
Más allá de concebir la casa como un simple refugio y protección, hoy existe una complejidad mucho mayor de funciones integradas a aquellos programas elementales del habitar. Ya no pensamos únicamente en los espacios para dormir, cocinar y bañarse, sino en una serie de nuevos programas que exigen nuevos espacios y configuraciones. Entre estos nuevos programas, el esparcimiento surge como una actividad integrada al habitar, bajo la forma de patios, piscinas y salas de televisión.
En A Casa: Espaços e Narrativas, Luiz Amorim sostiene que “la arquitectura, o la casa, no es un escenario pasivo que asiste al desarrollo de nuestras vidas y lo encuadra, sino que es coautora de todas las posibles experiencias vivibles y narrables”. Al considerar la casa como un espacio donde construimos nuestras relaciones humanas, podemos observar que, con la evolución de las sociedades, los hogares se han convertido en mucho más que un simple lugar de protección y descanso. La casa refleja las vivencias, rutinas y personalidades de quienes allí residen, y la incorporación de nuevos programas es también una forma de expresar esa identidad.


















