
La manipulación y combinación de materiales son búsquedas constantes en la arquitectura. Esto no solo ha ampliado las posibilidades constructivas, sino que también ha permitido crear formas y estéticas distintivas a partir de una misma materialidad. Un ejemplo de ello es el cemento Portland, un componente esencial en la mezcla de agua y agregados que conforma el concreto, el cual permite crear tanto elementos de soporte estructural como decorativos. Paralelamente, como resultado de la exploración de materiales innovadores, a finales del siglo XIX surgió el fibrocemento (inventado por Ludwig Hatschek), el cual combina cemento Portland, materiales de origen mineral y fibras de celulosa.
En la actualidad, el fibrocemento —caracterizado por sus cualidades técnicas clave de esbeltez, ligereza, durabilidad y flexibilidad estética— se destaca en diversas aplicaciones de diseño, que van desde el mobiliario hasta los sistemas de fachadas. Es en estos últimos donde ha alcanzado expresiones notables gracias a sus texturas, incombustibilidad, resistencia a la lluvia y maleabilidad. Por esta razón, hemos desarrollado una guía de diseño en torno al uso del fibrocemento, explorando los principios fundamentales que deben considerarse al diseñar una fachada: su materialidad, dimensiones, modulación, detalles y aplicaciones especiales.


































