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Arquitectos: Tenter Studio
- Área: 750 m²
- Año: 2025



Las imágenes de las bancas en el parque High Line de Nueva York se difundieron por todo el mundo cuando el proyecto se inauguró en 2009. Surgiendo en diagonal a partir de la misma materialidad y modulación del pavimento, estas piezas pasan de manera fluida del concreto a la madera, evocando las vías del tren que alguna vez ocuparon el lugar. Para resistir décadas de exposición a la intemperie, el proyecto requería una especie de madera de durabilidad excepcional, por lo que se seleccionó el ipé, proveniente de la Amazonia brasileña. Su lento crecimiento produce una madera dura, densa y de baja porosidad, naturalmente resistente al desgaste, la humedad y el deterioro biológico. Sin embargo, la elección desató controversia en su momento debido a las preocupaciones sobre la certificación del manejo forestal de la madera. Esta perspectiva más amplia transforma nuestra manera de pensar sobre los materiales: su origen sigue siendo importante, pero también lo es qué ocurre una vez que la vida útil del edificio llega a su fin.

En el Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA 2026 en Barcelona, el lema Devenir. Arquitecturas para un planeta en transición planteó la arquitectura como una disciplina que opera dentro de las transformaciones ambientales, políticas y sociales, en lugar de hacerlo al margen de ellas. Entre quienes participaron como ponentes en esta edición se encontró el arquitecto Andrés Jaque, fundador de la Office for Political Innovation y decano de la Escuela Graduada de Arquitectura, Planificación y Preservación de la Universidad de Columbia (GSAPP). Durante el Congreso, ArchDaily conversó con Jaque sobre la capacidad de la arquitectura para generar alternativas, el papel de la experimentación en la educación y por qué la transición debe entenderse como una condición y no como un destino.

Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato para ensayos basados en argumentos sobre las cuestiones críticas que dan forma a nuestra disciplina.
El agroturismo se entiende comúnmente como un modelo híbrido, con partes iguales de superposición entre las industrias de la agricultura y la hotelería. Bajo esta perspectiva, se valora como una variación de un tema existente, una actividad complementaria superpuesta a la producción rural. Este marco de interpretación ya no se sostiene en el siglo XXI, ya que la escala e independencia del crecimiento del agroturismo lo han transformado en un sector económico diferenciado; uno con consecuencias arquitectónicas que ni la industria agrícola ni la hotelera están preparadas para abordar de manera aislada.



¿Qué permite que un único principio arquitectónico genere resultados tan diversos? La respuesta reside en los sistemas que organizan la arquitectura: la geometría, la proporción, la estructura y la construcción. En conjunto, estos elementos pueden establecer un conjunto de reglas capaces de albergar diferentes programas, contextos y condiciones espaciales, al tiempo que mantienen una identidad coherente. Una cuadrícula estructural, por ejemplo, puede organizar una gran variedad de usos, del mismo modo que un único detalle constructivo puede repetirse en todo un edificio sin generar espacios idénticos. ¿Puede esta misma forma de pensar trasladarse al diseño de mobiliario sin perder su identidad? MTM—Made to Measure, desarrollado por Herzog & de Meuron para UniFor, explora esta interrogante. En lugar de diseñar cada pieza de manera independiente, la colección surge de un único principio estructural que puede extenderse, adaptarse y repetirse en diferentes funciones, manteniendo siempre su coherencia interna.




