
La Bienal de Arquitectura Latinoamericana 2025 (BAL 2025) abre este 23 de septiembre en Pamplona con una programación que combina conferencias, exposiciones y encuentros en torno a la arquitectura emergente de la región.

La Bienal de Arquitectura Latinoamericana 2025 (BAL 2025) abre este 23 de septiembre en Pamplona con una programación que combina conferencias, exposiciones y encuentros en torno a la arquitectura emergente de la región.

¿Y si el futuro de la arquitectura no está en las ciudades, sino más allá de ellas? Durante décadas, la urbanización ha dominado discursos y estadísticas. Constantemente somos bombardeados con datos que confirman la ubiquidad de la condición urbana, pero raramente nos preguntamos lo contrario: ¿qué dejaron atrás aquellos que se mudaron a la ciudad? ¿Qué sigue vivo y en transformación lejos de los centros urbanos?
El campo — históricamente subestimado — ha emergido como un territorio fértil de posibilidades. Más que un "espacio marginado", el rural latinoamericano se afirma hoy como un verdadero laboratorio de experimentación arquitectónica, social y ecológica. Desde comunidades agroecológicas hasta tecnologías de bajo impacto, de las relaciones entre humanos, máquinas y otros seres vivos a las soluciones locales para desafíos globales como la crisis climática, la seguridad alimentaria y la migración — el campo está rediseñando, con autonomía e inventiva, su propio futuro.

El medio rural siempre ha ejercido un papel fundamental en el desarrollo social y económico de los países. Hasta el siglo XVIII, era el principal espacio de producción y organización de la vida. Con la Revolución Industrial, sin embargo, ocurrieron profundas transformaciones estructurales que redefinieron esta dinámica. La industria pasó a ocupar una posición central, vinculándose al medio urbano y dando origen a una visión dicotómica y jerarquizada entre rural y urbano, agricultura e industria. En este contexto, dos visiones opuestas ganaron destaque: una preveía la desaparición de lo rural ante la urbanización y el avance económico; la otra apostaba por su permanencia y renacimiento. Hoy sabemos claramente cuál de las hipótesis se ha vuelto verdadera.

El proyecto habitacional Villa San Luis, originalmente llamado Villa Compañero Ministro Carlos Cortés, fue construido entre 1971 y 1972 en terrenos que hoy se ubican en una de las zonas de mayores ingresos de Santiago, Chile. Diseñado inicialmente como un centro urbano para 60.000 residentes de ingresos medios, con edificaciones escalonadas y un centro cívico que ocupaba 3,4 de sus 50 hectáreas, el proyecto fue redefinido en la década de 1970 para alojar a la población sin vivienda del sector oriente de la capital chilena. El proceso no estuvo exento de conflictos. Durante la dictadura, los nuevos residentes del conjunto fueron desalojados y el terreno fue adquirido por el ejército. A partir de entonces, el conjunto entró en un proceso de reapropiación y resignificación que hoy parece alcanzar un nuevo hito: la conversión de uno de sus edificios en un sitio de memoria y museo, a través de un proyecto de UMWELT y Plan Común.

América Latina alberga la mayor población católica del mundo — más del 25% de los católicos globales vive en este continente, donde la fe ha moldeado no solo la vida espiritual, sino también el tejido cultural, social y urbano de sus ciudades. Desde los primeros templos levantados durante la colonización europea, la arquitectura de las iglesias católicas latinoamericanas ha pasado por profundas transformaciones. Los trazos imponentes del barroco colonial y las fachadas ornamentadas han dado paso, a lo largo del tiempo, a interpretaciones más audaces y contemporáneas, que reflejan las realidades locales, la búsqueda de identidad y la experimentación arquitectónica.

¿Qué hace que un edificio sea arquitectura? El debate sobre lo que distingue a la arquitectura de la mera construcción utilitaria ha incluido frecuentemente a la vivienda asequible y social como un tema clave, generando diversos puntos de vista. Esta cuestión adquiere especial relevancia en el contexto de América Latina, donde condiciones particulares van más allá de las preocupaciones económicas, ya sean impuestos o ineludibles. El acceso limitado a la financiación, la prevalencia de la auto-construcción y la expansión de los asentamientos informales son factores interrelacionados que configuran el entorno construido. Estas dinámicas fomentan una estética que, para algunos, pone en duda las convenciones de lo que se considera buena arquitectura, manifestándose en paisajes urbanos donde los materiales expuestos se convierten en una característica definitoria.

Alrededor del mundo, diferentes culturas desarrollan maneras singulares de concebir y vivir la sanación. Lejos de ser solo un proceso físico, curarse involucra dimensiones emocionales, espirituales, sociales y también arquitectónicas. Los espacios de sanación — sean físicos, simbólicos o naturales — reflejan los valores, creencias y modos de vida de cada pueblo. Entender estos enfoques culturales no solo enriquece la comprensión sobre la salud, sino que también invita a repensar cómo diseñar ambientes que acogen el cuidado y el bienestar.

Entre los días 20 y 23 de noviembre, São Paulo fue sede del IV Seminario Internacional de Urbanización de las Favelas, un evento que promovió reflexiones sobre intervenciones realizadas en esos territorios, articulando teoría y práctica. Al incorporar la realidad brasileña como escenario de las discusiones, el seminario destacó desafíos políticos y la dificultad de reconocer las potencialidades de los espacios periféricos, enfatizando una lucha continua en toda América Latina: la búsqueda de financiamiento adecuado para acciones transformadoras y la legitimación de sus territorios. En tal contexto, este artículo enfatiza la relevancia de equipamientos públicos de calidad en las favelas y barrios periféricos, que no solo ofrecen acceso a oportunidades, sino que también fortalecen los lazos de pertenencia comunitaria. Espacios que desempeñan un papel crucial al servir como puntos de encuentro para la organización social y la construcción colectiva de un futuro más inclusivo.

El lugar donde los artistas crean sus obras desvela diversas narrativas sobre su progreso creativo, sobre la elección de sus técnicas y sus temáticas. Son lugares que guardan la memoria, la intimidad y los afectos de los creadores. Para algunos, el aislamiento y la distancia de cualquier distracción posible son las marcas de su taller. Para otros, su espacio necesita evasión y libertad. No raramente el taller se transforma en casa o la casa se transforma en taller, mezclando los usos, deseos y necesidades. Situados en un umbral entre el vivir y el crear, el ocio y el oficio, estos espacios fascinan al público amante de las artes, siendo muchas veces reconstruidos dentro de galerías de arte o transformándose en museos a lo largo del tiempo. Un lugar singular, independiente del alcance de las obras, que muestra la peculiar interacción entre el proceso creativo, las obras de arte y la imagen del artista.

8 días de celebración de la arquitectura en 12 ciudades de norte a sur de Ecuador. El evento, llamado “no-bienal” en oposición a la estructura de competencia que caracteriza las bienales tradicionales de la disciplina, celebra su segunda versión entre el 25 de marzo y el 1 de abril del 2025. Parte de los objetivos de esta nueva edición es evidenciar que existe unión en Ecuador, en resistencia a las estrategias políticas discursivas de división. Desde Escuela Radical sostienen que “no se trata de centralidad o descentralidad, sino que simplemente se trata de compartir sin competir”.

La mayoría de los habitantes de grandes centros urbanos ya debe haber deseado, al menos por un momento, cambiar el caos de la ciudad por el silencio y la tranquilidad de la naturaleza. Con el creciente deseo por esta experiencia, los sectores de turismo y hotelería en los países latinoamericanos han estado invirtiendo en complejos ubicados dentro de los bosques. Inspirados en el concepto de turismo ecológico, estos refugios están diseñados para integrarse al ambiente, utilizando materiales locales y técnicas tradicionales que respetan el ecosistema y promueven la sostenibilidad.

En 1975, Honduras estaba bajo un régimen militar que había estado en el poder durante más de una década, liderado en ese momento por el General Juan Alberto Melgar Castro. Durante este período, Tegucigalpa experimentó varios cambios grandes y sin precedentes. La afluencia de personas de diversas partes del país debido a la migración rural transformó la ciudad de un área urbana compacta en una metrópoli en expansión. Este crecimiento inesperado llevó al gobierno a implementar un esquema de desarrollo y planificación municipal, un proyecto que definiría el futuro de la ciudad y la evolución de su casco antiguo. Este artículo fue desarrollado con la colaboración del arquitecto hondureño Lisandro Calderón, quien se especializa en Planificación Urbana y es actualmente profesor en la Universidad Tecnológica Centroamericana (UNITEC), ubicada en Tegucigalpa, Honduras.

Guerras, descolonización, crisis económicas, movimientos civiles y revoluciones industriales y tecnológicas: el siglo XX fue un periodo de transformaciones radicales y de gran alcance. Estos cambios reconfiguraron las sociedades y redefinieron el modo en que las personas expresaban sus aspiraciones, con la arquitectura a la cabeza. Las máquinas y la industrialización prometieron progreso tecnológico y modernización, abogando por una ruptura tajante con los estilos ornamentados e históricamente arraigados del pasado y adoptando una visión centrada en la funcionalidad, la eficiencia y la innovación. Este cambio, encarnado en el movimiento moderno, introdujo nuevos conceptos, métodos y usos de materiales, todos moldeados a través de la experimentación.

Un vistazo por muchas de las ciudades de América Latina revela notables similitudes entre países, desde México hasta Argentina. La mayoría de las ciudades tienen un área bien definida conocida como "El Centro", anclada por una plaza principal (Plaza Mayor), flanqueada por una iglesia de un lado y edificios clave como el ayuntamiento del otro. Esto no es una coincidencia, ya que se puede rastrear hasta un sistema de planificación urbana establecido durante la colonización española de las Américas en los siglos XVII y XVIII, proporcionando directrices estandarizadas para el diseño de ciudades en sus virreinatos. A diferencia de las colonias francesas e inglesas, los asentamientos españoles se adhirieron a regulaciones que contribuyeron a la aparición de una identidad urbana compartida, con ciudades que mostraban una lógica espacial similar y cohesión arquitectónica a pesar de las diferentes escalas y contextos.

Hace miles de años, una cadena de volcanes y colinas formó un valle que se convirtió en el hogar de cinco lagos. Según la mitología indígena, esta zona sirvió como punto de referencia clave para la fundación de la antigua Tenochtitlan, marcada por la señal de un águila posada sobre un cactus, devorando una serpiente. En el apogeo de su esplendor, la ciudad estaba organizada dentro de un intrincado sistema de calzadas, muchas de las cuales todavía sirven como vías principales, junto con canales que conectan los cinco cuerpos de agua. Con el tiempo, acontecimientos como la colonización, la independencia, la revolución y la modernización transformaron su estructura y nombre, dando lugar a lo que hoy se conoce como Ciudad de México.

Cuando pensamos en espacios que fomentan la meditación, nuestras mentes a menudo viajan ya sea a los jardines zen de Japón, donde las líneas limpias y el paisaje cuidadosamente arreglado invitan a la quietud, o a los diseños escandinavos con tonos neutros y telas suaves. Estos estilos evocan un sentido de calma a través de la simplicidad, por lo general visto como una característica de los estilos arquitectónicos japoneses y del norte de Europa. Sin embargo, la tranquilidad y la meditación no están restringidas a estos tipos de entornos. Las tradiciones arquitectónicas de América Latina también ofrecen enfoques poderosos, aunque a menudo pasados por alto, para espacios meditativos. Con tonos terrosos de terracota, texturas de adobe rugosas, patios íntimos y una fuerte conexión con la naturaleza, estos entornos invitan a la reflexión a través de la calidez y la riqueza material, creando espacios que son relajantes sin ser sobrios.

CityMakers, la comunidad global de arquitectos que aprenden de ciudades modelo y de sus “makers”, está trabajando con Archdaily para publicar una serie de artículos sobre Barcelona, Medellín y Róterdam. Sus autores son los propios arquitectos, urbanistas y/o estrategas de los proyectos que han transformado estas tres ciudades y que se estudian en las “Escuelas de Ciudades” y “Cursos-Documentales” realizados por CityMakers. En esta ocasión, Alejandro Restrepo Montoya, Director de Urbanismo y Arquitectura de Medellín, nos presenta su artículo “El urbanismo ambiental y las geografías urbanas, Medellín 2024-2027”
El plan urbano de Medellín se centra en responder cómo la planificación urbana puede mejorar la calidad de vida de las personas. Al desarrollar su propuesta, la ciudad está potenciando los beneficios sociales que estas prácticas urbanísticas pueden generar. Medellín hace énfasis en la utilización de sus condiciones naturales y ambientales tales como el valle, las quebradas, el río, las montañas y los cerros, para desarrollar criterios de planificación urbana que aborden las necesidades sociales.

La arquitectura de América Latina es rica y diversa, y esto también se refleja en los tipos de piedra utilizados a lo largo de los siglos en sus diferentes regiones. Estos materiales no solo reflejan la geología variada de América Latina, sino que también muestran cómo las culturas locales adaptaron sus métodos de construcción a las condiciones naturales, creando una arquitectura única y significativa. En la arquitectura contemporánea, el uso de la piedra está alineado con las premisas de la sostenibilidad al ser un material duradero, con baja huella de carbono y localmente disponible. Su atractivo también puede ser enaltecido desde el punto de vista estético, creando espacios atemporales y que fortalecen la relación con la naturaleza y el paisaje circundante.