Más allá de concebir la casa como un simple refugio y protección, hoy existe una complejidad mucho mayor de funciones integradas a aquellos programas elementales del habitar. Ya no pensamos únicamente en los espacios para dormir, cocinar y bañarse, sino en una serie de nuevos programas que exigen nuevos espacios y configuraciones. Entre estos nuevos programas, el esparcimiento surge como una actividad integrada al habitar, bajo la forma de patios, piscinas y salas de televisión.
Las casas son las construcciones más íntimas que como arquitectos y arquitectas podemos proyectar. No es casualidad que los conceptos de intimidade, seguridad y privacidad sean recurrentes al pensar en la arquitectura residencial. Al mismo tiempo, como ocurre con cualquier obra arquitectónica, las casas están, obligatoriamente, insertas en un contexto, un entorno con el cual deben relacionarse. Existen múltiples formas de lograrlo, especialmente en tejidos urbanos de alta densidad, como ocurre en muchas ciudades brasileñas.
Biosphere at Treehotel / BIG. Image Courtesy of BIG
La mayoría de la población mundial hoy vive en ciudades grandes, vibrantes, enérgicas y a veces un poco caóticas. Por eso, cuando pensamos en tomarnos un descanso de nuestras responsabilidades habituales y rutinas diarias, nos imaginamos tumbados en playas vírgenes, descansando en un bosque lejano o sumergidos en una jungla tropical.
El estudio [entre escalas], fundado por la arquitecta Marina Canhadas en 2018, nace de la intersección entre práctica profesional, investigación académica y experiencias internacionales. Con una trayectoria marcada por concursos, colaboraciones y pasos por oficinas en Brasil y México, Marina consolidó un enfoque que valora la atención al contexto y a la historia de las edificaciones, especialmente en proyectos que trabajan con preexistencias, uno de los principales frentes del estudio.
El trabajo de [entre escalas] se destaca por la sensibilidad con la que aborda el tiempo y la memoria de los edificios. Reformas en casonas antiguas, como la Casa Saracura y la Casa Apiacás, revelan una especie de arqueología arquitectónica que busca rescatar técnicas, materiales e incluso flujos naturales originales, reinterpretando dichos elementos a partir de nuevas posibilidades de uso y conexión con el entorno. El gesto de remover capas —físicas y simbólicas— es visto como una forma de revelar historias ocultas y conectar pasado y futuro.
El espacio público ha sido crucial para el pensamiento arquitectónico durante mucho tiempo, a menudo estructurado en torno a la planificación, la infraestructura y la regulación. Desde el París de Haussmann hasta los planes maestros contemporáneos, los/las arquitectos/as han trabajado para definir y formalizar la vida colectiva a través de herramientas espaciales. Sin embargo, fuera de estos marcos, los/las artistas han ofrecido continuamente formas alternativas de entender e habitar el espacio público; formas que no dependen de la construcción o la permanencia, sino de la presencia, la percepción y la participación. A través de acciones, objetos o atmósferas, los/las artistas abordan la ciudad como un escenario de fricción e imaginación. Estos gestos desafían las convenciones arquitectónicas e invitan a los/las artistas a reconsiderar el espacio público no como una forma resuelta, sino como un proceso contingente y abierto.
Las casas patio encarnan una de las tipologías arquitectónicas más perdurables, sintetizando la dualidad entre apertura y aislamiento a la vez que fomentan una profunda conexión con la naturaleza. Si bien en el sector inmobiliario estadounidense contemporáneo el término también se utiliza para describir viviendas de una sola planta y bajo mantenimiento en lotes pequeños, su significado arquitectónico clásico se refiere a un diseño introvertido organizado en torno a un patio central privado. Es esta forma tradicional, objeto de este artículo, la que remonta sus orígenes miles de años atrás. Las casas patio surgieron de manera independiente en diversas regiones, respondiendo de forma universal a necesidades humanas fundamentales: privacidad, adaptabilidad climática y coherencia espacial. A pesar de sus diversas expresiones geográficas y culturales, los principios básicos de introversión, apertura controlada y sensibilidad ambiental se mantienen notablemente constantes a lo largo de la evolución de esta tipología.
Balcony House / Ryo Matsui Architects. Imagen cortesía de Ryo Matsui Architects Inc
Caminamos sobre suelo "plano" todos los días y rara vez nos detenemos a pensarlo, pero ¿qué tan plano es en realidad? En la ciudad, los cordones están biselados, las aceras se inclinan hacia las rejillas y las calzadas tienen un bombeo central para escurrir el agua hacia cunetas poco profundas. En los suburbios y en los senderos sin pavimentar, el terreno irregular es la norma. En el interior de los edificios, por el contrario, buscamos una horizontalidad casi perfecta: marcos estructurales, losas y acabados se disciplinan para crear superficies de tránsito niveladas en nombre de la seguridad y la accesibilidad. Sin embargo, la planicidad es intrínsecamente incompatible con el agua. Una mirada más atenta revela un discreto repertorio de soluciones: ligeras pendientes en los accesos, umbrales elevados unos pocos milímetros y zonas húmedas con inclinaciones casi imperceptibles. El suelo se percibe como plano, pero en realidad está cuidadosamente calibrado —microtopografías que se hacen pasar por planos— para gestionar el agua sin llamar la atención.
¿Cuáles son las formas habituales en que los/las arquitectos/as "mantienen las cosas planas" mientras gestionan el agua, ese enemigo perenne de los edificios? Una forma útil de analizarlo es examinar de cerca tres situaciones recurrentes: las cubiertas o terrazas exteriores, los baños y otras zonas húmedas, y los planos de suelo exterior. Cada una de ellas recurre a un conjunto de herramientas ligeramente diferente —sistemas de pedestales regulables sobre impermeabilizaciones inclinadas, micropendientes hacia sumideros, desagües perimetrales ocultos, pendientes divididas— para mantener la ilusión de una superficie continua y nivelada. El estudio comparativo de estas situaciones revela cuánto esfuerzo de diseño se requiere para conciliar la percepción de planicidad con una realidad compleja.
La mampostería estructural consiste en un sistema constructivo en el que las cargas que actúan sobre el edificio se distribuyen a lo largo del plano de la pared, de modo que el propio cerramiento del edificio es estructural. La lógica, por lo tanto, es que la pared, al ser un plano continuo, distribuya las cargas de manera uniforme hacia la cimentación, y que esta las transmita al suelo.
Se trata, por ende, del apilamiento de piezas, bloques, ladrillos o piedras —los cuales pueden o no estar unidos y reforzados por algún tipo de mortero o acero— que poseen características específicas que garantizan su funcionamiento autoportante.