Airbnb enfrenta muchas críticas a medida que la empresa creció rápidamente, ofreciendo cientos de miles de estadías en todo el mundo, pero no sin un puñado de experiencias negativas. Ahora los planificadores y legisladores están comenzando a ver los efectos de la abundancia de listados de Airbnb y cómo impacta en una creciente crisis de vivienda.
Existen deficiencias significativas en la manera en que operan nuestras ciudades en todo el mundo y en cómo sirven a quienes las habitan. La burocracia, los trámites excesivos y otros procesos limitantes que conducen públicamente a nuestras ciudades hacia el futuro suelen ser los factores que ralentizan el cambio a tal punto que, para cuando se aborda un problema, ya han surgido cinco más en su lugar. Con el tiempo, la sociedad ha terminado por aceptar que, cuando los sistemas establecidos no satisfacen nuestras necesidades, nos vemos en la obligación de buscar alternativas para exigir un cambio. Algunos problemas urbanos han encontrado sus mejores soluciones a partir del surgimiento de movimientos sociales y de la formación de grupos de base.
Airbnb es una forma confiable de encontrar un lugar para quedarse. Desde su creación en 2008, el sitio ha registrado más de 7 millones de residencias en todo el mundo, donde los viajeros pueden hospedarse en una habitación o alquilar una casa completa. Recientemente, muchas ciudades han estado tomando medidas enérgicas contra las estadías a corto plazo, citando preocupaciones de seguridad, listados falsos y aumento de los precios de las propiedades, lo que ha provocado que las personas se muden de sus hogares cuando la vivienda solo se usa para alquileres de Airbnb. ¿Qué están haciendo las ciudades sobre estos temas? ¿Qué está haciendo Airbnb para ayudar a resolver esto? ¿Será viable Airbnb por más tiempo?
Imagine su vecindario ideal. Tal vez se encuentre en una calle sin salida en los suburbios, donde cada residente tiene un jardín impecable, un garaje para dos autos y todos se saludan con amabilidad al salir a trabajar. O tal vez viva en un edificio de gran altura en un centro urbano denso, donde toma el transporte público a la oficina cinco días a la semana y saluda al personal de portería al salir. Cualquiera que sea la apariencia de su vecindario, siempre existe el deseo de conocer a las personas que viven a su alrededor o, al menos, una confianza implícita mutua para garantizar que el entorno sea seguro. ¿Qué sucede cuando la tecnología une a los vecinos y vecinas para reportar los acontecimientos locales? ¿Es algo positivo o genera un vigilantismo fuera de control?
Chicago, "La ciudad del viento", "Chi-Town" o "La segunda ciudad" es conocida por muchos nombres, pero tanto para los arquitectos como para los planificadores urbanos, es famosa por su historia que nos ha brindado algunos de los edificios más conocidos y avances importantes que han ayudado a dar forma a otras ciudades en los Estados Unidos. Desde sus inicios, Chicago ha posicionado como un centro arquitectónico para la innovación.
Los Baby Boomers, Gen X, Millennials y Gen Z han dominado durante mucho tiempo la conversación sobre cómo las diferentes generaciones influyen en la arquitectura y las ciudades. Desde los puntos de vista sobre la planificación de la ciudad y los esfuerzos de zonificación hasta el gran debate sobre si los lugares de trabajo deben ser completamente abiertos o de uso intensivo de oficinas, cada generación ha tenido sus opiniones firmes sobre cómo se diseñan los espacios que habitamos, en gran parte regidos por los factores socioeconómicos, políticos y las influencias tecnológicas que han dado forma a nuestras vidas de diferentes maneras. De frente hacia el futuro nos preguntamos: ¿qué podemos esperar a partir de ahora? Tomando en cuenta a la Generation Alpha, la primera generación nacida completamente en el siglo XXI.
Future planning methods for sidewalks and public transit space. Image via Global Designing Cities Initiative
Ya sea que viva en un área urbana, suburbana o rural, es muy probable que usar una acera, de alguna manera, sea parte de su rutina diaria. Ya sea que cruce una acera para llegar a su automóvil en un estacionamiento o camine varias cuadras en su viaje diario a su oficina en el centro, las aceras son fundamentales para crear lugares seguros para los peatones lejos de las calles. Pero, ¿qué sucede cuando las ciudades no se hacen cargo del mantenimiento de las aceras y quedan protegidas por las personas que solo las usan?
La forma en que planificamos nuestras ciudades, suburbios y comunidades rurales es un conjunto de objetivos en constante evolución esencial para crear ciudades sostenibles. No solo debemos considerar lo que se encuentra dentro de estas áreas, sino que también debemos diseñar de manera efectiva los límites entre cada una, donde lo urbano se encuentra con lo suburbano y donde lo suburbano se encuentra con la pequeña ciudad. En los últimos años, los urbanistas han prestado mucha atención a la expansión urbana, o lo que a veces sucede cuando los pueblos crecen rápidamente hacia el exterior de los centros de las ciudades. ¿Qué sucede cuando las ciudades parecen “descontrolarse” y los principios de diseño detrás del Nuevo Urbanismo son capaces de convertir la expansión urbana en comunidades equitativas?
En el ámbito de la planificación urbana se predice que para el año 2050 más de 6.000 millones de personas vivirán en ciudades, y en aquellos lugares donde expandirse hacia los lados no es una opción, la única manera de mantener el ritmo de la creciente densidad es construir hacia arriba. Construir a mayor altura siempre trae consigo numerosos desafíos, además de una competencia poco sutil entre las firmas de arquitectura por vincular su nombre a los edificios más grandes. Casi tan rápido como un edificio es catalogado como uno de los más altos del mundo, otro ya está en la mesa de diseño para arrebatarle el título pocos años después. Aunque el límite sea el cielo, ¿de qué manera repercute esto en la constructibilidad de los proyectos y qué hitos en los métodos y materiales de construcción nos han permitido edificar entre las nubes?
The Breadbox ADU . Imagen cortesía de Los Angeles Department of Building and Safety y WELCOME PROJECTS
En una época en la que los precios de la vivienda son inalcanzables y los/las residentes buscan reducir el tamaño de sus hogares más que nunca, surge el concepto de Unidades de Vivienda Accesoria (ADU, por sus siglas en inglés). Estas viviendas pequeñas y altamente personalizables están conquistando los patios traseros de todo Estados Unidos, permitiendo a los/las propietarios/as construir viviendas en sus terrenos y rentarlas a inquilinos/as.
Skyline de Londres. Foto de João Barbosa en Unsplash
El gran debate sigue vigente: ¿cómo diseñar y construir una ciudad moderna que beneficie a toda la población? Tradicionalmente, las posturas se dividen a un lado u otro de esta guerra urbana. Por un lado, están las personas identificadas como NIMBY (sigla en inglés para “No en mi patio trasero”), que se oponen a nuevos desarrollos en sus vecindarios, y por el otro, las catalogadas como YIMBY (“Sí en mi patio trasero”), quienes, por una u otra razón, defienden el desarrollo urbano. Sin embargo, estas siglas generalizadoras no reflejan los problemas de fondo que llevan a las personas a posicionarse a un lado u otro de este eterno estira y afloja entre el “¡No! ¡No construyan eso!” y el “¡Sí! ¡Construyan eso!”
El final de la temporada de verano suele estar marcado por multitudes que acuden a las piscinas públicas para disfrutar de sus últimos días chapoteando en el agua. Sin embargo, estas son mucho más complejas que los cuerpos de agua ruidosos, clorados y enrejados que aparentan ser. Bajo la superficie subyace una delicada historia y múltiples influencias socioeconómicas que determinan quién tiene acceso a un baño. ¿Qué sucede cuando las piscinas se transforman en propiedad privada y en una suerte de símbolo de estatus, y cuando estos espacios públicos dejan de estar destinados a todo el mundo?
Baños públicos de Fairview Park, Staten Island. Imagen vía NYC Parks, diseño de Sage and Coombe Architects
En el ámbito del diseño, a menudo se habla de garantizar que existan suficientes espacios públicos para atender a una comunidad. Se debate sobre la necesidad de contar con parques públicos para que las personas tengan acceso a espacios al aire libre. Pensamos en el transporte público y en cómo nuestra menor dependencia de los automóviles ayudará a asegurar un planeta más saludable. Sin embargo, ¿qué pasa con los espacios públicos de los que carecemos? ¿Qué ocurre cuando no tenemos suficientes baños públicos?
¿Largas filas, espacios para acampar y sofocarse bajo el sol de verano para estar 100 filas atrás en el set de tu artista musical favorito? Debe ser temporada de festivales de música. A medida que el año llega a su fin, con el regreso de los festivales de música en pleno apogeo después de una pausa por el COVID-19, es importante comprender el impacto socioeconómico que tienen en las ciudades que los acogen, mucho después de la última presentación. ¿El entretenimiento a corto plazo y los beneficios monetarios superan las desigualdades urbanas a largo plazo que podrían exacerbar?
Los/las arquitectos/as asumen una gran responsabilidad al proyectar diseños que resulten exitosos no solo para sus clientes, sino para cualquier persona que habite sus espacios o se vea afectada por ellos. Temas como la sostenibilidad, la inclusión social, las oportunidades económicas y la equidad urbana en general han estado de manera constante en el centro del debate en los últimos años, lo que ha dado lugar a un nuevo enfoque holístico para diseñar un futuro mejor, al cual se hace referencia como criterios ambientales, sociales y de gobernanza, más conocidos como ESG.
Entre todas las extrañas tendencias de diseño interior residencial que están resurgiendo, la fosa de conversación es probablemente una de las más inesperadas. Este célebre diseño de la década de 1970, a la vez retro y moderno, ofrece un refugio acogedor en el hogar, libre por completo de las distracciones de la televisión y el cine. En lugar de potenciar la conexión con los dispositivos electrónicos, propone un área amplia diseñada para sentarse y entablar conversaciones reales; un espacio que, tal vez, todos necesitemos.